lunes, 15 de octubre de 2012

DAR PENA


La justicia –a cualquier nivel– está reñida con ese asqueroso subjetivismo por el que tendemos a dejarnos arrastrar. Los jueces solo harán justicia cuando apliquen la ley con idéntico criterio a todo el mundo, sin sentimentalismos ni caridades mal entendidas. Nosotros mismos solo seremos ecuánimes cuando aparquemos fobias, filias, odios y amiguismos; cuando nos quitemos de los ojos la venda sucia de condicionantes como la imagen, el éxito o el poder, y tratemos a todos nuestros semejantes con una equidad estricta y matemática, sin favoritismos turbios ni prevenciones arbitrarias. Nos guste o no, cuanta más frialdad, mayor justicia.

Uno de los enemigos más odiosos de la justicia es el sentimiento de lástima que algunas personas inspiran a la sociedad.

Hay individuos que por circunstancias relacionadas con su salud, su aspecto o su capacidad física o psíquica; por haber sido víctimas de determinadas desgracias graves y fortuitas; por su falta de carácter; por sus antecedentes familiares o por su mala suerte en general, nos inspiran un sentimiento de solidaridad tan intenso como legítimo. La solidaridad, nuestra capacidad de dar a cambio de nada, es de las pocas cosas que nos salvan como seres humanos. Nuestro empeño en contrarrestar el veneno de la libre competencia y remover los obstáculos que impiden crecer como personas a los más débiles y desfavorecidos es algo por lo que uno se siente orgulloso de pertenecer a la Humanidad.

Pero ya digo que dejarse llevar por la pena es peligroso, porque a veces vamos más allá de la solidaridad y entramos en el terreno de la injusticia, tratando con amabilidad exagerada, mostrando un cariño desproporcionado, teniendo comportamientos absurdamente protectores y haciendo favores innecesarios e improcedentes a aquellas personas que, por el motivo que sea, nos infunden una gran compasión.

Mimar, aunque no venga a cuento, a los desafortunados es una droga dura porque nos hace sentir muy buenos y generosos, y es difícil parar. Además a menudo son estas mismas personas las que incentivan nuestro comportamiento, ya que están demasiado acostumbradas a la conmiseración ajena y han hecho de la pena que provocan un auténtico modo de vida basado en el más burdo chantaje emocional. Otros, en cambio, tienen la actitud contraria y su dignidad les impide aceptar el amparo de los que les rodean sin que esté absolutamente justificado, porque naturalmente tanta virtud como ayudar al prójimo es saber aceptar su ayuda.

Es curioso, pero hay algunos que han llegado muy lejos dando pena a diestro y siniestro hasta producirse incluso situaciones absurdas y abiertamente injustas. Por esa lástima tan mal interpretada, hay peña que va por el mundo arramblando con todo lo que puede (en perjuicio de quienes lo necesitan más) o comportándose como auténticos déspotas. Cuántos tipos se libran de mil merecidas broncas o desplantes solo porque dan penita. A cuantos tontos reconocidos los han terminando enchufando divinamente “porque ellos solitos no pueden”, haciendo la santísima a alguien que aspiraba a su puesto. Cuántos personajes lamentables e insoportables han sido aceptados con los brazos abiertos en grupos de amigos en los que no habrían durado ni media hora sin su defecto o desgracia. Cuántas y, sobre todo, cuántos habrán ligado y hasta habrán mojado con el rollito de dar pena, de ser el feo sensible de la clase o la gordita incomprendida, de haber sido abandonado traumáticamente por Cruella de Vil o de estar deprimido. Siempre hay alguien con instinto de padre o de madre que tralarí tralará. Y, por supuesto, cuántos vagos redomados habrán aprobado asignaturas y hasta carreras enteras a base de llorarle sus circunstancias al profesor de turno.

Los justos, para no ser vulgares justicieros, siempre tienen en cuenta las circunstancias personales, pero deben aplicar con sangre fría baremos idénticos ante idénticas circunstancias, estudiando objetivamente las necesidades sin dejarse cegar por el velo de la lástima.

17 comentarios:

Aprendiz de Brujo dijo...

Entiendo y comparto en parte el mensaje que creo, pretendes trasladar.
Aunque quizás veo ciertos aires más o menos tamizados de misantropía, con los que solo me identifico los días imapres de la semana.
Siempre he pensado que es más meritoria la justicia que la caridad, pero tampoco podemos llevar este principio hasta sus últimas consecuencias pues podríamos caer en una deshumanización excesiva y bastante deshumanizado está,(y ha estado siempre) el mundo.

Muy buen post, Neri.
P.D: para el año que viene el día de la Hispanidad, pon un discurso patriótico de la Pasionaria, como prueba de esa mente más abierta que las piernas de Lucía Lapiedra.
Neri, me ha gustado de este post, hasta la foto del minino.

nago dijo...

Y son muy pesados, pero mucho!

Casi siempre existe un interés material detrás de su actitud, no hacen las cosas porque sí ya que no les importa perder su dignidad (como bien dice usted) porque siempre se llevan algo a cambio, aunque no lo parezca. Y son muy capaces de apuñalarte por la espalda como les niegues ese "consuelo", sacan fuerzas de donde parecía, no había. Ese "está malito pa lo que quiere..."

Suelen ser pelotas y lameculos a más no poder y quien les soporta sin ser objetivo y justifica su actitud es más por "suavonería" (o incluso tambien algún interés) que otra cosa, incluso cobardía.
-Ej: a "Julito Vitamina" le falta una pierna. Pues cualquier día le pongo la zancadilla en la otra y se cae de la moto. A este no le daba yo ni agua así lo viera deshidratao debajo un chaparro :))
-Ej: "Bolinaga" este caso no sé si cuenta, porque no es precisamente pena lo que produce... al menos a mí!

Eso sí, lo que realmente provovaría lástima hacia ese tipo de personas, no lo cuentan jamás, pero por vergüenza!

Pero tenga tambien en cuenta que hay mucha gente sola que sufre, pero mucho y que están deseando encontrarse a cualquiera por la calle, escupir esas penas y desahogarse un poco.

nago dijo...

"... a las penas, puñalás!"

sandra dijo...

Hay que diferenciar dos grupos dentro de las personas que dan pena...

1. Los que no quieren dar pena, pero que la dan por mil razones que ellos mismos no pueden controlar (enfermedad, circunstancias, etc. Para éstos el dar pena es una verdadera humillación, que les hace luchar por superarse. Gente admirable donde la haya.

2. Los que viven del cuento sin más. Y se aprovechan del más mínimo resquicio de bondad del ser ajeno para usarlo en beneficio propio. Éstos son parásitos vulgares.

En cuanto a la justicia, Señor Neri, la ha descrito a mi modo de ver de forma perfecta: "Los justos, para no ser vulgares justicieros, siempre tienen en cuenta las circunstancias personales, pero deben aplicar con sangre fría baremos idénticos ante idénticas circunstancias, estudiando objetivamente las necesidades sin dejarse cegar por el velo de la lástima".

Dar a cada uno lo que le corresponde según sus acciones, motivaciones y circunstancias...
Eso sí, a ver quién es el guapito de cara que lee el alma para ver las motivaciones y sabe escudriñar las circunstancias que envuelven todos los hechos realizados por una persona.
Yo desde luego, sólo conozco a una y no lleva toga.
PD. Felicidades , con retraso a las Teresas

nago dijo...

Sandra, de acuerdo contigo en todo.
Pero, yo -que no leo almas- si te puedo decir: apestan! tarde o temprano se les ve el plumero. Suele ser gente bastante egoísta con los demás, muy intolerantes no se preocupan por nada ni por nadie porque "bastante tienen con lo suyo". No existe para ellos el "¿tú?", siempre es el "¡yo!". El "por todos mis compañeros y por mí el primero" Celosos incluso, cuando ellos no son la prioridad.

Acaban cansando; aburriendo; agotando, más tarde o más temprano a quien sea pañuelo de sus lágrimas o ejecutor permanente de sus constantes (y hasta caprichosas) peticiones de favores. Esto te puede condicionar de por vida.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¿Qué tal Al? Oiga: una entrada espléndida en la que me he identificado como esas personas que de puro sentimental a veces parecen idiotas (resumo la idea pero creo que es así lo que usted alerta). Mis hijos y mi marido siempre me lo reprochan porque me engaña cualquiera ¡me he llevado una de chascos! pues ni por esas...
Creo que hay que ser valiente para decir las cosas como son y no parecer duro de corazón ¡enhorabuena!
Aunque estoy de acuerdo con el último párrafo del comentario de nago de que hay gente que merece la pena ayudar porque de verdad, lo necesita.
Mire, casi prefiero pecar por exceso que por defecto.
A mi edad ya por mucho que la entrada me haga recapacitar, no creo que cambie...en fin...un cordial abrazo
Asun

Aprendiz dijo...

Hay mucha gente que da pena en esta vida, pero hay que aprender a que no nos de tanta pena.

Además con la lástima no se le ayuda a nadie. Es como el padre de un niño tonto, no porque el niño sea tonto y te de pena puede hacer todo lo que quiera. Hay que ser duro con él igual que si no fuera tonto.

Por otra parte hay que saber diferenciar las personas que de verdad dan pena, de las que a nosotros nos parece que son dignas de pena. Yo a veces lo paso mal con amigas porque no salen casi nada e incluso pienso que les pasa algo, y me cuesta aceptar que quizás ellas así son felices.

Al Neri dijo...

Aprendiz de brujo, no es que sea más meritoria la justicia que la caridad, sino que a menudo la caridad sirve de excusa, de parche, para no hacer justicia de verdad.

Nago, en esta sociedad de vértigo a veces hay que hacer grandes esfuerzos (muy necesarios)para pararse a escuchar a quien de verdad lo necesita, pero con tanto farsante y llorón interesado es difícil diferenciar. Es como los mendigos, que antes si dabas una limosna a uno por la calle sabías seguro que lo necesitaba y ahora la inmensa mayoría son drogatas, locos y borrachos.

Sandra, desde luego todo esto es mucha teoría porque después es complicado distinguir el grano de la paja.

¡Hola Asun! No cambie, por favor. A veces la prudencia, la sensatez, es la excusa que tenemos cuando no queremos hacer nada por nadie.

"Hay que saber diferenciar las personas que de verdad dan pena, de las que a nosotros nos parece que son dignas de pena". Ahí ha dado en el clavo, Aprendiz, porque tan subjetivos y absurdos somos que a veces nos da pena alguien cuando somos nosotros los que deberíamos dar pena a esa persona.

De lo que ha dicho Aprendiz de ser también exigentes con los "niños tontos", recomiendo muchísimo (aunque no va de tontos) la inolvidable película "El milagro de Ana Sullivan"

Aprendiz de brujo dijo...

Lo cierto es que dentro de mi entorno, el porcentaje de personas que a mi me inspiran pena es muy reducido.
Lo cual significa que a mis ojos son gente que vive bien; que tiene buena preparación; que no son idiotas ni especialmente cretinos; y que gozan de mi estima en mayor o menor medida.
Casi que me doy más pena yo..

Zorro de Segovia dijo...

lástima, pena, es el sentimiento que nos invade al contemplar el sufrimiento ajeno. Y como usted dice, es legítimo y humano.

A veces son males subjetivos, aflicciones difíciles de entender desde fuera. ¿Cómo "leer su alma" y descubrir si su sufrimiento es real? ¿cómo comprender siquiera su aflicción si la provoca una causa que consideramos ridícula, como un complejo o un desamor?

Otras veces, la situación del prójimo es tan objetivamente dolorosa que no podemos más que ayudar. Hablo de los que sufren hambre, guerra, mutilaciones, enfermedades ... Lamentablemente hay una segunda opción y es la de buscarnos una excusa barata: "no doy dinero a las ONG´s porque se lo llevan crudo(oído sobre Cruz Roja)" "en esos países no salen de pobres porque realmente son felices así (oído sobre BanglaDesh)" "paso de dar pasta a la Iglesia para que cambie comida por conversiones (oído sobre Caritas)"

Así que estando de acuerdo con que a los aprovechados hay que darles leña, lo estoy más con Asun y doy el beneficio de la duda a los que me inspiran lástima. Que si me equivoco y me engañan, lo harán una sola vez, se lo aseguro.

Álex dijo...

Tremenda película la de "El milagro de Ana Sullivan", le doy la razón, sr. Neri, porque hay mucho que aprender en ella, especialmente muchos padres.
A mi tampoco me gustan los expertos en dar pena, pero creo que se les suele ver el plumero bastante rápido. Lo complicado suele ser cómo actuar con ellos, porque lo habitual es que haya parte de caradura y parte de realidad.
Saludos de nuevo a todos

nagore dijo...

Dedicado a Asun:
(con su permiso Sr. Neri)

"...y en este llano, vamos a poner una Virgen; y habrá que hacerle una hermita pa que no se moje; y unos focos con chorreras; y un palio bordao que Nuestra Señora no merece menos! En compesación tambien pondremos una campana (buena, grande) y así cada vez que la toquéis, alguien en la Administración la escuchará y rezará un Avemaría por vosotras y ganaréis indulgencias!"

-Pues se van a joder las de la administración porque voy a estar dando porsaco todo el día con la campanita, de esta me voy al cielo de cabeza.

"ME QUEDE CON EL BADAJO EN LA MANO" y tuve que volverla a pagar, jaaaaaaaaaaaaa... ;)) pero creo que alcanzé las 3.856. Al cielo de cabeza que voy...:)))

Un beso

Anónimo dijo...

Pero si el dar pena está institucionalizado. No hay más que haber visto la reciente Paraolimpiada.

Al Neri dijo...

Zorro, con independencia de que queramos ponernos máso menos excusas para no ayudar a nuestros semejantes, es indiscutible que no todas las llamadas ONG´s tienen el mismo nivel de honradez ni de transparencia, ni objetivos finales igual de loables, ni medios igual de legítimos. Y no digo más.

Bueno el comentario del Anónimo. Las paraolimpiadas y emisiones televisivas del deporte de discapacitados es el mejor ejemplo de la pena llevada a las más altas instancias mediáticas. Con todo el respeto, la admiración y el caluroso aplauso que me merecen estos deportistas, convengamos que sus competiciones son el mayor antiespectáculo del mundo, y que resulta grotesco que se les dedique programación televisiva. Ese tipo de deporte hay que apoyarlo, financiarlo y promocionarlo, pero, por favor, no en la tele.

sandra dijo...

Nago, es verdad que hay almas que apestan... pero no menos verdad es que hay veces que si uno se adentra en esas almas, a veces ve, entre tanta ponzoña, heridas mal curadas...

Eso si, es verdad que no es excusa: todos llevamos golpes. Y nuestra es la decisión de convertir eso en un medio para crecer y ver la vida como un reto , o para hundirnos y repartir a todos mala uva...

Preciosa esa foto de perfil :)

nagore dijo...

Sandra eres una cielo y no es un cumplido! esa forma que tienes de ver más allá de los ojos de las personas; prestar atención con la orejita pegada a su pecho para ver si palpita y cuantas veces lo hace por minuto; intentar limpiar las heridas de la gente, no con agua oxigenada si no con agua de la bendita para ver que hay debajo de la llaga, dice mucho, pero mucho de tí. El otro día hiciste un comentario sobre la amistad, precioso! me encantó.

Ojalá yo pudiera ver con tus mismos ojos, pero por desgracia yo a veces he rascado y rascado... y salía un pus de debajo...!

Pero es verdad, hay gente buena (menos mal) lo que pasa es ni siquiera sabe que lo es.

P.D amos, que pa parecerte bonita mi fantasmagórica foto del perfil, es que ves con buenos ojos allá donde miras. Y eso te hace grande.

Un bico Sandriña.

C. S. dijo...

No olvide, Sr. Neri, la máxima paulina: "La justicia de Dios es su misericordia" En opinión de Pablo, la justicia que debemos buscar es la distributiva, no la conmuttativa. Cuando hayamos conseguido la primera, ya hablaremos de dar pena.