viernes, 13 de julio de 2012

UN IDEALISTA


Aunque a veces crea que he superado hace mucho mi utopismo juvenil, lo cierto es que, rascando un poco, encuentro aún en mí demasiadas reminiscencias de ese quijote que fui años ha y que tan orgulloso me siento de haber sido. Son reminiscencias que en cierto modo me alegran pero también reconozco en ellas serios inconvenientes para desenvolverme con normalidad en el mundo y en la sociedad que me rodea. No es lo mismo ser quimérico cuando eres estudiante, vives con tus padres y no tienes grandes responsabilidades que cuando estás metido de lleno en fangos laborales, en el zarzal de la hipoteca y en los vericuetos imposibles de la vida adulta, que tan poco se prestan al idealismo.

Son dos, sobre todo, los principales restos de viejas mudas de mi etapa más desprendida, más exaltada y más ilusoria.

Uno de ellos es mi curioso pasotismo con los temas de dinero, mi misticismo casi de ermitaño en lo tocante a la pasta, mi fobia hacia cualquier gestión financiera o monetaria. Por ejemplo, ahora mismo no sabría cuantificar exactamente mi sueldo mensual (y eso que no varía) y fallaría por amplio margen si tuviera que decir, así de repente, cuánto dinero tengo ahorrado en el banco. Pero no solo eso. A pesar de tener al alcance de la mano fuentes extraordinarias de ingresos que me reportarían un interesante complemento, nunca me he planteado aprovecharlas, y el motivo no es otro que mi desidia en cuestiones económicas, mi absoluta falta de ambición material y mi convencimiento de no necesitar más o de no querer vivir mejor. Rechazo por sistema los lujos o los derroches, y me siento profundamente culpable cuando me doy determinados caprichillos a pesar de tener claro que puedo permitírmelos. En mi trabajo, aunque el dinero es el pilar de todos los pilares, y conocer y controlar el presupuesto es la premisa básica para el ascenso, la promoción y el reconocimiento profesional, sigo huyendo de las tareas con perfil presupuestario, escondiéndome de las partidas, moviéndome en terrenos jurídicos, teóricos, procedimentales, a salvo del olor a euro, con ese temor supersticioso a hurgar en la caja por lo que pueda pasar.

El segundo residuo de aquel idealismo crónico que jalonó mis años mozos (y no tan mozos) es mi tendencia inconsciente a divagar en el mundo de las ideas, de las teorías y de la filosofía en perjuicio de mi obligación de atender asuntos mucho más mundanos y odiosos, pero no por ello menos necesarios. Detesto cada vez más arremangarme para abordar problemas cotidianos del día a día, interrumpir mis ensoñaciones metafísicas para solucionar necesidades materiales, bajar de mi atalaya privada de observación y reflexión especulativa para ir a por el pan, comprarme ropa, pagar las facturas o arreglar la lavadora. Sigo pensando que mis sueños, mi universo o la idea que me he hecho del mundo que habito deben prevalecer siempre sobre la realidad, sobre esa realidad de mierda a la que es mejor mirar de soslayo, como con asco, y pasar al lado de ella de puntillas protegido por una especie de burbuja sagrada.

Me parece más hermoso filosofar, pensar en cómo funciona o cómo debería funcionar la sociedad, meditar sobre Dios o sobre el sentido de la vida, o compartir una buena conversación o un buen debate con unos amigos que desarrollar actividades de esas que llaman prácticas, útiles, necesarias, divertidas… Me jode que los trámites y las incidencias que nos presenta la rutina diaria me distraigan de mis elucubraciones. Que no me molesten, que estoy pensando.

Por mucho que me empeñe, sigo siendo un idealista.

4 comentarios:

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Mi muy estimado Neri: ¡No sabe lo contenta que estoy comentando en su magnífica página!
Muchas gracias por darme la oportunidad y un saludo afectuosísimo a usted y a todos los buenos amigos "viperinos".
Bueno, pues no es usted el único idealista superviviente. Aqui me tiene a mí en identica tesitura que la suya con la que me identifico plenamente.
Pero tengo que hacerle un ruego: por favor, no cambie. Hacen falta hombres como usted que tienen los pies en el suelo ¡que remedio! pero la cabeza en el Cielo.
Esas personas como usted y como yo misma lo que queremos es un mundo mejor, una Patria fuerte donde creer en la Bondad, la Belleza y la Felicidad.
Hermosa utopía irrenunciable.
¡Claro que necesitaremos algun eurillo pero para ponerlos al servicio de causas grandes que a la vez pueden ser muy cotidianas, ¿que tal sacar adelante una familia?
Un abrazo muy cariñoso
Asun

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Me alegra enormemente, sr. Neri, que tras casi una década de colgar las armas, y tras haber sufrido los reveses de este puñetero mundo, siga usted compartiendo el desprecio por ciertos temas y el gusto casi obsesivo por otros.

No sabe lo agradable que es, aunque cada vez de forma más esporádica, poder quedar con usted y otros antiguos amigos y pasar las horas filosofando sobre lo humano y lo divino, arreglando el mundo y planteando escenarios hipotéticos tan alejados de una realidad horrorosa.

Al igual que usted, sigo detestando los asuntos monetarios, que siempre me han parecido tan poco ibéricos, y estoy pendiente de cambiar la hipoteca de banco desde hace meses. Detesto hacer la compra y las labores domésticas...

Y añoro la época en la que salíamos a separar cabezas de sus troncos estaca en mano.

Al Neri dijo...

Asun, muchas gracias por sus amables palabras, que no merezco. Espero que su salud vaya mejorando y que su blog, que sigo, esté, como siempre, al pie del cañón.

Jajajaja, Subdire, ha estado sublime lo de separar cabezas de sus troncos. Qué sería de nosotros sin filosofar "sobre lo humano y lo divino, arreglando el mundo y planteando escenarios hipotéticos tan alejados de una realidad horrorosa".

Los asuntos de dinero y los domésticos son, como diría un hidalgo español del siglo XVI, propios de judíos y de gañanes.

A usted, de todos modos, le auguro en breve una avalancha de asuntos domésticos...

Álex dijo...

Vaya, parece que somos unos cuántos los que huímos de todo lo relativo a presupuestos y gestiones porque damos prioridad a otros valores... Eso sí, entre esos valores incluyo que todas las cabezas estén bien unidas a sus troncos y procurando que funcionen a pleno rendimiento.
Un saludo a todos