jueves, 14 de julio de 2011

HISTORIAS DE ESPAÑA VIEJA (XVII): LA MONJA ALFÉREZ



Nace Catalina de Erauso en una tradicional familia vascongada de San Sebastián. Hija de un capitán del Rey, es internada junto a sus hermanas, siendo niñas, en un convento dominico de la villa donostarria. El resto de las pequeñas nunca saldría de allí pero Catalina poseía un carácter incompatible con la vida religiosa. A los quince años, y días antes de profesar sus votos, escapó del convento tras una disputa con otra de las monjas.

Gracias a su físico poco agraciado
, no tuvo demasiada dificultad para hacerse pasar por hombre, viviendo en diferentes ciudades de España y realizando trabajos típicamente masculinos, hasta que tres años después, en 1603, decide partir hacia América desde Sanlúcar de Barrameda.

Utilizando el nombre
de Francisco Loyola, se pone al servicio del capitán Esteban Eguiño. Tras vivir diferentes pendencias, e incluso matar a un hombre en duelo en el Perú, huye a Chile donde, en las guerras contra los mapuches, logra obtener el empleo de alférez cuyo significado, conviene aclararlo, no tiene nada que ver con el actual.

En todo este tiempo nadie descubre su condición de hombre. Ni siquiera su hermano Miguel, que había embarcado como capitán hacia América unos años antes que su hermana, a cuyo mando sirvió, casualmente, durante tres años sin que éste descubriera la verdadera identidad de su alférez.

Su caracter
temarario le lleva a matar a varios hombres en duelo por diversos motivos. En una incursión nocturna, se enfrenta con un desconocido a quien arrebata la vida, descubriendo con posterioridad que se trata de su propio hermano y capitán.





Consternada, abandona el servicio de las armas y se dedica a sobrevivir como un vagabundo hasta que confiesa su verdadera identidad al obispo de Guamanga, fray Agustín de Carvajal, que la protegió y envió de regreso a España. El relato de sus aventuras, y la confirmación de las matronas de que seguía siendo virgen, la llevó a ser protegida del rey Felipe IV que le concedió una pensión vitalicia y el derecho a seguir portando ropas de hombre y el uso de su graduación militar con el nombre de Antonio de Erauso.

La fama de sus a
venturas la llevó a Roma donde, agasajada como una auténtica heroína, fue recibida en audiencia por el propio Urbano VIII. Añorando sus aventuras, viaja a Méjico para morir en 1650 durante uno de los viajes propios de su negocio de transporte.

12 comentarios:

Álex dijo...

En fin, no acabo de encontrar el sentido a esta historia, sr. subdirector. Es una historia curiosa, pero poco más. Quizá sea porque no está muy bien relatada, pero no veo qué hay de heroico en la vida de esta mujer, aparte de sobrevivir en una época y unas circunstancias complicadas.

Ramiro Semper dijo...

Un marimacho con un par.

Al Neri dijo...

Muy ilustrativo. Yo tengo una amiga a la que apodamos la monja alférez...

ignatus dijo...

A mí sí me ha parecido una historia muy curiosa e interesante. Buscando en la wiki he visto que hasta escribió/dictó sus memorias donde relata con todo detalle el desigual duelo en el que mató al Cid (bueno, no al original, sino al que digamos que sería la versión 2.0).

No me ha quedado claro, Subdirector, qué quieres decir con la distinción entre un alférez actual y uno de la época pues desconozco las graduaciones militares de todo tiempo y lugar.

La única alférez que conozco entró directamente al rango por oposición sin haber tenido relación alguna con el mundo militar anteriormente y una vez dentro, tras la formación oportuna, se dedica a gestionar papeles y cuentas, incluso ahora que creo que es Teniente.

Supongo que en eso sí es distinto el chupatintas que puede ser ahora con el soldado valeroso que tenía que ser antes como parece que fue el caso de la buena (pieza) de Erauso.

En resumen, gracias por esta buena entrada. Salud.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Quería distinguir que un alférez del siglo XVI ó XVII no era, como lo es ahora, el empleo más bajo entre los oficiales. Con bajo no quiero decir nada desagradable pues conozco a muchos alféreces -a algunos muy muy bien- y los tengo por magníficos oficiales.

En la Edad Media, el alférez era el comandante de las huestes del rey en ausencia de éste y, posteriormente, era el oficial que contaba con el honor de portar el estandarte del tercio al entrar en la batalla.

Es tras las reales ordenanzas de Carlos III cuando el empleo de alférez se convierte, en el arma de caballería, en el equivalente actual.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Quizás esta imagen o o esta otra les ilustren mi explicación.

ignatus dijo...

Entendido ahora. Gracias por la aclaración, Subdirector.

Un saludo.

sefo dijo...

Por cierto he leído en internet que esta mujer era lesbiana, que lo dijo ella misma en sus memorias.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¡Hola a todos! ¿Recuerdan que el cínico de Alfonso Guerra llamaba así a la pobrecita Loyola de Palacio q.e,p.d?...
Bueno, mi visita era sobre todo para despedirme deseando a todos unas vacaciones estupendas y daros las gracias por todo. ¡Ya estoy deseando reencontraros y aún no me he ido y es que como "los viperinos", ninguno!
Un abrazo y un beso amigos ¡que descanseis que os lo tenéis muy merecido!
Asun

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Muchas gracias, Asun, que descanse y se divierta.

Al Neri dijo...

Páselo bien, Asun.

alco dijo...

Sr Subdirector, su serie de mujeres de armas está muy bien, pero creo que el tema histórico que ahora estamos viviendo, la incorporación masiva de las mujeres a los ejércitos, es lo que realmente sería interesante comentar. Mujeres singulares que han sido soldados en cualquier época anterior carecen de importancia histórica, lo que ocurre ahora sí es un hecho histórico. Además, la incorporación se realiza en todos los puestos del ejército, incluyendo los que entran en contacto directo con el enemigo. ¿Cómo lo ve usted?