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domingo, 24 de julio de 2016

REYES Y BUFONES



“Tomó nota de que las revistas que estaban a su disposición eran recientes, abrió un ejemplar de Liberal y le dio tiempo a leer el editorial, en el que Arve Støp opinaba que la voluntad de los políticos de participar en programas de entretenimiento para «hablar de sí mismos» y hacer el payaso era la victoria final de las clases populares, con el pueblo en el trono y el político como bufón.

"El muñeco de nieve" (Jo Nesbø, 2007)

domingo, 24 de abril de 2016

"ME TIRÉ A LA TAQUILLERA"




El público la conocía por sus libros infantiles y por sus constantes apariciones en la televisión socialista, vestida de hombre, con sus trazas de bollera impenitente y recitando con voz aguerrida y aguardentosa unos ripios para niños que parecían compuestos por una persona con discapacidad intelectual. Pero Gloria, la gran Gloria Fuertes, era mucho más que eso. 

Esta poeta (odiaba lo de poetisa) siempre me cayó simpática. Hizo sus pinitos leyendo poemas en la radio durante la Segunda República, y la guerra, que vivió en pleno barrio de Lavapiés, le dejó un trauma tan imborrable que llegó a declarar que, sin esta tragedia, quizá jamás habría empezado a escribir. A mí me impresionaba su inteligencia. Gloria casi no fue a la escuela, pero con el tiempo se convertiría en una mujer muy culta gracias a su tesón. A los intentos de encuadrarla en una u otra corriente literaria, siempre respondía que se consideraba “autodidacta y poéticamente desescolarizada”. A finales de los años 50 se decidió a estudiar biblioteconomía e inglés, y acabó dando clases de literatura en varias universidades de los Estados Unidos. 

Gloria ya tenía éxito en el franquismo
Descubrí a Gloria Fuertes († 1998) en el 93, gracias a Ignatus. La tenía encasillada, como casi todo el mundo, en la literatura para críos, y me sorprendieron sus Obras incompletas (1975). Sus versos cortos y rebosantes de humanidad, engarzados por un humor espontáneo y aderezados de rebeldía y sencillez, me fascinaron, convenciéndome de que era una mujer especial. Nunca hubiera sospechado que la autora de Un globo, dos globos, tres globos, la marimacho de aire tímido que barbullaba rimas absurdas en La cometa blanca fuera capaz de dejarme el corazón en carne viva con su cristianismo hondo y crítico, su compromiso social y sus divertidos juegos de palabras. 

El Partido Comunista intentó convertir en bandera su obra y la de otros poetas sociales del movimiento postista, pero ella no se dejó. Su fina inteligencia y su espíritu un poco ácrata la mantuvieron siempre al margen de los politiqueos. A lo largo de su vida colaboró con medios de muy distintos colores, incluidos el diario Arriba y Flechas y Pelayos. 

Su vida sentimental siempre fue oscura y tormentosa. En la guerra, con veinte años, perdió a su gran amor, un miliciano que cayó en el frente. Al poco se enamoró de un médico derechista al que encarcelaron los rojos y ella visitaba en el penal. Luego parece que cambiaron de rumbo sus inclinaciones. En Me siento abierta a todo, se expresa así: 

“Me siento sola y una, como una sola luna
-por ser igual a todas las mujeres y no parecerme a ninguna-,
me siento sola y una en mi vacía cuna.” 

Muchas veces se especuló con su orientación sexual, de la que tuvo el acierto de no hablar jamás en público. Sus conflictos interiores solo se asoman en varios poemas autobiográficos y en otros defendiendo la homosexualidad. Impacta especialmente A Jenny: 

"Nadie le ayudó, 
pero él se hizo mujer.
Cantaba cantaba,
era la preferida de los hombres
del night-club.
Me dijo:
-En toda mi vida
sólo he leído un libro,
el tuyo.
Entonces...
le acaricié de verdad
sus pechos de mentira". 

Para mí, la mejor anécdota, la que mejor ilustra su sentido del humor y su inteligencia es la que da título a este post. La historia la desveló Vicente Molina Foix al poco de fallecer Gloria, pues antes no contaba con su permiso. En una entrevista para el suplemento dominical de El País, en 1994, ella le confesó que a lo largo de su vida había sufrido terribles altibajos y depresiones, y que incluso había pensado en suicidarse. 

“Y así me contó, mientras yo tomaba notas a diestra y siniestra, que en cierta ocasión, al sufrir un desengaño, pensó seriamente en el suicidio. ´Fui al metro decidida a matarme. Pero al ir a sacar el billete ligué, y en vez de tirarme al tren me tiré a la taquillera`. Cuando me harté de reír, le pregunté: ´¿Puedo contar esto, Gloria?`. ´No. Ahora no. Yo vivo de mis libros infantiles, y estas cosas podrían asustar a los padres, que son los que los compran`. Naturalmente, respeté su deseo.”



 

viernes, 18 de marzo de 2016

LA DIGNIDAD DE LAS RUMANAS (GITANAS)



Los medios de comunicación llevan tres días dándonos una intensa brasa con los sucesos que tuvieron lugar el martes en la Plaza Mayor de Madrid durante la visita de los hinchas holandeses del PSV Eindhoven, que jugaba contra el Atleti en los octavos de final de la Liga de Campeones. Es imposible a estas alturas no conocer los hechos, pues nos va a estallar la cabeza con tanta noticia, reportaje y mensaje de repulsa con los que nos han bombardeado incesantemente como si se tratara de un atentado terrorista o de una catástrofe natural de gran envergadura. Resulta que antes del partido varios jóvenes seguidores del PSV, imagino que ebrios, bromearon con unas gitanas de origen rumano que se encontraban pidiendo limosna en la Plaza. Les lanzaron monedas desde la terraza de un bar en vez de dárselas en mano, les pidieron que interpretaran bailes típicos de su tierra y que hicieran flexiones, prendieron fuego a un billete de cinco euros para ver quién lo apagaba antes, y, en fin, unas cuantas gamberradas más que pueden verse en el vídeo del final del post.

Todas las ONG´s de ayuda al inmigrante, las asociaciones feministas, los colectivos sociales, los partidos políticos y el Secretariado Gitano, encabezados, como no podía ser menos, por la alcaldesa comunista Manuela Carmena, han repudiado estas “vejaciones racistas” y las han denunciado ante la Fiscalía de Delitos de Odio, que ya ha abierto las oportunas diligencias. También se ha exigido una explicación al embajador holandés, que se ha apresurado a pedir disculpas (como para no), y al propio club de fútbol implicado, que, por lo visto, piensa meter un buen paquete a los bromistas.

A mí también me desagrada mucho lo sucedido, que, por cierto, no me sorprende en absoluto teniendo en cuenta que los neerlandeses son unos auténticos salvajes con un sentido de la moralidad más que difuso, como lo demuestran su experiencia colonial en Sudáfrica y su actual legislación en materia de eutanasia, drogas y prostitución. Basta un mínimo de humanidad para saber que solo a un malnacido se le ocurre pitorrearse de una persona que está mendigando en la vía pública.

Pero al margen de los reproches que sin duda merecen los futboleros de Eindhoven, a mí lo que me ha sorprendido de todo este fenómeno mediático es la repentina preocupación de políticos y medios informativos por la dignidad humana en general y la de los indigentes en particular. La verdad es que se me ocurren infinitos ejemplos de dignidad pisoteada bastante más sangrantes que las gansadas de los holandeses en la Plaza Mayor y no recuerdo que nuestros mandatarios ni sus periodistas en nómina hayan protestado nunca con tamaña energía.

Las mafias controlan la mendicidad en Madrid
No voy a caer en la tentación demagógica, o quizás no tan demagógica, de pormenorizar las situaciones de esclavismo que sufren millones de trabajadores españoles por culpa de la última reforma laboral de PP, y que aún no he visto censuradas en ningún reportaje o programa especial de las grandes cabeceras y cadenas de radio y televisión. Puede que la tragedia de que nuestra juventud carezca de oportunidades, tenga el futuro fundido a negro o, en el mejor de los casos, se deslome a trabajar por cuatro perras no se perciba por la prensa como una humillación suficientemente escandalosa, pero es que, ya que estamos hablando de inmigrantes, tampoco me he encontrado nunca, ni en primera ni en última plana, ni en prime time ni a las doce de la noche, ningún artículo ni documental arremetiendo con tanto brío contra las mafias de la mendicidad que funcionan impunemente en Madrid y en todas nuestras grandes ciudades ante la vergonzosa pasividad de las autoridades políticas y policiales. Baste decir que el 90% de los 50.000 gitanos rumanos que pordiosean en España son manejados y sangrados por organizaciones criminales que nadie se molesta en desmantelar. Pero, claro, no sé si los alcaldes y los concejales de turno consideran esta realidad lo bastante degradante como para azuzar al embajador rumano o montar un pollo en los periódicos con lágrimas de cocodrilo incluidas. Y es más: cuando algún ayuntamiento, como el de mi ciudad, ha intentado atajar este problema implantando severas medidas de control de la mendicación, los progres han montado en cólera acusándole de fascista.

Clama al cielo que quienes no han dicho nunca ni pío sobre los extorsionadores profesionales que en pleno centro de Madrid explotan, amenazan y denigran todos los días a miles de inmigrantes de todas las nacionalidades, se pongan ahora hechos unos basiliscos porque cuatro niñatos holandeses lancen al suelo unas monedas para que las recojan unas "pintorescas" calés.

Hay muchas más indignidades que no se critican en la tele ni sofocan demasiado al personal. La prostitución es una de ellas y lo seguirá siendo por muchos años mientras la clase política continúe mirando hacia otro lado en vez de coger el toro por los cuernos y plantar cara a uno de los peores dramas de la Humanidad, causa del más escalofriante tráfico de seres humanos. Pero está visto que cuando un viejo verde asqueroso mete un billete en público en el escote de una stripper mulata, a nadie le parece vejatorio, pero si un hooligan promete una limosna a una gitana a cambio de un baile inocente, casi acaba interviniendo el Tribunal de Estrasburgo.

Y aunque habrá quien me ponga a escurrir, a mí también me revienta no ver a nadie desvelado por la imagen absolutamente indigna de la ciudad de Madrid y de toda España que estamos dando a los visitantes y turistas permitiendo a cuadrillas enteras de rumanas ilegales, llenas de mugre y vestidas como en siglo XVI, acosar sin descanso a los viandantes. Cuando esta chusma nos roba la cartera en el metro o se hacina en un piso de nuestra propiedad llenándolo de excrementos y de basura hasta el techo nadie organiza una campaña de prensa defendiendo nuestra dignidad humana.


domingo, 6 de marzo de 2016

DE UN TIRÓN




Con honrosísimas excepciones, los creadores, por muy brillantes que sean, tienden a repetirse a lo largo de toda su obra. Solo los auténticos genios –y ni siquiera– están a salvo de incurrir en la redundancia, en la reiteración de muletillas, en el copia-pega de planteamientos formales y de contenido.

Hace años tenía la costumbre, cuando algún escritor me entusiasmaba, de leerme seguidos, casi de un tirón, todos sus libros. Hoy no tengo claro que sea una buena idea. Cierto que así conocí la obra completa de muchos novelistas, pero quizá debí intercalar mis lecturas, ya que la inmersión intensiva en un autor concreto no deja de ser una forma de desmitificarlo. No hay literato que resista la lectura, de un golpe, de todas sus creaciones. Pillas al vuelo los costurones en sus páginas, sus cinco o seis fórmulas para iniciar o enlazar los párrafos, sus estructuras gramaticales recurrentes, sus adjetivos predilectos, su déficit de vocabulario…

No solo me pasa con los escritores, qué va; también con los directores de cine y con los grupos musicales o cantautores. No sé. Creo que una novela, una película o una canción tienen un valor distinto si se aprecian de forma aislada que si se comparan con todas las novelas, pelis y canciones del mismo autor. También pienso a veces que si algunos autores hubieran creado solo el 10% de sus obras, habrían sido mucho más geniales. La prolificidad a menudo pone al descubierto las miserias de los artistas. 

Algo muy similar, aunque no es exactamente lo mismo, me sucede con las series de televisión. Hace siglos que no sigo ninguna por la tele. Odio acabar el episodio y tener que aguardar a la semana siguiente, o cerrar una temporada y tener que esperarme a que estrenen la próxima. Por eso prefiero descargarme series completas (todas las temporadas) y darme atracones en mis ratos libres. Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Y el peor inconveniente, sin duda, es que de esta manera saltan mucho más a la vista las imperfecciones del producto. O quizá la culpa es mía, ya que la estructura, el guión, la trama y los giros de las series televisivas están concebidos para dosificarse en capítulos semanales, y hacer trampa viéndolas de una vez deja al desnudo los trucos del almendruco, los alargamientos artificiales, los defectos interpretativos, el carácter cíclico de las líneas argumentales, la falta de originalidad en los desenlaces… Aunque también debo admitir que cuando una serie es magistral se disfruta el doble viéndola toda seguida. 

Otra reflexión que me hago sobre este tema es si nuestras ansias consumistas, nuestra compulsión de tener y disfrutar en el acto de todas las cosas buenas, sin aguardar ni un minuto, no habrá arruinado nuestra capacidad de disfrute de ciertas obras artísticas o literarias maravillosas que se crearon para ser gozadas con calma, con cariño y a cuentagotas, y no como churros fabricados en serie.

domingo, 21 de febrero de 2016

OPERACIÓN B.S.O. (44): LA ABEJA MAYA




Uno de mis primeros recuerdos televisivos es la serie de dibujos animados La abeja Maya. Hoy casualmente he encontrado el intro en Internet y me ha sorprendido cómo algunos planos que no veía desde los cinco añitos se han refrescado instantáneamente en mi cerebro como si llevaran allí almacenados toda mi vida. ¡Misterios de ese mecanismo fascinante que es la memoria humana!

La serie es una coproducción japonesa y alemana que se estrenó por primera vez en Japón en 1976 y llegó a España dos años después. Está basada en un libro para niños escrito en 1912 por el alemán Waldemar Bonsels y narra las peripecias de una joven abejita y de su inseparable amigo Willi. Sus 52 episodios nos muestran la vida en la colmena y las escapadas de Maya al bosque para recolectar polen y ayudar a otros simpáticos insectos en apuros, como el saltamontes Flip, el escarabajo Kurt, la señora Abejorro o la mosca Puck, a menudo amenazados por la siniestra araña Tekla, que a mí me daba un miedo tremendo.



Puede que la gente de mi edad ya no recordemos muy bien el argumento o las escenas de estos dibujos, pero la sintonía jamás la olvidaremos, no sé si porque la memoria auditiva es más poderosa que la visual o porque se acabó convirtiendo en un clásico entre las canciones infantiles de los años 70 y 80, enamorando para siempre a toda una generación, igual que las canciones de Marco, Heidi, Dartacan y los tres Mosqueperros, Willy Fog o El inspector Gadget. 

Esta entrañable musiquilla fue escrita por el exitoso compositor checo Karel Svoboda, autor también de la de Tao Tao, que se suicidó en Praga en 2007.

miércoles, 17 de febrero de 2016

LA PLAYA NUDISTA


No cabe duda de que en el mundo de la publicidad coexisten profesionales ingeniosísimos, con un talento y una creatividad asombrosos, con auténticos tarados que hacen de la mediocridad y de la burda provocación su modus vivendi. Estos últimos consideran que lo importante de un mensaje publicitario es que impacte al público y sea recordado, con independencia de toda consideración ética o estética, e incluso de su relación con el producto anunciado.

Un ejemplo muy reciente es el spot televisivo de la "cuenta nómina" de la entidad de banca electrónica ING Direct, con el que nos llevan machacando unos cuantos meses, al principio con su versión íntegra y últimamente con un resumen de unos pocos segundos. En este anuncio, una anciana de 85 años, suponemos que viuda, llama a sus tres hijos y les pide que la lleven “por primera vez a una playa… nudista”. La historia la narra la voz en off de uno de los hijos, que explica que la buena señora “solo había visto desnudo a mi padre y tenía curiosidad, pero siempre sintió que era algo que no le estaba permitido”. Al final los tres hermanos aceptan acompañarla a la playa naturista y el spot acaba con una imagen de la viejecita sentada frente al mar rodeada de bañistas en pelotas y con el mensaje en pantalla “¿Vivimos condicionados? Cuenta nómina de ING. Siéntete libre de comisiones, libre de condiciones”.

Yo sinceramente no lo pillo. Algo se me escapa. No alcanzo a atisbar ni la más remota relación entre sentirse libre de comisiones bancarias y este singular y nada entrañable– capricho de una vieja más lasciva que un bonobo a causa de su demencia senil. Pero, claro, la parida en cuestión es difícil de olvidar para cualquiera que esté viendo la tele y supongo que de eso se trata. Imagino que la idea es sorprender, crear polémica, provocar risas, o, en fin, cualquier otra reacción excepto la indiferencia. No sé si el sistema es muy efectivo, la verdad, porque antes de escribir este post yo he tenido que buscar el vídeo en YouTube para identificar la empresa anunciante, pues, aunque recordaba perfectamente la anécdota de la abuelita salida, no tenía ni idea de si lo que se publicitaba era un producto financiero, una cadena de residencias para mayores o una comprensa anti-pérdidas.

Estos temas prefiero tomármelos con humor y no hacerme mala sangre, aunque bien mirado no sé si un caso como el de doña Encarnación Flores, que así se llama la mujer, es para reír o para llorar amargamente, sobre todo si nos toca de cerca. Porque, claro, estas cosas parecen muy divertidas cuando le suceden al vecino, pero quizá deberíamos plantearnos qué tal nos sentaría que nuestra madre de casi noventa años nos llamara una tarde por teléfono y nos confesara sus deseos inaplazables de visitar un recinto nudista y pasarse la mañana mirando rabos porque con el de nuestro padre no tuvo suficiente. Yo tengo claro que me daría un buen disgusto y que no tardaría ni media hora en llevarla al médico a por un volante para el neurólogo, el psiquiatra o el especialista que procediera.

De todos modos lo más alucinante del anuncio es que cuando la señora llega a la playa adanista y se acomoda en su silla para contemplar culos y chistorras, puede apreciarse que la muy caradura lleva un vestido que le cubre de los pies a la cabeza. O sea que la vieja, además de ninfómana, es una tramposa de tomo y lomo que pretende darse el lote radiografiando a tíos cachas como Dios les trajo al mundo sin quitarse ella ni las medias. Y cuidado, que no me estoy quejando para nada de que en el anuncio no hayan sacado a doña Encarnación en bolas, ¿eh? Casi que mejor. Solo me pregunto cuántos tortazos me llevaría yo si me meto en la misma playa y me pongo a otear a todas las jovencitas sin quitarme la camiseta ni las bermudas.

viernes, 13 de noviembre de 2015

CISTITIS



El pistoletazo de salida para levantarse para ir al váter
Hoy por la tarde estaba la televisión encendida en casa y en dos ocasiones, y en canales distintos, he oído cómo justo antes de la publicidad emitían un breve consejo de salud, patrocinado por no sé qué empresa, explicando que no era bueno que los telespectadores esperaran a los anuncios para ir al baño porque eso podía provocar cistitis. Así tal cual. 

Es ya lo que nos faltaba. Nos meten los mensajes publicitarios hasta en la sopa, ocupan con reclamos el 50% de los contenidos de las revistas, nos bombardean con SMS y con llamadas continuas al fijo y al móvil, nos revientan la navegación en Internet con cientos de pantallitas, nos paran por la calle, vienen a darnos el coñazo a casa… y ahora esto. Para una forma de publicidad que existe de la que nos podemos escaquear libremente, van y se inventan una técnica coactiva para mantenernos quietos en el sofá engullendo nuestra ración obligatoria de spots. Hasta una costumbre tan arraigada como aprovechar los anuncios  de la tele para ir a hacer pis se la quieran cargar por las buenas a base de infundir miedo con exageraciones absurdas.  No, si ahora vamos a tener que pedir permiso a los publicistas hasta para mear.

viernes, 3 de julio de 2015

FRANCISCO UMBRAL EN LA TELE



Con independencia de la afinidad política que pueda tener con él y de que en su célebre lista de las 100 grandes gilipolleces del siglo XX incluyera la frase de José Antonio “España es una unidad de destino en lo universal", reconozco que Francisco Umbral ( 2007) es uno de los mayores genios de la literatura española. Cuando estudiaba en la Facultad, siempre leía su columna Los placeres y los días, en El Mundo, y me hacía con la mayoría de las novelas que sacaba, que me parecían muy obsesivas (con el sexo, con Madrid y con el franquismo) y nada comerciales, pero escritas de un modo tan magistral, con tal ritmo y riqueza de imágenes que me quedaba embelesado. 

Pero lo que de verdad me fascinaba del autor de Mortal y rosa era su personalidad, con la que me siento identificado en parte. Nunca sabremos cómo fue el verdadero Umbral, pero el caso es que cultivaba una imagen de envarado, distante y cínico que siempre me pareció divertidísima. Nunca conoceremos los verdaderos sentimientos de este autor irrepetible, pero siempre se mostraba mordaz, corrosivo e inmisericorde con sus colegas o con cualquiera que se le pusiera por delante, lo que le hizo protagonizar varios incidentes en los medios de comunicación. No dejaba títere con cabeza, pero lo hacía con un salero y una mala leche que te morías de risa.

Dicen que se le avinagró el carácter a raíz de la muerte de su hijo de seis años en 1975.

Los dos episodios más conocidos son, por supuesto, los de 1993 en el programa de televisión Queremos saber, dirigido por Merdedes Milá: el memorable numerito que montó (con razón) porque no se hablaba de su libro La década roja, y cuando llamó paletos a los vecinos del pueblo burgalés de Aranda de Duero por asistir a un mitin de Aznar. Pero hay otras dos intervenciones televisivas de Paco Umbral que no por menos conocidas son menos descacharrantes, y que hoy vamos a recordar. 

Una de ellas es una entrevista sin desperdicio que le hizo Fernando Sánchez Dragó en 1999, en la que reparte estopa como si no hubiera mañana, en especial a Arturo Pérez Reverte (al que dice respetar "en su menester") y más sutilmente, pero sin cortarse un pelo, al propio Dragó, que a mí, la verdad, me parece un mentecato. 

El otro momento estelar (quizá el mejor de todos) es la interviú realizada por Lola Flores en el programa Sabor a Lolas a principios de los 90. En ella, el escritor se muestra en su salsa, repartiendo pullas a diestro y siniestro, cachondeándose del analfabetismo de Lola y requebrándola lascivamente hasta que esta le acaba llamando salido a la cara (“sigue estando fuerte tú, ¿eh?"). La presentación que dedica la Faraona al entrevistado es de una cutrería entrañable ("es ´complejao´ para la gente") y considero grandiosa la descripción que hace Umbral de la España de la época, que, por cierto, no ha cambiado tanto: “La veo cada vez más parecida a Lola Flores: cada vez más guapa, más barroca, más confusa, más artista, más golfa, más gitana y más jugadora”.

Disfrutad con los vídeos, que garantizan unas buenas risas para empezar con alegría el fin de semana.

P.D.: Del episodio de "yo aquí he venido a hablar de mi libro" he enlazado la versión completa de 5 minutos, muy poco conocida, en la que termina hablando de su libro.

jueves, 21 de mayo de 2015

"ME HE TENIDO QUE IR"

  


Últimamente ponen mucho en la tele un emotivo anuncio de Marcilla en el que una chica hace café para ella y para su madre mientras se preparan para una vídeoconferencia con su hermano, que ha emigrado a Reino Unido. El spot comienza con una frase que me llama mucho la atención: “Un año ya desde que mi hermano tuvo que irse a trabajar fuera”.

Esta manera tan intencionada de referirse a la decisión del muchacho de irse a trabajar a Inglaterra me parece muy ilustrativa por lo bien que simboliza la actitud de los emigrantes españoles y sus familias desde que comenzó la crisis. Seguro que en los últimos años todos hemos conocido a varios jóvenes que han buscado y encontrado trabajo allende nuestras fronteras, y nos hemos fijado en cómo casi ninguno de ellos admite haberse marchado por su propia voluntad; prácticamente todos justifican su salida de España con frases muy similares a la del anuncio de Marcilla: “me he tenido que buscar la vida fuera”, “he tenido que largarme”. En el caso de sus familias, podríamos quitar el “casi”, pues esta actitud se agudiza hasta el extremo. Jamás una mamá, un hermano pequeño o una novia admitirían, ni bajo tortura, que el chaval se ha ido a currar a Mánchester o a Berlín porque le ha dado la gana, incluso aunque así lo haya manifestado (que tampoco es frecuente) el propio interesado.

Cuidado, porque no estoy insinuando que todos los españoles que emigran lo hagan por gusto, nada más lejos de mi intención. Lo único que digo es que aquellos que toman esta determinación sin necesidad y simplemente porque les apetece o les interesa (que no son pocos) no suelen mostrarse sinceros al hablar del tema, y dejan caer casi siempre, de un modo u otro, que la recesión económica les ha forzado a hacer las maletas y a abandonar, sintiéndolo mucho, su amado país. Otras veces las explicaciones que nos dan los emigrantes denotan una fuerte agresividad contra las políticas económicas del gobierno o la idiosincrasia de nuestra nación. “En esta España de mierda no te puedes quedar”, “aquí nunca habrá trabajo con la clase política que tenemos” y la tan socorrida “este es un país de pandereta” son las consignas predilectas de algunos de los “aventureros” que agarran el petate y se van a trabajar para una economía extranjera.

La pregunta es por qué motivo un joven español que opta libremente por asentarse, por ejemplo, en otro estado de la Unión Europea para desarrollar mejor su carrera profesional, ganar un salario mucho más alto que en Madrid o perfeccionar un idioma, se suele sentir obligado a inventarse una versión melodramática de su decisión para su familia y amistades.

Y la respuesta es más que obvia. Por un lado, la sociedad en general acepta mucho mejor que una persona nacida y formada en España emigre a los extranjeros impelida por razones de grave necesidad a que lo haga solo para obtener una retribución más sustanciosa o un alto nivel de vida, y no digamos si es por una inclinación personal hacia otros países o culturas. En el fondo, aunque sea de una manera subconsciente, al pueblo español no dejan de darle grima, por traidores, muchos de los descastados que salen en Españoles por el mundo presumiendo de sueldazo y de casoplón desde Dubai mientras juran frívolamente echar de menos la tortilla de patatas. Por otra parte, los “exiliados” saben, porque así se lo dicta su conciencia, que alejarse miles de kilómetros, sin una buena razón, de su familia, de sus seres queridos y del entorno que les ha visto nacer y crecer, es propio de renegados y de desagradecidos. 

Por eso es tan habitual maquillar las verdaderas motivaciones de estos periplos, que a veces son de ida pero no de vuelta.

Es verdad que resulta muy difícil valorar la sinceridad real de los afectados, pero hay veces en que el cinismo asoma descaradamente. Yo conozco gente que ha emigrado muy a su pesar porque así se lo ha exigido su empresa o porque les habría costado un riñón encontrar en España una salida digna dentro de su sector profesional. Estas personas me han demostrado su valentía, su capacidad de sacrificio y su talante emprendedor a la hora de mejorar su vida y la de los suyos. Pero también conozco casos bien distintos, y me refiero a gente que teniendo ocupación en España, o al menos alternativas reales de encontrarla, ha preferido probar en Alemania engolosinada por una nómina de 3.000 euros o por una cultura o un modelo de sociedad que le gusta más que el nuestro. Y nos pongamos como nos pongamos, esta última actitud tiene numerosas implicaciones éticas, y no solo la carencia del más elemental patriotismo (por mucho que este valor esté de capa caída), sino otras relacionadas con la pasta que se han gastado nuestras Administraciones en la formación de estos desertores o con las repercusiones que en un futuro podría tener para España el retorno de todos ellos dispuestos a darnos leccioncitas.

Sea como sea, tampoco voy a enjuiciar (demasiado) las razones de cada cual. Lo único que me atrevo a pedir es que la gente sea franca de una puñetera vez y si se pira a trabajar fuera porque quiere no trate de vendernos que aquí poco menos se moría de hambre.

jueves, 26 de marzo de 2015

LA CIENCIA PUTA

Me suele hacer sonreír esa fe ciega que tienen algunos en la ciencia y en los científicos, especialmente cuando se ponen a comparar de forma capciosa el rigor del método empírico-analítico con las “supercherías” preconizadas por la Iglesia Católica, a la que siempre acusan de estar vendida al dinero y al poder. Me divierte comprobar cómo estos celosísimos garantes de la experiencia como única fuente de conocimiento, y de la objetividad y la profesionalidad de los investigadores a la hora de exponer sus conclusiones, no se enteran de que, con honrosas excepciones, si algo caracteriza a la clase científica es su contumacia en ofrecerse al mejor postor como la más vulgar de las putas.

Podríamos citar miles de ejemplos cotidianos ilustrativos de la pasmosa facilidad que tienen médicos, químicos, astrónomos, estadísticos, dietistas o antropólogos para abrirse de piernas, a cambio de un plato de lentejas, ante los más turbios intereses políticos o comerciales, proclamando hoy unas "verdades" contrastadas e irrefutables, y mañana otras contrarias en función de la pasta que reciban de sus amos.

Supongo que a todos nos parece bochornoso el papel de los psiquiatras como peritos en los procesos judiciales, cuando diagnostican la locura o la cordura de un reo según les abone el estipendio la defensa o la acusación, o nos rechinan reclamos publicitarios del estilo a “nueve de cada diez dentistas recomiendan Sensodyne (o Trident). Nutricionistas pretendidamente asépticos un día nos explican que un alimento es sanísimo y al siguiente lo equiparan al cianuro solo porque ha cambiado el viento de las exigencias del mercado. Reputados zoólogos publican unas u otras cifras sobre el estado de conservación de una especie en peligro (lince, oso, lobo) dependiendo de la cuantía de las subvenciones para su protección. Hasta que se impusieron los medicamentos genéricos, muchos facultativos recetaban las marcas de la farmacéutica que más les untaba (directa o indirectamente). Los pedriatras no dejan de cambiar de opinión sobre los productos y artículos para bebés, que, de un día para otro, de acuerdo con lo que dispongan los fabricantes, pueden pasar de ser los más beneficiosos a dañar gravemente el crecimiento infantil. Y no sé muy bien si son científicos o putillas baratas, pero prefiero no hablar de ciertos arqueólogos al servicio de los políticos (nacionalistas o no) ni de los cantamañanas de los pedagogos, que no hacen más que usar a los críos como conejillos de indias en experimentos educativos auspiciados por grupos empresariales solo para sacar tajada.

La información del tiempo se adapta descaradamente a los intereses del sector turístico y hostelero

Pero uno de los casos que más me indigna es el de los meteorólogos. Estoy seguro de que la información meteorológica suministrada por los medios de comunicación se manipula sistemáticamente para adaptarla a los intereses de los sectores turístico y hostelero, por supuesto previo pago. Una de las épocas del año en que más se aprecia esta práctica miserable es en Semana Santa, aunque también es perceptible en vísperas de los puentes de ámbito nacional en períodos no estivales. Según se acercan las fechas clave, es típico que los medios en general pero sobre todo las cadenas televisivas comiencen a mostrarse cautelosos o muy poco rotundos cuando toca anunciar mal tiempo, utilizando expresiones ambiguas o tirando balones fuera al referirse al frío o a la lluvia que "podrían producirse" esos días festivos. En Castilla y León, donde los pasos y procesiones de Semana Santa tienen un fuerte poder de atracción y salvan la temporada hotelera, estos días las ambigüedades de los servicios meteorológicos claman al cielo. La idea, por supuesto, es no lanzar ningún dato que desincentive las visitas a estos vistosos eventos, que, como todo el mundo sabe, se suspenden ipso facto en cuanto caen cuatro gotas. El lucro de los empresarios turísticos prevalece, con todo el descaro, sobre la verdad científica, que se pliega sin ningún inconveniente.

Se podría decir que los responsables de estos amaños son los periodistas y no los meteorólogos, pero no me parece exacto, ya que las televisiones y las emisoras de radio suelen encomendar la dirección de los boletines del tiempo a rimbombantes científicos del sector que teóricamente deberían decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, con independencia de sus repercusiones económicas.

Quizá no es que la ciencia sea una zorra, sino que quien financia las actividades científicas lo hace con objetivos muy distintos al de ayudar a la Humanidad y dar a conocer al público datos ciertos y rigurosos.

domingo, 15 de marzo de 2015

HACER EL AMOR



Dicen que la expresión “hacer el amor” (“faire l’amour”) surgió en Francia a principios del siglo XIX como eufemismo de relación sexual en las novelas románticas, y que muy pronto se popularizó en toda Europa, sobre todo en la Inglaterra victoriana (“to make love”), donde era inconcebible la separación conceptual entre afectividad y sexualidad. En poco tiempo la frasecita llegó a ser una muletilla recurrente en la literatura, en el teatro y, poco después, en el cine de los países anglosajones, por lo socorrida que resultaba para eludir ciertos verbos y sustantivos demasiado sórdidos para la época.  

España fue una excepción hasta los años 70 del pasado siglo, ya que hasta entonces “hacer el amor” significaba en nuestro idioma algo bien distinto a mantener relaciones íntimas; equivalía sin más a cortejar a una mujer, a galantearla y enamorarla caballerosamente. Era una forma bonita de referirse al galanteo, más descriptiva y literal que la variante europea y mucho menos timorata. Para lo otro, la lengua castellana era -y sigue siendo- rica en vocablos más o menos salaces, entre ellos "yacer", que utilizábamos con la mayor soltura. 

Pero ya digo que más o menos en los tiempos de la Transición el cine yanqui nos empezó a pegar esa forma remilgada de definir un buen colchonazo, ya fuera con la parienta o con una señorita con la que no nos unieran mayores compromisos. Recuerdo que en mi niñez y en mi adolescencia esta frase tan repipi se utilizaba continuamente y, lo que es peor, con toda seriedad, en la vida cotidiana por influencia de los medios audiovisuales. Aunque es cierto que eran las mujeres quienes más tiraban de ella, también nos toca a los varones entonar el mea culpa de haber incurrido en semejante cursilada cuando en aquella época queríamos parecer educados rehuyendo el rotundo y castellanísimo verbo "follar". ¡Pero si hasta la canción más famosa de Los Inhumanos se titulaba Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000! ¿Alguien se imagina ahora a un grupo musical empleando esta fórmula eufemística? 

En efecto, los tiempos han cambiado y en este tema desde luego que para bien. Afortunadamente, en materia sexual, hoy los chavales llaman al pan, pan y a al vino, vino, evitando así la estupidez de mezclar semánticamente dos conceptos tan distintos, por mucho que lo ideal es que fueran siempre unidos. Ahora en estas materias se han recuperado las raíces etimológicas más españolas, y en la calle, en el autobús o en las tertulias, sobre todo masculinas, resuenan de nuevo, sin tapujos, los clásicos de siempre, como echar un “polvo”, un “casquete” o un “caliqueño”; “tirarse” o “zumbarse” a Fulanita; “llevar a la cama”; “acostarse” (polisémico, pero evocador), o los cutres pero entrañables “ñaca-ñaca” o “pimba-pimba”. ¡Y qué decir del sudamericano y para nosotros siempre equívoco "coger"! Ellas son más ñoñonas (algunas) y todavía necesitan perderse en circunloquios o recurrir a metáforas floridas, pero cada vez menos. El lenguaje mímico también cumple una misión inestimable a la hora de abordar tan espinosas cuestiones. 

 Y, por cierto, me atrevería a asegurar que casi todas las parejas tienen sus frases o palabras clave, de uso doméstico y totalmente personalizado, para aludir al asunto…

viernes, 6 de marzo de 2015

SI TE HE VISTO NO ME ACUERDO


Hay varias canciones de Joaquín Sabina que nunca han salido en un disco. 

Una de ellas es la sintonía del legendario programa gastronómico Con las manos en la masa (1984-1991), presentado por Elena Santoja. Yo siempre había creído que tanto la música como la letra de esta genial composición, que se sabe de memoria media España, era obra del propio cantautor jienense, pero lo cierto es que su autoría corresponde al dúo Vainica Doble, integrado por la hermana de la presentadora y por Gloria Van Aerssen, que la interpreta junto a Sabina (quien, por cierto, una vez insinuó que se avergonzaba de esta faceta de su carrera artística).

Otro tema inédito es el titulado Si te he visto no me acuerdo, una reliquia valiosísima que hoy quiero rescatar del olvido. Sabina lo interpretó para Televisión Española durante el programa especial homónimo de la Nochevieja 1985-1986. Sus siete largas estrofas separadas por un pegadizo estribillo rebosan veneno y sarcasmo contra el primer gobierno del PSOE. Provocó un gran malestar en las altas esferas socialistas y fue la primera cuenta del rosario de desencuentros que sostuvieron el cantante y la cadena pública. Al año siguiente, en vísperas de elecciones y siendo ya Pilar Miró la directora de RTVE, el Gobierno se cobró su venganza censurando la canción Cuervo ingenuo (de Javier Krahe) en la emisión de un concierto de Sabina y Viceversa. No fue ni mucho menos la única acción represiva de la supuestamente demócrata Miró contra las voces disidentes en el medio que dirigía, y si no que se lo pregunten a Lolo Rico, creadora y directora de La bola de cristal. 

Si te he visto no me acuerdo es una joya histórica que con el tiempo ha cogido solera, pues se escribió a modo de crónica humorística de la primera legislatura de Felipe González, incidiendo en las contradicciones entre el programa político ultrarreformista y aderezado con chaquetas de pana que votaron diez millones de españoles en el 82 y la realidad de los hechos una vez que los sociatas tomaron las riendas del país. Las estrofas abordan temas entonces de plena actualidad, como la expropiación de RUMASA, el escándalo Flick, el cambio de postura sobre el ingreso en la OTAN, la retransmisión de la visita de Juan Pablo II, el romance de Boyer con la Preysler, las vacaciones de González en el yate Azor, el sida o los anuncios de condones. Se cita además a personajes televisivos de la época como Coll, Ramoncín, José María Calviño, Paloma Gómez Borrero, Fernando García Tola, Eva Nasarre, Felipe Mellizo, José María Íñigo, Jesús Hermida o Alfredo Amestoy. Incluso el líder de Fuerza Nueva aparece en el verso “cenarán tortilla en la bodeguilla Palazón y Blas Piñar”. ¡Quién le iba a decir al veterano patriota que acabaría teniendo un puesto “de honor” en el cancionero de Sabina! Y por cierto: ¿alguien sabe quién era Palazón? 

En Youtube no hay ningún vídeo completo de la canción, así que he elegido para encabezar el post una versión editada a base de empalmes de sonido, aunque desgraciadamente sin imágenes. Para ver varios fragmentos de la actuación recomiendo este enlace

Más sobre Sabina en La pluma: 

- Sabina, Viceversa, Varona y la igualdad
- Joaquín Sabina 



miércoles, 4 de marzo de 2015

MIEDO




Hasta nuestros instintos más innatos evolucionan de la mano de los cambios sociales y culturales. Nuestras pasiones, apetitos, deseos, motivaciones y reacciones naturales sufren profundas transformaciones a lo largo de los años o de los siglos a medida que adquirimos conocimientos o vivimos nuevas experiencias. Alimentos que en el pasado consumíamos sin remilgos, hoy nos producen naúseas. Olores cotidianos hace décadas hoy nos repugnan. Comportamientos que antaño considerábamos higiénicos hoy nos parecen sucios. Nuestras pautas de excitación sexual han sufrido una revolución inimagibable. Y, por supuesto, los actuales patrones de miedo ya no tienen nada que ver con los de hace, por ejemplo, sesenta años: lo que aterrorizaba a nuestros antepasados hoy es motivo de descojone general. A mí me impresionan los cambios que hemos vivido con relación a este último tema, cómo ha influido el devenir de nuestras sociedades en los resortes del terror humano, que nos parecían casi atávicos y ya se ha visto que no lo son.

Hace poco salía en televisión un feriante, dueño de una de estas atracciones de toda la vida conocidas como mansiones del terror, explicando que su negocio se estaba yendo a pique porque a los niños ya no les asustaba recorrer en un vagoncito unos pasillos tenebrosos llenos de momias, monstruos, vampiros y otros seres siniestros. Que cuando Drácula aparecía de repente ante el trenecito con su capa y su palidez espeluznante, la chiquillería se echaba a reír y gritaba “¡mira, Batman!”.

Dicen que las pelis de miedo también están en crisis y que los directores ya no saben qué inventarse para impresionarnos. De hecho hay quien afirma que el cine de terror como tal ha desaparecido, pues las cintas que se ruedan ahora buscan solamente sobresaltar o dar asco con escenas sorpresivas o efectos gore, o, como mucho, mantener la tensión con un suspense bien administrado. Pero miedo, lo que se dice miedo, ya no consiguen darnos hagan lo que hagan. Nuestro nivel cultural, nuestros rudimentos científicos, nuestro hartazgo de efectos especiales y nuestro escepticismo santotomasiano bloquean cualquier asomo de canguelo ante una trama terrorífica convencional

Posiblemente la atenuación del miedo humano en las sociedades modernas se explique por el hecho de que su principal razón de ser era la ignorancia, y hoy en día no hay casi nada que ignoremos o al menos eso nos pensamos. Antaño se tenía terror a lo desconocido y hoy no existe lo desconocido. Apenas queda ya ningún fenómeno incomprensible que nos provoque recelo y mucho menos pánico. En una cultura tan empírica como la nuestra, en la que vemos todo tipo de cosas y tenemos toda clase de vivencias a diario, es prácticamente imposible horrorizarse ante ninguna situación. Por añadidura la ciencia y la educación han arrasado con las viejas leyendas y supersticiones que atenazaban la garganta de nuestros abuelos y que, en buena medida, sirvieron de inspiración a toda la iconografía de la literatura y el cine de terror contemporáneos. Los cuentos de brujas, fantasmas, ogros y chupasangres cada vez se nos antojan más pintorescos, y personajes como Nosferatu, que en los años veinte puso los pelos de punta a toda una generación, hoy nos parecen cómicos histriones.

Una vez leí que cuando el hombre aprendió a manejar el fuego hace 500.000 años desaparecieron de un plumazo la mayoría de sus terrores ancestrales, y que el resto de aprensiones se disolvieron con la llegada de la electricidad. La luz de las hogueras y de las bombillas logró neutralizar nuestro temor a todo aquello que se ocultaba a nuestros ojos tras la anochecida. Del mismo modo, la formación y el bagaje con los que contamos ahora han sido como un foco luminoso que ha dejado al descubierto todos los peligros y ha desvelado todos los misterios que nos inquietaban.

¿Habrá en el futuro nuevos miedos que paralicen a la Humanidad? ¿Descubriremos nuevas galaxias, planetas y seres que nos amedrenten tanto como lo hicieron los espíritus malignos, el vudú, los hombres lobo o la Santa Compaña? De momento parece que el único pavor que nos queda es a nuestra propia muerte.

domingo, 22 de febrero de 2015

FOTÓGRAFOS DE PRENSA




Está claro que la fotografía profesional ya no es y cada vez será menos un negocio. La irrupción del formato digital, el abaratamiento de los equipos y el efecto Internet han disparado el número de aficionados y además han supuesto que tomar una instantánea de alta calidad deje de ser privilegio de unos pocos iniciados con amplios conocimientos técnicos para estar al alcance de cualquiera con una camarita decente y un mínimo de interés. A los que tienen abierto un estudio fotográfico y viven de cubrir bodas y otras celebraciones familiares yo les auguro un futuro tristísimo, y a los fotógrafos de prensa en cierto modo también.

En efecto, el periodismo gráfico está sufriendo las consecuencias de esta democratización de la fotografía y de la difusión de millones de imágenes anónimas (y muy buenas) en las redes sociales. Una de las pruebas más irrefutables es esa práctica tan extendida últimamente entre los medios de comunicación, tanto escritos como televisivos, de pedir al público que envíe por email sus mejores fotos de eventos culturales, monumentos o paisajes. Así el periódico o la cadena de televisión de turno reciben a diario y sin ningún coste un ingente número de magníficas instantáneas de sus lectores o telespectadores que utilizan para ilustrar sus noticias y reportajes sobre el tiempo, deportes, conciertos, fiestas o celebraciones públicas. Todos sabemos que en los canales españoles de televisión hay programas meteorológicos o de sucesos de máxima audiencia basados prácticamente en el material gráfico remitido gratis et amore por pobres aficionados anónimos que, salta a la vista, valoran muy poco su habilidad con la cámara, pues se conforman con el dudoso honor de ver su obra en pantalla o en papel de imprenta para gloria y beneficio de los grandes holdings de la comunicación. 

Pero no se trata de lo mezquina que pueda parecerme esta estafa con todas las letras, en la que los entusiasmados paisanos regalan al periódico local sus más bellas imágenes de la Semana Santa de Zamora, y la cabecera no solo no tiene el más mínimo detalle material con ellos, sino que encima se hincha a vender ejemplares gracias al súper reportaje de cien fotos artísticas escogidas entre las dos mil recibidas. Lo verdaderamente alarmante es que andado un tiempo los medios prescindirán de fotógrafos profesionales en sus plantillas y se nutrirán de una amplia y difusa cantera de colaboradores a los que quizá ni conozcan, con los que contactarán a través de Internet y suscribirán (en el mejor de los casos) contratos mercantiles con escasas garantías, si es que toda esta actividad no acaba desenvolviéndose en las negruras de la economía sumergida.

miércoles, 21 de enero de 2015

JE SUIS LOS CHUNGUITOS

Telecinco no tuvo en cuenta la cultura y la idiosincrasia del famoso dúo madrileño

El jueves pasado, la cadena Telecinco ha expulsado del programa Gran Hermano VIP al emblemático dúo de rumba vallecana Los Chunguitos, por unos supuestos comentarios racistas y homófobos. Con esta arbitraria medida, los hermanos Juan y José Salazar han sufrido en sus carnes la censura represiva del lobby gay, que, como es sabido, ejerce un control absoluto sobre Mediaset España.

La hipocresía de los medios de comunicación no conoce límites. Resulta que si el semanario Charlie Hebdo se cisca, con unas viñetas soeces, en las creencias religiosas de medio mundo, estamos ante un sano ejercicio de la libertad de expresión, pero si dos simpáticos rumberos de etnia gitana hacen unos chascarrillos sobre el aspecto de un subsahariano o sobre el colectivo homosexual, merecen la mayor repulsa e incluso ser apartados fulminantemente de un espacio televisivo.

Yo todavía no entiendo dónde está la gravedad de las divertidas reflexiones que los Chunguitos tuvieron a bien compartir con la audiencia. 

Por una parte parece ser que el día en que el robusto guineano Coman Mitogo hizo su entrada en pelotas en la casa de GH VIP, los veteranos cantantes se preguntaron en voz alta si era un mono, un gorila o King Kong, provocando el escándalo de varios de sus compañeros de programa. Pero sin ánimo de ser ofensivos, tendremos que admitir que el parecido entre el cuerpo desnudo de un nativo africano y el de un simio antropomorfo es, como mínimo, bastante razonable.

Los Chunguitos solo manifestaron sus dudas sobre la apariencia del joven guineano

El segundo “crimen” de los artistas calés fue manifestar al colaborador de Telecinco y sodomita (valga la redundancia) Víctor Sandoval que “a nadie en este planeta le gustaría tener un hijo maricón", que dichas tendencias sexuales constituyen un delito según la ley gitana y que preferirían “un hijo deforme o con una enfermedad” a uno homosexual. Tales afirmaciones me parecen perfectamente respetables, además de respetuosas. Las dos primeras frases se limitan a enunciar hechos objetivos y la tercera, una preferencia personal muy legítima.

Además digo yo que los mariquitas y los morenos podrían tener algo más de cintura y de sentido del humor, y relajarse un poco ante este tipo de comentarios hechos sin mala intención. 

El linchamiento mediático ha sido de tal envergadura que al final los pobres Chunguitos se han visto obligados a pedir perdón por sus "pecados" y a declarar: "Adoramos a los gays. ¿Qué daño nos han hecho?  Yo tengo mi compadre gay, es padrino de mi hija".

Solo cabe concluir que hay ocasiones como esta en que la dictadura de lo políticamente correcto en Occidente nada tiene que envidiar a la del Estado Islámico.

Menos mal que esta injusticia tan grave también ha tenido su lado cómico en el momento en que la sobrina y la hija de Juan y José Salazar, unas chiquitas muy bien equipadas, han decidido posar en cueros en Interviú, lógicamente “para apoyar” a sus parientes represaliados por la cadena de televisión. “No son ni racistas ni homófobos. Solo son mayores y tienen otra mentalidad. Además, tampoco han matado a nadie”, explican Aroa y Encarna con las tetas al aire en la conocida revista masculina. 

¡Solidaridad con Juan y José! ¡Je suis Los Chunguitos!

domingo, 11 de enero de 2015

ENCUESTA DE LAS CAMPANADAS DE CANAL SUR




Pregunta: ¿Merece una segunda oportunidad el culpable de interrumpir con anuncios las campanadas de Canal Sur?

Votantes: 8

Duración: 5 días

Respuestas:


a) Sí, cualquiera puede cometer un error: 3 votos (37%)

b) No, no se merece trabajar ni en un Burger King: 5 votos (62%)

miércoles, 17 de diciembre de 2014

TRUE DETECTIVE


Esta miniserie me la recomendó un amigo con su mayor entusiasmo y con términos tan encomiásticos como “obra maestra”, ”maravilla”, “genialidad” y “joya”, de modo que me la descargué y me dispuse a disfrutarla con unas expectativas por todo lo alto. El primer episodio no me enganchó, la verdad, pero su fabulosa fotografía y esa atmósfera tan inquietante de comarca sureña encenagada en el Misisipi y en la superstición me incitaron a seguir adelante y tragarme los ocho capítulos. Craso error. En su conjunto me ha parecido un cargante cóctel de pretenciosidad, tedio, guión impeorable e interpretaciones tan intensas como patéticas, con un Matthew McConaughey sobreactuadísimo.

True detective, estrenada este mismo año en Canal Plus, es una serie de la HBO sobre la investigación de unos crímenes de cariz religioso por dos turbios detectives de la policía estatal de Luisiana. Anclada en los esquemas más elementales del thriller policíaco, con un hilo argumental confuso y unos desnudos íntegros y absolutamente gratuitos, esta historia de Nic Pizzolatto nos recuerda las peores muestras del cine independiente americano. La trama es lentorra (sobra más de la mitad) y nada original, los episodios se hacen eternos (una hora), no hay casi acción, los continuos flashbacks hacen perder el hilo, los diálogos son enrevesados y muy difíciles de seguir, no hay ni un solo giro que sorprenda en todo el guión, el final deja indiferente (a quien lo entienda) y, por si fuera poco, los agentes protagonistas son más raros que un perro verde, hablan todo el tiempo en tono cansino y pseudofilosófico, y se pasan la serie bebiendo y follando sin venir a cuento.

Al amigo que me ha hecho tan nefasta sugerencia, corriendo voy a tomarle en serio otro día cuando me hable de cine. Me dijo el muy truhán que McConaughey estaba sublime y para mí que nunca debería haber dejado sus papeles de niño mono en comedias comerciales y pelis de acción. Ni siquiera me convenció del todo en su breve aparición, como bróker pajillero, en El lobo de Wall Street (2013).

True detective amenaza con más temporadas. Menos mal que en cada una la historia y los personajes son distintos.