Mostrando entradas con la etiqueta Universidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Universidad. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de julio de 2017

CURAS Y MAESTROS



Escena de la película La lengua de las mariposas (1999)

Uno de los indicios más palpables del profundo cambio social y cultural que ha vivido España en las últimas cuatro décadas es el creciente desprestigio de dos tradicionales profesiones antaño muy valoradas: la de cura y la de maestro. Ambas figuras, que no hace tanto constituían la piedra angular de nuestras comunidades, especialmente en el medio rural, no gozan hoy, ni de lejos, del mismo predicamento.

En la pérdida de caché de ambas ocupaciones ha influido un factor común. Hace no demasiados decenios, el sacerdote y el maestro de escuela eran los más cultos del pueblo, situación que se ha invertido drásticamente en nuestros tiempos, puesto que no solo se ha disparado el porcentaje de titulados universitarios, sino que encima los estudios conducentes a la docencia y al sacerdocio no se caracterizan precisamente por su nivel de exigencia. Hoy casi cualquiera posee más cultura general que un párroco o que un profe de Primaria.

Pero luego hay causas específicas que todos conocemos bien. 

Por desgracia, la Iglesia ya no pinta nada en nuestro país y los curas han pasado, más repentinamente de lo que parece, de ser el referente moral en las vidas cotidianas de los españoles a casi tener que pedir permiso para existir y no digamos para opinar. Tras el virulento proceso de secularización que hemos padecido, la labor del clero ya no es valorada por el conjunto de la sociedad, e incluso se percibe con desconfianza o rechazo, aunque lo más frecuente, seamos sinceros, es que produzca una total indiferencia. Ni siquiera la acción social y asistencial de los religiosos es evaluada de forma especialmente positiva, dado el sinfín de oenegés laicas que, en teoría, hacen lo mismo.

En cuanto a los maestros, y ya lo hemos hablado alguna vez, ha influido mucho en su descrédito el cambio radical de perfil de los centros educativos. Antes los críos iban a la escuela unas pocas horas al día a que un sabio los ilustrarse, pero hoy los colegios se han convertido en establecimientos de guarda y custodia donde aparcar a los niños la mitad de la jornada, mientras los papis producen. En este nuevo contexto es indudable que los profesores desempeñan tareas mucho más amplias (y peor valoradas) que la de educar. Los padres identifican cada vez más el rol de maestro con el de cuidador y se consideran a sí mismos como clientes receptores de un servicio asistencial en vez de como partícipes, junto con los docentes, del proyecto educativo de sus hijos.

Otro día hablaremos de otras profesiones que también han perdido reconocimiento social en los últimos años (ingenieros, arquitectos, abogados) y de otras que lo han conservado intacto e incluso lo han visto acrecentado (médicos, informáticos).

martes, 23 de febrero de 2016

PUCELA

Plaza Mayor de Valladolid

Como amante de la historia no puedo dejar de reconocer que esta rama del conocimiento tiene una grave limitación metodológica que siempre lastrará sus pretensiones de disciplina científica. Me refiero a que cuando los historiadores se encuentran con una laguna documental y no pueden justificar con datos objetivos un determinado suceso, se apresuran a especular con indicios muchas veces peregrinos, dejando volar su imaginación. Esta costumbre no sería tan negativa si los autores dejaran bien claro que solo están conjeturando, pero lo habitual, por desgracia, es que traten de sentar cátedra con sus hipótesis y terminen confundiendo a todos los interesados en un determinado tema. Ejemplos de este feo vicio historiográfico lo serían las innumerables tesis sobre la construcción de las pirámides egipcias; la localización de la Atlántida, del Arca de la Alianza o del Santo Grial; el asesinato de Kennedy; la autoría de El Cantar del Mío Cid, o el origen del topónimo Pucela aplicado coloquialmente a la ciudad de Valladolid.

La Pucelle de Orleans
Lo de Pucela mismamente es para hacérselo mirar.  A mí me cuesta creer que historiadores, documentalistas y etnólogos que llevan décadas estudiando el asunto todavía no hayan sido capaces de aclararnos de dónde viene esta curiosa denominación, que todo el mundo coincide en que ha surgido muy recientemente, en algún momento del siglo pasado. Sea como sea aún planean mil interrogantes sobre la cuestión, lo que no ha impedido que cada catedrático o erudito local se haya sacado de la manga su propia teoría, a cual más altisonante. 

Las hipótesis no tienen desperdicio. Veámoslas una por una:

1.- A Valladolid se le llama Pucela porque, según dejó escrito el emperador Antonino, había por estos lares una posada romana llamada Puntea donde los viajeros repostaban y descansaban. Hubo una evolución fonética de Puntea a puteum (pozo), cuyo diminutivo es pucelum.

2.- En el siglo XIV unos caballeros de Valladolid acudieron a Francia para luchar a favor de Juana de Arco (la Doncella Pucelle de Orleans) contra los ingleses que habían invadido parte del territorio galo. A su regreso, dichos caballeros serían apodados “pucelanos' en recuerdo de sus gestas.

3.- Aunque está rodeada de tierras de secano, Valladolid es en realidad un “lugar de aguas” que acoge los cauces del Pisuerga, del Esgueva y del Canal de Castilla, por lo que puede considerarse como una poza, en diminutivo “pozuela”.

Desembocadura del Esgueva en el Pisuerga, uno de mis rincones favoritos de la ciudad

4.- Carlos I convirtió Valladolid en capital de España, pero Felipe II trasladó la capitalidad a Madrid. Cuando Felipe III decidió traerse de nuevo la corte a la ciudad del Pisuerga, los madrileños cogieron tanta manía a los vallisoletanos que se referían a ellos como pulgosos, empleando el diminutivo de pulga en latín: “pullicella”.

Fábrica La Cerámica, en Vadillos
5.- En 1903, el famoso industrial cántabro Eloy Silió fundó la fábrica La cerámica donde hoy se encuentra el vallisoletano barrio de Vadillos, y obtuvo una licencia de distribución exclusiva de una clase de cemento italiano llamado puzolánico, o puzolano para abreviar. Al ser así un producto tan fuertemente identificado con la ciudad de Valladolid, el adjetivo comenzó a aplicarse a los naturales de la capital castellana y, en concreto, a los seguidores del Real Valladolid Club de Fútbol, en aquellos años veinte en que el balompié comenzaba a popularizarse por todo el país.

6.- Hay autores, entre ellos Camilo José Cela, que afirman que llamar Pucela a la ciudad comenzó como una costumbre popular “producida por mera creación, sin que se corresponda con dato, hecho histórico o documento alguno”.

Saco de cemento puzolánico
Insisto en que no me trago que, después de más de un siglo empleándose el término, no exista un mínimo acuerdo sobre su origen. Me parece increíble que a estas alturas los autores sigan pontificando con sus respectivas conjeturas y cada vallisoletano defendiendo alegremente la hipótesis que más le gusta. Estoy convencido de que un análisis exhaustivo de los archivos de prensa de toda España desde principios del siglo XX arrojaría una serie de conclusiones que permitirían, al menos, descartar algunos de los cuentos chinos que he enumerado, sobre todo el de Juana de Arco, que encima es el más popular. Pero da la impresión de que por extraños motivos interesa mantener viva la polémica, el halo de misterio que rodea a este curioso apodo que a mí, por cierto, no me gusta nada.

Desde mi total desconocimiento, a mí las opciones más creíbles me parecen las dos últimas. La del cemento puzolánico la planteó el prestigioso etnólogo Joaquín Díaz.

viernes, 19 de febrero de 2016

EL PERDÓN DEL ARZOBISPO

Ayer comenzó el juicio contra la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, la podemita Rita Maestre, por los hechos acaecidos en 2011 en el campus de Somosaguas de la Universidad Complutense. El episodio es de todos conocido. Unas quince señoritas capitaneadas por la actual concejala de Bienestar de la capital de España accedieron por la fuerza (empujando a un sacerdote) a la capilla de la Facultad de Psicología, en cuyo interior se desnudaron de cintura para arriba y corearon con un megáfono diversas proclamas anticlericales como “arderéis como en el 36” y “el Papa no nos deja comernos las almejas”. El Fiscal pide un año de cárcel para Rita por un delito contra los sentimientos religiosos. La concejala, que entonces tenía 22 años, ha declarado ante el juez que “no tiene ningún sentido que haya una capilla, ni de de la Iglesia Católica ni de ninguna confesión religiosa, en una universidad pública. Ese era mi mensaje” y que “un torso desnudo no es un gesto ofensivo”.

A pesar de mis tentaciones, no voy a hacer ningún comentario sobre estos sucesos. Elijo morderme la lengua, más que nada por no resultar cansino repitiendo mis opiniones sobre incidentes similares. Todos los seguidores de La pluma viperina saben de sobra qué medidas concretas creo que deberían adoptarse contra esta joven.

Foto del asalto a la capilla de la Universidad Complutense
De quien sí voy a opinar sin cortarme un pelo –y ya lo siento– es del Arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro. Curiosamente la identidad de la líder de las asaltantes no trascendió hasta 2015, cuando Ahora Madrid ganó las elecciones municipales y Manuela Carmena la nombró concejal portavoz. El prelado, entonces, se apresuró a felicitar a la flamante alcaldesa por su victoria y a quitar hierro a la “travesura” de su pupila, declarando que “no hay que exagerar, hay que ponerlo en su lugar", y que "cualquier persona, si de verdad sabe quién está presente realmente en el Sagrario y en la Eucaristía, no haría esas cosas".

Pero eso no es todo. En las últimas semanas, en vísperas del juicio, la militante de Podemos, que está acojonada por su posible condena, ha acudido al Palacio Episcopal a "pedir disculpas" a monseñor Osoro, quien se ha limitado a manifestar que “a veces, a una edad determinada, todos hacemos cosas que después descubrimos que no debieran hacerse así o que deberíamos respetar otras cosas (…) Todos hemos tenido 18 y 19 años. No sé lo que habrán hecho otros, pero sí sé lo que he podido hacer yo". Según fuentes episcopales, el arzobispo considera beneficioso "pasar página" y no va a apoyar la denuncia ni a declarar contra la audaz feminista.

Para mí que el mitrado confunde el culo con las témporas. Me parece perfecto que se avenga a perdonar cristianamente a esta individua, es decir que destierre cualquier asomo de odio o rencor, trate de olvidar su conducta y, si lo desea, ponga a cero el contador de sus sentimientos hacia ella. Nada que objetar, puesto que yo, como católico, también he perdonado a esta hermana mía descarriada, por la que rezo de vez en cuando. Pero ya se sabe que el perdón, en nuestra Fe, exige verdadero arrepentimiento y no está exento de penitencia. Osoro, que aunque parezca un perfecto idiota, no lo es en absoluto, tiene que intuir que a Rita no le atormentan los remordimientos por haber asaltado un oratorio con el pecho al aire vociferando amenazas violentas. Además, como el perdón no excluye el castigo y resulta que monseñor es la máxima autoridad eclesiástica en Madrid, le corresponde defender a los fieles y el buen nombre de la Iglesia, y, por lo tanto, respaldar la denuncia interpuesta y hacer todo lo que esté en su mano para que la descocada izquierdista pague por su delito.

Rita Maestre y su ex pareja Íñigo Errejón

Ya sabemos que lo ideal es que Rita y sus muchachas se hubieran encontrado en la capilla con cuatro o cinco católicos concienciados de veras y, a ser posible, muy impulsivos, pues así el conflicto se habría resuelto de manera espontánea, sin tribunales ni papeleos. ¡Y sin rencores, por supuesto! Pero ya que las cosas han seguido un derrotero legal (y no gracias al Arzobispado, que ni siquiera denunció), lo suyo es que el señor arzobispo se deje de despropósitos y apoye por lo menos la acción legal ejercitada por varias asociaciones, que defienda lo que la Iglesia representa y se abstenga de quitar importancia a un atentado tan grave y gratuito contra la sensibilidad religiosa de millones de españoles.

¿Acaso el Arzobispado renuncia a ejercer sus acciones y derechos legales en el ámbito civil cuando alguien lesiona sus intereses económicos? ¿Acaso no defiende con uñas y dientes sus prerrogativas fiscales y patrimoniales cuando cualquiera las pone en entredicho? ¿Es que no se vuelca todos los años en una intensa campaña para que los contribuyentes marquen la equis a favor de la Iglesia en sus declaraciones? ¡Pues aquí lo mismo! No se entiende tanto rigor defendiendo unas cosas y tanta flexibilidad (por no decir pasividad) con otras. Su Excelencia Reverendísima debería dejar de hacer el payaso y luchar a brazo partido por la dignidad de la Institución, cesar de lamer el culo al gobierno municipal y combatir las humillaciones y faltas de respeto que los rojos y las feministas infligen a los católicos día sí y día también. Lo que tiene que hacer monseñor es ponerse en su sitio y dejar de avergonzarnos a los creyentes.

Lamento tener que expresarlo con tanta crudeza, pero el arzobispo de Madrid se está comportando como una babosa en su esfuerzo por mantener una relación cordial con el Ayuntamiento. Me parece triste que no quiera enterarse de que los planes de Podemos y sus satélites son mearse en la Iglesia, en sus pastores y en sus fieles cada vez que surja la más mínima oportunidad, como vienen demostrando Carmena y Ada Colau desde que tomaron posesión de sus respectivas alcaldías. 

El arzobispo de Madrid se está comportando como una babosa

También me parece penosa la evolución de la Iglesia española en general. La mayoría de sus posturas y reacciones están más condicionadas por su poder real y su capacidad de influencia que por el cumplimento de su misión. En la España de hace cincuenta años, cuando la Iglesia contaba con el máximo respaldo social y político, un arzobispo no solo habría condenado con vehemencia un crimen como el de Rita Maestre, sino que habría desplegado todo su poderío para garantizar una represión ejemplar. Y hoy todo lo contrario. En una Iglesia arruinada, con los templos vacíos, con toda la prensa aireando sus miserias ciertas o inventadas– , la ciudadanía pasando de los curas y los neomarxistas a las puertas del gobierno, ansiosos por arrasar todo vestigio de religiosidad, en una Iglesia así, digo, parece no haber lugar para la honra y la decencia, y nos tiene que tocar un monseñor Osoro que se suba la sotana hasta la cintura y se agache bien agachado para que el rojerío haga con él lo que quiera. Malo es que no proteste por la profanación de la capilla ni por el apoyo explícito de Podemos a esta agresión, pero que encima reste importancia a lo sucedido, disculpe a las responsables y se niegue a perjudicarlas en el juicio es un salivazo en plena cara de los pocos que seguimos respetando el papel de la Iglesia en nuestra sociedad. 

Está visto que debemos ir acostumbrándonos a que la Jerarquía eclesiástica, en su cobarde debilidad, trague con cualquier cosa antes que molestar a los peores enemigos del Cristianismo.


Más sobre este tema en La pluma viperina: ¡Toño, fuera de mi coño!

viernes, 24 de abril de 2015

¿URBANIDAD O SERVILISMO?


Por razones de trabajo últimamente tengo bastante contacto con profesores de universidad, y curiosamente el otro día me comentaba uno de ellos cómo le llamaba la atención la forma que tienen de tratar a los docentes los alumnos de origen hispanoamericano. Este profesor tiene en un aula a una mexicana, a un par de salvadoreños y creo recordar que a un peruano, y mientras que los alumnos españoles llegan tarde, charlan durante las clases y se repantingan en sus asientos como si fueran a dormir la mona, los sudamericanos se comportan con absoluta corrección. También me contaba que a diferencia de los estudiantes de aquí, que le tratan de tú, le abrasan con emails por cualquier tontada y le echan impetuosos pulsos en las revisiones de exámenes, los cholos jamás le apean el tratamiento, le dicen “profesor Cuesta”, piden todo por favor y no se les ocurre ni por asomo llevarle la contraria.

Este fenómeno puede tener (al menos) dos lecturas y de verdad que no tengo muy claro con cuál quedarme. 

Por una parte podríamos interpretar que en España hace mucho que los jóvenes han perdido los buenos modales y el sentido del respeto; que son unos nenes mimados, criados a los pechos del estado del bienestar en unas familias y con un sistema educativo que han desterrado hace mucho cualquier resquicio del principio de autoridad y les han inculcado la idea de que solo tienen derechos pero no deberes. Por contra, en nuestros antiguos territorios de ultramar perviviría un modelo social y pedagógico más tradicional y con mayor influencia religiosa en el que sigue siendo piedra angular la deferencia debida a padres, maestros y personas con experiencia o conocimientos superiores. De acuerdo con esta interpretación, los chavales iberoamericanos tendrían más educación y sabrían comportarse mejor que los españoles.

La otra apreciación, mucho menos amable con nuestros hermanos allende el Atlántico, sería que sus países pueden considerarse en la práctica auténticas repúblicas bananeras estamentales e infestadas de caciquismo en las que los ricos hacen y deshacen a su antojo, y los pobres agachan la cabeza. Al contrario que en Europa, donde está fuertemente arraigada la cultura democrática, en Hispanoamérica no es concebible el ejercicio transparente de ningún derecho individual: la única salida de los humildes es el conformismo y la sumisión perruna a los dictados de los de arriba. La corrupción y el analfabetismo que reinan en estas comunidades desde hace siglos han generado en los ciudadanos una mansedumbre casi genética, totalmente irreconciliable con cualquier reivindicación o con el trato de tú a tú con profesores u otras personas de cierta categoría social o cultural. Por lo tanto la actitud prudente los alumnos sudamericanos respondería más al servilismo que a la urbanidad.

¿Y vosotros cómo lo veis?

domingo, 14 de diciembre de 2014

NI PARA FINOS NI PARA BASTOS


“A su hermana, la Régula, le contrariaba la actitud del Azarías, y le regañaba y él, entonces, regresaba a la Jara, donde el señorito, que a su hermana, la Régula, le contrariaba la actitud del Azarías porque ella aspiraba a que los muchachos se ilustrasen, cosa que a su hermano, se le antojaba un error, que, luego no te sirven ni para finos ni para bastos, pontificaba con su tono de voz brumoso, levemente nasal (…)

(...) y él marchaba al otro cortijo, donde su hermana, y ella, la Régula, nada más abrirle el portón, ¿qué se te ha perdido aquí, si puede saberse?, y Azarías, ¿y los muchachos? , y ella, ae, en la escuela están, ¿dónde quieres que anden?, y él, el Azarías, mostraba un momento la punta de la lengua, gruesa y rosada, volvía a esconderla, la paladeaba un rato y decía al fin, el mal es para ti, luego no te van a servir ni para finos ni para bastos, y la Régula, ae, ¿te pedí yo opinión? (...)"

  (“Los santos inocentes”. Miguel Delibes, 1981)


Con muchísimos jóvenes de ahora sucede lo que pontificaba el Azarías con su voz de tonto: estudian un grado y cuando tienen el título bajo el brazo no nos sirven ni para finos ni para bastos. Para finos no, porque, dado el número anual de licenciados, la mayoría jamás va a poder ejercer su titulación y ni siquiera trabajar de algo remotamente relacionado con “lo suyo”. Pero para bastos, menos, ya que los universitarios suelen resistirse como gato panza arriba a arremangarse y faenar en labores “subalternas”. Se creen que su titulín les confiere una especie de estatus aristocrático incompatible con doblar el lomo y se pasan la vida mareando la perdiz en el mercado laboral para terminar no haciendo nada útil. Los que pueden permitírselo gracias a sus familias, claro.

La forma de concebir la Universidad, especialmente el acceso a la misma y la relación entre formación académica y expectativas profesionales, ha hecho un daño inconmensurable a la sociedad española, al generar una amplia masa de jovencitos que se creen que saben algo y, peor aún, se consideran investidos del sagrado derecho a trabajar en un puestazo en una oficina. 

La "mentalidad universitaria" ha inhabilitado para cualquier ocupación, ha inutilizado completamente a millones de jóvenes, que están en la misma tesitura que los sobrinos del Azarías si hubieran ido a la escuela: no querrían volver a limpiar las pocilgas, pero en su entorno y con sus limitaciones sociales tampoco nadie los habría contratado para sentarse detrás de un escritorio. 

Y luego encima nos quejamos de los inmigrantes, que vienen a ocuparse de las tareas y a desempeñar los oficios que los españolitos graduados no quieren ver ni de lejos. 



Más sobre este tema en La pluma viperina:

- Mandangas vocacionales 
- Algo falla 
- Estadísticas que nunca veremos

jueves, 6 de noviembre de 2014

SABER DE ECONOMÍA

Hace no mucho, charlando con unos amigos, me manifesté partidario de la salida de España de la Unión Europea, y uno de ellos, licenciado en Económicas, me dijo que defendiendo una cosa así demostraba no tener ni idea de economía. Alguna otra vez he vivido episodios parecidos con leguleyos: propugnas alguna medida política concreta y te sueltan que qué barbaridad, que eso no es viable jurídicamente y que no tienes ni pajolera de derecho. 

La verdad es que la peña tiene muy poquita imaginación.

Todos estos universitarios de manual y titulados de corsé no pasan de ser unos loritos amaestrados y con el sensor crítico averiado, cuyo mayor logro intelectual ha sido subrayar apuntes con un fluorescente y aprobar treinta asignaturas. Y a veces ni eso.

Son miopes académicos, asnos con diploma que se han limitado a rumiar la alfalfa que les echaron los catedráticos y no han asimilado todavía la lección más importante: la economía y el derecho no son fines sino simples medios. 

Las reglas, para ellos sagradas, de la “ciencia económica” tienen como consecuencia, por ejemplo, que hoy en España los veinte tíos más ricos posean la misma fortuna que los 14 millones de personas más pobres, y los chiringuitos del estilo a la Unión Europea han sido concebidos y creados para que esto sea así de por vida. Por eso las reglas del mercado deben ser expurgadas, corregidas, encauzadas y, si me apuras, violadas al asalto por cualquier gobernante mínimamente ético y mínimamente comprometido con las necesidades de su pueblo.

Yo no sé mucho de economía, no señor, pero no hace falta ir a estudiar a Salamanca para entender que las finanzas de un país pueden funcionar perfectamente al margen del euro y del tinglado europeísta. Hay estados europeos que no han suscrito tratado de adhesión y ello no les impide contar con un nivel de vida igual o superior al nuestro, sin entrar ya en cuestiones de soberanía nacional. Hay grandes expertos en economía que luchan para que su país se salga de la cueva de la Merkel y los cuarenta ladrones. Lo que pasa es que para algunos “saber de economía” no es tener conocimientos en esta materia, sino tragarse sin rechistar el actual modelo de globalización capitalista.

Con el tema del derecho, algunos están en Babia y no se les ha ocurrido fijarse que jamás en la historia una norma jurídica ha sido obstáculo para sacar adelante una iniciativa política. Incluso la más sagrada y solemne de las leyes puede y debe modificarse (e incluso incumplirse) cuando concurren intereses superiores o surgen nuevas circunstancias que así lo exigen. Constituciones, estatutos de autonomía, leyes, reales decretos y órdenes carecen de entidad propia; no son sino herramientas de la voluntad política y solo se mantendrán mientras esa voluntad los dé soporte o no cambie el signo ideológico que los amparó. Cualquier medida adoptada por quien ostenta el poder, por muy ilegal que parezca, no tardará en ser convalidada formalmente con todas las bendiciones procedimentales y letra de molde en el BOE.

En la defensa de los valores fundamentales de la nación, de los principios de justicia social, del orden público y de las pautas de convivencia, el Estado debe ser todopoderoso y no arredrarse ni ante teorías “científicas” ni ante boletines oficiales. Es él quien debe definir su propio modelo económico y su propio marco normativo saltando por encima de lo que haya que saltar.

viernes, 3 de octubre de 2014

HIDALGOS

Desde los albores más remotos de la humanidad, el más visible elemento de diferenciación social ha sido el trabajar o no con las manos. Desde la más oscura prehistoria, los más ricos, los más fuertes o los más inteligentes se las apañaban para librarse de las tareas físicas. El que tenía dos huertos en vez de uno, pronto se buscaba a un pobre para que se los sembrara y recolectara y, en definitiva, doblara el espinazo por él. Huir del esfuerzo y del desgaste de las labores manuales para gozar de una vida lo más cómoda posible, escaquearse del sudor en la frente con que Dios castigó a Adán y a Eva, siempre ha sido una de las motivaciones más fuertes del ser humano.

En la Edad Media aparece en España la figura del hidalgo y con ella el rechazo del trabajo corporal por amplios sectores sociales. Un hidalgo podía aspirar a cargos públicos o ejercer la carrera de armas, la vida religiosa o la escribanía, pero su honra quedaba irremediablemente mancillada si se dedicaba a la agricultura, a la ganadería, a la artesanía o al comercio, por muy necesitado que estuviera. En el siglo XVIII había en nuestro país más de 700.000 infanzones, un 8% de la población total, alcanzando en algunas zonas como Asturias más del 80%. Así es fácil explicarse cómo una potencia puntera como España acabó hundida en el lodazal.

Por desgracia hoy las cosas no son muy distintas. Aunque intentemos disimularlo predicando (con la boca pequeña) un igualitarismo formal, España sigue siendo tierra de hidalgos y la mayor aspiración de los españoles es tener un empleo en el que no se sude ni se presten directamente servicios manuales al púbico. 

El surgimiento de una extensa clase media en los años del tardofranquismo contribuyó a estigmatizar los trabajos más básicos, en gran parte debido al orgullo de millones de labradores que se veían de pronto en la ciudad con un sueldo y unas comodidades de los que no habían disfrutado en generaciones. “No pidas a quien pidió ni sirvas a quien sirvió”. Si nos fijamos bien, la masiva demanda de títulos universitarios desde los años setenta no es sino la búsqueda de una nueva forma de hidalguía por parte de estas familias. El único sueño de los agricultores obligados a deslomarse de sol a sol toda su vida era que sus hijos cambiaran la azada por la Olivetti, y trabajaran sentados y a ser posible con corbata. Y eso solo era posible dándoles carrera.

El resultado es el que conocemos bien, sobre todo en regiones como la mía: un número ingente de jóvenes licenciados de clase media que, aunque lleguen a aceptar que trabajar “de lo suyo” es imposible, se niegan terminantemente a currar en el campo, en una línea industrial, en un taller mecánico, en la barra de una cafetería o como reponedores o cajeros en un hipermercado. Son los hidalgos del siglo XXI. Su mentalidad, mamada desde la cuna, es que con un título de grado bajo el brazo es deshonroso sudar o poner cervezas, lo que les lleva a preferir no disponer de un euro, vivir con sus padres hasta los 40 y echar a perder su futuro a desempeñar cualquier oficio de tipo manual. Con semejante chip mental, en estos tiempos de escasez de empleo, la Universidad, en vez de abrirles un mayor abanico de salidas, se lo ha cerrado a cal y canto.

En mi ciudad pervive un hidalguismo grabado a fuego. Unas veces se manifiesta en el pundonor de quien se empeña en mejorar su posición tras un importante esfuerzo académico, pero otras resulta ridículo, ya que las ínfulas del hidalgo no se corresponden en absoluto con su capacidad o nivel de formación. En todos los casos estamos, eso sí, ante una fobia manifiesta hacia el trabajo físico y sus aledaños. Además no estoy hablando de pasta: yo conozco varones que prefieren mil veces ganar 800 euros al mes en una oficina haciendo fotocopias o metiendo datos en una aplicación que ingresar 2.000 como camioneros. También es curioso el dato de que estas personas suelen pertenecer a familias de origen obrero o rural, y han visto bien de cerca los callos en las manos de sus padres o abuelos.

Los infanzones de 2014 siguen saliendo a la calle como los de 1600, con un palillo entre los dientes para que todos crean que han comido carne. Su vanidad, su pereza y su distorsión de la realidad siguen lacrando la economía española y, encima, favoreciendo la inmigración. Siguen, igual que hace cinco siglos, encarnando la autosuficiencia infundada y el parasitismo patético, pero probablemente lo más triste de todo es que con su actitud destrozan sus propias vidas y se condenan a la infelicidad en su mundo de cutres apariencias.

domingo, 27 de abril de 2014

NOVEDADES EDUCATIVAS




Ya lo decía Aristóteles: “Todos los que han meditado sobre el arte de gobernar a los hombres se han convencido de que el destino de los imperios depende de la educación de los jóvenes”. Por eso aquí nos gusta estar al tanto de todas las novedades sobre política educativa. 

Esta semana se ha encendido la polémica a raíz del borrador de una nueva reforma planteada por el Ministerio de Educación y de una propuesta de la Comunidad de Madrid. No puedo resistir la tentación de comentar rápidamente los principales puntos de estas iniciativas todavía en fase embrionaria:

1. Endurecer las pruebas selectivas exigiendo un buen nivel de idioma extranjero (con independencia de la especialidad) y de competencias digitales. 

Soy muy escéptico con el bilingüismo en la educación, tanto en el fondo como en la forma, pero puesto que esta va a ser la tendencia de futuro sí o sí, me parece muy lógico que en los concursos-oposiciones se introduzca el idioma como criterio de selección. Es una buena idea además para que los interinos más veteranos se pongan las pilas y se empiecen a tomar en serio las pruebas selectivas, adaptándose a las exigencias de los nuevos tiempos. Lo mismo digo de las competencias digitales: ¡Fuera de la educación quien no domine aquellas tecnologías imprescindibles para enseñar a los niños de hoy en día!

2. Conceder una mayor relevancia a la puntación obtenida en el examen que a la valoración de los méritos del candidato, incluida la experiencia docente. 

Ideal. Hace años que debería haberse adoptado esta medida para impedir que los profesores de bolsa con solera se sigan presentando cada dos años al concurso-oposición como a un mero trámite, sabiendo que con sus puntos de experiencia no necesitan hincar los codos. Esta propuesta beneficiará a los jóvenes recién titulados que se esfuercen en serio y acabará con las inercias injustas del actual sistema.

Las Administraciones dan una importancia desmesurada a la experiencia no solo en sus procesos selectivos, sino también en la promoción profesional (concursos de traslados), cuando es un criterio que por sí solo no revela idoneidad alguna. En los últimos tiempos, en las pruebas selectivas de educación, se ha optado por priorizar la simple antigüedad con la excusa de que es un dato muy objetivo, aunque en mi opinión el resultado no puede ser más arbitrario. Ojalá se valorara la calidad del desempeño antes que el número de años trabajados. ¿Cómo? Ahí le han dado.

3. El gobierno autonómico madrileño propone permitir el acceso a las pruebas de maestro a cualquier titulado universitario y no solo a los que hayan estudiado Magisterio. 

Una aberración intrusista y un insulto sin precedentes a la dignísima profesión de maestro, a la que se pretende seguir desprestigiando. Enseñar en Intantil y en Primaria requiere unas habilidades muy concretas y una formación pedagógica que ponga el acento en los procedimientos incluso más que en los contenidos. No basta con que cualquier licenciado haga un CAP o un máster para dar clase a los pequeños, como sugiere Ignacio González; es imprescindible una titulación universitaria específica.

viernes, 25 de abril de 2014

ENCUESTA SOBRE EL APOCALIPSIS PROGRE

Pregunta: Tras el apocalipsis progre, nos han encargado trasladar ciertos profesionales hacia una isla donde se está reconstruyendo la civilización. falta una plaza, así que tenemos que abandonar uno a manos de los zombies progres. ¿A quién dejarías en tierra?

Duración: 7 días

Votantes: 228

Respuestas:


a) Ingeniero industrial: 1 voto (0%)
b) Ingeniero agrónomo: 1 voto (0%)
c) Licenciado en Ciencias Químicas: 116 votos (50%)
d) Mecánico: 1votos  (0%)
e) Sacerdote: 8 votos (3%)
f) Técnico Superior en Mantenimiento Industrial: 3 votos (1%)
g) Filólogo: 41 votos (17%)
h) Técnico Superior en Informática y Telecomunicaciones: 2 votos (0%)
i) Militar:  2 votos (0%)
j) Licenciado en Derecho: 35 votos (15%)
k) Licenciado en Medicina: 1 votos (0%)
l) Economista: 2 votos (0%)
m) Humorista: 10 votos (4%)
n) Maestro: 5 votos (2%)

lunes, 14 de abril de 2014

ENSEÑAR INGENIERÍA A UN ABOGADO

Sin ánimo de ofender a nadie y partiendo de dos indiscutibles premisas, que la universidad española es una fábrica de macarrones donde cualquiera con tiempo, dinero y aguante obtiene cualquier título y que en todos los oficios abundan los inútiles, siempre me he preguntado cuáles serían las causas para que las facultades de Derecho fueran las más elefantiásicas.
Próximo patrón de las facultades de
 Derecho en España


El Lute: paradigma del
estudiante de Derecho
Sinceramente, siempre me extrañó por qué los estudiantes de Derecho, a partir de tercer curso, solo acudían a clase tres días por semana y de dónde sacaban tiempo, ellos para doctorarse en mus y ellas para acudir a clase más arregladas que en nochevieja (por no mencionar que muchos de los cuerpos femeninos abundantes en esas gigantescas aulas son, sin duda, fruto de cientos de horas de gimnasio).

¿Es normal que en una ciudad como Madrid, existan más licenciados en Derecho que en toda Alemania?



¿Es normal que la mayor parte de la oposiciones fueran para licenciados en Derecho? ¿Qué dice eso de la organización de la Administración Española?


¿Por qué los profesionales de la política, en su mayoría, estudiaron dicha carrera? ¿Qué se puede deducir e inducir de esto?

¿Es normal que, en la cosa pública española, los puestos de responsabilidad estén copados por licenciados en Derecho independientemente que el peso específico de dicha responsabilidad recaiga en el ámbito industrial, médico, ciéntifico, militar...? Porque no me cabe en la cabeza que exista una titulación en el mundo que convierta, de la noche a la mañana, a cualquier persona en alguien capaz de afrontar responsabilidades de todo ámbito y nivel tiranizando a verdaderos expertos en la materia. Y no sirve el manido argumento de que esta persona cuenta con unos buenos asesores porque, y simplemente comparando los ambientes de las facultades y correspondientes escuelas técnicas, ¿no sería más fácil utilizar un par de tardes para que un ingeniero, un médico, un científico, un militar, o incluso un barrendero, adquiriese los conocimientos básicos de leyes y economía y, después, se rodease de un par de licenciados en Derecho o, mejor aún, en Administración y Dirección de Empresas. Porque, sinceramente, dudo que un licenciado en mus y maquillaje, perdónenme que el subconsciente me traiciona, quería decir, Derecho pueda entender la Ley de Ohm o el funcionamiento ya no de un hospital, sino de un ascensor.

Dos colegas de estudios, preparándose para seguir
tiranizando a ingenieros, médicos, científicos, militares
Y sí; si algún lector piensa que he escrito esta entrada con muy mala uva y con ánimo provocador, está en lo cierto. Tengo grandes amigos y conocidos licenciados en Derecho. Personas cultas, trabajadoras y capaces de asumir grandes desafíos profesionales de ámbito muy diferente. Lo cual no impide que los párrafos anteriores emanen, sin filtrar, ciertas, o incluso grandes, dosis de verdad.


Un buen escudo para el Colegio de Abogados y otros

viernes, 14 de marzo de 2014

ESTADÍSTICAS QUE NUNCA VEREMOS

Me interesa muchísimo la estadística, aunque también me impresiona la facilidad con la que los datos recogidos pueden ser objeto de manipulación (sobre todo a la hora de interpretarlos y difundirlos) en función de los intereses políticos. Además me hace gracia como los estudios estadísticos que a mí más me gustaría conocer jamás son publicados por nadie. Hay estadísticas que no veremos en la vida.

Por ejemplo, me encantaría que alguien seleccionara a los cien trabajadores por cuenta ajena menores de 40 años con los ingresos anuales más elevados de mi ciudad, estudiara bien este colectivo y publicara un análisis estadístico respondiendo a dos preguntas:

1.- ¿Qué nivel de estudios, idiomas y currículum en general tienen estas personas?

2.- ¿Cuál es la posición socioeconómica de sus progenitores?

Estoy seguro de que los resultados serían escalofriantes, un auténtico jarro de agua fría sobre nuestra fe bobalicona en los títulos universitarios, en la formación, en la igualdad y en la movilidad social.

Saldría que un porcentaje muy elevado de la muestra no tiene una preparación académica, idiomática y técnica, ni una experiencia profesional superiores a la media de la gente de su edad en España, y que los padres de la mayoría también se encontraban hace veinte años en la lista de las cien personas con los salarios más altos de la ciudad.

Ya digo, escalofriantes, sobre todo teniendo en cuenta las milongas que nos intentan vender todos los días.

Y si el grupo estudiado fuera el de los cien jóvenes empresarios con mayores beneficios anuales, el balance se adentraría en el género de terror pero ambientado en la Edad Media.

Reconozco que este mismo estudio hecho hace 40 años habría dado resultados peores, pero aún así es triste, muy triste.


Sobre este mismo tema en La pluma viperina: Criba social

domingo, 2 de marzo de 2014

MANDANGAS VOCACIONALES

Leí hace poco que la escritora María Dueñas dejó su trabajo como profesora de Filología Inglesa en la Universidad de Murcia en cuanto su novela El tiempo entre costuras se convirtió en un súper bestseller y en serie de televisión. La noticia me gustó y me hizo pensar en lo estúpidamente idealizado que a veces tenemos nuestro trabajo, hasta llegar a creer que responde a nuestra vocación. Pero ahí está la Dueñas mandando al carajo una profesión teóricamente bonita, no mal retribuida y que se supone que le llenaba, para hacer lo que de verdad le apetece o le da pasta. Como que iba a seguir aguantando a los alumnos y las gilipolleces propias de una universidad por tres mil euros mensuales cuando sus novelas están en la estantería vip de todas las librerías de España, se las traduce a veinticinco idiomas e inspiran series de lujo con la mayor cuota de pantalla de la semana.

Ya digo que los que tras años de estudio y especialización al final ejercemos “de lo nuestro” tenemos una tendencia muy idiota a confundir nuestra relativa complacencia laboral con el romanticismo de la vocación. Mentimos a los demás y nos mentimos a nosotros mismos sobre el grado de satisfacción personal que nos brinda nuestro trabajo. Creemos que fingir -en mayor o menor medida- pasión vocacional nos hará más profesionales, interesantes o realizados a los ojos de los demás. Nada nos haría sentir más estúpidos, después de media vida preparándonos para acceder a un puesto, que reconocer, cuando al fin lo logramos, que no nos llenan nada nuestros cometidos profesionales y que incluso estamos hasta los huevos. Pero es que muchas veces es así; lo que pasa es que al haber pocas perspectivas de cambio, casi ninguna posibilidad de vivir de lo que de verdad nos ilusiona, ponemos al mal tiempo buena cara, y más con la que está cayendo.

La inmensa mayoría no hemos escogido los estudios guiados por nuestras inclinaciones, sino más bien por las circunstancias o por nuestra aptitud, incluso a veces por eliminación. En demasiados casos hemos estudiado en la universidad porque era lo que se esperaba de nosotros o, más claro aún, porque sabíamos muy bien que sin un título debajo del brazo (a veces daba igual cuál) nos íbamos a comer los mocos.  En cuanto a nuestros empleos, el margen de maniobra ha sido mucho menor aún y al final nos hemos lanzado a aquello que hemos comprendido que nos aseguraría mejor las lentejas, aunque a veces –por qué no– hayamos terminando cogiendo cariño a algunas facetas de nuestra actividad cotidiana, sobre todo a medida que dominábamos todos sus resortes.

Pero ese cariño no es pasión y, en el fondo, lo que nos gustaría es ganarnos la vida a nuestro aire, sin soportar chorradas, cumpliendo nuestros sueños aparcados y mohosos, o haciendo lo que ahora hacemos en nuestro tiempo libre como afición. Si nos dieran la oportunidad, menudo corte de mangas le íbamos a hacer a nuestro curro de ahora, incluso aquellos que trabajan en sectores presuntamente muy vocacionales como la medicina o la educación.

También sería muy divertido hacer el experimento sociológico de coger a un tío de estos que van de enamorados de su oficio y ofrecerle mil euros más al mes por encerrarse en una oficina a hacer un trabajo burocrático, rutinario y cansino. Nos íbamos a quedar alucinaditos de los resultados del ensayo; se nos iban a caer a los pies muchos mitos e íbamos a poner en cuarentena las mandangas vocacionales con las que nos gusta tanto llenarnos la boca.

Más sobre la vocación en La pluma: Vocaciones y trenes

jueves, 19 de diciembre de 2013

ALGO FALLA




Hace pocos días asistí a la ceremonia de entrega de unos premios institucionales de investigación e innovación para jóvenes talentos de una universidad pública. Un jurado de alto copete, integrado por un rector, varios políticos regionales y otros prebostes del mundo científico y académico, concedió galardones a unos diez proyectos muy interesantes desarrollados por brillantes investigadores que rondaban la treintena. Sin duda estos profesionales, casi todos doctorados en áreas tecnológicas, son el auténtico semillero de ideas innovadoras en mi Región y encarnan el futuro de nuestras universidades.

Pero durante el acto hubo un "detalle" que no debería pasarle desapercibido a nadie. Cada uno de los premiados tuvo que subir a por su estatuilla y soltar un breve discurso de cinco minutos delante de las autoridades exponiendo los objetivos de su departamento y las características del proyecto distinguido, expresando también el típico agracedimiento a los miembros de su equipo, a su familia por haberle apoyado y demás. Pues bien, sin una sola excepción, las intervenciones de estos jóvenes fueron llamativamente penosas. Tartamudeos, timideces adolescentes, temblor de manos, miradas al suelo, muletillas verbales de 4º de la ESO, entrañables confesiones de nerviosismo, continuos “eeeeeeeeeehhhhh”, frases mal construidas, falta de vocalización, incapacidad para hilar las frases y hacerse entender, y una impericia oratoria manifiesta fueron el común denominador de las exposiciones de los señores doctores.

Saquemos cada uno nuestra propia conclusión, pero, vamos, algo importante falla en la educación española cuando los más capacitados para pensar, investigar y emprender, no dan pie con bola a la hora de transmitir sus ideas a los demás.

Más sobre la universidad en La pluma viperina:

miércoles, 15 de mayo de 2013

COCIENTE INTELECTUAL


La semana pasada tuve una enjundiosa reunión con varios conocidos empresarios y con tres altos cargos de las universidades de mi comunidad autónoma para tratar, entre otros asuntos, la fuga del talento regional a otras zonas de España e incluso al extranjero. Al hilo de este tema, uno de los asistentes comentó que el gran problema de los españoles es lo poco que valoramos la capacidad intelectual. Puso como ejemplo que, a diferencia de los estadounidenses, que se saben todos su cociente intelectual y lo ponen en sus currículums sin cortarse un pelo, la mayoría de nosotros no tenemos ni idea de nuestro numerito y, aunque lo supiéramos y fuera de los más altos, no le daríamos ninguna publicidad por –según él– un pudor mal entendido y un absurdo igualitarismo por abajo. Por no quedar como unos chuleras.

A este comentario respondió otro participante muy acostumbrado a trabajar con consultoras americanas, señalando que se trata ciertamente de una cuestión cultural, pero que hay que reconocer que los yanquis son unos horteras que en cuanto te conocen de dos minutos ya te sueltan qué sueldo ganan y cuánto les ha costado el reloj.

Esta anécdota me pareció muy curiosa e ilustrativa de las diferencias entre la cultura norteamericana y la española. Que los useños vayan presumiendo de su coeficiente intelectual solo demuestra lo a gusto que se sienten (salvo sus cincuenta millones de pobres) en entornos ultracompetitivos y deshumanizados donde, al más puro estilo mercantil, se recalque en una etiqueta lo que vale cada uno y se deseche como mercancía averiada a los que no hayan superado los controles de calidad preestablecidos. Que los yanquis midan y comparen su CI´s en sus currículos profesionales es una prueba más de su mentalidad capitalista y desalmada, del placer que sienten en discriminar y en tratar al ser humano como un artículo a la venta.

Si los españoles no hablamos con nadie de nuestro cociente (cuando lo conocemos) no es por ningún complejo, sino por respeto a los demás, porque nos negamos a que cada persona sea un número como en el correccional de Sing Sing en los años 40 y porque entendemos que hay mil maneras de comprobar si alguien es espabilado y apto para un puesto de trabajo mejores que mirar si una cifra es mayor o menor de 120, sobre todo cuando dicha cifra la miden los cantamañanas de los psicólogos.

Al margen del mayor o menor valor científico del llamado Intelligence Quotient, salta a la vista de cualquiera, salvo de los imbéciles de los americanos, que esta puntuación no refleja la aptitud profesional, la capacidad de trabajo, el rendimiento potencial ni las habilidades sociales del sujeto evaluado, por lo que, en definitiva, resulta bastante inútil de cara a la selección de personal.

Además todos sabemos la de gente que, tanto en Estados Unidos como en España como en Pernambuco, posee un CI altísimo y está en el paro o apretando tornillos en una cadena de montaje, y la de tipos con menos de 80 puntos que desempeñan los puestos mejor pagados o mandan más que generales. ¿Por qué será?

viernes, 3 de mayo de 2013

EL MERCADO LABORAL

Dices que soy un idealista demencial, un quijote que no sabe en el mundo en que vive, pero ¿y tú?, ¿no son de una ingenuidad clamorosa esas expectativas que tienes sobre el mercado laboral? Si te crees que un recurso tan valioso y escaso como el trabajo, del que depende la propia subsistencia física de la peña, se va a repartir con criterios de justicia, vas listo. Si piensas que los pocos empleos que hay se los llevan las personas más preparadas, con más mérito o valía para su desempeño, es que no te enteras de la misa la media, majo.

Solo tienes que mirar a tu alrededor para percatarte de que hay muchísimos puestos desempeñados por trabajadores torpes, inútiles o sin la formación necesaria, mientras que otros que lo harían de maravilla llevan chupando paro desde 2010 como tú.

Eres tan cándido de confiar en todo ese tinglado de títulos universitarios, especializaciones, másters, idiomas, becas y prácticas que se han inventado cuatro listos para sacarte los cuartos, a ti directamente o a la Administración financiada con tus impuestos.

Para empezar, date cuenta de que el 80% de los puestos de trabajo de este país los podría desempeñar cualquiera, hasta el más tonto, incluso bastantes de los que en teoría requieren de titulación superior.

En segundo lugar, te bastaría un rápido sondeo para enterarte de la relación directamente proporcional que existe entre las habilidades sociales y la posibilidad de conseguir un trabajo estable y de calidad. Y las habilidades sociales no tienen absolutamente nada que ver ni con la preparación ni con la capacidad para realizar las tareas profesionales que sean. Mira a tu alrededor y verás como tus amigos que más vida social tienen y más gente conocen son los primeros que se colocan, a los que más les dura el curro y los que menos tiempo permanecen desempleados, aunque no sepan casi ni encender el ordenador.

Y tercero, es un hecho constatable que a la gente con peculiaridades manifiestas, de cualquier tipo, le cuesta el doble encontrar ocupación. Eso que llaman el mercado de trabajo, desengáñate, tiende a absorber sobre todo a personas corrientes, estandarizadas, idénticas como gotas de agua, que no llamen la atención en ningún aspecto que no sea ventajoso (aunque tampoco sea perjudicial) para las empresas. Si eres un tipo raro, feo, gordo, con la voz extraña, con ideas políticas “curiosas” o algo en ti choca a primera vista, te será bastante más difícil firmar un contrato aunque académicamente o por tu currículum des el perfil idóneo para el puesto.

No me malinterpretes. No digo que con esas martingalas que estás haciendo del inglés y con ese flamante máster que cursaste el año pasado, con prácticas en empresa incluidas, no vayas a tener más posibilidades, pero te aseguro que muchas menos de las que tú supones, y, es más, ese trabajo que tanto te interesa y que tan bien se adapta a tus cualidades, seguramente se lo acaben dando a un fulano que sabe menos inglés que tú y que, por supuesto, no se ha gastado el medio kilo de tu máster ni ha perdido su tiempo en el paripé de las prácticas.

En la espesa jungla empresarial la gente se abre camino con el machete de su astucia, con el rifle de su picardía, con la ayuda de sus contactos y de su pericia para venderse, aunque haya poco que vender. Que te lo diga una de las camareras del bar donde desayuno, que es incapaz de memorizar tres consumiciones, se equivoca en la vuelta una de cada dos veces y es más lenta que Cristiano Ronaldo cruzando un pasillo lleno de espejos, pero ahí sigue la tía (bien simpaticona) desde hace dos años, con la de camareros profesionales que están los lunes al sol. Que te lo diga mi vecino, auxiliar administrativo desde hace cinco años en una gestoría del centro sin saber un pijo de Word, ni de Excell ni de la madre que los fundó, habiendo miles de titulados expertos en ofimática en la cola del SEPE.

Para meter la cabeza en una empresa es más importante ser listo que inteligente, ser hábil que estar preparado, y para quedarse indefinido en ella, lo mismo. Casi todos los oficios son pura rutina y se aprenden perfectamente con un poco de tiempo e interés, pero a ti y a tantos os han colado la trola de que hay que entrar ya formadísimos, experimentadísimos y capacitadísimos para el puesto, cuando, con la mano en el corazón, ¿a cuántos conoces que hayan cogido por saber hacer perfectamente el trabajo ofertado? Yo a casi nadie.

Enfoca de otra manera tu búsqueda de empleo y no sobrevalores lo que hoy por hoy es una mierda, por ejemplo ese titulín que tienen miles de parados en tu ciudad y que solo acredita que te pasaste cinco años sentado en un pupitre oyendo hablar de cosas que nunca te iban a servir para nada. No vayas dando tumbos a la caza de “lo que salga”, porque ya sabes que el que no sabe lo que busca, al final no encuentra nada. Explora el panorama, evalúa lo que hay y decide a qué quieres dedicarte antes de desperdiciar energías, pero sin optimismos absurdos por el hecho de tener carrera. Primero haz un examen exhaustivo y maduro de tus capacidades, y vende aquellas que sabes que las empresas necesitan. Pero si resulta que ahora mismo careces de ellas, da igual: ofrécelas de todos modos, que si te fichan ya las adquirirás de sobra. De momento lo importante es que aprendas a moverte en la selva, a nadar con soltura en las aguas turbulentas de la oferta y de la demanda laborales.

Sobre másters y postgrados en La pluma viperina
Sobre los currículum vitae en La pluma viperina

jueves, 8 de noviembre de 2012

VINO DE ZANAHORIA

La Administración de la comunidad autónoma en la que vivo organiza cada año el certamen Campus Emprende, bajo el bonito lema “Educar para Emprender”, en el que premian proyectos creativos e innovadores a fin de fomentar “la actividad emprendedora y la creación de empresas de base tecnológica en el seno de las universidades de la región”.

Uno ya era bastante escéptico sobre los proyectos investigadores de las universidades españolas en general y de la Universidad de Valladolid en particular. Eso de investigar en nuevas tecnologías suena muy bien, pero cuando esta actividad investigadora no se enmarca en programas coherentes, sus resultados no se fiscalizan como es debido y nadie sabe qué repercusión tienen en la vida social y económica del país, te acabas maliciando que todo es un montaje para recibir pasta de la Unión Europea y de las Administraciones, y vivir del cuento.

Uno ya era bastante escéptico sobre la seriedad y la capacidad de los profesores universitarios, pero el premio Campus Emprende de este año ha terminado por confirmar todas mis aprensiones, pues ha recaído nada menos que en una docente por el estúpido proyecto denominado “Elaboración de bebida espumosa (vino) a partir de la fermentación alcohólica de la zanahoria”.

La rocambolesca idea premiada, según han explicado muy ilusionados sus promotores, consiste en “una bebida de entrada dulce, con un toque fresco y vivo, gracias a su carácter espumoso, acompañado de toques terrosos y herbales que recuerdan su origen vegetal”. Con este vino de zanahoria, al que han bautizado como Artezana, pretenden “dinamizar los recursos de Castilla y León, aprovechando un cultivo de relevancia regional".

El común de los mortales y hasta un tipo como yo, con la visión comercial rotundamente bloqueada, pensamos que el licor de zanahoria no tiene ninguna pinta de irrumpir con fuerza en el mercado vitivinícola de nuestra Región en los próximos cien años. Tenemos el pálpito de que casi con toda seguridad no será creada de forma inminente la Denominación de Origen Daucus Carota de las Tierras de Valladolid, y, es más, albergamos la sospechilla de que nadie va a ser tan tonto del culo de pedirse en un bar un rosado de zanahoria.

Aun así, la Junta de Castilla y León ha premiado el proyecto por considerarlo un ejemplo de visión emprendedora con posible incidencia en la economía regional. Deben de suponer que dando la suficiente publicidad a la nueva bebida, en poco tiempo desbancará al verdejo de Rueda y al espumoso de Peñascal.

Yo sugiero a los creadores de este mejunje que sigan desarrollando sus rompedoras ideas con el nabo. Entiéndanme, por favor: me refiero a la hortaliza conocida por los científicos como Brassica rapa, o incluso a otros tubérculos, como la patata o el boniato, con los que seguramente podrían fermentarse finos caldos de mesa. Y ya metidos en harina, imbuidos del entusiasmo emprendedor financiado por la Junta y por la Universidad, sería bueno elaborar una cerveza de cardo borriquero, un orujo de col lombarda o un delicioso blanco a partir del puerro. Ya saben que los consumidores estamos a la espera, bien dispuestos a apoyar los productos de nuestra tierra.