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martes, 6 de septiembre de 2016

LOS EMBUSTES SOBRE EL NOMBRAMIENTO DE SORIA


El Ministro De Guindos ha dicho: "Si un funcionario no puede volver a ser funcionario...¡Esto qué es!". No nos tomes por idiotas, Luisito.

Si al ex Ministro de Industria, José Manuel Soria, le obligaron a dimitir de todos sus cargos por embustero (por negar su implicación en el escándalo de los Papeles de Panamá), ahora, por elemental congruencia, Rajoy, De Guindos y la Cospedal deberían hacer lo propio tras haber mentido como bellacos sobre la candidatura de Soria como director ejecutivo del Banco Mundial.

Estos tres jetas llevan toda la semana jurando que el señor Soria no ha sido nombrado para un alto cargo político, sino que simplemente ha obtenido un destino como funcionario, ofertado mediante convocatoria pública y provisto a través del procedimiento de concurso de méritos. Han insinuado que para desempeñar tal puesto es requisito pertenecer al Cuerpo de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado, al que pertenece Soria, y que el acceso al mismo es un derecho inherente a la carrera profesional de los funcionarios públicos de dicho Cuerpo.

Veamos una por una las macro mentiras que nos han intentado colar:

- Es verdad que el puesto de miembro del Directorio Ejecutivo del Banco Mundial no es estrictamente un cargo de naturaleza política, sino funcionarial (son altísimos funcionarios), pero es tal su relevancia que las candidaturas deben proponerse por los gobiernos nacionales, en el caso de España por el Consejo de Ministros. 

Desde un punto de vista moral e incluso simplemente estético no parece nada razonable que un señor relacionado con una red de empresas ubicadas en paraísos fiscales desempeñe un cargo de semejante responsabilidad en un organismo internacional público de carácter económico. Es algo así como poner a la zorra a cuidar del gallinero. 

- Sí hubo una especie de convocatoria, pero no fue publicada en el BOE y ni siquiera en la página web corporativa del Ministerio de Economía. Solo se distribuyó a un reducido número de posibles candidatos, la mayoría funcionarios de élite de la Administración económica. Cierto que no hay ninguna norma que exija una forma concreta de publicidad de esta “convocatoria”, pues, como luego explicaré, no estamos ni ante un concurso de méritos ni ante un caso de libre designación, sino ante una propuesta discrecional de nombramiento a elevar al Banco Mundial.

- El puesto no exige necesariamente para su desempeño la condición de funcionario público ni mucho menos pertenecer al Cuerpo de Técnicos Comerciales. En la práctica la mayoría de los 25 directores ejecutivos del Banco Mundial son funcionarios de cuerpos económicos, pero no es obligatorio que sea así. De hecho, en la “convocatoria” solo se dice que “se valorará” la condición de funcionario y la experiencia en la Administración económica española. 

Además, aunque fuera obligatorio ser funcionario del Subgrupo A.1 (que insisto en que no lo es), debe tenerse en cuenta que también es imprescindible pertenecer a este Subgrupo para ser nombrado Subsecretario o Director General de un Ministerio (altos cargos políticos) y a nadie le parecería normal proponer para uno de estos puestos a un individuo tan poco fiable como José Manuel Soria. 

- El procedimiento selectivo no es en absoluto un concurso, como no hace más que repetir Pinocho Rajoy, que no sé cómo no se le cae la cara de vergüenza. Además, si lo fuera, el ex ministro no podría haber participado, pues lo habitual es que en las convocatorias de los concursos de plazas de funcionarios se exija estar en situación de servicio activo, y él pidió la excedencia hace casi 30 años y hasta ahora no ha solicitado su reincorporación.

- Pero es que tampoco es una libre designación. Al menos las convocatorias de puestos de funcionarios de libre designación deben publicitarse en el Boletín Oficial correspondiente, pues así lo exige la ley.

- ¿Qué es entonces? Pues se trata de una propuesta absolutamente discrecional del Consejo de Ministros, sin publicidad formal de la convocatoria, sin ningún requisito mínimo indispensable para participar y sin ningún procedimiento establecido. El nombramiento lo hace el Banco Mundial sin apartarse de la propuesta del Gobierno.

Como vemos el PP sigue haciendo méritos para que un nuevo Frente Popular tome las riendas del gobierno antes de diciembre.

miércoles, 11 de mayo de 2016

¿QUÉ ESPERABAS?

Lo más probable es que esta entrada no la entiendas más que tú, pero me da igual.

A ver si te enteras ya, amiguito. Tienes todo el derecho del mundo a defender unos ideales de lo más revolucionarios, a proclamarlos a viva voz en el trabajo, a comprometerte públicamente con un sindicato tan cañero, y a denunciar con contundencia las injusticias laborales que se cometen a tu alrededor. Ni la ley ni nadie te ha negado jamás ese derecho. Y menos yo. De hecho, hasta ahora siempre me habías parecido un tipo valiente, generoso y digno de admiración.

Pero, cuidado, no te engañes. A lo que no puedes aspirar siendo como eres y haciendo lo que haces es a que tu empresa, u otra empresa cualquiera, te dé un puesto con responsabilidades directivas y te pague un sueldazo. Lo que no puedes hacer, salvo que seas idiota, es salir en el periódico encabezando manifas, lanzar declaraciones incendiarias, presentarte a las elecciones municipales con el partido que tú sabes, pasarte la vida tocándoles los huevos a tus jefes (seguramente con toda la razón) y luego lloriquear como una nena porque ascienden a cualquiera menos a ti.

Un tipo tan consecuente y tan duro como tú no debería cogerse una depresión de caballo por chuparse tres años de paro (“búsqueda activa de empleo”, pones en LinkedIn) y diez meses sin una sola entrevista. ¿Qué te pensabas? ¿Que ser contestatario salía gratis? ¿Acaso suponías que las empresas en las que echas currículum no iban a buscarte en Internet, en Facebook, y no te iban a ver enarbolando banderas y pancartas, y denunciando a boca de megáfono “las agresiones capitalistas” de “la oligarquía empresarial”? Yo te creía más listo.

No me decepciones, chico. No seas blandito. Si tienes arrestos para disparar contra tus enemigos a pecho descubierto, debes tenerlos también para recibir sus balazos sin gimotear. ¿O es que imaginabas que solo tú podías repartir leña y ejercer la libertad de expresión?

Y no te confundas conmigo, cuidado. No me estoy cachondeando de ti ni menospreciando tu labor política y sindical. Lo único que te sugiero es que, como mínimo, tengas la dignidad de no presumir de independiente, de insobornable, y luego disgustarte de esa manera porque la patronal desconfíe de ti. Habiendo miles de trabajadores dóciles igual o más capaces que tú, ¿por qué iban a contratarte a ti o a promocionarte a un puesto sensible con la guerra que das?

Y no tengas tanta jeta de decirme que es injusto. Si tú montaras una pyme preferirías que te mataran antes que fichar a un pepero.

Tal como están las cosas, si de verdad tuvieras lo que hay que tener opositarías a una plaza en la Administración, que ahí nadie se va a preocupar de cómo piensas, o emprenderías un negocio con tu dinerito, en vez de humillarte penosamente aguardando a que te den de comer aquellos a los que no dejas de pisar el callo. Y cuando lo consigas, cuando tu subsistencia ya no dependa de la “oligarquía empresarial”, como si sacas una metralleta y los acribillas a todos. 

miércoles, 27 de abril de 2016

DESAYUNOS MUY SERIOS


Desde hace años bajo tres veces a la semana con un pequeño grupo de compañeros a cumplir el ritual sagrado del desayuno funcionarial. Como supongo que estaréis imaginando, cumplimos al dedillo los tópicos y estereotipos al uso: todos con gafas, los hombres con jersey de rombos, ellas muy feas y con fular al cuello, conversaciones mayormente sobre moscosos, niveles y trienios, quejas sobre los recortes en la Administración, etc. Lo que pasa es que al principio nos reíamos mucho y lo pasábamos muy bien, pero ahora son unos desayunos más bien formales en los que, aunque la charla es agradable, el tono general resulta un poco grave y circunspecto, sin las bromas de antaño.

La culpa la tiene Higinio, el jefe de la Sección de Información.

Antes hacíamos muchos chistes, sobre todo Gonzalo y yo. Gonzalo era especialista en las pullas picantonas, a veces bastante subidas de tono, que hacían soltar chilliditos a las compañeras, y lo mío eran los motes despiadados, el sarcasmo corrosivo y los comentarios políticamente incorrectos sobre gitanos o igualdad de género, que siempre escandalizaban a Natalia, la más pepera del grupo. Pero ya no. Ahora ya nadie dice gilipolleces porque le tenemos un miedo atroz a Higinio.

Cuando recuerdo los desayunos del principio, se me quitan automáticamente las ganas de hacer chirigotas. Igual que ahora, llegábamos al bar un poco más tarde de las 11 y ocupábamos una mesa al fondo, abriéndonos paso a codazos para pedir y trasladar los cafés y las viandas. Higinio siempre desayunaba té con limón y un gigantesco pincho de tortilla que engullía a grandes bocados. Ocupaba media mesa con su corpachón y hablaba muy poco. Por lo general se limitaba a escucharnos al resto con los ojos muy abiertos tras sus gruesas gafas de pasta, mientras rumiaba pan y tortilla, o a responder alguna pregunta concreta que alguna vez le hacíamos sobre su departamento.

–  Higinio, ¿qué quería esa rubia que ha entrado en tu sección a primera hora? –preguntaba, malicioso, Gonzalo.

El aludido respondía siempre con la boca llena, medio tapándosela con la mano, y le salía una voz gangosa y a duras penas inteligible.

– ¿Ummm? Ha fenido a for ed ceztificado que fidió e lunes.

– Bueno, bueno, pues si vuelve esa monada por el edificio, le dices, por favor, que se pase un momento por mi despacho, que quiero atenderla yo personalmente en todo, subrayo, en todo lo que necesite. ¡Todo sea por dejar satisfecha a una ciudadana!

Entonces se producía la tragedia, porque Higinio, que habla tan poco, es sin embargo hipersensible a cualquier muestra de humor, por pésima que sea, y además tiene una risa explosiva, escandalosa y, lo peor de todo, imprevisible. A la gracieta de Gonzalo, el jefe de la Sección de Información reaccionaba con una risotada gutural, estridente y detonante en el peor de los sentidos, ya que con ella esparcía a dos metros a la redonda múltiples restos masticados de tortilla de patatas y pan. Los tropezones volaban libres desde sus inflados mofletes y aterrizaban sobre la camisa de un compañero, pringaban el fular rosa de Natalia o caían en mi taza de café. Se producía un silencio espeso, incomodísimo, mientras la gente se limpiaba con discreción o apartaba su almuerzo para protegerlo de posibles nuevos disparos, ya que la carcajada de Higinio solía durar lo suyo.

Pero no aprendíamos. A la semana siguiente, igual. Yo daba un traguito a mi zumo de naranja y soltaba una cuchufleta sobre las orejas desplegadas del Director General de Accesibilidad, o contaba un chiste de negros o hacía alguna observación sarcástica sobre el administrativo de mi servicio, que es de Podemos el muy gañán, y entonces Higinio, con su tortilla de chorizo a medio deglutir, se descuajeringaba de la risa y nos hacía la metralleta sin previo aviso, que no nos daba tiempo ni a tapar las tazas. Pedazos de comida de muy diversos tamaños se estampaban en la corbata de uno, en la tostada con aceite y tomate de otra o en los pantalones del de más allá. A veces el tío, al terminar de deshuevarse, decía “perdón, perdón”, pero nadie le respondía nunca.

Así que con el tiempo nos hemos ido adiestrando en el autocontrol, y, aunque al principio nos costaba evitar las coñas, las duras experiencias vividas con el bueno de Higinio nos han convencido de que es preferible mantener la seriedad y aburrirnos un poco que morir de asco o incluso quedarnos sin desayunar, ya que a veces nuestro almuerzo quedaba incomestible después del bombardeo. 

lunes, 2 de noviembre de 2015

YO TE PAGO EL SUELDO




La anécdota es real y sucedió en la ciudad donde tuve mi primer destino.

Un compañero recibió a un ciudadano indignadísimo porque acababan de notificarle una resolución muy perjudicial. Creo recordar que se le exigía el reintegro de una elevada suma de dinero en concepto de cantidades indebidamente percibidas. El paisano empezó a elevar la voz y a lanzar pullas a mi compañero nada más entrar en su despacho. Caras de asco, gestos despectivos, constantes interrupciones cuando se le explicaban las cosas, resoplidos, pedorretas…

- No tienes ni puta idea –le decía-. No hacéis más que meter la pata y joder a la gente. No me pienso ir de aquí hasta que anules esto –y agitaba el papel con el oficio de notificación-. No te olvides ni un momento de que tu sueldo te lo estoy pagando yo, así que muévete.

Mi sufrido compañero intentó hacer ver a aquel energúmeno, de la manera más calmada posible, que la resolución era correcta pero que, en cualquier caso, si no estaba conforme, podía interponer el correspondiente recurso ante el órgano competente, porque los actos administrativos no podían revocarse alegremente mediante una conversación, o porque a un funcionario le apeteciera; que tenía que presentarse un recurso, emitirse un informe por la Sección de Liquidación y otro por los servicios jurídicos, y después, si acaso, estimarse la petición.  Se lo explicó hasta cuatro veces, por activa y por pasiva, pero el pollo negaba con la cabeza y suspiraba ostentosamente.

- ¿Esta es la mierda de atención que recibo como ciudadano? Te pago el sueldo de mi bolsillo para que te pases la mañana tomando café y todavía me vienes con trabas absurdas para no reconocer mis derechos?

En aquel instante, el probo funcionario se levantó de su silla, rodeó el escritorio, se llegó a la percha donde colgaba su abrigo, sacó la cartera de uno de los bolsillos, se encaró con el sujeto y le puso en la mano una moneda de un euro.

- Aquí tiene, amigo. Esto es más de lo que le correspondería pagar a usted en toda su vida por los sueldos de todo mi departamento. Y ahora, por favor, deje de tocarme los cojones.

viernes, 28 de agosto de 2015

QUIEN TUVO RETUVO


En lo tocante a belleza física, el viejo dicho popular de que quien tuvo retuvo se cumple en la inmensa mayoría de los casos. Unas facciones armoniosas, unos ojos bonitos y un físico equilibrado también están sometidos a los quebrantos de la edad, pero qué duda cabe que, al cabo de los años, los vestigios de esta hermosura casi siempre serán preferibles a los efectos del envejecimiento en quien ya era feo de joven. Sin embargo, esta regla no es absoluta y existen excepciones sobre las que vale la pena meditar.

En primer lugar hay algunas personas a las que, aunque parezca mentira, la juventud les cae fatal. Todos tenemos algún conocido que a los veinte años tenía granos en la cara, semblante de pasmado, una excesiva gordura o delgadez, o un aire así como desmañado que no le favorecían nada, y cuyo aspecto general ha mejorado ostensiblemente después de cumplir los treinta. Tampoco nos engañemos: no parece previsible que, sin pasar por quirófano, una chiquita con nariz de cacatúa y pecho formato I-Pad se transforme en Claudia Schiffer frisando la cuarentena, pero es verdad que a algunos les pasa como al buen vino, que mejoran con los años porque los cambios de la adolescencia o de la primera juventud les beneficiaron poco. Y aunque no tiene que ver con el físico en sí, no puede negarse que ciertos estilos de vestimenta propios de la juventud, unidos a la falta de sentido del ridículo típica en esta etapa, pueden arruinar la imagen de cualquiera, y que cuando después cambian los gustos lo normal es ganar bastante.

Otro fenómeno es el contrario, el de gente muy atractiva de joven que al final ha acabado siendo físicamente más desagradable que muchos de los que jamás destacaron por su guapura. Esto es incluso algo característico en ciertos grupos étnicos, cuyos miembros alcanzan una gran plenitud física a edades muy tempranas pero que también prematuramente empiezan a ajarse. Se me ocurren varios comentarios un tanto toscos sobre las féminas pertenecientes a cierta minoría racial presente en nuestro país desde hace seis siglos, pero mi buena voluntad y mi deseo de que La pluma viperina sea un foro de respeto y pluralismo me impiden escribirlos.

Las razones por las que un gallardo joven o una chica preciosa pueden llegar a convertirse en adefesios veinte años después son varias. Algunas guardan relación directa con el sobrepeso y con la forma en que ciertas personas se cuidan o, mejor dicho, se descuidan, pero además influyen decisivamente factores genéticos (como los insinuados en el párrafo anterior) que condicionan el aspecto de la piel, la integridad del cabello o la firmeza de las carnes. El estilo de vida y el tipo de ocupación laboral marcan también las diferencias, y es casi seguro que un funcionario del Registro Civil más bien feúcho cuando estudiante tenga bastante mejor pinta a los ochenta que un galán de su mismo año que se haya pasado la vida cargando electrodomésticos o destripando terrones de sol a sol. Tampoco pueden olvidarse los beneficiosos efectos del deporte y del ejercicio moderado en la forma de envejecer.

Cierto que no es posible luchar contra los condicionantes genéticos ni contra algunas de las circunstancias de nuestra vida, pero yo creo que la apariencia física puede mejorar muchísimo poniendo un mínimo de atención a nuestras costumbres y aprendiendo a cuidar nuestra carcasa, que es la única que tenemos.

lunes, 22 de junio de 2015

NO HABRÁ MÁS PENAS NI OLVIDO

Últimamente me estoy documentando acerca del peronismo argentino y acabo de ver una de las películas más ilustrativas sobre el tema. Se trata de No habrá más penas ni olvido (1983), de Héctor Olivera, exitosa adaptación del bestseller de Osvaldo Soriano que no acertaría a encajar en un género concreto. En esta cinta los límites entre la comedia y el drama sangriento son tan difusos que me he quedado desorientado.

La historia está ambientada en un municipio figurado (Colonia Vela) durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón (1974). El argumento me interesó mucho desde el principio: Varios militantes de la facción originaria del Partido Justicialista local deciden desalojar de la “municipalidad” a los integrantes de la llamada “tendencia” (la rama marxista o “bolches”), liderada por el delegado municipal y su colaborador más cercano, y apoyada por los muchachos de la Juventud Peronista. Los izquierdistas logran atrincherarse en la Delegación Municipal y contener a tiros durante varias horas los intentos de asalto de sus enemigos, quienes finalmente requieren los servicios de un grupo de enérgicos patriotas supuestamente vinculados a la Triple A.

Cuando los españoles nos ponemos a ver una película argentina tan destinada al consumo interno siempre nos pasa igual. Los primeros veinte minutos no entendemos nada de los diálogos, casi como si estuvieran en chino. Luego, una vez acostumbrados al deje y cuando empezamos a intuir el significado de los giros y del vocabulario, tenemos la sensación de que se trata de una peli de risa, sobre todo por los insultos ultilizados. Es imposible contener las carcajadas cuando los personajes, con su característico acento cantarín, comienzan a increparse con expresiones como “pelotudo”, “boludo”, “negro”, y a mentar la “concha” de sus madres, entre otras deliciosas barbaridades. Al final, cuando los protagonistas se ponen a torturarse, a molerse a golpes y a matarse a tiros, ya nos vamos percatando de que el guión no tiene ninguna intención humorística.

El caso de No habrá más penas ni olvido me parece muy particular porque objetivamente está llena de toques de humor y, sin embargo, tiene un final trágico que se presta a pocos chistes. Hay momentos de pura comedia, como cuando ambos bandos intentan captar a un obeso policía municipal ascendiéndole a cabo, e incluso a sargento cuando se propone desertar. También tiene mucha gracia el actor Miguel Ángel Solá haciendo de borracho (me recuerda a Cantinflas), el cinismo con el que los “Tripe A” tratan al periodista que acude a cubrir la noticia y la escena de la avioneta fumigadora soltando estiércol sobre la localidad. Menos cómicas deberían resultar las secuencias posteriores a la captura de los “bolches”, en las que se muestra el trato poco atento que les dispensan sus compañeros de partido, que no de ideas. Sin embargo, los efectos especiales y el maquillaje son tan patéticos que es inevitable sonreír.

Miguel Ángel Solá, en su papel de montonero borracho

Pero el filme interesa más que nada como reflejo de una situación política concreta y de las luchas internas que en esos años protagonizaron las dos facciones más radicalizadas del justicialismo argentino. El peronismo siempre tuvo una vocación transversal, superadora de la lucha de clases y de los conceptos de izquierda y derecha, pretendiendo identificarse con todos los sectores de la sociedad. Sin embargo, como muy bien expresó Tábano Porteño en su post de marzo, ese afán de unanimidad impuesto al país bloqueó el desarrollo de un escenario político dual, con partidos izquierdistas y derechistas confrontados, de modo que al final estas tendencias acabarían expresándose dentro del propio peronismo.

El caso del justicialismo no es único. En todos los movimientos políticos de sesgo interclasista y autoritario surgidos en Europa durante la primera mitad del siglo XX también se han producido, en mayor o menor medida, divisiones internas que demuestran las dificultades prácticas para contener la conflictividad natural derivada de la diferencia de sensibilidades e intereses socioeconómicos y religiosos. Como esquemáticos ejemplos podríamos citar las fricciones entre los exaltados sindicalistas del Partido Nacional Fascista de la primera hora y los derechistas provenientes de la Asociación Nacionalista Italiana; la purga de elementos "izquierdistas" del partido nazi (las S.A.) en la Noche de los Cuchillos Largos, o los proverbiales desencuentros entre “hedillistas”, “independientes”, “francofalangistas” y “ramiristas”, que acabaron convirtiendo la Falange española en una charca de ranas.

Situaciones así también pueden verse en los regímenes “de partido único”, en los que la organización oficial es tan gigantesca y burocrática que termina institucionalizándose como plataforma para hacer política por personas y grupos de muy diverso pelaje pero que, al menos nominalmente, se dicen seguidores de la doctrina estatal. En No habrá más penas ni olvido, el empleado más rojo de toda la Delegación exclama sorprendido por el asalto de los ortodoxos: “¿Bolches nosotros? Che, yo siempre fui peronista, nunca me metí en política”. En muchos momentos de la película ambos bandos reivindican con ardor la figura de Perón y dicen estar dando su vida por él, aunque parezca imposible que dos posturas tan radicalmente contrarias puedan hallar cobijo bajo un mismo líder o un mismo partido.

Otro ejemplo en el que me ha hecho pensar esta cinta es el de la Iglesia Católica, integrada por millones de fieles, cientos de miles de sacerdotes y miles de obispos que, a pesar de compartir formalmente los mismos valores, pueden tener ideas, actitudes, estilos de vida y morales diametralmente opuestos entre sí.

Por último, como profesional de la Administración pública, me ha llamado la atención la organización municipal argentina, al menos en los años setenta del pasado siglo, así como la denominación de los diferentes órganos de gobierno. Alguien tendrá que explicarme la diferencia entre un intendente y un delegado municipal, si hay o no alcaldes y qué grado de autonomía local existe (o existía en aquella época) en Argentina.

viernes, 5 de junio de 2015

PROGRAMAS MUNICIPALES DE EMPLEO

En la mayoría de ayuntamientos de España donde gobernará el rojerío merced a los acuerdos entre las candidaturas de “unidad popular” (qué escalofríos me da el nombre) y el hasta ahora partido de la casta PSOE, ya se han dado a conocer los paquetes de medidas sociales cuya implementación se prevé en la próxima legislatura. Una de las medidas estrella son los llamados programas municipales de empleo.

En teoría estos instrumentos permiten que, dada la situación de empobrecimiento de muchas familias debido a la crisis y al paro, los consistorios contraten directamente, atendiendo a criterios de necesidad, a desempleados de larga duración y a colectivos con especiales dificultades de inserción, para la realización de trabajos de interés social y utilidad pública destinados a “cubrir necesidades del día a día”, casi siempre en plazas de peón, jardinero u ordenanza. A veces también se inyecta dinero a empresas privadas para que “empleen” a estas personas en puestos tipo becario.

Pero esto no es nada nuevo. La cosa es que desde 2009 ya han sido puestas en marcha varias iniciativas de este tipo por diferentes corporaciones locales, y los resultados distan mucho de ser idílicos. Hablando en plata y sin circunloquios, lo que hacen estos ayuntamientos es generar, de forma artificial, puestos de trabajo que no se necesitan; se los inventan y punto. Por otra parte, la selección de los “trabajadores” la llevan a cabo asistentes y asistentas sociales con unos curiosos baremos basados simplemente en la antigüedad del paro y en los ingresos familiares, sin entrar a considerar para nada la cualificación profesional. 

Los efectos prácticos de estos inventos son los que cabe imaginar con semejantes premisas: Durante varios meses o años, los elementos más marginales y vagos de la ciudad, que jamás de los jamases han dado un palo al agua ni en crisis ni en bonanza, cobrarán una propina de 800 euros al mes a cambio de lucir un mono con las siglas del programa de empleo y rascarse las pelotas en los jardines públicos, haciendo como que podan el seto, o de leer el Hola sentados en una mesita en mitad del pasillo de las oficinas municipales. Tampoco hace falta ser un lince para acertar que los agraciados por esta humillante limosna (que pagamos todos) pertenecerán invariablemente a los grupos y sectores sociales más conocidos por su picaresca, comenzando por la gitanada, siguiendo por los inmigrantes más flojos del municipio y acabando, cómo no, por los familiares, amigos y conocidos de los miembros destacados de las asociaciones vecinales de izquierda.

Parados simulando trabajar en un proyecto municipal de empleo
Naturalmente estos planes son simples poses políticas de cara a la galería sin ningún efecto beneficioso para la sociedad, no tanto por la idea de fondo (que no es mala), sino por la forma escaparatista e ineficaz de desarrollarla. En principio, la cantinela -recurrente en los últimos siete años- de que sobran empleados públicos en todas las Administraciones casa muy mal con la decisión demagógica de sacarse de la manga nuevos puestos, de plantilla o no, para “dar de comer” a quienes probablemente comen mejor, gracias a sus actividades de economía sumergida, que muchos ciudadanos que nunca podrán acceder a un programa de empleo. También sucede que por muy partidarios que seamos de corregir el mercado de trabajo, no parece razonable que estas correcciones se traduzcan en falseamientos puros y duros de la necesidades municipales y de la realidad económica. Si de verdad se trata de integrar laboralmente a las personas con dificultades y de que realicen una actividad útil para que la prestación no se convierta en una simple ayuda social disfrazada, habría que tomarse muy en serio esta clase de actuaciones, buscando ocupaciones adecuadas, seleccionando correctamente a los candidatos (tras un examen exhaustivo de sus antecedentes y circunstancias), excluyendo a priori a los residentes extranjeros, evaluando el rendimiento en las tareas, despidiendo ipso facto a los que no sirvan o no rindan, y realizando seguimientos personales y acciones formativas paralelas para facilitar la absorción de estos desempleados por el mercado de trabajo convencional. 

Entre las tareas que se me ocurren para asignar a los parados en situación de emergencia y que me da en la nariz que serían rechazadas por muchos de ellos, están el desbroce de los montes para prevenir incendios, el apoyo a las labores de extinción de los mismos, la repoblación forestal o la limpieza permanente de nuestras playas. 

Pero mucho me temo que a la izquierda española, en perfecta coherencia con su trayectoria histórica, le interesa bastante más la propaganda que solucionar de una manera eficiente y justa la situación desesperada de millones de familias. Los programillas de empleo que ahora tratarán de vendernos como la panacea de la conciencia social no serán más que guiños electoralistas que no cambiarán nada ni ayudarán, ni siquiera a medio plazo, a nadie que de verdad lo necesite.

jueves, 18 de diciembre de 2014

BORDEAR LA LEY

Cualquiera que desempeñe un puesto de responsabilidad en una Administración pública y le toque interpretar y aplicar normas jurídicas a diario, sabe muy bien que existe una tendencia natural a bordear la ley. Como tantas veces he dicho, las leyes suelen ser simples productos políticos y, como tales, contienen grandilocuentes declaraciones de intenciones, garantías draconianas, rimbombantes derechos y procedimientos escrupulosísimos. El problema viene cuando los funcionarios se enfrentan a la cruda realidad, al día al día de la tramitación de expedientes sin salirse ni un ápice del ordenamiento jurídico. Esta tarea puede ser ardua y en algunos casos imposible, y más cuando concurren circunstancias especiales como la urgencia, la limitación de recursos o los criterios de oportunidad (eufemismo de “intereses electorales”), lo que sucede por lo general en aquellos niveles fronterizos entre la Administración y la política.

En la práctica suele darse un tira y afloja entre las autoridades o funcionarios obligados a cumplir un determinado objetivo político en un plazo perentorio y los titulares de los diversos órganos de fiscalización, responsables de velar por el cumplimiento estricto de las reglas procedimentales. Casi invariablemente los primeros se empeñan en defender interpretaciones más o menos forzadas de la norma que permitan agilizar el procedimiento (obviando trámites o acortando plazos) o bien una mayor discrecionalidad en la selección de contratistas, la mayoría de las veces sin otra intención que prestar un servicio más ágil y eficiente. Los segundos sudan la gota gorda para conciliar en sus informes las necesidades operativas del alto cargo de turno con el respeto escrupuloso de la legislación aplicable. A veces puede llegar a haber presiones, normalmente en forma de sutiles intentos del político y sus colaboradores inmediatos de convencer al fiscalizador de que ese artículo tan fastidioso de la Ley de Régimen Jurídico o de la de Contratos podría llevarse un poco más al límite para ganar unas semanas o adjudicar la obra a una empresa que responda. 

En esta entrada quiero recopilar con humor los diez argumentos que más se utilizan en la Administración, en las reuniones y conversaciones de este tipo, para sugerir de forma eufemística que se vulnere la normativa. Cuando un gestor público pronuncia alguna de estas frases, es aconsejable estar alerta, extremar las precauciones y mirar los papeles con lupa para dilucidar su verdadera intención, si solo intenta arrimar el ascua a su sardina ante un precepto dudoso o acaso la serpiente de la prevaricación se empieza a deslizar por el expediente.

Ahí van las temidas frases:

1.- “Interpretar los artículos al pie de la letra lo sabe hacer hasta un niño; lo difícil es saber encontrar soluciones”

2.- “Yo creo que en este punto la jurisprudencia es vacilante”.

3.- “Pues en la Dirección General de (…) lo hicieron como yo os estoy proponiendo y no pasó nada”.

4.- “En las leyes siempre pueden encontrarse soluciones a todos los problemas, pero hay que estar dispuesto a buscarlas”.

5.- “Yo solo os hago una pregunta: ¿Qué puede pasar, en el peor de los casos, si lo hacemos como yo digo?”

6.- “Lo importante no es tanto la letra de la ley como su espíritu”.

7.- “Por favor, no me seáis más papistas que el Papa”.

8.- “Manolo, ¿qué tal, majo? Oye, que me acaban de contar que en tu informe nos quieres hacer tres reparos a la resolución que te pasamos el otro día,  y ya les he dicho yo: ¿Manolo? ¡Imposible! ¡Habrá sido un mal entendido! Que Manolo es un hombre proactivo y flexible y se puede dialogar con él…

9.- “Esa es una interpretación demasiado formalista, ¿no os parece?”.

10.- “Por mí, hacedlo como queráis; yo solo os recuerdo que el Alcalde ha dicho que tiene que estar resuelto antes del jueves”. 

viernes, 31 de octubre de 2014

HOLA



Me pasó el lunes. Estoy en mi despacho trabajando con el ordenador y de repente me entra un email de un tal José Luis, funcionario del Ministerio de Hacienda, al que no conozco absolutamente de nada. Me plantea sin preámbulos una duda sobre un expediente tramitado en mi departamento. No sé cómo ha conseguido mi dirección ni por qué se pone directamente en contacto conmigo, y menos por ese medio. Pero eso es lo de menos; lo que más me jode es que el correo comienza así:

Hola.

El Ayuntamiento de (…) está interesado en la enajenación de un solar ubicado en la parcela (...) de la calle (…), etc…”


¿Hola? ¿Cómo que hola?

Me faltó un pelo para responderle lo mismo que el sargento Foley al recluta paleto que le saludó con un “hola” en Oficial y caballero (minuto 1:45 del vídeo):

“¿He oído bien? ¡Quiero oír el trato que me has dado! ¡Has dicho “hola”! No soy tu amigo, ni tampoco soy un tipo afeminado. ¿Es eso lo que piensas de mí? Ey, ¿quieres tocarme los huevos? ¿Por eso me has dicho “hola, sargento”? ¿Eres marica?”

Coñas aparte, parece claro que hay adultos a los que habría que enseñar modales, explicarles la forma correcta de encabezar una comunicación profesional dirigida a un desconocido. No se trata de emplear fórmulas arcaicas como “muy señor mío” o los formalistas –y falsos– “estimado” o “apreciado”. Pero para mí un simple “buenos días” y una somera presentación, indicando dónde se trabaja, son lo mínimo en casos como este. 

Porque no sé, José Luis, pero venirme con un “hola”, así a saco, a mí me inquieta un poco. Esas confianzas hay que reservarlas para saludar cuando se entra en casa, se coincide en el ascensor con los críos del vecino, se aborda a una chavala en una discoteca o, en tu caso, a un chapero en un callejón. Pero yo no soy tu amigo, José Luis, ni me hace gracia que intentes ligar conmigo, que es lo que creo que buscas en el fondo, maricón, tantearme para ver si me pones una varita.

viernes, 24 de octubre de 2014

REUNIÓN POR TELÉFONO



El lunes te llamamos a tu despacho el jefe de departamento y yo, y nos desviaron a tu casa porque llevas dos meses en régimen de teletrabajo. Queríamos cerrar contigo el tema de las facturas de tu empresa, que ahí siguen, y de las dos formaciones que os faltan de impartir. Activamos la llamada grupal y el manos libres. La tele-reunión duró media hora y, aparte de que, como de costumbre, no nos solucionaste nada, tu hijo de nueve meses estuvo berreando y haciendo ruiditos todo el tiempo.

Mi opinión sobre el teletrabajo no viene al caso y no me meto en la decisión que tu jefe haya tomado al respecto, pero supongo que entenderás que una reunión con llantina infantil de fondo alternada con chillidos llamando a mamá y con una especie de gu-gu-gu que nos puso la cabeza como un bombo, me parezca el colmo de la cutrería y de la antiprofesionalidad. 

Me permito recordarte que la conversación telefónica del lunes no era una cháchara con tu madre, ni con una amiga, ni con el mentecato de tu director, que tanta cancha te da, sino una reunión de trabajo con una Administración pública de la que tu empresa es proveedora, y que en una reunión de estas características tampoco es que hayan de guardarse excesivas formalidades, pero sí al menos demostrar una seriedad, un decoro y un respeto que tú no nos demostraste. Al contrario, nos diste a entender que eres una irresponsable, que no tienes ni idea de cómo comportarte con un cliente y que en tu caso el teletrabajo es una treta para escaquearte y cuidar al niño.

Que el crío llore es normal y que tu prioridad sea atenderlo, también, pero si no sabes hacerlo sin que interfiera en tus obligaciones profesionales, cógete una excedencia o renuncia al puesto, y céntrate en tu maternidad y en cuidar a tu maridito, que estoy convencido de que es tu verdadera vocación. Te garantizo que serías mejor ama de casa que consultora (a poco), aunque, claro, en estos tiempos extraños todas queréis estar en misa y repicando a la vez, practicando una conciliación de la vida laboral y familiar ajustada con calzador o yo diría mejor que a martillazos. Y así nos va.

Ya te digo que me encantaría saber qué opina tu jefe de que estés hablando con nosotros el espinoso asunto de las facturas mientras le das el biberón a Pelayo, creo que se llama, y nos deja medio sordos con sus bramidos cuando tratamos de explicarte que antes de la semana del 24 de noviembre tiene que estar todo cerrado o no vais a ver un euro.

domingo, 18 de mayo de 2014

VISTO BUENO




En las grandes empresas o en las organizaciones de carácter burocrático (por ejemplo, las administraciones públicas) hay determinadas tareas que deben ser revisadas sucesivamente por varios trabajadores hasta que obtienen la aprobación definitiva por un responsable superior. Muchas veces se trata de documentos que son confeccionados por las unidades básicas y después van subiendo de despacho en despacho, recibiendo vistos buenos, hasta llegar al órgano más alto del escalafón, que los respalda con su rúbrica.  

Donde yo trabajo hay resoluciones que han de ser chequeadas con atención por siete personas distintas antes de que las firme el Gran Jefe.

Se supone que con estos procesos se quiere aportar seguridad y calidad al trabajo porque, como suele decirse, ven más diez ojos que dos, pero yo cada vez soy más escéptico al respecto. Me parece que cuando en cualquier tarea o procedimiento hay implicada más gente de la necesaria, termina saliendo todo fatal. A lo único que lleva un exceso de comprobaciones y de “vigilantes” es a que todos los participantes en la cadena se relajen y nadie cumpla bien su parte.

Si cuando el técnico redacta inicialmente una resolución, sabe que va a ser leída con cuidado por su jefe de sección, y que después la carpeta se pasará a la jefe de área, y que esta la despachará con el subdirector adjunto para que dé su O.K., y que entonces el asesor jurídico le dará un repaso fino antes de entregárselo, para una última revisión formal, a las secretarias del Director General previamente a su firma por este, pues lo más seguro es que el humilde técnico del principio no afine como es debido y se despreocupe de los detalles del escrito confiando en que si se le cuela algún pequeño fallo lo detecten más arriba. Pero más arriba pasa lo mismo: al que le han pasado la disposición con cuatro “veos” ya garabateados ni se le ocurre ponerse a mirar con lupa página por página y párrafo por párrafo, suponiendo que ya lo habrán  pulido todo sus compañeros. ¿Resultado?  Que al final el papelito acaba firmado con tres o cuatro errores, unas veces insignificantes pero otras peligrosos.





Cada vez es más frecuente confundir el auténtico trabajo en equipo con meter a todo el mundo en el ajo sin ninguna necesidad, enmarañando los quehaceres, diluyendo las responsabilidades y, en la práctica, boicoteando los objetivos.

domingo, 27 de abril de 2014

NOVEDADES EDUCATIVAS




Ya lo decía Aristóteles: “Todos los que han meditado sobre el arte de gobernar a los hombres se han convencido de que el destino de los imperios depende de la educación de los jóvenes”. Por eso aquí nos gusta estar al tanto de todas las novedades sobre política educativa. 

Esta semana se ha encendido la polémica a raíz del borrador de una nueva reforma planteada por el Ministerio de Educación y de una propuesta de la Comunidad de Madrid. No puedo resistir la tentación de comentar rápidamente los principales puntos de estas iniciativas todavía en fase embrionaria:

1. Endurecer las pruebas selectivas exigiendo un buen nivel de idioma extranjero (con independencia de la especialidad) y de competencias digitales. 

Soy muy escéptico con el bilingüismo en la educación, tanto en el fondo como en la forma, pero puesto que esta va a ser la tendencia de futuro sí o sí, me parece muy lógico que en los concursos-oposiciones se introduzca el idioma como criterio de selección. Es una buena idea además para que los interinos más veteranos se pongan las pilas y se empiecen a tomar en serio las pruebas selectivas, adaptándose a las exigencias de los nuevos tiempos. Lo mismo digo de las competencias digitales: ¡Fuera de la educación quien no domine aquellas tecnologías imprescindibles para enseñar a los niños de hoy en día!

2. Conceder una mayor relevancia a la puntación obtenida en el examen que a la valoración de los méritos del candidato, incluida la experiencia docente. 

Ideal. Hace años que debería haberse adoptado esta medida para impedir que los profesores de bolsa con solera se sigan presentando cada dos años al concurso-oposición como a un mero trámite, sabiendo que con sus puntos de experiencia no necesitan hincar los codos. Esta propuesta beneficiará a los jóvenes recién titulados que se esfuercen en serio y acabará con las inercias injustas del actual sistema.

Las Administraciones dan una importancia desmesurada a la experiencia no solo en sus procesos selectivos, sino también en la promoción profesional (concursos de traslados), cuando es un criterio que por sí solo no revela idoneidad alguna. En los últimos tiempos, en las pruebas selectivas de educación, se ha optado por priorizar la simple antigüedad con la excusa de que es un dato muy objetivo, aunque en mi opinión el resultado no puede ser más arbitrario. Ojalá se valorara la calidad del desempeño antes que el número de años trabajados. ¿Cómo? Ahí le han dado.

3. El gobierno autonómico madrileño propone permitir el acceso a las pruebas de maestro a cualquier titulado universitario y no solo a los que hayan estudiado Magisterio. 

Una aberración intrusista y un insulto sin precedentes a la dignísima profesión de maestro, a la que se pretende seguir desprestigiando. Enseñar en Intantil y en Primaria requiere unas habilidades muy concretas y una formación pedagógica que ponga el acento en los procedimientos incluso más que en los contenidos. No basta con que cualquier licenciado haga un CAP o un máster para dar clase a los pequeños, como sugiere Ignacio González; es imprescindible una titulación universitaria específica.

lunes, 14 de abril de 2014

ENSEÑAR INGENIERÍA A UN ABOGADO

Sin ánimo de ofender a nadie y partiendo de dos indiscutibles premisas, que la universidad española es una fábrica de macarrones donde cualquiera con tiempo, dinero y aguante obtiene cualquier título y que en todos los oficios abundan los inútiles, siempre me he preguntado cuáles serían las causas para que las facultades de Derecho fueran las más elefantiásicas.
Próximo patrón de las facultades de
 Derecho en España


El Lute: paradigma del
estudiante de Derecho
Sinceramente, siempre me extrañó por qué los estudiantes de Derecho, a partir de tercer curso, solo acudían a clase tres días por semana y de dónde sacaban tiempo, ellos para doctorarse en mus y ellas para acudir a clase más arregladas que en nochevieja (por no mencionar que muchos de los cuerpos femeninos abundantes en esas gigantescas aulas son, sin duda, fruto de cientos de horas de gimnasio).

¿Es normal que en una ciudad como Madrid, existan más licenciados en Derecho que en toda Alemania?



¿Es normal que la mayor parte de la oposiciones fueran para licenciados en Derecho? ¿Qué dice eso de la organización de la Administración Española?


¿Por qué los profesionales de la política, en su mayoría, estudiaron dicha carrera? ¿Qué se puede deducir e inducir de esto?

¿Es normal que, en la cosa pública española, los puestos de responsabilidad estén copados por licenciados en Derecho independientemente que el peso específico de dicha responsabilidad recaiga en el ámbito industrial, médico, ciéntifico, militar...? Porque no me cabe en la cabeza que exista una titulación en el mundo que convierta, de la noche a la mañana, a cualquier persona en alguien capaz de afrontar responsabilidades de todo ámbito y nivel tiranizando a verdaderos expertos en la materia. Y no sirve el manido argumento de que esta persona cuenta con unos buenos asesores porque, y simplemente comparando los ambientes de las facultades y correspondientes escuelas técnicas, ¿no sería más fácil utilizar un par de tardes para que un ingeniero, un médico, un científico, un militar, o incluso un barrendero, adquiriese los conocimientos básicos de leyes y economía y, después, se rodease de un par de licenciados en Derecho o, mejor aún, en Administración y Dirección de Empresas. Porque, sinceramente, dudo que un licenciado en mus y maquillaje, perdónenme que el subconsciente me traiciona, quería decir, Derecho pueda entender la Ley de Ohm o el funcionamiento ya no de un hospital, sino de un ascensor.

Dos colegas de estudios, preparándose para seguir
tiranizando a ingenieros, médicos, científicos, militares
Y sí; si algún lector piensa que he escrito esta entrada con muy mala uva y con ánimo provocador, está en lo cierto. Tengo grandes amigos y conocidos licenciados en Derecho. Personas cultas, trabajadoras y capaces de asumir grandes desafíos profesionales de ámbito muy diferente. Lo cual no impide que los párrafos anteriores emanen, sin filtrar, ciertas, o incluso grandes, dosis de verdad.


Un buen escudo para el Colegio de Abogados y otros

jueves, 10 de abril de 2014

TARJETA DOCENTE


Siguiendo el ejemplo de otras comunidades autónomas, la Junta de Castilla y León acaba de implantar la llamada tarjeta docente a través de un convenio de colaboración con una conocida entidad financiera. Se trata de una especie de carné para que los profesores no universitarios, de centros públicos o concertados, puedan identificarse, sacar dinero de los cajeros y acceder gratuitamente a los museos públicos, en concreto a veinte de titularidad estatal en toda España (por ejemplo, El Prado, el Reina Sofía, el Sorolla o el Arqueológico) y a todos los de titularidad autonómica. Este documento también conlleva otras ventajas adicionales como un seguro gratuito de accidentes y no sé cuántas historias más.

Una primera pregunta no maliciosa que me hago es para qué y ante quién necesitan identificarse estos 35.000 docentes (uno de cada 72 habitantes de la Comunidad lo es) cuando fuera de sus aulas no pintan nada ni con autoridad pública ni sin ella. La segunda es por qué motivo a esta gente se le permite acceder por la patilla a museos aunque las visitas no se circunscriban estrictamente a sus funciones profesionales, es decir que no solo estarán exentos de pagar la entrada cuando acompañen a sus alumnos en una excursión cultural, sino también cuando estén disfrutando de sus largas vacaciones y entren en estos establecimientos como parte de su actividad de ocio.

No entiendo a qué viene este privilegio. En mi opinión todos los museos públicos españoles deberían ser gratuitos para los nacionales, pero ya que esto no es así y que incluso las entradas son bastante caras, no me entra en la cabeza por qué a un profesor de Primaria o de instituto le tienen que salir gratis y a mí no. La cosa además se agrava por el hecho de ser un chollo indiscriminado que beneficia tanto a los docentes de especialidades relacionadas con los museos, que “en teoría” podrían aplicar en sus clases los conocimientos adquiridos en estas visitas particulares, como al profe de Matemáticas o de Formación y Orientación Laboral que desee conocer, por ejemplo, el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena.

La única explicación razonable que se me ocurre es que la Junta de Castilla y León, siempre celosa por cubrir nuestras necesidades, se haya decidido por fin a elevar el nivel cultural de su profesorado, que buena falta le hace. Ya que nuestra Administración regional lleva años rebajando hasta límites groseros el nivel de exigencia para el acceso a las bolsas de docentes y, en la práctica, se puede llegar a ejercer como maestro o profesor sin saber hacer la “o” con un canuto, este invento de la tarjeta bien podría servir como incentivo para que muchos de estos profesionales acudan por primera vez en su vida a un museo y profundicen en alguna medida en la materia que les toca impartir.


Más sobre este tema en La pluma viperina

La cultural general de los profes
Recortes educativos

jueves, 26 de diciembre de 2013

¿MONTAMOS UN NEGOCIO? (4): ¿PA QUÉ TE METES?


Estoy en total desacuerdo con el dicho ese de que la necesidad agudiza el ingenio. Al que no es ni ha sido ingenioso en su vida no le nace el talento de repente, por generación espontánea, porque se vea apurado. Al contrario, la experiencia nos dice que la necesidad suele ir asociada a la desesperación y que este estado mental es incompatible con cualquier decisión lúcida.

Lo estamos viendo mucho con los parados en esta crisis. Hay desempleados que tras dos o tres años sin ningún ingreso, presos ya de la angustia, se lanzan a “emprender” (como se dice ahora), poniendo a prueba su ingenio. Jóvenes y no tan jóvenes sin ninguna experiencia empresarial, sin un duro y, en no pocas ocasiones, sin demasiadas entendederas, se aventuran a montar un negocio simplemente para “no quedarse con los brazos cruzados", y, claro, los resultados son los que son.

Se creen que por repetirse mil veces al día el lema "si no arriesgas, no ganas", ya está todo hecho.

La falta de ingenio puesta a prueba por pura ansiedad desemboca en la catástrofe. En plena caída en picado del consumo, sin apenas fondos para invertir en serio, sin un plan de negocio y –admitámoslo- con una mentalidad de currito por cuenta ajena (jornada de 8 horas) que no se les despega ni con agua caliente, estos emprendedores improvisados se embarcan en aventuras imposibles, normalmente haciendo lo que creen que se les da bien sin tomar en cuenta para nada la demanda existente. Y el batacazo es de órdago.

Me lo decía hace poco un funcionario que tramita proyectos de nuevas pymes y asesora a emprendedores: “esto es un desastre, la gente no sabe ni lo que quiere hacer, solo se mete en esto por no quedarse quieta”.

Lo más duro es que estas personas, tras su lógico fracaso, suelen acabar endeudadas y en una situación más insostenible que la que sufrían al principio. Otras muchas veces el dinero que arriesgan y pierden es ajeno, prestado por familiares o amigos por misericordia, por sentido del deber o por una confianza ciega (nunca mejor dicho) en el aventurero, así que los arruinados son terceros inocentes (también nunca mejor dicho) aunque muy generosos.

¿Por qué no se quedarán quietecitos algunos parados? Vale que así no ganarán nada, pero, hombre, al menos tampoco perderán dinero ni agravarán su panorama. ¿Por qué tenemos tanto miedo de aconsejar honestamente a nuestros familiares o amigos en estas situaciones, de decirles lo que de verdad pensamos de sus proyectos alocados, de sus inventos del tebeo? ¿Por qué identificamos sinceridad con falta de apoyo? ¿Por qué creemos que negar un préstamo o unas palabras de ánimo a una idea disparatada implica no creer en las personas a las que queremos? ¿Por qué no hay huevos para decir a la peña “Manolete, si no sabes torear pa qué te metes”.


jueves, 26 de septiembre de 2013

EL BUZÓN DEL PRESIDENTE






Una de las obsesiones patológicas de nuestros políticos es demostrar a cada paso que tienen una actitud cercana hacia los ciudadanos y que son sensibles a sus problemas y necesidades. Podríamos poner como ejemplos multitud de gestos y declaraciones del día a día de cualquier cargo público, pero el caso más grotesco para mí es el del "buzón directo" del jefe de gobierno estatal, autonómico o municipal de turno. Es una cosa archiconocida; entras en la página corporativa de cualquier administración y allí te encuentras bien visible el clásico enlace (con un icono de buzoncito de correos) que reza “Escribe al Presidente”, “el Ministro te responde” o “el Alcalde on line”. 

Voy a explicar con detalle cómo funciona este servicio para que si a algún fiel lector de La pluma viperina se le había pasado por la cabeza utilizarlo, desista de la idea y así no pierda su tiempo ni se lo haga perder a los demás.

1º.- El político que ostente las funciones de jefe de gobierno en cada administración o entidad contará con un gabinete de tamaño variable integrado por personal eventual o por libredesignados, en el que una o dos personas se ocuparán del buzón de marras. Ni que decir tiene que el presidente o el alcalde no se leerán en su vida ni un solo mensaje dirigido a ellos.

El gabinetero dedicado a esta tarea abre cada mañana su correo electrónico y comprueba los mensajes del buzón que el sistema le ha redirigido desde la web. Coge cada mensaje, lo copia y pega en una carta, con papel precioso, y la dirige a la unidad concreta que en esa administración gestione el asunto de la reclamación, queja o pregunta del ciudadano. El oficio dirá simplemente que “recibido en el Gabinete (…) escrito de Dª Margarita Cano, que se acompaña, se dirige a ese Servicio por ser asunto de su competencia, debiéndose contestar en un plazo de quince días”.

Para ejemplificar supongamos que Doña Margarita escribe al Presidente de su comunidad autónoma para quejarse de que le han denegado una subvención que ha solicitado para instalar una caldera nueva de calefacción.

Si la Administración es un poco grande, las posibilidades de que el Gabinete acierte a la primera con el departamento competente se reducen bastante, máxime cuando el empleado responsable de hacer la gestión a menudo no ha sacado oposición alguna ni conoce en profundidad el organigrama de la organización.

2º.- Cuando el papel finalmente llega a su destino tras circular por varias secciones de nombre o cometido similar, acaba en la mesa del jefe de la unidad que tramita esas subvenciones. Si la queja de Doña Margarita es muy vehemente o denota irritación, este jefe llamará a sus compañeros de los despachos cercanos y, entre grandes risotadas, harán corrillo comentando los párrafos más cañeros. 

 A continuación, este funcionario encargará a uno de sus subordinados (perdón, colaboradores) que responda al Gabinete “cuando tenga un rato”.

Ya fuera de todo plazo, el pringado elegido para esta audaz misión simplemente buscará el archivo de Word de la resolución denegatoria de la ayuda, copiará el motivo de la denegación (que por supuesto ya fue notificado en su día a la interesada, que por eso se queja) y lo pegará en un nuevo escrito encabezado por el siguiente texto: “Recibido con fecha X escrito del Gabinete (…) en relación con la subvención de Doña Margarita Cano, se informa que la causa de la denegación de la ayuda es la siguiente: …”



3º.- El Gabinete recibe la respuesta y automáticamente (o sea en un mes) el encargado redacta una nueva carta, en un papel más bonito aún que el primero, con el emblema de la comunidad autónoma en relieve, que irá dirigida a Doña Margarita en persona. Esta carta no se limitará, ni mucho menos, a copiapegar las consabidas razones para no otorgar la ayuda, sino que será un verdadero prodigio de literatura funcionarial. Ya es sabido que los funcionarios son las personas más hábiles para escribir mucho texto sin decir absolutamente nada. 

El texto de este escrito, esta vez firmado (sin leerlo) por el mismísimo Presidente, siempre reúne, sin excepción, los siguientes requisitos formales y de contenido:

-          Nunca tiene una extensión inferior a la cara de un folio, aunque el asunto sea muy simple.

-     Deben aparecer necesariamente las siguientes palabras, verbos y expresiones: “agradecer”, “amable escrito” (aunque la queja sea agresiva) “mucho gusto”, “ servicios”, “ayuda”, “deseo”, “mejorar”, “como sabe”, “contacto” , “sin perjuicio de”, “en su caso” y "cordialmente".

-          Siempre ha de haber un párrafo que sea absolutamente ininteligible para cualquiera, incluso para su autor si lo releyera al cabo de… una semana.

-     Y en otro apartado se incluye una pastosa y enrevesada fundamentación jurídica que solo podría aclarar algo a los técnicos especializados y que la afectada ni entiende ni le resuelve duda alguna.

La rimbombante carta del Presidente, que la señora recibe a los seis meses, cuando ya ha vencido el plazo para recurrir y ni se acuerda del tema, podría ser como sigue: 

“Apreciada Sra. Doña Margarita Cano:

Recibido con fecha X su amable escrito en relación con la denegación de la subvención en materia de instalación de calderas de ahorro energético, en primer lugar le agradezco su reclamación, pues el interés que usted demuestra ayuda a la Administración de esta Comunidad Autónoma a mejorar cada día un poco más en la prestación de sus servicios. 

Tras interesarme por el estado de tramitación de su ayuda, contesto personalmente a sus preguntas con mucho gusto:

Las subvenciones en materia de calderas, convocadas mediante Resolución de 29 de noviembre de la Consejería de Industria (al amparo de la Directiva ZZ/2012, modificada por la Directiva HH/2012), no se rigen, como sabe, por el procedimiento de la concurrencia competitiva, habiendo de estar en este supuesto concreto, sin perjuicio de lo dispuesto en el apartado 2 del artículo X de la Ley de Subvenciones (en redacción dada por la Ley X/2008, de 11 de marzo), a lo preceptuado en la Disposición Final Tercera de la citada norma en lo que se refiere, interpretado sensu contrario, a la disponibilidad presupuestaria, según señala la propia Ley XX/2012, de 20 de diciembre, de Presupuestos de la Comunidad, en su exposición de motivos cuando diferencia entre ayudas en concurrencia competitiva y ayudas concedidas directamente (que es su caso) sin criterios valorativos de comparación entre las solicitudes presentadas y hasta el límite de la consignación presupuestaria.

En conclusión, la ayuda solicitada ha sido denegada por el siguiente motivo:

“- Incumplimiento del requisito descrito en la Base 2.1.1-b) de la convocatoria, efectuada mediante Resolución de 29 de noviembre de la Consejería de Industria”

Es todo cuanto le indico, sin perjuicio de recabar, si así lo desea, más información poniéndose en contacto con el órgano gestor (teléfono XXXXXX) y de quedar expedita, en su caso, la vía administrativa o contencioso-administrativa.

Sin otro particular, aprovecho la ocasión para saludarla cordialmente