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jueves, 17 de diciembre de 2015

LOS ESCOLTAS DE RAJOY


Cualquiera que haya entrado en un ministerio, en una consejería de una comunidad autónoma o en una cámara legislativa nacional o autonómica se habrá sorprendido, y mucho, de las exhaustivas medidas de seguridad implantadas en estos edificios oficiales: arcos detectores de metales, cámaras de vídeo a tutiplén, control de DNI´s, entrega de tarjetas de visitante, un segurata en cada pasillo, ascensor privado para los ministros… También impresionan los miles de millones de euros que se destinan en este país a la seguridad personal de los altos cargos, en especial en las provincias vascongadas, donde actualmente 3.000 agentes policiales realizan labores de escolta a políticos. Si ya hablamos de la seguridad privada contratada para custodiar sedes de organismos públicos y velar por la integridad física de cientos de mandatarios de las mil y una administraciones de este país, las cifras se disparan hasta el infinito.

No me atrevo a afirmar que este despliegue de medios sea desproporcionado, pero lo que sí me parece rocambolesco es que, a pesar de todo el presupuesto invertido y de todos los medios técnicos y humanos implicados en proteger a nuestros representantes, un adolescente de 17 años, con una pinta de radical “antifascista” que asusta (estética redskin con cresta incluida), logre acercarse a Mariano Rajoy durante un paseo por las calles de Pontevedra en plena campaña electoral, y arrearle un puñetazo en la cara que ni John Wayne en una de vaqueros. Creo que el episodio es sencillamente increíble y que debería hacernos reflexionar sobre la eficacia de los planes de seguridad, los guardaespaldas y los vehículos blindados que tantísima pasta nos cuestan a todos.

No entiendo para qué sirven todas estas mandangas si después, durante las campañas electorales, las más elementales medidas de protección quedan subordinadas a los intereses electoralistas, hasta el punto de que cualquier ultra con cara de ultra y vestido de ultra pueda plantarse en público delante del Presidente del Gobierno y zurrarle a modo con toda tranquilidad. Menos mal que se contentó con ponerle la cara del revés y no le dio por meterle media docena de navajazos o por dispararle con una pistola, que podría haberlo hecho sin ningún problema. Sinceramente, viendo el vídeo da toda la impresión de que cargarse a Rajoy es más fácil que coser y cantar, y no creo que en estos tiempos de atentados yihadistas con autoinmolaciones incluidas convenga evidenciar estos agujeros insondables en las medidas de seguridad de nuestros gobernantes. No es por nada, vamos. Solo por no dar ideas.

lunes, 15 de junio de 2015

LOS CHISTES DE ZAPATA

El concejal Guillermo Zapata

Nada más constituirse el sábado el nuevo consistorio madrileño, Guillermo Zapata, el concejal de Cultura de la formación marxista Ahora Madrid, revolucionaba las redes sociales y se convertía en portada de todos los periódicos al salir a la luz dos polémicos chistes que publicó en su Twitter hace dos años, uno de ellos sobre las desventuras del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial, y el otro sobre la famosa víctima de ETA Irene Villa y las adolescentes Míriam, Toñi y Desirée, violadas y asesinadas en Alcácer (Valencia) en 1992. 

Socialistas y peperos llevan 24 horas exigiendo la cabeza del concejal y la Federación de Comunidades Judías de España, siempre con tan poco sentido del humor, ha emitido un enérgico comunicado de protesta.  Estos hebreos deberían aprender de Irene Villa, que ha demostrado su buenrollismo declarándose fan número uno de las chirigotas sobre el atentado en el que perdió las piernas.

El fallo de Guillermo Zapata no es su falta de sensibilidad. La mayor parte de la población (yo incluido) ha contado alguna vez algún chascarrillo un poco bestia, quizá no sobre estos temas concretos (sobre todo el segundo) pero sí sobre otros similares. Casi todos en algún momento hemos hecho en la intimidad bromas que, de hacerse públicas, nos habrían inhabilitado de por vida para ejercer un cargo representativo

Es más: yo he escuchado a personas que ostentan puestos de altísima responsabilidad política expresar, en una comida o tomando café en confianza, ciertas opiniones sobre los inmigrantes de Europa del Este y sobre los oriundos de determinada provincia de mi región que si llegaran a filtrarse les costaría el puesto. ¡Y que conste que yo estoy al 100% de acuerdo con dichos comentarios!

El mayor error de Zapata tampoco ha sido publicar estos chistes en una red social. Diariamente encontramos en Twitter o en Facebook multitud de barbaridades firmadas con nombre y apellidos. Y solo puede haber un motivo para que una persona suscriba con su identidad real unas chanzas tan políticamente incorrectas: que se trate de un mindundi desconocido cuyas opiniones se la traigan al fresco a todo el mundo. Y eso era precisamente Guillermo hace dos años: un don nadie anónimo que ni en sus mejores sueños podía imaginarse que llegaría a concejal de Madrid; un simple cineasta aficionado, bastante rojo, que podía permitirse escribir gratis cualquier parida.

La verdadera metedura de pata del nuevo munícipe es no haber cribado los mensajes de su cuenta de Twitter antes de presentarse a las elecciones del 24 de mayo, sobre todo teniendo en cuenta que el historial de todos y de cada uno de los concejales de esta candidatura de "unidad popular" respaldada por Podemos iba a ser mirado con lupa, con prismáticos y hasta con telescopio astronómico por los medios derechistas de toda España. 

No creo que por haber puesto estos chistes en la Red sea Zapata mucho más inmoral ni menos sensible que el resto de concejales del ayuntamiento de la capital de España. Me apuesto doble contra sencillo a que si alguien se pusiera a investigar, con la misma minuciosidad que se emplea con Podemos, los avatares de la vida privada de los candidatos del PP, del PSOE y no digamos de los recién aterrizados de Ciudadanos, empezarían a salir temas mucho más chuscos que lo del cenicero de los judíos y las niñas de Alcácer.

Este concejal barbudo de sugerente apellido y de aspecto, por cierto, tan poco saludable debería dimitir inmediatamente, pero no por cruel o por desaprensivo, sino por mentecato. Un sujeto incapaz de adelantarse a los mecanismos hipócritas del juego democrático y al celo detectivesco de sus enemigos no se merece dirigir el área de cultura de una ciudad de tres millones y medio de habitantes.

domingo, 17 de mayo de 2015

REPÓRTESE, PROFESOR CASANOVA



Ando a la caza de varios libros que se han publicado con motivo del cuadragésimo aniversario de la muerte del General Franco. Uno de ellos es la ambiciosa (y voluminosa) biografía de Stanley Payne y Jesús Palacios, que regalé las pasadas Navidades y espero que ahora me presten. El famoso hispanista de la Universidad de Wisconsin, al que sigo desde hace años, es un experto en los regímenes autoritarios europeos del siglo XX. Le considero un historiador riguroso e imparcial de cuyos análisis politológicos he aprendido mucho, así que espero hincarle el diente a su tocho cuanto antes.

También tenía pensando hacerme con otra obra de la que no deja de hablarse últimamente: 40 años con Franco, dirigida por el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza Julián Casanova. Sin embargo, he cambiado de opinión nada más leer la entrevista a este señor publicada en el último número de la revista Historia y vida. 

Lo que más me espanta de los historiadores de izquierdas de este país son sus esfuerzos por aparentar equidistancia cuando abordan el espinoso tema de la Guerra Civil y del franquismo. En el caso de esta entrevista, leer las declaraciones de Casanova me ha provocado más sudores que cuando me atiborro a fajitas con la salsa súper picante del Mercadona. El titular de portada es:  “Apoyaron a Franco más sectores de lo que se cree”. Después, ya en la interview, a la estúpida pregunta “¿tuvo apoyo social el franquismo?”, el Fofito de él responde: “Una dictadura tan larga (…) no se sustenta solo en la represión. Necesita base social para sobrevivir. Los apoyos del franquismo fueron amplios, más allá de toda la gente que se sumó a la sublevación y le estuvo siempre agradecida por la victoria”.

Vaya, muchas gracias, Don Julián, nos ha hecho usted ver la luz. Si no llega a ser por sus palabras, yo todavía estaría creyendo que el 100% de los españoles era antifranquista.

Me pregunto si este profesor no tiene temas más enjundiosos que investigar en la Universidad de Zaragoza, porque para concluir semejante perogrullada no nos hace falta, creo yo, ningún catedrático universitario. Lo más penoso es que el hombre, que en realidad es un rojo rencoroso comprometido desde 2008 con los vodeviles grotescos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, se creerá muy ecuánime expresando este tipo de opiniones, en plan “soy tan objetivo que hasta reconozco que Franco podía tener partidarios”, que lo único que traslucen es un sectarismo escalofriante. 

Pero dos preguntas después, nuestro neutral autor ya no se puede aguantar y se suelta la melena. Atención tanto a la pregunta como a la respuesta porque no tienen desperdicio: 

“¿Qué papel tuvo [Franco] en el despegue económico? ¿Fue un modernizador?

¿Cómo hablar de un modernizador sin tener en cuenta los costes sociales de su dictadura? La cuestión es utilizar este término por encima de la represión, la miseria, la exclusión, la censura intelectual que llevó implícitas el régimen franquista. Una dictadura no puede ser valorada solo por sus logros económicos. Stalin recordaba que encontró a la URSS con el arado de madera y la dejó con la bomba atómica. Pero en medio están las purgas, el gulag, el terror”. 

Leyendo cosas así uno queda conmocionado. En primer lugar, ¿quién coño le ha preguntado a este tío por la represión franquista? La pregunta es bien clara y versa sobre los supuestos logros económicos del régimen nacido el 18 de julio de 1936. Un historiador mínimamente serio habría respondido con datos neutros y contrastables, basados en fuentes fidedignas o en parámetros macroeconómicos, para aclarar al entrevistador si Franco contribuyó o no con sus políticas al “despegue económico”. Pero no, el amigo Julián no ha podido contenerse y, en vez de contestar a lo que se le pregunta como investigador de historia contemporánea que se supone que es, aprovecha para darnos una charla moralista sobre las torturas, los fusilamientos y la censura a los “intelectuales”, que, según él, no pueden ser compensados ni por el más inaudito crecimiento económico. Para disimular, eso sí, nos suelta la tinta de calamar de la frase de Stalin. ¡Que quede bien claro que él está en contra de cualquier tiranía, cómo no!

Ande, profesor Casanova, pare un rato de desenterrar fusilados y de hacer numeritos antifascistas, y pregúntese honradamente si la mayoría de las familias de aquella época habría cambiado la prosperidad económica y la protección social y laboral de la que disfrutaban por la larga lista de derechos individuales que hoy adorna (nunca mejor dicho) nuestra Constitución. Plantéese muy en serio si en aquellos años la reciente y extensa clase media española habría renunciado a su paz, a su sueldo digno, a su vivienda de protección oficial y a su seguridad social para que una minoría de marxistas envenenados por el odio saliera de la cárcel, o un par de partidos políticos defensores de la lucha armada (entre ellos, el PCE, con el que hoy usted coquetea, señor Casanova) pudieran expresarse en los periódicos y participar en la vida política.

Luego dicen de Pío Moa, que, por cierto, no es historiador y por lo tanto no tiene ningún compromiso ético de objetividad. Me parece inaudito que un catedrático de Historia pueda mostrarse tan burdamente partidista y manipulador en una publicación del prestigio de Historia y vida, y, encima, pretender que nos compremos su libro, que me apuesto lo que sea a que es un panfleto antifranquista mal maquillado.


miércoles, 21 de enero de 2015

JE SUIS LOS CHUNGUITOS

Telecinco no tuvo en cuenta la cultura y la idiosincrasia del famoso dúo madrileño

El jueves pasado, la cadena Telecinco ha expulsado del programa Gran Hermano VIP al emblemático dúo de rumba vallecana Los Chunguitos, por unos supuestos comentarios racistas y homófobos. Con esta arbitraria medida, los hermanos Juan y José Salazar han sufrido en sus carnes la censura represiva del lobby gay, que, como es sabido, ejerce un control absoluto sobre Mediaset España.

La hipocresía de los medios de comunicación no conoce límites. Resulta que si el semanario Charlie Hebdo se cisca, con unas viñetas soeces, en las creencias religiosas de medio mundo, estamos ante un sano ejercicio de la libertad de expresión, pero si dos simpáticos rumberos de etnia gitana hacen unos chascarrillos sobre el aspecto de un subsahariano o sobre el colectivo homosexual, merecen la mayor repulsa e incluso ser apartados fulminantemente de un espacio televisivo.

Yo todavía no entiendo dónde está la gravedad de las divertidas reflexiones que los Chunguitos tuvieron a bien compartir con la audiencia. 

Por una parte parece ser que el día en que el robusto guineano Coman Mitogo hizo su entrada en pelotas en la casa de GH VIP, los veteranos cantantes se preguntaron en voz alta si era un mono, un gorila o King Kong, provocando el escándalo de varios de sus compañeros de programa. Pero sin ánimo de ser ofensivos, tendremos que admitir que el parecido entre el cuerpo desnudo de un nativo africano y el de un simio antropomorfo es, como mínimo, bastante razonable.

Los Chunguitos solo manifestaron sus dudas sobre la apariencia del joven guineano

El segundo “crimen” de los artistas calés fue manifestar al colaborador de Telecinco y sodomita (valga la redundancia) Víctor Sandoval que “a nadie en este planeta le gustaría tener un hijo maricón", que dichas tendencias sexuales constituyen un delito según la ley gitana y que preferirían “un hijo deforme o con una enfermedad” a uno homosexual. Tales afirmaciones me parecen perfectamente respetables, además de respetuosas. Las dos primeras frases se limitan a enunciar hechos objetivos y la tercera, una preferencia personal muy legítima.

Además digo yo que los mariquitas y los morenos podrían tener algo más de cintura y de sentido del humor, y relajarse un poco ante este tipo de comentarios hechos sin mala intención. 

El linchamiento mediático ha sido de tal envergadura que al final los pobres Chunguitos se han visto obligados a pedir perdón por sus "pecados" y a declarar: "Adoramos a los gays. ¿Qué daño nos han hecho?  Yo tengo mi compadre gay, es padrino de mi hija".

Solo cabe concluir que hay ocasiones como esta en que la dictadura de lo políticamente correcto en Occidente nada tiene que envidiar a la del Estado Islámico.

Menos mal que esta injusticia tan grave también ha tenido su lado cómico en el momento en que la sobrina y la hija de Juan y José Salazar, unas chiquitas muy bien equipadas, han decidido posar en cueros en Interviú, lógicamente “para apoyar” a sus parientes represaliados por la cadena de televisión. “No son ni racistas ni homófobos. Solo son mayores y tienen otra mentalidad. Además, tampoco han matado a nadie”, explican Aroa y Encarna con las tetas al aire en la conocida revista masculina. 

¡Solidaridad con Juan y José! ¡Je suis Los Chunguitos!

viernes, 9 de enero de 2015

IDEAS SUELTAS SOBRE EL ATENTADO DE PARÍS


- El atentado musulmán contra el semanario Charlie Hebdo, que se ha cobrado al menos doce víctimas mortales, me parece una muestra repulsiva de la crueldad humana y debe ser condenado sin tapujos por cualquier persona con la mínima sensibilidad moral.

- Me pasma la hipocresía de nuestra sociedad, que abomina de este crimen brutal y exige toda clase de medidas y respuestas, pero nunca ha dado muestras de escándalo ante los miles de asesinatos de cristianos por el Estado Islámico y otros grupos en los países de Oriente Medio.

- No considero héroes dignos de admiración a los dibujantes de la revista, ni creo que hayan ejercido ninguna libertad de expresión legítima. Lejos de hacer una crítica sólida y razonada contra los fundamentos de la religión islámica, se han limitado, en la mayoría de los casos, a herir con zafiedad los sentimientos religiosos de millones de personas, burlándose gratuitamente de sus creencias, profetas y textos más sagrados. Los mahometanos no han sido el único blanco de su “humor”, que se ha cebado también en numerosas ocasiones con la Fe católica, como puede verse en esta lamentable portada sobre la Santísima Trinidad.

Como cristiano, creo que los responsables de la publicación de la portada que he enlazado son –o eran– merecedores de  un castigo proporcionado.

- En mi opinión hay razones mucho más elevadas para arriesgar la vida que dibujar viñetas pornográficas, chabacanas e innecesariamente provocativas sobre Mahoma, Alá, la Virgen María o Benedicto XVI.

- Solo una libertad de expresión muy mal entendida puede amparar una línea editorial como la de Charlie Hebdo. En Francia y en toda Europa deberían existir mecanismos penales contundentes –y no solo nominativos, en el mejor de los casos– para reprimir de forma eficaz toda conducta dirigida a mofarse, mediante la blasfemia o el sacrilegio puros y duros, de las convicciones religiosas de los ciudadanos. Si estos mecanismos existieran, podrían haberse adoptado medidas contra el semanario antes de que unos dementes se tomaran la justicia por su mano.

- A diferencia de los textos cristianos, el Corán preceptúa literalmente la ejecución de numerosos colectivos de “pecadores”, entre ellos los infieles o los renegados del Islam, y ampara la violencia contra la mujer. El islamismo en sí es bárbaro, despiadado, cruento e irrespetuoso con la dignidad humana. Los terroristas que han asaltado la sede de Charlie Hebdo no son intérpretes radicales de la palabra de Alá, sino que cumplen exactamente lo que el Corán ordena. Los llamados musulmanes moderados sencillamente no son auténticos musulmanes.

- No es ni ha sido nunca viable la convivencia en Europa entre cristianos y musulmanes consecuentes con su fe, por lo que urge tomar con la mayor urgencia posible toda clase de iniciativas para restringir al mínimo la inmigración desde estados islámicos, controlar exhaustivamente a la colonia mahometana en nuestros países y arbitrar los expedientes de expulsión necesarios ante el menor signo de inadaptación a nuestra cultura y valores.

viernes, 21 de noviembre de 2014

LA FAMILIA DE VALLADOLID

Es cierto que el llamado conflicto vasco no tiene demasiada gracia, pero reconozco que hacía un montón que no me reía tanto como con los sketches de “la familia de Valladolid” del programa de la ETB2 Euskadi Movie (antes, Vaya semanita), del guionista Borja Cobeaga (Ocho apellidos vascos). Descubrí ayer los vídeos y os prometo que llegaron a dolerme los abdominales de las carcajadas que me eché.

Las escenas, inspiradas en un violento episodio acaecido en 2012 en una boda en San Sebastián, nos muestran varios eventos familiares de un matrimonio vasco (bautizo, comunión, funeral) en los que se juntan sus parientes batasunos de Hernani con sus tíos peperos de Valladolid. El contraste es demasiado intenso y la convivencia imposible, por lo que no tardan en aflorar unas pullas ingeniosísimas que siempre desembocan en una ensalada de mamporros al más puro estilo de Mortadelo y Filemón.

Por supuesto que todas estas parodias están plagadas de tópicos, pero en mi opinión destilan una aguda e inteligente crítica tanto al entorno abertzale como a los derechones vascófobos y catalanófobos tan típicos en mi querida ciudad natal.

Describir las situaciones es imposible, así que no me resisto a poner unos cuantos ejemplos. Pueden verse todos los vídeos en esta página.






domingo, 30 de marzo de 2014

OCHO APELLIDOS VASCOS



Un sevillano haciéndose pasar por vasco es algo grotesco

Los topicazos más burdos tienen peligro de incurrir en injusticias, pero resultan la mar de divertidos. Es el caso de la reciente y exitosísima Ocho apellidos vascos, dirigida por Emilio Martínez-Lázaro (El otro lado de la cama) y escrita por los guipuzcoanos Diego San José y Borja Cobeaga (Vaya semanita, de la ETB).

Fui a ver anoche esta producción de Telecinco que ha logrado situarse el pasado fin de semana en el ranking de las 15 películas más vistas del mundo, recibiendo exaltados elogios de diversos personajes del cine y la cultura. Solo puedo decir que casi me descuajeringo de las carcajadas, si bien reconozco que su humor está basado en unos cuantos clichés de brocha gorda sobre el pueblo vasco que entiendo perfectamente que puedan ser ofensivos.

El argumento lo sabéis casi todos. Es una comedia de enredo sobre las peripecias de Rafa, un joven del sevillano barrio de Santa Cruz, que decide viajar a las Vascongadas para enamorar a Amaia, una abertzale que ha conocido fugazmente en su ciudad. A su llegada al pueblo de la muchacha (el municipio ficticio de Argoitia), una serie de malentendidos le obligan a hacerse pasar, durante una semana, por vasco de pura cepa para engañar al padre de ella, un nacionalista exacerbado. Tal situación da lugar a toda clase de mordaces sketchs sobre las costumbres, la vestimenta, la alimentación y el carácter de los oriundos de esta bella región española, sin olvidar el vascuence y el activismo abertzale, que también son objeto de burlas varias. 

El cuadro resulta de lo más hilarante (sobre todo para un vallisoletano), pero en mi opinión se ofrece un retrato demasiado amable de los andaluces en contraste con la caricatura inmisericorde que se hace de los vascos (y no solo de los nacionalistas), a los que se pinta como brutos, extremistas en todo, racistas, tragaldabas, horteras, borrachines y con nulo sentido del humor, entre otras lindezas.

Salí del cine sospechando que era difícil que Ocho apellidos vascos triunfara en Bilbao o en San Sebastián, pero mirando Internet acabo de enterarme de que ha tenido una acogida fantástica en las salas de estas ciudades. Miles de guipuzcoanos, vizcaínos y alaveses han coincidido en que es una peli genial, nada política, que rompe tabúes, ayuda a desdramatizar los conflictos y favorece una autocrítica muy necesaria para “reírse un poco de sí mismos”, lo que confirma la nobleza de los vascos, por los que yo siento un cariño especial. 

Sin embargo, como cabía esperar, a los separatistas la cinta les ha sentado como una noche en el cuartel de Intxaurrondo. El diario antiespañol y antivasco Gara la ha acusado de franquista, de estar infestada de “costumbrismo español” y de que "los personajes vascos no están interpretados por vascos".

También me he hecho una preguntilla capciosa sobre el humor de Ocho apellidos: ¿Qué habría sucedido si en vez de hacerse una peli con estos chistes sobre los vascos llega a estrenarse otra pitorreándose de los rasgos sociales, culturales y lingüísticos de los andaluces? ¿Le habría hecho tanta gracia a la gente o se habrían producido las manidas protestas acomplejadas de los políticos de turno por semejante agravio a la comunidad andaluza al poner en entredicho su laboriosidad y hacer escarnio de su "dialecto"? Y ya si el choteo fuera sobre los catalanes y sus bolsillos sellados a cal y canto, apaga y vámonos. Parece que muchos están dispuestos a celebrar cualquier estocada al pueblo vasco, al que identifican injustamente con la ETA y sus aledaños, pero son muy susceptibles con las generalizaciones sobre otras regiones.

miércoles, 12 de marzo de 2014

MONSEÑOR BLÁZQUEZ

La idea de paz de Monseñor Blázquez es un insulto a España y a la inteligencia

Todo apunta a que Monseñor Ricardo Blázquez va a convertirse, por segunda vez en su vida, en Presidente de la Conferencia Episcopal, gracias, por lo visto, al apoyo del Papa Francisco.

Esta noticia debe ser tomada con especial prevención por todos los buenos españoles, dada la actitud proclive al entorno de ETA que este prelado de origen abulense, que en la actualidad encabeza la Archidiócesis de mi provincia, demostró durante su etapa como Obispo de Bilbao (2005-2010).

Sin necesidad de hacer mucha memoria, recordamos que este bicharraco firmó en 2002, junto con el resto de obispos vascos, una repugnante carta pastoral en la que se criticaba al Gobierno por la entonces embrionaria Ley de Partidos, que, como sabemos, permitió la posterior disolución de Batasuna y de otros satélites de ETA, así como del brazo político del GRAPO.

En este panfleto, Monseñor y sus compinches en las otras diócesis vascongadas afirmaban ladinamente sobre la ilegalización de Batasuna: 

“(…) nos preocupan como pastores algunas consecuencias sombrías que prevemos como sólidamente probables y que, sean cuales fueren las relaciones existentes entre Batasuna y ETA, deberían ser evitadas. Tales consecuencias afectan a nuestra convivencia y a la causa de la paz. (…)  La convivencia, ya gravemente alterada, ¿no sufriría acaso un deterioro mayor en nuestros pueblos y ciudades? Probablemente la división y la confrontación cívica se agudizarían. No vemos como un clima social así pueda afectar favorablemente a la seguridad de los más débiles: los amenazados. Más bien nos tememos que tal seguridad se vuelva, lamentablemente, más precaria”.

Pero el entonces obispo de Vizcaya no se limitó a suscribir esta “sutil” amenaza corleonesca al más puro estilo Otegi, sino que el muy canalla se negó ese mismo año a firmar el documento oficial del Episcopado español en materia de terrorismo, en el que ETA y Batasuna salen trasquiladísimas y se proclama valientemente la inmoralidad de sus aspiraciones políticas en base a la doctrina de Juan Pablo II: 

“Cuando determinadas naciones o realidades nacionales se hallan legítimamente vinculadas por lazos históricos, familiares, religiosos, culturales y políticos a otras naciones dentro de un mismo Estado no puede decirse que dichas naciones gocen necesariamente de un derecho a la soberanía política”. “Resulta moralmente inaceptable que las naciones pretendan unilateralmente una configuración política de la propia realidad y, en concreto, la reclamación de la independencia, en virtud de su sola
voluntad”.

Conclusión: Monseñor Ricardo Blázquez es un clérigo nefasto y antiespañol, una serpiente sibilina cuyo destino, en una España ideal, sería otro bien distinto que gobernar nuestra Iglesia.

martes, 11 de marzo de 2014

EN RECUERDO DE LAS VÍCTIMAS


En venganza por el atentado del 11-S y por oscuros motivos económicos y petrolíferos, Estados Unidos perpetraba en 2003 la invasión de Irak sin la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. La excusa fue la existencia en este país de armas de destrucción masiva y la vinculación de Sadam Husein con Al-Qaeda, circunstancias que jamás han podido probarse. La invasión fue respaldada por la llamada Coalición de la Voluntad, de la que formaba parte el gobierno de José María Aznar contra la abrumadora oposición de la opinión pública española. La primera actuación de España en esta alianza fue unirse a la declaración de ultimátum al régimen de Sadam.

El pretexto de Aznar para sumarse a la contienda fue que el gobierno baathista constituía una seria amenaza para nuestro país y demás potencias occidentales.

La invasión se inició el 20 de marzo con unos bombardeos indiscriminados sobre Bagdad que masacraron a la población civil inocente, incluidos mujeres y niños. Tan devastador resultó este ataque con tomahawks, que las tropas agresoras apenas encontraron resistencia al entrar en la ciudad.

En mayo, Bush declara unilateralmente el final de la guerra, considerando así terroristas desde ese mismo momento a todos los militares y guerrilleros iraquíes que seguían defendiendo su patria de una invasión ilegal.

Derrocado Husein, se estableció un gobierno provisional de la coalición invasora, del que formaron parte, por decisión directa de Aznar, oficiales y diplomáticos españoles. Dos meses después el Congreso de los Diputados autoriza el envío a Irak de 1.300 militares españoles, integrados en la Brigada Plus Ultra, que participan en los combates y en la salvaje represión a la población local. También se encomienda a esta unidad la captura y la custodia de prisioneros “terroristas” y algunos de nuestros compatriotas se involucran en episodios de torturas 
como el de la base de Diwaniya.

El balance para Irak de esta agresión injusta fue, como mínimo, de 150.000 muertos, más de la mitad civiles. Algunos estudios sitúan la cifra en 655.000 e incluso más.

La guerra supuso un pingüe negocio de muchos millones de dólares para las potencias aliadas, cuyas empresas fueron contratadas para las tareas de reconstrucción. La mayoría de las empresas españolas que se apuntaron al pastel lo hicieron en calidad de subcontratistas de compañías americanas para reparar infraestructuras, obras públicas y viviendas, y obtuvieron beneficios por más de 5.000 millones de euros. Una de las grandes beneficiarias fue La Caixa, que formó parte del banco títere iraquí gestionado por los Estados Unidos.

Los concursos y contactos con empresas para repartir la tarta de la reconstrucción se iniciaron en Estados Unidos un mes antes de comenzar la guerra. 

Actualmente el ex presidente Aznar se gana la vida gracias a su intervención en la masacre de 2003 y 2004, a cuyas víctimas quiero dedicar hoy un respetuoso recuerdo.

jueves, 30 de enero de 2014

BLASPI

Blas Piñar rodeado de su gente en un mitin en Las Ventas, el 18 de julio de 1978

Aquella mañana de otoño de 1997 yo estaba de pie, al solillo, siguiendo su discurso desde una bocacalle de la plaza. Erguido y con los brazos cruzados le escuchaba sin inmutarme y observaba sus aspavientos con gesto asqueado y la mirada condescendiente del fanático. No aplaudí a aquel anciano enérgico de cabello plateado y peinado hacia atrás ni en los momentos más vibrantes de su alocución, porque se me antojaba un vulgar derechista (antiliberal pero derechista) y un político caduco y de vía estrecha que adornaba su verborrea con doctrina social católica pero siempre se había rodeado de chulos y de millonarios. Yo no le reprochaba, como la prensa, su supuesta complicidad en atentados contra los rojos durante la Transición, pero entendía que tipos como él en el fondo solo aspiraban a una España de toros, coros y danzas, misa de una, espadones bajo palio, paternalismo con los obreros y estructuras económicas inmutables. Todo ello so capa de un discurso florido y con toda la bambolla patriotera y banderil a la que él y los suyos eran tan aficionados. Le llamaba Blaspi despectivamente.

Hoy, libre ya de muchas orejeras y etiquetamientos partidistas, mi visión del recién fallecido Blas Piñar es bastante más benigna. Los años han ido desgastando mis aristas ideológicas y mostrándome el fondo de las personas y de las cosas. En mi corazón de animal político las disquisiciones teóricas y los puntos programáticos han dejado paso a los valores, y por eso este toledano incombustible que nos dejó anteayer cuenta con mi simpatía personal pese a las diferencias que nos separan. Porque ante todo Blas fue un hombre de honor, una persona fiel, leal y coherente que jamás renunció a sus creencias por mucho que cambiaron los tiempos, las circunstancias e incluso sus intereses. Su congruencia vital, una virtud sagrada pero ya en vías de extinción en esta sociedad de arribistas y veletas, es el rasgo que más admiro del que fue unas de las figuras más mediáticas en los convulsos 70 y principios de los 80.

Blas Piñar siempre tuvo por estandarte la honestidad y la decencia. Y tenía más huevos que el caballo de Espartero. Su fidelidad de hierro a los principios del régimen nacido el 18 de julio de 1936 le llevó a ser más franquista que el propio Franco. En 1962, en pleno desarrollismo, cuando el Caudillo se bajaba los gayumbos ante Estados Unidos y sus dólares, fue fulminantemente cesado como Director del Instituto de Cultura Hispánica por un artículo en ABC en el que acusaba a los yanquis de hipócritas y genocidas. Cuatro años después fundaba la revista Fuerza Nueva, desde la que despotricó contra los políticos de la época por su chaqueterismo traicionero. Alineado con el llamado búnker se opuso con rotundidad en las Cortes franquistas a la leyes de libertad religiosa y de asociaciones políticas, y al tratado comercial con la URSS, por considerar que estas medidas contradecían en esencia el espíritu del Régimen. Su lealtad al Jefe de Estado fue inquebrantable pero también le hizo perder la perspectiva, pues siempre creyó que a Franco, ya en su declive, lo manipularon los entreguistas cuando fue el propio General quien impulsó activamente la transformación de España en una democracia capitalista y monárquica. Franco en sus últimos años conservaba intacto su agradecimiento al ardiente notario pero también estaba harto de sus “excesos”, llegando a manifestar en una ocasión: “ese Blas Piñar es demasiado exaltado, aunque necesario para otros menesteres”. Como era de esperar, también votó en contra de la Ley de Reforma Política de 1977, que calificó sabiamente como “ley de ruptura, que no de reforma".

En el 76 funda un partido político, con el mismo nombre que su emblemática revista, que llegaría a ser un auténtico fenómeno de masas capaz de abarrotar plazas de toros y manifestaciones reivindicando la unidad de la Patria, los valores de la Cruzada y la toma del poder por el Ejército. Sus militantes fueron especialmente activos y comprometidos, y gracias a ello, al carisma indiscutible de Blas y a una oportunista coalición electoral con Falange Española de las JONS, el partido obtuvo en 1978 un acta de diputado quedando a las puertas de acceder al Congreso el número dos de la lista, Raimundo Fernández-Cuesta. Fuerza Nueva también organizó las juventudes más numerosas del espectro político de la época y las que contaban entre sus filas con las chavalas más guapas. Los chicos de la camisa azul y la boina roja protagonizaron por entonces algunos incidentes de gravedad en su afán por combatir a una izquierda que empezaba a campar a sus anchas en aquella democracia que aún no se había desprendido de su embalaje, y tuvieron numerosos enfrentamientos con las diversas organizaciones que reivindicaban la ortodoxia falangista.

Las escisiones internas, el empuje de Alianza Popular y el acoso policial del Gobierno de Suárez tras el golpe de estado (en el que Fuerza Nueva nada tuvo que ver) dieron al traste con el proyecto piñarista en 1982, lo que no impidió a su fundador seguir colaborando con diferentes iniciativas de sesgo derechista, autoritario y clerical hasta el día de su muerte,  haciendo gala de una perseverancia y de una fe en sus convicciones que me obliga a descubrirme ante este caballero.

Como notario, les hizo la escritura del piso a mis tíos en el 77. Siempre me cuentan cuánto les llamó la atención que un hombre apasionado y vociferante en los mítines se expresara en su despacho con una voz tan bajita y con una amabilidad tan deliciosa.


Más sobre la Transición en La pluma viperina: Correr delante de los grises.

viernes, 17 de enero de 2014

VOX


He seguido con curiosidad la presentación ayer del partido político Vox, una nueva formación de “centro-derecha, moralmente conservadora, económicamente liberal y moderada en sus planteamientos” liderada por Santiago Abascal, José Antonio Ortega Lara y Ana Velasco Vidal-Abarca, los tres víctimas del terrorismo marxista etarra.

No puedo negar que me siento muy atraído por bastantes de sus planteamientos, en especial por sus propuestas de finiquitar el modelo autonómico, apostar por la unidad de España, acabar con el sistema electoral vigente, “cuidar y proteger a la familia”, ampliar la penalización del aborto y endurecer la política antiterrorista. Por todo esto sus ideas me resultan todavía más interesantes que las de UPyD, sobre las que ya hemos debatido alguna vez.

Dos aspectos sin embargo me provocan urticaria y me alejan de Vox hasta el infinito.

Uno son sus firmes convicciones liberales o yo diría que ultraliberales. No hace falta haber estudiado en Salamanca para saber cómo interpretan estos señores las expresiones “economía de mercado”, “libre iniciativa”, “pleno reconocimiento del derecho de propiedad” y “riguroso control del gasto público” con las que han adornado sus discursos en la presentación. Solo les falta corear el lema “laissez faire, laissez passer” y prometer la conversión de España en una gran sociedad anónima. Además la presencia de Ignacio Camuñas entre los fundadores lo dice todo.

El otro es su estrategia de apelar a la fibra sensible de la ciudadanía sirviéndose del pobre Ortega Lara, uno de los hombres que más pena dan en este país debido al secuestro que sufrió durante 532 días hace dieciocho años. Entre las muchas cualidades del ex funcionario de prisiones burgalés es evidente que no se encuentran el carisma personal, la habilidad oratoria, la experiencia en la gestión y la brillantez intelectual, pero ello no impidió al PP sacar rédito de su mediática figura llevándolo a congresos, exhibiéndolo en la tele día sí y día también, u otorgándole puestos simbólicos en listas electorales. Aunque acabó escaldado y abandonó a los peperos, no parece haber aprendido la lección cuando ahora se deja tratar de nuevo como una marioneta. De hecho, ni siquiera figurará en las candidaturas del nuevo partido; solo lo tienen de cara a la galería. 

Con todo el respeto que este señor me merece, y a pesar de la simpatía que siento por su patriotismo y de la solidaridad que me inspira como víctima de los energúmenos de ETA, considero que su horrible experiencia (en la que demostró una entereza admirable) no constituye ningún mérito político, por mucho que presuma, como hizo ayer, de “haberse jugado la vida por España”, como si hubiera ido al zulo voluntario.

Si Ortega Lara no hubiera sido seleccionado al azar por la escoria abertzale para aquel secuestro inhumano hoy no le conocería nadie ni nadie le invitaría a fundar partido alguno.

Las víctimas deben dejar de ser de una vez moneda de cambio e instrumento de chantaje político. Ya está bien de que los partidos utilicen a este colectivo como mascota, adorno o anzuelo electoral, o que pretenda erigirse en lobby con sus asociaciones y con partidos como Vox. Ni Ortega ni ningún otro damnificado de ETA deberían orientar ni condicionar las decisiones judicales o de política antiterrorista, entre otras razones porque la verdadera justicia ha de ser imparcial y desapasionada.

Hay muchos que se creen que por haber sufrido un atentado una persona se convierte instantáneamente en héroe de la libertad o en referente público. Olvidan que la violencia etarra también se ha cobrado a mafiosos, traficantes de droga, ex-militantes de la banda y otros muchos sujetos de muy dudosa catadura moral sin que a nadie se le ocurra elevarlos a los altares. Por muy distintos motivos parece que tampoco interesa hoy en día poner como ejemplos de virtud o convertir en mártires a las autoridades franquistas que sufrieron coches-bomba (entre ellas Melitón Manzanas o el presidente Carrero Blanco), a los falangistas asesinados en los años de plomo, o a otros que, según la ley vigente, son tan víctimas del terrorismo como Ortega o Miguel Ángel Blanco, como por ejemplo el comandante Sáenz de Ynestrillas y sus hijos.

Parece que a cada partido solo le interesan las víctimas de su cuerda o las domesticadas que se comportan como muñecos en su mano de ventrílocuo.

martes, 14 de enero de 2014

QUE NOS QUITEN LO BAILAO

Las condenas de estos muchachos no se habrían visto afectadas por la anulación de la doctrina Parot

El Catecismo de la Iglesia Católica deja bien claro que la pena de muerte solo es legítima “si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas”, pero que “si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios” y que hoy en día “como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquel que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos". 

Incluso aquí en La pluma yo reconocí hace tiempo que es muy difícil delimitar en qué casos es verdaderamente imprescindible ejecutar a una persona para que esta deje de representar un peligro grave para la sociedad, y que no se me ocurría casi ninguno, pues las cárceles actuales permiten colocar a cualquier agresor en situación de no hacer ningún daño. Estrujándome el cerebro me preguntaba si en un conflicto bélico la pena capital podría convertirse en único remedio para frenar determinados crímenes de los que se cometen aprovechando la inestabilidad y la ausencia de cauces judiciales, cuando ni las cárceles son seguras ni pueden ser vigiladas debidamente. También especulaba sobre la posibilidad de aplicarla en supuestos de terrorismo a gran escala, atentados contra la salud colectiva, daños irreversibles al medio ambiente que repercutan intensamente en la población, estragos de gran envergadura o golpes de estado con grave efecto desestabilizador, pero, vamos, todo desde un punto de vista muy teórico.

Sin embargo, la reciente anulación de la doctrina Parot me ha hecho retomar la reflexión y preguntarme muy seriamente si de verdad hoy, como dice la Iglesia, un Estado siempre tiene la posibilidad de neutralizar a los criminales más peligrosos con “medios incruentos”, sin quitarles la vida. Es cierto que una privación de libertad perpetua o de muy larga duración, acompañada de estrictas medidas precautorias, resulta a simple vista una alternativa irreprochable a la pena de muerte, por cuanto parece cumplir tanto el objetivo de la seguridad como el del respeto a la vida humana. Pero hemos de reconocer honradamente que, visto lo visto, ni una sentencia condenatoria a la reclusión más larga y en la cárcel más hermética puede considerarse una solución definitiva y eficaz, pues nada impide que pasado mañana un nuevo gobierno apruebe una ley penal o penitenciaria más favorable (y por lo tanto retroactiva); que un órgano jurisdiccional internacional dicte una sentencia arbitraria que implique la excarcelación de asesinos y violadores con máximo riesgo de reincidencia, o que al politiquillo de turno, jugando a pescar votos o negociando con terroristas, le dé por amnistiar o indultar al buen tuntún a los delincuentes más siniestros del país. 

O sea que un gobierno consciente y responsable podría regular unas penas de prisión severas que, en efecto, hicieran innecesario “suprimir al reo” pero llegar otro al año siguiente con un código penal de la Madre Teresa de Calcuta (con todos los respetos) que convirtiera las sentencias más garantistas en papel mojado.

¿Qué mejor solución a este problema que regular y aplicar, sin pucheros ni aspavientos, sin escrúpulos ni mojigaterías, la pena de muerte a los malhechores más peligrosos para la sociedad? Luego si llegan otros al poder, ellos verán, pero que nos quiten lo bailao...

martes, 2 de julio de 2013

¿MANDELA TERRORISTA?

El prosoviético Mandela
Es un dato objetivo que no admite discusión que el líder sudafricano Nelson Mandela dirigió entre 1960 y 1964 el brazo armado del Congreso Nacional Africano (CNA), denominado Lanza de la Nación, organización que llevó a cabo casi 200 atentados (muchos de ellos con bomba, en lugares públicos y de forma indiscriminada) y numerosos asesinatos y torturas a campesinos inocentes, como parte de su “lucha armada” contra un gobierno legal y democráticamente constituido que practicaba una intensa política de segregación racial.

No puede rebatirse que en aquellos tiempos Mandela era considerado terrorista por la ONU, que ni siquiera Aministía Internacional se opuso a su encarcelamiento tras un proceso penal garantista y que ayer se cumplieron cinco años de su retirada del listado de terroristas internacionales elaborado por el gobierno de Estados Unidos.

Es demostrable que en su momento el entonces presidente de Sudáfrica ofreció varias veces a Mandela la libertad condicional si se comprometía a renunciar a la violencia, y este siempre rehusó el ofrecimiento.

Tampoco conocemos ninguna declaración del impetuoso moreno arrepintiéndose de haber esgrimido las armas (sin haber ninguna guerra) para la consecución de sus objetivos políticos.

Aun así, este carismático presidente no solo obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1993, sino que en estos últimos días, en que se encuentra en estado crítico, se le ha homenajeado como a un estadista modélico y como a un héroe del progreso, de la justicia y de las libertades.

Yo solo me hago unas preguntas que no quieren ser capciosas. ¿Se puede o no emplear la violencia para defender ideales políticos que se consideran legítimos? ¿No se debe volar la estación de tren de Johannesburgo o depende de los motivos? ¿Quién dice cuándo se es un guerrillero contra un régimen opresor y cuando un vulgar terrorista?

martes, 8 de enero de 2013

AÑOS LENTOS

Fernando Aramburu nos regaló el año pasado un verdadero novelón, no por su extensión, ya que se trata de una obra breve, sino por su calidad literaria y por su profundidad al abordar temas fundamentales de nuestra historia reciente y de la vida en general. Recibió el merecido Premio Tusquets Editores de Novela de 2011.

En 1968, Maripuy, una mujer de fuerte carácter casada con un apocado hombrecillo, se ofrece para acoger en su casa, como un hijo más, a uno de los tres niños de su hermana, que, abandonada por su marido, ha tenido que entregarlos a la beneficencia. Así es como Txiki, de 8 años de edad, se traslada desde un pueblo navarro al suburbio de San Sebastián donde viven sus tíos con sus primos Julen y Mari Nieves. Desde ese instante la infancia del pequeño quedará marcada por los dos dramas de esa familia: el embarazo no deseado de su descarriada prima y la captación de Julen por una ETA incipiente a través del párroco de la barriada.

Se trata de un relato desgarrado que se lee de un tirón y que te deja el corazón temblando. Con varios hilos argumentales, destaca sobre todos el papel del clero vasco en la radicalización de los jóvenes nacionalistas a finales de los sesenta. El donostiarra Aramburu arremete con crudeza contra estos sacerdotes, encarnados en el personaje de Don Victoriano, que se entregaban a labores políticas (en calidad de auténticos comisarios) en detrimento de las pastorales, discriminaban a los feligreses por razón de su ideología, envenenaban de odio a los jóvenes desorientados y sin horizontes, eran unos cobardes que tiraban la piedra y escondían la mano si venían maldadas, y, por si fuera poco, carecían de la mínima caridad cristiana al juzgar los pecados de las almas a su cargo.

Paralelamente se abordan con gran lucidez los convencionalismos religiosos y sociales que en aquella época costreñían a los padres hasta el punto de repudiar a los hijos o condenarles a una vida absurda y triste con tal de anteponerse al qué dirán y salvaguardar el honor familiar. Las relaciones conyugales y fraternales también tienen su sitio en esta magnífica novela, que incide en la importancia del carácter para afrontar dignamente las desgracias de la vida. Todo ello sobre un fresco inolvidable del San Sebastián de finales de los sesenta y principios de los setenta, y con una técnica narrativa muy original, basada en las cartas de Txiki adulto contando sus recuerdos al escritor y en las notas personales de este para preparar la novela, que nos desvelan sus impresiones sobre todo lo acontecido a esta pobre familia, arrancándonos al mismo tiempo una lágrima y una sonrisa.

Una lectura imprescindible de la que nadie se arrepentirá.

martes, 28 de agosto de 2012

JOAQUÍN SABINA


Aunque tengo en mente varias entradas incisivas de sociología parda, es mejor rematar agosto y las vacaciones con alguna cosilla ligera al estilo de las últimas semanas, así que, igual que he hecho con los Beatles, hoy le toca a Joaquín Sabina el recorrido nostálgico-musical.

Con el cantautor jienense ya dije que me pasa un poco como con los Beatles, que soy capaz de combinar (no todo el mundo puede) una ojeriza hiperdesarrollada hacia el personaje con una admiración reverencial por el artista, al que considero sin lugar a dudas el mejor compositor de canciones en español en todo el mundo y de todos los tiempos. A pesar de mi benevolencia sonriente con los mujeriegos, tampoco me identifico en absoluto con la filosofía sabinesca, pero me rindo ante el talento del autor de las más brillantes metáforas, de un lenguaje propio que ha encandilado a casi todos y de unos temas ya clásicos que  al menos yo guardo en el cajón donde guardo el corazón, el mes de abril y las obras maestras.

El bohemio madrileño adoptivo que creara el himno extraoficial de la capital de España es un genial poeta y versificador (no es lo mismo). Yo con alguna canción me quedo impresionado de cómo puede ser tan disciplinado con la rima consonante y a la vez tan fluido y espontáneo. Tampoco podemos negar, en justicia, que Joaquín es mucho mejor letrista que compositor musical y que sus más altas cotas de popularidad, su baño de masas a partir de mediados de los años ochenta del pasado siglo, se los debe en muy buena medida a Pancho Varona, con el que colabora desde los tiempos de Viceversa y que es el padre de las melodías de los temas sabineros más conocidos y celebrados por el gran público.

De Sabina no me gustan todas sus composiciones, o, mejor dicho, no me gustan todas sus épocas. A partir del disco Yo, mí, me, conmigo (1996), que ya me empieza a dejar de entusiasmar, he preferido pasar de escucharlo. En mi opinión, ha cambiado demasiado y para mal. Soy solo un apasionado de su etapa ochentera y de principios de los noventa, en especial de su obra comprendida entre 1984 (Ruleta rusa) y 1994 (Esta boca es mía).

Recreándome en alguna de sus letras soy capaz de olvidarme por un momento de que este señor es un rojo recalcitrante, y de que en su juventud participó en actos terroristas e incluso colaboró con ETA en su etapa londinense de principios de los 70. También se me olvida, aunque me cuesta un huevo, su amistad con Serrat y que cada vez que sale hablando en la tele parece gilipollas.

Pero en fin, olvidémonos, como digo, de la persona y centrémonos en el artista, y seleccionemos nuestras canciones favoritas del viejo truhán. Yo pongo dos listas: la de las quince que me parecen absolutas obras maestras (marcando en negrita las que considero sublimes) y otra de diez que me emocionan a mí por diversos motivos aunque reconozca que no son las mejores. Entre paréntesis, y como homenaje a Pancho Varona, indico con las iniciales P.V. en cuáles ha compuesto la música él solito o junto a Antonio García de Diego.




3.- Eclipse de mar (música de Luis Eduardo Aute)

4.- Eva tomando el sol (P.V.)

5.- Y nos dieron las diez (compuesta a partir de un borrador conjunto con Enrique Urquijo, que este concluiría como Ojos de gata para Los Secretos)

6.- Contigo (P.V.)




10.- Todos menos tú (P.V.)

11.- La del pirata cojo (P.V.)

12. Aves de paso (P.V.)

13.- Ahora que (P.V.)

14.- Peor para el sol (P.V.)


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1.- Bruja

2.- Ciudadano cero (P.V.)

3.- Besos en la frente (P.V.)




7.- Una de romanos (P.V.)