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jueves, 1 de octubre de 2015

¡GRACIAS, HITLER!

¿Qué habría sido de la industria cinematográfica de no ser por el nazismo?

Soy muy aficionado a las revistas de historia y un día quizá dedique un post a las principales cabeceras del género en los quioscos españoles, con mi valoración personal de cada una, pero hoy solo quiero llamar la atención sobre el hecho curiosísimo de que el tema favorito de todas estas publicaciones es, sin ningún tipo de duda, la Segunda Guerra Mundial y, más concretamente, los diferentes aspectos culturales, políticos, militares, científicos, urbanísticos y criminales, entre otros, del Tercer Reich alemán. Según mis estimaciones, el nazismo es abordado, directa o indirectamente, por el 30% de los reportajes de Historia y vida, La aventura de la Historia y otros magacines similares. Por ejemplo, en las portadas de todos los meses siempre figura, al menos, un artículo acerca del nacionalsocialismo, y también es muy común que en la sección del correo del lector y en la de novedades bibliográficas se aborden varias consultas o títulos relacionados con el régimen de Adolf Hitler. 

Pero este fenómeno no es exclusivo de las revistas divulgativas de historia. Sería revelador contabilizar cuántas novelas se han escrito en todo el mundo sobre los camisas pardas desde 1945 y, por supuesto, cuántas películas de ficción los han tenido como protagonistas o –en el 99% de los casos- como antagonistas. Desde la victoria aliada en la Guerra Mundial, cientos y cientos de producciones de Hollywood han explotado, con gran éxito, la ideología, la imagen y los estereotipos hitlerianos como símbolo de maldad suprema frente a los valores de justicia y de libertad. También es interesante (por decir algo) observar cómo determinados países han reciclado las infraestructuras penitenciarias de la Alemania de Hitler como recursos turísticos de primer orden.

Hoy no toca pronunciarse sobre los nazis y además, cada vez que lo intento, se enfadan conmigo tirios y troyanos. Pero lo que es indiscutible es que gracias a Adolf y a todo su tinglado, llevamos 70 años pasándonoslo bomba: leyendo libros y artículos de lo más entretenidos, viendo sugerentes documentales en la tele y gozando de pelis como El gran dictador, Doce del patíbulo, Indiana Jones, La Lista de SchindlerLa vida es bella, El niño con el pijama de rayas, The reader o Malditos bastardos, en las que esos chicos rubios y vociferantes de la esvástica dan un juego tremendo como malos malísimos y no hace falta pensar ni nada; basta relajarse para disfrutar de la acción y los tiros, o conmovernos con las dramáticas peripecias de los semitas en los campos de concentración.

Luego, a mayores, podríamos preguntarnos cuánta gente, empezando por el judío Spielberg, se ha hecho multimillonaria gracias al nazismo, y es que al final va a resultar que el Tercer Reich ha sido y es, ante todo, un negocio bien lucrativo para numerosos sectores, encabezados por las víctimas de Hitler, que no está muy claro si se resisten a olvidar sus penurias en aras de la justicia y por dejar un testimonio vivo que ayude a las futuras generaciones a no repetir los errores del pasado, o más bien por un apego invencible al vil metal.

De cualquier modo, hay que agradecer a los amigos nazis su condición de fuente de inspiración inagotable, durante tantas décadas, de obras artísticas, literarias, historiográficas y cinematográficas que tan buenos ratos nos hacen pasar a todos.

domingo, 20 de septiembre de 2015

LA MATANZA



Matanza tradicional en un pueblo vallisoletano

En la región donde yo vivo, la cultura gastronómica gira alrededor de la carne de cerdo. Desde tiempos inmemoriales, el rito de la matanza ha sido un pilar fundamental en la vida de los pueblos del Valle del Duero, desde Soria hasta tierras salmantinas, y aún hoy se conserva en muchas zonas esta costumbre ancestral, que tiene una liturgia de siglos y una significación social y festiva que permanecen intactas. De ello da fe la fama mundial de los embutidos castellanos y leoneses, como, por ejemplo, los jamones de Guijuelo o los chorizos de Cantimpalos. 

Pero tranquilos, que este no es un post patrocinado por la marca Tierra de Sabor de la Junta de Castilla y León. Simplemente quiero explicar la curiosa razón por la que la matanza del marrano y el consumo de los productos porcinos han tenido y tienen todavía en estas comarcas una importancia tan decisiva. El motivo no es otro que la necesidad histórica de los castellanos de definir socialmente su identidad religiosa en aquellos territorios donde convivieron o, mejor dicho, habitaron superpuestas, las comunidades cristiana, musulmana y judía. 

Hasta mucho después de la Edad Media, en la Corona de Castilla solo podía accederse a ciertos cargos y dignidades acreditando la limpieza de sangre, o, lo que es lo mismo, la condición de cristiano viejo. A partir de finales del siglo XV, las autoridades animaron a miles de moros e israelitas a abrazar la Fe en Cristo, pero no todas las conversiones fueron tan sinceras como cabría desear, por lo que la Inquisición se vio obligada a realizar pesquisas y a abrir procesos contra los ciudadanos de conducta ambigua. Estas circunstancias propiciaron que el pueblo castellano, siempre sabio como sus refranes, convirtiera la ceremonia de la matanza en un acto de la máxima relevancia social, que resultara inexcusable practicar o al que fuera imposible no asistir so pena de parecer sarraceno o judío, ya que ambas religiones abrahámicas prohíben probar siquiera, por "impura", la carne de cerdo. 

La matanza era una fiesta que se celebraba en todos los hogares y a la que se invitaba a todos los vecinos. Además, tras acuchillar al gorrino en el corral, se servían a los invitados las viandas típicas del festejo. Todo el ritual, en el fondo, era una manera de demostrar que se era un cristiano auténtico, y ¡ay de quien no matara un gocho todos los inviernos o pusiera una excusa poco convincente para no asistir a la matanza en casa de un conocido! El consumo de la carne de porcino, principalmente jamón, embutidos curados y morcillas, también era motivo de ostentación social para dejar bien claro que no se tenía ni una gota de sangre hereje o que la reciente conversión al Cristianismo había sido veraz.

Incluso en El Quijote, el inolvidable Sancho Panza, deseoso de acreditar su aptitud para ser gobernador de una ínsula, jura tener sobre el alma “cuatro dedos de enjundia de cristianos viejos”, en referencia a las hojas de grasa (tocino) que se colgaban en las cocinas después de la matanza.

También llama la atención cómo algunos astutos judíos, simuladamente convertidos a nuestra Fe, se inventaron las "morcillas falsas", que exteriormente tenían todo el aspecto de ser porcinas, pero en realidad estaban elaboradas con pan, patata, y carne de ave o de conejo. Así cumplían con sus preceptos alimenticios y al mismo tiempo engañaban al vecindario y a la Inquisición. Estos productos (aunque ya cocinados con grasa de cerdo) forman parte hoy de nuestra gastronomía popular y reciben el nombre de farinato (Salamanca), androjas (Zamora) o morcilla patatera (Extremadura).

lunes, 15 de junio de 2015

LOS CHISTES DE ZAPATA

El concejal Guillermo Zapata

Nada más constituirse el sábado el nuevo consistorio madrileño, Guillermo Zapata, el concejal de Cultura de la formación marxista Ahora Madrid, revolucionaba las redes sociales y se convertía en portada de todos los periódicos al salir a la luz dos polémicos chistes que publicó en su Twitter hace dos años, uno de ellos sobre las desventuras del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial, y el otro sobre la famosa víctima de ETA Irene Villa y las adolescentes Míriam, Toñi y Desirée, violadas y asesinadas en Alcácer (Valencia) en 1992. 

Socialistas y peperos llevan 24 horas exigiendo la cabeza del concejal y la Federación de Comunidades Judías de España, siempre con tan poco sentido del humor, ha emitido un enérgico comunicado de protesta.  Estos hebreos deberían aprender de Irene Villa, que ha demostrado su buenrollismo declarándose fan número uno de las chirigotas sobre el atentado en el que perdió las piernas.

El fallo de Guillermo Zapata no es su falta de sensibilidad. La mayor parte de la población (yo incluido) ha contado alguna vez algún chascarrillo un poco bestia, quizá no sobre estos temas concretos (sobre todo el segundo) pero sí sobre otros similares. Casi todos en algún momento hemos hecho en la intimidad bromas que, de hacerse públicas, nos habrían inhabilitado de por vida para ejercer un cargo representativo

Es más: yo he escuchado a personas que ostentan puestos de altísima responsabilidad política expresar, en una comida o tomando café en confianza, ciertas opiniones sobre los inmigrantes de Europa del Este y sobre los oriundos de determinada provincia de mi región que si llegaran a filtrarse les costaría el puesto. ¡Y que conste que yo estoy al 100% de acuerdo con dichos comentarios!

El mayor error de Zapata tampoco ha sido publicar estos chistes en una red social. Diariamente encontramos en Twitter o en Facebook multitud de barbaridades firmadas con nombre y apellidos. Y solo puede haber un motivo para que una persona suscriba con su identidad real unas chanzas tan políticamente incorrectas: que se trate de un mindundi desconocido cuyas opiniones se la traigan al fresco a todo el mundo. Y eso era precisamente Guillermo hace dos años: un don nadie anónimo que ni en sus mejores sueños podía imaginarse que llegaría a concejal de Madrid; un simple cineasta aficionado, bastante rojo, que podía permitirse escribir gratis cualquier parida.

La verdadera metedura de pata del nuevo munícipe es no haber cribado los mensajes de su cuenta de Twitter antes de presentarse a las elecciones del 24 de mayo, sobre todo teniendo en cuenta que el historial de todos y de cada uno de los concejales de esta candidatura de "unidad popular" respaldada por Podemos iba a ser mirado con lupa, con prismáticos y hasta con telescopio astronómico por los medios derechistas de toda España. 

No creo que por haber puesto estos chistes en la Red sea Zapata mucho más inmoral ni menos sensible que el resto de concejales del ayuntamiento de la capital de España. Me apuesto doble contra sencillo a que si alguien se pusiera a investigar, con la misma minuciosidad que se emplea con Podemos, los avatares de la vida privada de los candidatos del PP, del PSOE y no digamos de los recién aterrizados de Ciudadanos, empezarían a salir temas mucho más chuscos que lo del cenicero de los judíos y las niñas de Alcácer.

Este concejal barbudo de sugerente apellido y de aspecto, por cierto, tan poco saludable debería dimitir inmediatamente, pero no por cruel o por desaprensivo, sino por mentecato. Un sujeto incapaz de adelantarse a los mecanismos hipócritas del juego democrático y al celo detectivesco de sus enemigos no se merece dirigir el área de cultura de una ciudad de tres millones y medio de habitantes.

miércoles, 11 de marzo de 2015

LOS COMPLEJOS DE MARGALLO



En el marco de una visita de trabajo de varios días a la antigua Unión Soviética, el Ministro de Asuntos Exteriores José Manuel García-Margallo rindió homenaje el domingo pasado a los españoles caídos que lucharon contra Alemania en la Segunda Guerra Mundial, depositando una corona de flores en el monumento erigido a estos combatientes en el Parque de la Victoria de Moscú. Ni que decir tiene que el sobrino nieto del capitán García-Margallo, héroe de la Guerra del Rif y del que por cierto no ha heredado ni la testiculina ni el ardor patriótico, ni siquiera barajó la posibilidad de incluir en su agenda de viaje una breve visita a alguno de los cementerios militares donde reposan los restos de muchos de los 5.000 valientes que cayeron plantando cara al comunismo en la División Azul, en la Legión Azul y, una vez disueltas estas, en distintas unidades de la Wehrmacht.

Ciertamente sería como pedir peras al olmo pretender que este pepero de mañas lacayunas que en 2012 expulsó de España al embajador del presidente sirio Al Asad, reconociera el valor y el sacrificio de los jóvenes idealistas que entre 1941 y 1943 se alistaron en la 250ª División para frenar la tiranía materialista y atea que amenazaba Europa, y en defensa de la verdadera libertad de los pueblos y de un nuevo orden económico anticapitalista y solidario. Pero lo que clama al cielo, lo que no puede aceptarse de ninguna manera, es que se avenga a honrar en exclusiva a los soldados españoles que combatieron en el lado soviético. 

Aunque mi opinión sobre mis "compatriotas" que desertaron de la División para pasarse a los ruskis no puede ser más negativa, habría aceptado de más o menos buen grado que el Ministro de Exteriores dedicara unas palabras de recuerdo a “todos los españoles caídos en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial”, sin más especificaciones. Lo que me avergüenza y me parece indignante es que se rinda honores a los muertos de un solo bando, obviando la más mínima mención a los del contrario, que encima son muchísimos más.

Yo estaría dispuesto a pasar por alto que los españoles que sucumbieron en la estepa enrolados en el Ejército Rojo fueron unos traidores que odiaban a su patria, unos marxistas execrables que tras sembrar el odio en nuestro país, provocar el baño de sangre más trágico de nuestra historia y protagonizar una auténtica orgía de crímenes, huyeron como conejos al terminar la guerra para librarse de la justicia y volver a empuñar las armas al otro lado de los Urales en nombre de un régimen político basado en el despotismo, el rencor y la impiedad. No me importaría mirar para otro lado, como ya hizo en 1954 el General Agustín Muñoz Grandes, quien, en su discurso de bienvenida al último contingente de divisionarios y de desertores que regresaba de Rusia, declaró que “el Gobierno no establece diferencia alguna entre los miembros de la División Azul y los demás españoles que con ellos vuelven después de haber luchado en el campo contrario. Sean bienvenidos todos ellos”. Pero naturalmente un servidor tragaría siempre y cuando el Ministro hubiera recordado, también sin distinción, a todos los fenecidos en el campo de batalla, y no solo, como hizo el domingo, a los que más conviene a su imagen y a sus intereses. Claro que comparar a Muñoz Grandes con este moñas es como equiparar a Dios con un botijo.

A Margallo los guripas caídos se la traen floja
De verdad que me cuesta entender por qué se tiene tanto miedo a mencionar, aunque sea de pasada, a los voluntarios de la Galubaya Divisia. Es cierto que esta unidad militar estaba plenamente integrada en el Heer y por lo tanto operaba al servicio del Tercer Reich, hoy condenado al ostracismo histórico y político sin margen para el menor matiz. Pero también lo es que su juramento de “absoluta obediencia” al Führer se limitaba a “la lucha contra el comunismo”, objetivo por cierto compartido por todas las potencias occidentales a partir de 1945. Tampoco tiene ningún sentido considerar nazis a los divisionarios españoles, y menos en el sentido que se da hoy a este denostado término, ya sinónimo de maldad suprema, dictadura terrorífica y exterminio de judíos. Ni un solo voluntario en 1941 tenía la menor idea de los hoy tan difundidos excesos de Hitler ni se imaginaba lo que iba a suceder en poco tiempo en los campos de concentración alemanes. Estas cosas tan horribles no suelen conocerse hasta que pasan unos años, a veces muchos. Seguro que el franquismo no habría conseguido reclutar a 50.000 muchachos si hubieran sido de dominio público las atrocidades del ejército teutón, igual que imagino que los jóvenes norteamericanos se habrían resistido a participar en la guerra de haber conocido los horribles crímenes sexuales cometidos por sus fuerzas armadas que han salido a la luz hace pocos días.

Lo que pasa es que con políticos de la mediocridad y del partido de García-Margallo tampoco hay que llevarse demasiado las manos a la cabeza ante gestos tan mezquinos y tan antiespañoles. Todavía me sonrojo al recordar al Gobierno de José María Aznar votando en 2001 en el Congreso de los Diputados a favor de la “rehabilitación total de los guerrilleros antifranquistas”, es decir de los grupos terroristas de extrema izquierda popularmente conocidos como "maquis" que entre 1939 y 1952 causaron más víctimas que ETA en las zonas rurales de toda España. (834 secuestros, 538 sabotajes, 5.963 atracos y 953 asesinatos).

jueves, 19 de febrero de 2015

LIMPIEZA DE SANGRE


En una reciente charla con unos conocidos, uno de ellos clamaba que España es una nación racista de toda la vida, ya que durante siglos hemos prohibido a los descendientes de musulmanes y de judíos acceder a numerosos cargos y profesiones. Como es natural, tuve que darle una teórica a este profano y poner los puntos sobre las íes.

Es una realidad indiscutible que desde mediados del siglo XV y hasta finales del XVII se exigía formalmente en nuestro país la acreditación de la “limpieza de sangre” para ingresar en determinadas instituciones. En síntesis, la limpieza de sangre se traducía en dos realidades diferentes:

Por una parte,  algunos gremios, colegios mayores, universidades, sedes episcopales, órdenes religiosas y otras entidades adoptaban unos estatutos o reglamentaciones internas destinados a restringir la admisión de cristianos nuevos en ciertos oficios o dignidades (acceder a la educación superior, ser novicio o seminarista, o formar parte de un sector profesional). Los aspirantes a ingresar en dichas instituciones debían demostrar que ni sus padres ni sus cuatro abuelos eran marranos (judaizantes) ni mahometanos.

Por otro lado, la Corona dictaba una serie de normas jurídicas sobre el acceso a puestos y cargos públicos (alcaldes, notarios, consejeros, alguaciles, tesoreros) en las que se discriminaba a todo aquel que hubiera sido penitenciado por la Inquisición por judeoconverso o morisco, o fuera hijo o nieto de un condenado por dicho motivo. También se les prohibía emigrar a América para evitar que hicieran fortuna y ocuparan los escalafones más altos de la sociedad. Como puede apreciarse, estas normas eran mucho menos estrictas que los estatutos de limpieza de las corporaciones y organizaciones privadas.

¿Tenían un objetivo racista todas estas disposiciones? Rotundamente no. A España podrá acusársela, si se quiere, de intransigencia religiosa pero jamás de discriminación étnica, ya que la única razón de ser de las medidas de limpieza de sangre era garantizar que los hilos más importantes de la sociedad española fueran movidos por católicos intachables. El único motivo de la comprobación de los orígenes familiares de los aspirantes a determinadas dignidades públicas o profesionales era la sospecha de que un individuo que contara con conversos entre sus ascendientes más inmediatos podía estar practicando el judaísmo o el Islam en secreto o estar influenciado por estas religiones.

No olvidemos que en la España de los siglos XV y XVI la confesión religiosa no tenía ni de lejos la significación actual. La fe católica no era concebida como una simple creencia íntima, sino que constituía el principal factor de amalgama social, el elemento más importante de cohesión y de conciencia nacional, lo que explica y justifica todas las actuaciones de aquella época tendentes a proteger, por una parte, la ortodoxia doctrinal (Inquisición) y, por otra, a asegurar el predominio social y cultural de los valores cristianos y de las personas que los representaban o transmitían (limpieza de sangre). Nada que ver con la raza ni con el color de la piel, pero sí con la cultura. Les guste o no a algunos, la superación del multiculturalismo en la península ibérica gracias a iniciativas como estas fue la clave de la consolidación de nuestra identidad como pueblo y nos permitió alcanzar metas territoriales, sociales, humanitarias, culturales, artísticas y espirituales inimaginables en naciones divididas por la brecha religiosa. 

En cualquier caso, la "pureza de sangre" nunca tuvo la relevancia que pretenden algunos historiadores ni llegó a convertirse en una paranoia social. Desde el primer momento de su existencia (1449), las investigaciones genealógicas fueron puestas en entredicho por diversos sectores de la sociedad e incluso por el propio Papa, que las consideraba contrarias al dogma de que el bautismo lavaba los pecados de los infieles. Incluso en los años de mayor auge de estas prácticas, eran minoría las instituciones que contaban con estatuto y fueron muy pocos los decretos reales que se dictaron en la materia, entre ellos los de 1501 de los Reyes Católicos. Prácticamente solo existieron disposiciones de esta naturaleza en el territorio de la Corona de Castilla y ya en el siglo XVII eran incumplidas de forma sistemática, derivando a veces en un puro formalismo que solía salvarse mediante sobornos. Antes de 1700 eran solo papel mojado, si bien es cierto que hasta 1835 no se abolieron oficialmente los últimos estatutos de limpieza que aún quedaban sin derogar. 

viernes, 23 de enero de 2015

OPERACIÓN B.S.O. (36): FAMA




Estaba el otro día haciendo abdominales en el gimnasio, partiéndome en dos y sudando la gota gorda, cuando un amigo se acercó sigilosamente por detrás y me voceó: ¡la fama cuesta, y aquí es donde vas a empezar a pagar, con sudor! Me hizo mucha gracia y me vino rápido a la cabeza la vieja serie del 82, con Leroy, Amatullo, Coco, la carismática profe de danza (Lydia) y, por supuesto, el viejo Shorofsky, que no podía tener más pinta de judío, el pobre. Pero como fondo de estos recuerdos que avivó el gracioso de mi colega Pepe sonaba la voz de Irene Cara interpretando la inolvidable Fame! I'm gonna live forever. 

Lo que no saben muchos sobre esta canción es que antes de convertirse en entrada de la serie de Sherry Coben, había sido el tema principal de la peli musical homónima que la inspiró, y que curiosamente la hispana Cara interpretaba a Coco en el fime (en la serie le dieron el papel a Erica Gimpel).

Ahí va el vídeo con las letras de Fame para que al ritmo de este pegadizo tema nos atrevamos a "learn how to fly".

jueves, 26 de junio de 2014

EL MÉDICO

Es lugar común que Los pilares de la Tierra (1989), de Ken Follett, marcó un antes y un después en la técnica y las temáticas de la novela histórica, olvidando la decisiva influencia en este género del bestseller al que hoy dedico la entrada. En puridad fue el famoso judeófilo estadounidense Noah (Noé) Gordon y no el escritor galés metido a rockero quien inauguró, con El médico (1986), el formato mil veces imitado de narración histórica hilvanada a través de un personaje de profesión representativa de todo un gremio o sector social de la época.

No es de extrañar que esta larga novela, primera de una trilogía dedicada a la medicina, y llevada a la gran pantalla hace menos de un año, haya alcanzado tanta repercusión, ya que reúne todos los ingredientes necesarios para azuzar la curiosidad del gran público: estilo sencillo y ameno, contraste entre las culturas occidental y oriental, detalles sobre una actividad pintoresca (la de los cirujanos barberos medievales), variedad de escenarios y, por supuesto, una pasión profesional llena de altruismo y un tierno romance, con el aderezo de los pasajes innecesariamente tórridos que siempre sirven de anzuelo en este tipo de obras.

La historia, en efecto, es más que sugestiva. En la Inglaterra del siglo XI, el pequeño Rob J. Cole es tomado como aprendiz por un cirujano barbero al quedar huérfano de padre y madre, y se pasa la infancia y la adolescencia en un carromato, recorriendo todo el país con su maestro, vendiendo pócimas “curativas”, haciendo espectáculos de malabares en las plazas de las aldeas y realizando sencillas curas a los lugareños. Tras descubrir su don de adivinar la muerte inminente tomando la mano de los enfermos y conocer a varios médicos judíos, Rob se lanza a cumplir su sueño de convertirse en un galeno prestigioso desplazándose a Persia en un viaje épico e inscribiéndose en la escuela de medicina de Ispahán, vetada en toda la Cristiandad. El joven inglés tendrá que hacerse pasar por judío para cursar sus estudios, lo que le obliga a un arduo aprendizaje de la religión y costumbres israelitas.

La novela es excelente y me ha fascinado. Extraordinariamente bien ambientada y documentada, nos adentra en los avatares de tres mundos muy distintos que convivieron o se superpusieron durante la Edad Media con más o menos fluidez: la Europa cristiana, el Islam y el judaísmo. A lo largo de casi mil páginas, Noah Gordon plantea cuestiones muy variadas y nos presenta diversos personajes, ciudades, costumbres y problemas de la Europa y del Oriente Próximo de hace un milenio, no solo relacionados con la ciencia médica. Así, podemos aprender mucho sobre los reyes daneses de Inglaterra, la organización de los gremios profesionales, el estudio de los idiomas, el origen del ajedrez, el deporte en el mundo musulmán, las formas de viajar en aquellos años, la escuela médica de Bagdad (que el autor prefiere situar en Ispahán), la historia de Persia (hoy Irán), el célebre maestro Avicena y su discípulo Al-Juzjani, el estado de los conocimientos anatómicos en el siglo XI, los prejuicios contra la disección de cadáveres en las tres grandes religiones monoteístas y, muy en especial, sobre los usos y ritos hebreos, que Gordon describe con una minuciosidad admirable gracias al asesoramiento de un rabino de Nueva York, ya que, a pesar ser judío por vía materna, no es practicante de esta religión.

Lectura muy recomendable que se disfruta desde la primera página y que, sin embargo, debe abordarse con especiales precauciones, ya que fue concebida por su autor con una clara intención proselitista a favor del Pueblo Judío. Noé Gordon trata de colarnos de rondón la moraleja de que en el Medievo tanto cristianos como musulmanes fueron unos fanáticos supersticiosos obsesionados por la guerra e incapaces de respaldar ningún avance científico, mientras que los hijos de Abraham destacaban por su sensibilidad cultural, sabiduría, curiosidad hacia lo nuevo, talante conciliador y espíritu práctico y emprendedor. Una teoría que como mínimo merece la sonrisa de cualquier conocedor de este período histórico, en el que los semitas representaban más bien el sectarismo, la autosegregación, el oportunismo, la avaricia y la insolidaridad, lo que les granjeó el desprecio unánime del pueblo y les valió la expulsión de casi todos los reinos cristianos y su persecución por los musulmanes en no pocas ocasiones. 

Es innegable que bastantes judíos ejercieron la profesión médica y contribuyeron a mejorarla, pero también que en general solo prestaban sus servicios a las élites sociales ignorando las necesidades sanitarias de los más humildes.

De todos modos, debo dar la razón a Gordon en que los hebreos medievales solían ser muy reacios a la guerra y estaban desprovistos de todo ardor marcial. Por encima de cualquier consideración religiosa o patriótica, a ellos les interesaba tener clientes y no enemigos.

martes, 22 de abril de 2014

CASTRILLO MATAJUDÍOS




Un pequeño pueblo burgalés de menos de 80 habitantes ha saltado a los periódicos de medio mundo por el referéndum que tiene previsto celebrar el próximo 25 de mayo (coincidiendo con las europeas) para cambiar su antiquísimo nombre, Castrillo Matajudíos, por otro menos estridente para las mentes biempensantes y políticamente correctas. Por lo visto el alcalde se percató al despertarse una mañana de que el actual topónimo del municipio “puede ser ofensivo para algunas personas”.

Las denominaciones alternativas que se barajan son “Castrillo Motajudíos” o “Castrillo Mota de Judíos”, ya que, según unos “expertos” consultados por el Ayuntamiento, uno de estos debió de ser el nombre primigenio del pueblo, en referencia a la judería que se estableció en 1035 en una loma (mota) de la zona tras ser desterrados todos los hebreos de la cercana Castrojeriz.

Todo apunta, sin embargo, a que el Ayuntamiento, más que solicitar un dictamen a unos especialistas independientes, ha encargado sin más a un arqueólogo que cocine una versión sobre el origen del nombre que justifique prescindir de la palabra “matajudíos”. Ya se sabe que en España nunca falta un historiador separatista o marxista dispuesto a sacarse de la manga los datos necesarios para cambiar el devenir de los acontecimientos a gusto del consumidor.

La prueba está en que en las dos últimas semanas, el alcalde ha facilitado a los medios de comunicación dos o tres interpretaciones totalmente distintas y bastante rocambolescas sobre por qué esta localidad al oeste de Burgos ostenta tan virulento apellido. Manejar indistintamente teorías tan dispares solo viene a demostrar que no se sabe a ciencia cierta de dónde viene el apelativo pero hay que inventarse algo que cuadre con la decisión política ya tomada.

Una de estas versiones es que la población se llamaba Mota de Judíos hasta que los Reyes Católicos expulsaron a los israelitas en 1492, momento en que los vecinos, temerosos de no ser considerados cristianos viejos por su contacto de siglos con la aljama, se autodenominaron “Matajudíos” para dejar patente su limpieza de sangre. Tiene gracia cómo cree el ladrón que todos son de su condición, y es que esta versión retrata de maravilla al alcalde y a los vecinos de Castrillo, que quieren desprenderse de un plumazo de su identidad cultural y de su pasado histórico solo para certificar su intachable talante democrático.

Expulsión de los judíos
Otra de las teorías, aún más cachonda, defiende que el incómodo topónimo tendría su origen en un error de transcripción de un escribano en el siglo XVII. El pobre hombre confundió la “o” de “Mota” con la “a” de “Mata” al escribir una nota en un folio registral. Incluso La Aventura de la Historia se ha hecho eco de esta charlotada hace unos días, algo que no me extraña dada la afición de esta revista al marketing historiográfico.

Por cierto, el sábado pasado el alcalde convocó a todos los vecinos a una charla de su eminente asesor arqueológico para que les explicara lo que tenían que votar.

Pero a este experto en la materia parece que se le ha olvidado (por casualidad) que en 1391 se sucedieron en la Corona de Castilla y en la de Aragón numerosas revueltas populares contra la comunidad judía que se saldaron con varias matanzas. El principal inspirador e instigador de estos sucesos fue el predicador Ferrán Martínez, arcediano de Écija, a cuyos seguidores, curiosamente, se les conocía como “matajudíos”. Estos pogromos se vivieron también en la ciudad y en la actual provincia de Burgos, por lo que resulta más que creíble que la aljama y la sinagoga de Castrillo (a 50 kilómetros de la capital burgalesa) sufrieran uno de los sangrientos asaltos que las Cortes de Castilla hicieron lo posible por refrenar.

Con este dato en la mano no hay que ser ningún lumbreras ni nada retorcido para adivinar cuál es, con bastante probabilidad, el verdadero antecedente del nombrecito de marras, pero parece que hay sucesos de nuestra historia que algunos prefieren silenciar. No hay más que ver la propia página web del consistorio, en la que se afirma que “nada se sabe sobre la suerte de la comunidad [judía] durante los sucesos antisemitas en España en 1391”. Vaya, qué mala suerte, tantas sesudas investigaciones sobre la famosa judería de Castrillo y resulta que no tienen ni idea de si padeció estos ataques que los sefarditas siguen echando en cara a España mas de seis siglos después. 

De todos modos no puedo evitar preguntarme a quién se le habrá ocurrido en realidad la idea del cambio de nombre. Como salta a la vista en este reportaje de Antena 3, ni el regidor ni los vecinos tienen ninguna pinta de haber hecho una tesis doctoral sobre la historia de su localidad ni de tomar solitos una iniciativa tan mediática. Algo me dice que el Pueblo Elegido está detrás de todo esto, quizá a través de cierto estadounidense judío residente en nuestro país. 

Lo que tengo muy claro es que “Matajudíos” es mucho más bonito, más sonoro y, sobre todo, más español que “Mota de judíos”, ya que evoca nuestras tradiciones más enraizadas que, por cierto, compartimos con todos los países de nuestro entorno. Hay zonas de Castilla y de León donde aún se sigue utilizando este término para denominar algunas fiestas y costumbres. En León mismamente los viernes santos la gente dice “salgamos a matar judíos” cuando va a tomar limonada.


Solo un ruego al Excelentísimo Ayuntamiento de Castrillo Matajudíos: Por favor, mantengan ustedes el referéndum, pero no para modificar este emblemático nombre (como bien dijo Pilatos, lo escrito, escrito está), sino para introducir una pequeña variación en el escudo del municipio. El actual, aprobado en 2008, lleva un castillo de oro, una estrella de David y un órgano, pero este instrumento musical no pega ni con cola, oigan. Más apropiado sería incluir un motivo relacionado con la localidad y con los avatares político-religiosos de nuestra Patria, por ejemplo una resplandeciente hoguera justo debajo del símbolo hebreo. Quedaría muchísimo más vistoso.

viernes, 27 de diciembre de 2013

NO ES MARXISTA PERO...

Tampoco es judiorro pero no le importa parecerlo

Hace quince días el Papa Francisco volvía a abrir nuestras mentes obtusas en una entrevista para un diario italiano en la que declaraba que no es marxista, ya que el marxismo es una ideología equivocada, pero que no se siente ofendido cuando se lo llaman. 

Muy jesuítico, sí, pero a mí me gustaría saber si le ofendería que le llamaran capitalista o nazi, que también son doctrinas equivocadas para la Iglesia, y por qué en verano se lamentó tanto de su fama de “ultraconservador” en Argentina, considerándola “un problema grave”, y manifestó con tanto énfasis que “jamás” había sido de derechas. Vaya, eso sí le pica, ¿eh?


El irrebatible argumento de Bergoglio es que ha conocido a muchos marxistas buenas personas. ¡Oh, qué entrañable! Cabe deducir que todos los derechistas y liberales que ha tratado le parecerán unos indeseables y unos cabrones.



Más sobre el Papa Francisco en La pluma viperina:

-         La Iglesia del siglo XXI
-         El Papa parlanchín
-         Un uomo buono e saggio



viernes, 13 de diciembre de 2013

HIJOS DEL TERCER REICH




Por fin he visto la serie Hijos del Tercer Reich, dirigida este mismo año por Philipp Kadelbach para la cadena pública alemana ZDF y adquirida inmediatamente, dado su éxito, por varias televisiones europeas, entre ellas Canal Plus y TVE.

Esta miniserie, de tres capítulos de hora y media, narra las vivencias de cinco amigos berlineses que se separan en 1941 para cumplir con sus respectivas obligaciones bélicas. Dos hermanos parten a combatir en Rusia; una de las chicas es destinada como enfermera también al frente del Este; otra comienza su carrera como cantante bajo la protección de un inspector de la Gestapo, y un muchacho judío ha de soportar las inclemencias políticas de la ciudad en aquella época. 

Desde el punto de vista cinematográfico se trata de un buen producto, con un presupuesto muy digno y una ambientación sobresaliente, aunque a mi modo de ver el guión es flojo, disperso y ligeramente tedioso. Lo más interesante de Hijos del Tercer Reich es la recreación de los combates, aparte de que ofrece el punto de vista de la Alemania nazi sin excesivo histerismo, y pone cara y sentimientos a los jóvenes que combatieron en la Wehrmacht, algo bastante infrecuente en la filmografía sobre la Segunda Guerra Mundial.

Suelo seguir todas las películas alemanas sobre este período histórico porque me interesa mucho la opinión de los descendientes de aquella generación que lo apostó todo (y lo perdió) por construir una nueva Europa en base a unos parámetros muy diferentes a los que primaban entonces y priman hoy. El balance de la intentona no pudo ser, desde luego, más negativo, como lo atestiguan las decenas de millones de muertos de la horrenda conflagración que tuvo lugar. Pero lo curioso es cómo casi setenta años después no pocos germanos siguen arrastrando un complejo de culpa incurable y se sienten obligados a pedir perdón o a dar explicaciones continuamente por los crímenes de sus abuelos, tal como puede apreciarse casi sin excepción en las producciones cinematográficas realizadas en su país sobre la Guerra. Hijos del Tercer Reich no es el ejemplo más extremo pero tampoco es una excepción.

Estoy convencido de que no es la postura unánime en Alemania, pero los cineastas teutones, en la mayoría de sus películas (por no decir en todas), se esfuerzan obsesivamente en diferenciar entre el noble pueblo alemán y los siniestros nazis que lo manipularon; entre los valientes militares que solo cumplían órdenes y el malvado Partido Nazi que politizó el ejército; entre la gente de a pie que intentaba ayudar a los judíos y los criminales camisas pardas que los exterminaban; entre los soldaditos atormentados por su conciencia y los hitlerianos robotizados y sin corazón…

Pero hay demasiadas cosas que no cuentan ni nunca contarán, aunque no hace falta. No explican que el nacionalsocialismo fue un movimiento esencialmente popular, que a Hitler lo adoró y lo aupó (democráticamente) el pueblo trabajador y que la inmensa mayoría de los alemanes de aquellos tiempos eran racistas y antisemitas. Tampoco nos hablan de que en los primeros años de la guerra, cuando el Führer vencía en todos los frentes y Berlín nadaba en la abundancia, casi todo el mundo estaba entusiasmado y subido al caballo ganador, y nadie puso pegas hasta que llegaron las derrotas, las privaciones y el miedo. Y por último (y esto a favor de Alemania) es evidente que la práctica totalidad de la población, incluidos los nazis y sus colaboradores, desconocía el alcance de los crímenes y abusos que se estaban cometiendo y no solo con los judíos, por cierto. 

Por otra parte yo tampoco logro entender por qué Alemania se tiene que sentir más avergonzada de su historia en general y de esta guerra en particular que Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Soviética, auténticos genocidas que, sin embargo, siguen haciendo películas sobre sus héroes en Normandía, en la campaña de África o en Stalingrado. 

Pero no es tanto en la serie de Philipp Kadelbach donde han quedado retratados los complejines germánicos a los que me refiero, sino en la reacción de buena parte del público alemán cuando la han emitido por la tele, pues ha habido muchísimas protestas acusándola de “humanizar el nazismo”. Es verdad que la serie no es especialmente vergonzante, pese a los manidos tópicos en los que cae: el oficial que deserta por no compartir los métodos de sus superiores; el soldado dubitativo que boicotea silenciosamente el avance de su ejército; el nazi corrupto y putero; el hebreo simpático, casi santo y además heroico; la enfermera que se arrepiente de denunciar a una rusa judía… En fin, pura ciencia ficción. Pero de ahí a interpretar que se muestra a los nacionalsocialistas como buenos va un abismo que deja al desnudo los tics enfermizos de los súbditos de la Merkel.  “Humanizar el nazismo”, como ellos dicen, me parecería además una muestra de buen cine, ya que la ideología nazi, se quiera o no, fue creada, defendida y votada (libremente) por seres humanos, con sus virtudes y sus miserias, y entre otras cosas llegó a ilusionar a casi todos los ascendientes de los que ahora tanto se escandalizan. 

Por cierto, hablaremos más sobre el nazismo en la muy próxima entrega de nuestro Club de Lectura


Más sobre la Alemania nazi en La pluma viperina:

- Cracovia (campos de exterminio)
- El niño con el pijama de rayas
- La legión Cóndor
- Los desertores de la Division Azul
- Los españoles somos unos salidos (División Azul)
 

viernes, 1 de noviembre de 2013

NUESTRO CEREBRO ES COMO GOOGLE




Cualquier cosa que busques en Google, la encuentras. Ya puedes teclear “perro morado”, “cáncer de oreja”, “robot rubio”, “judío bueno”, “guitarra andante” o cualquier otra idea disparatada, que el famoso motor de búsqueda te dará un resultado o cinco mil. Haz la prueba poniendo cualquier chorrada que se te ocurra y encontrarás información sobre ella.

Y nuestro cerebro es exactamente igual: aquello que chequeamos en él, lo encontramos. Si en el buscador de nuestra mente tecleamos con ansiedad y amargura, derrotados por el pesimismo, nos saldrán páginas enteras de pensamientos negativos, desesperanza, odio y malos augurios. Pero si por el contrario navegamos eufóricos por nuestro cerebro, la búsqueda arrojará unos resultados de color de rosa; solo nos saldrán enlaces que nos hablen de alegría, éxito, amor...

Nuestro coco al final solo los lanza aquellos mensajes que nos empeñamos en buscar ansiosamente desde el teclado de nuestro estado de ánimo.

domingo, 11 de agosto de 2013

GUERRA MUNDIAL Z



En pleno veranito se agradecen las pelis frescas, divertidas y espectaculares para pasar un buen rato, y sin duda este es el caso de la última de Marc Forster, Guerra Mundial Z, protagonizada por Brad Pitt, que fui a ver ayer y disfruté mucho a pesar de los continuos sobresaltos.

Se trata de una mezcla muy bien equilibrada de los géneros épico, de acción, thriller y de terror. La historia no es en sí demasiado original. Una pandemia similar a la rabia, que convierte a los hombres en muertos vivientes sedientos de sangre, provoca un conflicto de dimensión internacional, un dramático enfrentamiento a vida o muerte entre los sanos y los enfermos. Gran parte de los países del mundo han sucumbido a la epidemia y se encuentran arrasados mientras que otros, como Israel, han logrado aislarse mediante drásticas medidas de seguridad. Un investigador de la ONU (Brad Pitt) debe viajar por territorios salvajes y desolados en busca de las causas del mal y de sus soluciones.

A pesar de este planteamiento, que nos recuerda a Resident evil y al cine de catástrofes, la película está magníficamente rodada e interpretada. Es emocionantísima y no puede dejar de mirarse la pantalla ni una décima de segundo, llegando a provocar cierto estrés. Por si fuera poco, tiene unos efectos especiales alucinantes que me imagino que se apreciarán más en 3-D (yo la vi en versión normal). Por ejemplo, los zetas (los infectados) están muy logrados, sobre todo sus movimientos. Todo da una impresión muy real y muy siniestra; nada que ver con el burdo cine de zombies. También te dejan ojiplático las escenas de accidentes y de multitudes, aunque estén diseñadas por ordenador. Solo algunas veces contadas ciertas secuencias resultan exageradas o artificiales, por ejemplo cuando cientos de miles de zetas intentan saltar el muro de aislamiento de Jerusalén.

Película muy aconsejable para disfrutar de las vacaciones o para olvidar, algunos, que todavía nos queda una semana para cogerlas. Además me encanta el comentario que hace Brad Pitt sobre los judíos: “Llevan dos mil años levantando muros”. En el clavo, rubito, en el clavo.

viernes, 21 de junio de 2013

SEPU Y LA FALANGE


Creo que cualquier español y desde luego todos los madrileños se acordarán de los famosos almacenes SEPU (Sociedad Española de Precios Únicos) y de su alcanforado lema: “Quien calcula compra en SEPU”. Fue la primera gran superficie comercial del país; se fundó en 1934 por dos judíos suizos y cerró en 2002 tras la mala gestión de sus últimos propietarios, de origen australiano. Su famosa gran tienda de Gran Vía fue sin duda el antecedente primitivo de Galerías Preciados y de El Corte Inglés, y llegó a formar parte imborrable del paisaje urbano madrileño y de la memoria colectiva. Yo tengo una tía que trabajó allí de dependienta y cuando iba a verla siempre me regalaba algo.

Lo que quizá no todo el mundo conoce es la curiosa relación de este negocio con el movimiento fundado por José Antonio Primo de Rivera. Por varios motivos la marca SEPU ha quedado ligada históricamente a Falange Española, aunque no precisamente para bien.

Nada más constituirse la empresa por los comerciantes hebreos Henry Reisembach y Edouard Worms, e inaugurarse su segunda tienda en Madrid en 1935 (la primera se abrió en Barcelona), dos escuadras falangistas, dirigidas por Agustín Aznar, asaltaron violentamente el establecimiento, provocaron daños materiales de diversa consideración y boicotearon las ventas hasta que apareció la policía. La razón fue “defender a los tenderos españoles del nuevo sistema de grandes almacenes impuesto por el capital extranjero”, por el capitalismo creado por “la internacional conspiración judaico-masónica”, y, al mismo tiempo, ejecutar una represalia por el despido arbitrario (por sus ideas) de varias dependientas afiliadas al recién nacido sindicato nacionalsindicalista CONS.
El inolvidable Agustín Aznar

Desde entonces y hasta el comienzo de la Guerra Civil no cesaron los boicots falangistas contra la compañía. Se llevó a cabo una campaña sistemática de acoso y derribo, directamente inspirada en los asaltos nazis a comercios judíos alemanes y basada casi siempre en la rotura de los escaparates. Incluso el semanario Arriba llegó a publicar un artículo titulado Siempre SEPU, en el que se denunciaba la explotación de los trabajadores por esta empresa: “Estos judíos de SEPU dan motivos para ocuparse de ellos diariamente, por sus relaciones con los empleados que explotan. Si basta su sola presencia para producir indignación, los atropellos que con su personal cometen bastan para sublevar al más tranquilo. Nosotros preguntamos ¿SEPU disfruta de patente de corso? ¿Quién ampara a SEPU? ¿Conoce el director de Trabajo los casos de SEPU?”

Pero estos incidentes, en mi opinión muy comprensibles y una muestra más de la generosidad y la sensibilidad social de los camisas azules de la época, no son el único motivo de la ya eterna ligazón entre SEPU y el falangismo en el imaginario popular. De que cada vez que se hable de estos viejos almacenes surja como un resorte en las mentes de los madrileños el nombre de Falange y de su Fundador, tiene la culpa un chiste popular ideado en la década de los 40. Desde el primer momento la tienda de Madrid tuvo dos puertas que daban respectivamente a la Gran Vía y a la calle Desengaño. Pues bien, cuando en 1939 la gran arteria comercial pasó a denominarse Avenida de José Antonio, a algún ingenioso se le ocurrió la chanza de que la Falange se parecía a SEPU en que se entraba por José Antonio y se salía por desengaño. Una forma de tomarse con humor lo que tantos patriotas sintieron a la vista del Decreto de Unificación y de la deriva ideológica del Movimiento en manos de Franco.


Más sobre la Falange en La pluma viperina:

- Breve y truculenta historia del aceite de ricino
- Cara al sol

domingo, 21 de abril de 2013

JOAQUÍN DÍAZ

Uno de los recuerdos más vívidos de mi infancia son las canciones de Joaquín Díaz que ponían mis padres los domingos por la mañana. Despertaba los días festivos con el arrullo de la bella voz del folclorista zamorano, que sonaba a antiguo y narraba, desde el enorme radiocasete de la cocina, viejas leyendas de lobos, pastores, deshonras, reyes, caballeros y princesas. También le recuerdo, siendo yo un crío, cantando con su guitarra en televisión, con ese aire de juglar descolocado, con serenidad y barbas de eremita.

Joaquín era y es un estudioso de la cultura popular española, sobre todo castellana. Músico, catedrático de Estudios de la Tradición en la Universidad de Valladolid, director de la revista Folklore y de la Fundación que lleva su nombre en la localidad de Urueña, recorría los pueblos más remotos a la caza de viejos romances y coplillas del año catapún. Hacía recitar a las abuelas centenarias, tomaba notas y musicalizaba esas joyas ancestrales de nuestra cultura para editar discos preciosos, como La picaresca tradicional, Romances tradicionales, Romances truculentos, Romances de ciego o Romanzas y cantigas sefardíes, todos de los años 70.

Es también uno de los mayores expertos en música sefardí. Ha recopilado cientos de canciones populares en judeoespañol que se interpretaban en la Península antes de 1492. Esta curiosísima lengua es en realidad el castellano antiguo que se hablaba en el siglo XV con muchos préstamos del hebreo y otros idiomas orientales.

Ayer me topé por casualidad con el inolvidable romance rescatado por él sobre el milagro de las aves de San Antonio de Padua en el siglo XIII. El texto tiene múltiples versiones pero la historia, que nos ha llegado de boca en boca desde la mismísima Edad Media, es entrañable, y cantada por él mucho más. Espero que guste a los que no la conozcan.


miércoles, 26 de diciembre de 2012

POLÍTICAMENTE INCORRECTO



Hay que reconocer que la expresión de origen izquierdista “políticamente incorrecto”, que aparece incluso en la cabecera de La pluma viperina, se usa continuamente en muchos medios y en el lenguaje coloquial, y yo diría que está de moda. Con ella pretenden definirse a grosso modo las ideas, actitudes o términos del lenguaje que son contrarios o ponen en duda los principios éticos y culturales, las pautas de conducta y los modelos político-organizativos vigentes en las sociedades occidentales actuales.

Sin embargo, para entender en qué consiste ser políticamente incorrecto sería importante describir con precisión las características de la corrección política, y como no he visto que nadie lo haya hecho hasta hoy, voy a aventurarme yo a lanzar unas notas que puedan aclarar el concepto.

Sin más rodeos: ¿Qué necesita hoy en día una opinión, frase o idea para ser catalogada como políticamente correcta?

 

1.- Dar por sentado que todas las culturas y etnias de la Tierra han hecho contribuciones positivas a la Historia de la Humanidad y que son igualmente valiosas y respetables.

2.- Sostener que si bien pueden existir diferencias de capacidad física entre las distintas razas humanas, no existe ninguna diferencia intelectual.

3.- Evitar generalizaciones (pero solo las negativas) sobre las características o el papel histórico de determinadas etnias o pueblos, por ejemplo los judíos, de los que solo vale decir que son (como colectivo) laboriosos, cultos y perseverantes, pero no usureros e inadaptados; o los gitanos, de los que se puede afirmar que aman la libertad pero no que son ladrones.

4.- Evitar términos coloquialmente aceptados para referirse a las minorías étnicas, por entender que son despectivos.

5.- No reconocer ni explícita ni implícitamente cualquier posible relación entre la inmigración masiva y el incremento de la delincuencia.

6.- Aplaudir toda iniciativa para la protección y conservación de la identidad de los diferentes pueblos, etnias, razas y culturas de la Tierra, excepto de los europeos, ya que salvaguardar la raza blanca o la cultura occidental es propio de nazis.

7.- No admitir que los drogodependientes puedan tener alguna responsabilidad en su problema, atribuyendo siempre las culpas a la sociedad, a la marginación, a la economía o a las instituciones.

8.- Considerar droga el alcohol y el tabaco, e incluirlos en los Planes Antidroga junto con la heroína, la cocaína o las pastillas de diseño.

9.- Considerar enfermedades todos los vicios o la falta de fuerza de voluntad (ludopatía, cleptomanía, adicciones…)

10.- Partir de que la homosexualidad no es una anomalía o enfermedad, como ha sostenido la comunidad científica hasta fechas recientes, sino una simple tendencia sexual (por nacimiento u opción) que merece todo el amparo social y jurídico.

11.- Rechazar que la adopción y educación de un menor por una pareja de homosexuales pueda tener en él repercusiones educativas o psicológicas distintas a las que se darían con un padre y una madre heterosexuales.

12.- Negar cualquier fundamento biológico de las diferencias entre hombres y mujeres, y atribuir siempre las mismas a los condicionantes culturales y educacionales.

13.- Negar que las características propias de la mujer, entre ellas las de naturaleza física, de carácter o las derivadas de la maternidad, puedan ni deban condicionar en lo más mínimo su vida social o laboral.

14.- Rechazar cualquier rol de género, negando que pueda haber funciones o tareas asociadas exclusivamente a los hombres o a las mujeres, ni en el ámbito laboral, ni en el doméstico ni especialmente en el cuidado de los bebés y niños pequeños.

15.- Desterrar por machistas los comentarios sobre el atuendo, los atributos o la belleza de las mujeres cuando están trabajando de cara al público o en el ámbito de las relaciones laborales o profesionales.

16.- Negar o camuflar en lo posible que la violencia doméstica está íntimamente asociada a los más bajos escalafones sociales y culturales, omitiendo o manipulando las correspondientes estadísticas.

17.- Afirmar que el aspecto físico o la posible discapacidad de una persona no tiene por qué condicionar de forma determinante su vida social o laboral.

18.- Obviar o disimular las abismales diferencias intelectuales entre unas personas y otras, no hablando nunca de ellas y tratando a todo el mundo como si no existieran, especialmente en el ámbito educativo.

19.- Desterrar el concepto de vagancia y presuponer que nadie es vago, sino que está desmotivado, poco incentivado, marginado, o que es una víctima de la sociedad.

20.- Ver bien cualquier medida que favorezca la integración o la accesibilidad de los discapacitados con independencia de su grado de justicia, o del perjuicio, molestia o gasto que pueda acarrear al conjunto de los ciudadanos.

21.- Evitar cualquier palabra, frase o expresión que haga referencia explícita a una discapacidad sin suavizarla debidamente con un eufemismo o tecnicismo lo más oscuro posible.

22.- Evitar escrupulosamente cualquier mención, por indirecta que sea, a las desigualdades socioeconómicas entre las personas, eludiendo hablar de las clases sociales o de las diferencias de cultura y oportunidades que puede haber en función de la pertenencia a una u otra.

23.- No aceptar con naturalidad que cada cual ha de vivir estrictamente según su nivel de ingresos.

24.- Considerar formalmente que todo puesto de trabajo es igual de digno y de importante al margen de su nivel de responsabilidad, de la relevancia social de sus funciones, de su retribución, y de la honradez en su planteamiento o desempeño.

25.- Defender la vida en el medio rural pretendiendo que no existen diferencias sociales, culturales, intelectuales o de oportunidades entre los habitantes de las ciudades y de los pueblos pequeños y alejados.

26.- Condenar toda guerra en cualquier circunstancia sin entrar a valorar los motivos ni las razones de cada parte beligerante.

27.- Considerar abominable que un estado invada el territorio de otro, sin valorar los motivos o la posible legitimidad histórica de la invasión.

28.- Entender que todo el mundo tiene una opinión válida que puede expresar y defender legítimamente en cualquier foro.

29.- Fingir una actitud neutral, acrítica y equidistante en los debates como si todas las opiniones tuvieran el mismo peso y fundamento.

30.- Evitar expresiones, opiniones, estéticas o símbolos con connotación ideológica, en especial si la ideología que connotan es minoritaria o está "desfasada".

31.- Criticar cualquier limitación a la libertad de expresión por mínima y lógica que parezca.

32.- Considerar falaz y poco democrática cualquier fórmula de participación política alternativa al parlamentarismo liberal de representación indirecta de un hombre un voto.

33.- Tener muy mal concepto de las posturas abstencionistas en las elecciones, considerándolas poco democráticas o irrespetuosas con los deberes ciudadanos.

34.- Relativizar el principio de autoridad en la familia y en la enseñanza, exaltando el diálogo y el consenso como únicas formas civilizadas de educar frente a la imposición y el castigo.


PD: Empiezo con 30. Añadiré más si se me ocurren. ¡Os animo a hacer nuevas sugerencias!

Y no os perdáis los enlaces a las entradas más políticamente incorrectas de la historia de La pluma.