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domingo, 24 de enero de 2016

LA PATAGONIA REBELDE




Acabo de ver otro peliculón de Héctor Olivera: La Patagonia rebelde. Esta cinta argentina de 1974, basada en un libro de Osvaldo Bayer y ganadora del Oso de Plata de Berlín en 1984, nos brinda una descripción desgarradora de la huelga general revolucionaria que se produjo a principios de los años veinte del siglo pasado en la región patagónica, conocida como la Patagonia trágica.

Ante la situación casi protofeudal en que vivían los peones agropecuarios e industriales del sur de Argentina, la Federación Obrera Regional, controlada por anarcosindicalistas al mando del famoso Antonio Soto, anuncia un paro general que siembra el caos en las estancias (latifundios) de todo el territorio. El Gobierno de Buenos Aires envía a Río Gallegos, como mediador, al teniente coronel Héctor Benigno Varela, que, al conocer la explotación y los abusos reinantes, se pone de parte de los trabajadores y fuerza a los patronos a suscribir un convenio colectivo mucho más humanitario. Nada más marcharse Varela, los estancieros inician una campaña de despidos y extorsiones contra sus asalariados, lo que provoca una rebelión sangrienta y sin precedentes en toda la región. Los campesinos se hacen con armas y cometen toda clase de desmanes, poniendo en peligro la economía argentina, los intereses ingleses en los “frigoríficos” cárnicos de la zona e incluso la unidad territorial del país. Ante tan delicada situación, agravada por los asesinatos y violaciones perpetrados por el Consejo Rojo de Alfredo Fonte, El Toscano, el Presidente del Gobierno encomienda a Varela regresar a la Patagonia, pero esta vez con órdenes de reprimir contundentemente a los revolucionarios, encargo que el militar ejecuta con el máximo celo, torturando y fusilando a cientos de huelguistas. Un año después de estos acontecimientos, el implacable militar moría en un atentado anarquista a la puerta de su casa.

La Patagonia rebelde destaca por su garra narrativa, su realismo y su crudeza, unidos a las sólidas interpretaciones de Héctor Alterio (teniente coronel), Luis Brandoni (Soto) y Pepe Soriano (“el alemán”). El guión tiene un gran interés histórico, y profundiza en el romanticismo de los ideales anarquistas y en la figura de Antonio Soto, ferrolano emigrado a Argentina con 13 años y uno de los mitos del anarcosindicalismo internacional (en la ciudad de Ferrol una calle lleva su nombre y en La Coruña le recuerda una fuente centenaria). También se abordan indirectamente las tensiones de la época entre Argentina y Chile.

Entre las cosas que más me han llamado la atención está el cambio de nombre del teniente coronel Varela, que aparece como teniente coronel Zavala. No se entiende esta “precaución” cuando todo el mundo sabe de sobra quién es el militar encarnado por Alterio y cuando se respeta la identidad histórica del resto de protagonistas.

Es muy interesante además el hecho de que la película se estrenara durante la presidencia de Juan Domingo Perón, que inicialmente prohibió su exhibición pero que terminó autorizándola en vista de los valores sociales que ensalzaba. También debe destacarse que fue este filme la causa inmediata del exilio a España del actor Héctor Alterio, ya que poco después de su estreno la Triple A le invitó a abandonar el país.


martes, 10 de noviembre de 2015

POR LA FUERZA

Tropas del General Batet utilizan la artillería contra el Palacio de la Generalitat tras proclamar Companys el estado catalán en 1934

Si algo hemos aprendido de la Historia es que cuando un conflicto se encona y las posiciones de las partes se tornan irreconciliables, la solución termina llegando de la mano de la violencia. Ello forma parte de la naturaleza humana y no hay que rasgarse las vestiduras.

También sabemos, por siglos de experiencia, que, una vez hablan las armas, siempre se impone el más fuerte, con razón o sin ella.

Por ello no se entiende la preocupación de muchos tras la aprobación ayer por el Parlament de la moción de inicio del proceso separatista. Si, como asegura Mariano Rajoy, hay una voluntad inequívoca de frenar la “desconexión” catalana, nadie debería temer por la integridad territorial de España, pues salta a la vista la descompensación de fuerzas entre el Gobierno de la Nación y la comunidad autónoma díscola.

En este contencioso, como en tantos otros en la accidentada trayectoria de nuestra patria, lo de menos es la verdad histórica o tener la ley a favor. Aquí lo primordial es demostrar una voluntad de acero (que no está claro que exista) y, ante todo, disponer de tanques, artillería y bombarderos, que es lo que les falta a Mas, a Junqueras, a la Forcadell y a la zorra que los parió.

La historia avala la inequívoca españolidad de la región catalana, que jamás llegó a ser una entidad política ni a gozar de independencia formal. España está legitimada constitucionalmente para plantar cara al secesionismo. Pero es que además, y es lo que importa a efectos prácticos, el Gobierno español tiene un ejército y la Generalitat no. Solo hace falta convencerse de que, llegadas las cosas a cierto punto, no quedará otra que aplastar físicamente la rebelión catalanista. Un despliegue relámpago de las Fuerzas Armadas en Barcelona pondría fin a esta provocación de forma inmediata y mucho menos cruenta de lo que pueda pensarse.

Mientras no nos mentalicemos de que ya es hora de poner encima de la mesa nuestro potencial militar, nuestra superioridad física, jamás se arreglará satisfactoriamente este problema. Cualquier otra solución administrativa, jurídica o económica, incluida la suspensión de la autonomía (que me parece razonable como paso previo), está condenada al fracaso, a ser pan de hoy y hambre para mañana.

Cataluña es como un niño pequeño enrabietado con el que ya no cabe otro argumento que el de unos buenos azotes en el culo.

Cataluña está pidiendo sangre y el deber de España es atender de una vez tan acuciante petición.

martes, 13 de enero de 2015

CORAZONES DE ACERO


Lo he pasado en grande con la última de Brad Pitt, Corazones de acero, aunque aún me estoy preguntando por qué en la versión doblada no se ha respetado el título original (Fury, el nombre del tanque), bastante más oportuno y menos cursi. 

Con películas como esta me doy cuenta de hasta qué punto puede disfrutarse del cine. David Ayer nos marca al fuego con estas dos horas de emociones fuertes y constantes. El horror, el asco, la tensión, la ternura, la compasión y la angustia son los ingredientes de este combinado sensacional que oscila, sin decantarse, entre el género bélico y el de acción.

En las últimas semanas de la Segunda Guerra Mundial, el ejército americano invade una Alemania desesperada que ha decretado la guerra total, reclutando mujeres y niños y lanzando a sus unidades más fanatizadas contra rendicionistas y colaboradores. El casi adolescente recluta Norman, destinado hasta entonces como mecanógrafo en las oficinas del estado mayor, es asignado a la tripulación de un carro de combate Sherman que, a las órdenes del sargento Wardaddy Collier (Brad Pitt), debe adentrarse en las líneas enemigas, defendidas por tanques alemanes Tiger, muchísimo mejor blindados que los yanquis, y por los batallones más exaltados de las SS. Las profundas convicciones religiosas del muchacho le impiden tomar parte activa en los combates o ejecutar a sangre fría a los prisioneros capturados, pero pronto irá aprendiendo que en la guerra, ante al dilema de morir o matar, los contornos de la moral son difusos y a veces irreconocibles.

Estamos ante una cinta crudísima sobre la ética en la guerra y el salvajismo humano en los momentos difíciles. Su mérito es marcar ciertas distancias con el tono y los tópicos hollywoodienses habituales a la hora de abordar la conflagración que arrasó el mundo entero entre 1939 y 1945. Realmente es demasiado pedir y muy de agradecer en una película estadounidense que muestre al menos parte de la realidad de la invasión del territorio teutón por las tropas del Tío Sam, dejando entrever los fusilamientos sumarísimos y las humillaciones a la población civil, sobre todo a las mujeres, perpetradas por los supuestos paladines de la libertad. La toma del pueblo es una de las escenas más atroces y desoladoras que yo he visto en una peli de este tipo.


Con un Brad que dan ganas de levantarse a aplaudir y una recreación pavorosa del infierno que tuvieron que ser aquellas batallas, Fury se merece una más que generosa puntuación, a pesar de su final algo tramposo. También es una agradable sorpresa su banda sonora original, basada en unos coros épicos y contundentes que realzan el dramatismo de la cinta.

Por último, Corazones de acero me ha traído buenos recuerdos de mi servicio militar en Caballería, cuando estuve destinado como conductor de vehículos acorazados en maniobras me temo que un poco menos arriesgadas que las de Wardaddy y sus hombres.

martes, 17 de junio de 2014

UNA LECCIÓN DE HISTORIA MUY ESPECIAL

Batalla de Las Navas de Tolosa (1212)

Este sábado por fin he podido visitar la exposición titulada Playmobil, Lealtad y Valor. La historia del Ejército contada a través de los clicks, que se encuentra en el Palacio Real de Valladolid (Capitanía General). He quedado tan maravillado que no puedo dejar de recomendarla a todos los lectores de La pluma. Estará hasta el próximo domingo día 20.

Reconozco mi cariño por los muñequitos de Playmobil (en su día Famobil), con los que he jugado desde los 3 años y coleccionado con mucha ilusión, pero, al margen de sentimentalismos jugueteros, esta exposición impresiona a cualquiera por su minuciosidad, rigor histórico y simpatía. 

Se trata de varias maquetas, que, en dos enormes salones, recrean algunos episodios bélicos desde la Antigüedad hasta la Segunda Guerra Mundial, destacando una batalla entre Roma y los cartagineses de Aníbal (con elefantes incluidos), la de Las Navas de Tolosa, la de Medina de Rioseco en la Guerra de la Independencia, la del Puente Langston entre unionistas y confederados, el Sitio de Baler (de los últimos de Filipinas), una escena de la película Salvar al soldado Ryan y otra de la guerra anglo-zulú. También hay una vitrina dedicada a los nunca suficientemente ensalzados Tercios de Flandes.

Todas los escenarios están primorosamente montados por expertos en historia militar que han cuidado hasta el más mínimo detalle. Los efectos especiales están resueltos con muchísima gracia, como las explosiones de las bombas, que son bolas de algodón. Aparte de las batallas en sí, verdaderamente sobrecogedoras, con miles de figuras uniformadas con todo mimo, los visitantes (hasta ahora casi 8.000) pueden deleitarse con escenas costumbristas de cada época, personajes históricos, animales, anécdotas y toques de humor. Las maquetas muestran multitud de armamentos, impedimentas, monturas, banderas, escudos, estandartes, vehículos y carros de combate, así como las estrategias y formaciones militares que se emplearon en cada uno de los acontecimientos representados.

A mí me ha encantado sobre todo la Batalla de las Navas de Tolosa, que refleja los hechos con una fidelidad increíble. Se puede ver la tienda del Miramamolín custodiada por guerreros senegaleses encadenados justo antes de la carga de Sancho VII de Navarra, así como a los reyes de Castilla y de Aragón, los emblemas de cada reino y la multitud de catalanes que acudió a luchar por España. La escena de la guerra de secesión americana, con varias unidades sudistas diferentes, y la batalla colonial de los ingleses contra los zulúes pueden contemplarse durante horas y horas sin llegar a apreciar todos los detalles.

Que nadie se pierda esta lección de historia tan especial para grandes y pequeños organizada por la Asociación Española de Coleccionistas de Playmobil.

(Aquí pueden verse muy buenas fotos de las batallas recreadas)
(Y esta es una página de Facebook muy interesante sobre modelos de Playmobil representando personajes y hechos históricos)

martes, 11 de marzo de 2014

EN RECUERDO DE LAS VÍCTIMAS


En venganza por el atentado del 11-S y por oscuros motivos económicos y petrolíferos, Estados Unidos perpetraba en 2003 la invasión de Irak sin la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. La excusa fue la existencia en este país de armas de destrucción masiva y la vinculación de Sadam Husein con Al-Qaeda, circunstancias que jamás han podido probarse. La invasión fue respaldada por la llamada Coalición de la Voluntad, de la que formaba parte el gobierno de José María Aznar contra la abrumadora oposición de la opinión pública española. La primera actuación de España en esta alianza fue unirse a la declaración de ultimátum al régimen de Sadam.

El pretexto de Aznar para sumarse a la contienda fue que el gobierno baathista constituía una seria amenaza para nuestro país y demás potencias occidentales.

La invasión se inició el 20 de marzo con unos bombardeos indiscriminados sobre Bagdad que masacraron a la población civil inocente, incluidos mujeres y niños. Tan devastador resultó este ataque con tomahawks, que las tropas agresoras apenas encontraron resistencia al entrar en la ciudad.

En mayo, Bush declara unilateralmente el final de la guerra, considerando así terroristas desde ese mismo momento a todos los militares y guerrilleros iraquíes que seguían defendiendo su patria de una invasión ilegal.

Derrocado Husein, se estableció un gobierno provisional de la coalición invasora, del que formaron parte, por decisión directa de Aznar, oficiales y diplomáticos españoles. Dos meses después el Congreso de los Diputados autoriza el envío a Irak de 1.300 militares españoles, integrados en la Brigada Plus Ultra, que participan en los combates y en la salvaje represión a la población local. También se encomienda a esta unidad la captura y la custodia de prisioneros “terroristas” y algunos de nuestros compatriotas se involucran en episodios de torturas 
como el de la base de Diwaniya.

El balance para Irak de esta agresión injusta fue, como mínimo, de 150.000 muertos, más de la mitad civiles. Algunos estudios sitúan la cifra en 655.000 e incluso más.

La guerra supuso un pingüe negocio de muchos millones de dólares para las potencias aliadas, cuyas empresas fueron contratadas para las tareas de reconstrucción. La mayoría de las empresas españolas que se apuntaron al pastel lo hicieron en calidad de subcontratistas de compañías americanas para reparar infraestructuras, obras públicas y viviendas, y obtuvieron beneficios por más de 5.000 millones de euros. Una de las grandes beneficiarias fue La Caixa, que formó parte del banco títere iraquí gestionado por los Estados Unidos.

Los concursos y contactos con empresas para repartir la tarta de la reconstrucción se iniciaron en Estados Unidos un mes antes de comenzar la guerra. 

Actualmente el ex presidente Aznar se gana la vida gracias a su intervención en la masacre de 2003 y 2004, a cuyas víctimas quiero dedicar hoy un respetuoso recuerdo.

sábado, 30 de marzo de 2013

SOLDADOS VALLISOLETANOS RUMBO A CUBA (por Un vallisoletano madrileño)



Esta antigua fotografía anónima, al no saber el fotógrafo, con unas medidas de 80x120 m.m. y sobre papel albuminado, la compré a principio de los años ochenta del pasado siglo, junto con otra del Puente Mayor de Valladolid de la misma fecha, en el mercadillo dominical que en esa época se colocaba en el lateral de la Catedral de esta ciudad, donde anteriormente se ubicaba el Mercado de Portugalete. Creo que pagué por las dos fotografías veinte pesetas.

Como se ve en la misma, los soldados que desfilan con todo su equipamiento parece que se encaminaban a la estación de ferrocarril para dirigirse al puerto donde embarcarían camino de Cuba. Esta imagen tiene como fondo la impresionante iglesia de La Antigua, que le da toda la belleza a la fotografía.

Debido a su calidad, belleza y antigüedad, esta fotografía consiguió el segundo premio en el concurso de fotografías antiguas de Valladolid que realizó el periódico El Mundo en febrero de 1996 y fue sobre la que se hizo el cartel de la presentación de la exposición que se celebró al finalizar este concurso. El premio consistió en un viaje de siete días a la Isla de Tenerife. 

Fotografía que posteriormente ha sido incluida en diversos libros sobre fotografías antiguas como Luces de un siglo: Valladolid, de Ricardo González, del año 2001. 
 
También de esta fotografía la Filmoteca de la Junta de Castilla y León, sita en Salamanca, me solicitó copia para tener en sus archivos. También está incluida en el archivo histórico del Ayuntamiento de Valladolid. 

NOTA: Un  vallisoletano madrileño es un amigo y lector de La pluma viperina que colecciona postales y fotos históricas de toda España y, en especial, de Madrid y de la capital del Pisuerga.

viernes, 14 de diciembre de 2012

MERCENARIOS

¿Debe un ginecólogo provida practicar interrupciones del embarazo si le asignan esta tarea en el hospital público donde trabaja? ¿Debe un católico riguroso, gerente de una empresa, suministrar material a una fábrica de preservativos? ¿Debe un sargento participar en una guerra que considera injusta si le destinan a ese conflicto? ¿Debe un policía nacional disolver a porrazos o a pelotazos de goma una manifestación con la que está totalmente a favor? ¿Debe un patriota español trabajar en la Administración de un gobierno autonómico nacionalista? ¿Debe una persona ejercer como funcionario público, y aplicar leyes y ejecutar políticas con las que está en profundo desacuerdo? ¿Debe un activista en contra de la explotación laboral aceptar un empleo en una compañía que haga currar doce horas diarias a niños del Tercer Mundo? ¿Debe un periodista escribir en un medio de comunicación que difunda contenidos o publicidad contrarios a sus más íntimos valores? ¿Debe un vegetariano trabajar de contable en una empresa de productos cárnicos? ¿Debe una persona honrada ser comercial de un producto o servicio del que conoce su baja calidad o sabe que es una estafa? ¿Debe un empleado público aceptar un cargo de asesor de un equipo de gobierno con cuya ideología no comulga? ¿Debe un profesor al que repugna el vigente sistema educativo dar clase en un instituto?

¿Es necesario creer firmemente en el trabajo que desempeñamos para no ser unas vulgares putillas?

¿Cuál es el límite entre los lógicos desacuerdos que uno pueda tener con la empresa donde trabaja y ser un auténtico mercenario sin dignidad, vendido por un plato de lentejas (o por un sueldazo), haciendo lo contrario a lo que se piensa?

¿Dónde está la frontera? ¿Hasta dónde se puede tragar realizando funciones o prestando servicios que nos parecen engañosos, inmorales o, de cualquier modo, incompatibles con nuestros principios?

¿Es ético firmar un contrato de trabajo que nos repatea por todo lo expuesto si necesitamos el dinero para mantener a nuestra familia o, por el contrario, debemos preferir pasar apuros antes que claudicar y vendernos?

¿Os sentís todos coherentes trabajando en lo que trabajáis? ¿Creéis en lo que hacéis?

lunes, 24 de septiembre de 2012

LA TORMENTA SEPARATISTA EN CATALUÑA


Llevo unas semanas con mucho disgusto a cuenta del delirio separatista que ha detonado en Cataluña. Los nubarrones secesionistas son cada vez más oscuros y ya se escuchan los truenos de las manifestaciones multitudinarias y se atisban relámpagos en forma de amenazas mafiosas del presidente de la Generalidad, que envida con las cartas del soberanismo y de la independencia, según él muy distintas pero que yo no acierto a diferenciar. Todo apunta a que esta misma semana caerá ya el chaparrón de una proclama “soberanista” a la portorriqueña o a la escocesa, en el mejor de los casos, que nos traerá tarde o temprano la riada violenta de la escisión con el nombre que le quieran dar.

Si los nacionalistas catalanes acabaran lanzando una declaración unilateral de independencia, o simplemente Cataluña incumpliera sus obligaciones fiscales, convocara un referéndum ilegal o maniobrara de cualquier modo contra los intereses generales de la nación española, procedería una reacción inmediata del Gobierno. Con la Constitución en la mano debería suprimirse la autonomía en base al artículo 155, como ya ha sugerido UPyD, y si ello diera lugar a algaradas o desórdenes, tendría que intervenir el Ejército, que para eso está, en cumplimiento de los artículos 2 y 8. Y el Ejército, ya se sabe, no dispara con pelotas de goma. Claro que si apartamos la vista de la Carta Magna y del Código Penal vigente, se abre todo un abanico de eficaces soluciones, pero prefiero no dejar volar mi imaginación…

Mucho me temo, sin embargo, que el Gobierno español no haría nada más que, a lo sumo, lanzar pusilánimes advertencias. Poco puede esperarse del frailón pasmado de Rajoy, y eso los separatistas, que no son tontos aunque sí unos cobardes miserables, lo saben mejor que nadie, pues no en vano han esperado a tener sentado en Moncloa al presidente más tibio de toda la democracia para desencadenar su tormenta.

Su único sentimiento es la pela

Pero no solo han aguardado a tener en frente al enemigo más blandengue posible, sino que se aprovechan de la fragilidad de España a causa de la crisis económica, y, lo que es peor, instrumentalizan los padecimientos que la crisis ha traído a Cataluña para avivar el fuego de la traición a España. Llama demasiado la atención como en los últimos años los argumentos segregacionistas que esgrime buena parte de la sociedad catalana se centran exclusivamente en la balanza de pagos, en cuestiones fiscales y monetarias, y en el agravio y la asfixia económica a los que, según ellos, les está sometiendo el estado español. Ya no se les oye, como hace no tanto tiempo, defender su soberanía con esa amalgama exaltada y sentimental de argumentos patrióticos pseudohistóricos, con esa verborrea romántica en la que se mezclan el “Reino” de Cataluña, la Guerra de Sucesión, los Decretos de Nueva Planta, la Renaixença, Macià, Companys y toda la retahíla que compone su historia lunática y manipulada de los putos Països Catalans. Ahora a los nacionalistas catalanes y a los miles de ciudadanos que salen a la calles de Barcelona a pedir la independencia solo se les escucha la cantinela machacona de que la pela es la pela, de que marchándose vivirían mejor, habría más trabajo, ganarían más y pagarían menos impuestos.

Sería imposible hacerle justicia
con el Código Penal vigente
Solo hay un motivo por el que el separaratismo está ganándose a las masas: el chantaje materialista, la mentira de que Cataluña saldrá antes de la crisis si rompe sus lazos con España. Las muchedumbres de la Diada que chillan "Catalunya lliure" no albergan el más mínimo sentimiento nacional y les importa un bledo su historia. Solo quieren que les suban el sueldo y pagar la hipoteca.

Lo que más pena me da es que en el resto de España y en mi región especialmente, cada vez es más habitual escuchar opiniones del estilo a “¿se quieren ir? ¡pues que se larguen de una vez y se mueran de asco”, o defendiendo la conveniencia de un referéndum “para solucionar el problema”. A la simpatía, afinidad o al menos tolerancia de cada vez más españoles no catalanes con la causa soberanista ha contribuido de forma decisiva la “colonización cultural” ejercida por el Fútbol Club Barcelona a través de los medios de comunicación. ¡Qué amargo es constatar que lo que no han conseguido los políticos ni el sentimiento catalanista del pueblo lo estén logrando la crisis financiera y el pan y circo del fútbol!

miércoles, 23 de febrero de 2011

HOMBRES DE HONOR Y CUENTOS CHINOS

Siempre he pensado que una gran mayoría de periodistas destacaron por ser los últimos de la clase con permiso de pajines, bibianas, pepiños y personajillos que en sus tiempos, de seguro, competían por encabezar la lista de los más tontos y pelotas. Pero aun así, he de reconocer que, algunas veces, agradezco al Cielo la existencia de estos profesionales de no se sabe bien qué: hablar sobre todo sin saber prácticamente de nada.

Y, no, no estoy agradecido por la existencia de Sara Carbonero, Ainhoa Arbizu o Marta Fernández, que también. Estoy agradecido a estos genios de la comunicación y del análisis histórico porque todos los años me amenizan la última semana de febrero recordándome lo afortunados que somos de vivir en un régimen constitucional de libertades gracias a la valentía de Su Graciosa -algunos pensarán que histriónica- Majestad y de los políticos que una infausta tarde de hace treinta años impidieron a un malvado señor con bigote convertir España en una nación prehistórica y muy muy facha.

Únicamente siento que ni los excelsos profesionales de la comunicación ni nuestra privilegiada inteligencia política visible, encabezada estos días por un impresentable José Bono que parece ansiar su propio espacio televisivo, nunca entren en un análisis serio, profundo y sincero de lo que sucedió aquel 23 de febrero del 81. Seguramente algo muy diferente de este cuento de hadas y fantasía que nos quieren vender. Muy distinto de la tontería supina que escuché ayer en Antena3: el propósito del golpe era fusilar, al día siguiente, a Concha Velasco y Ana Belén. ¡¡¡Y lo dicen sin reírse!!!


Prácticamente no se menciona nunca la situación caótica a la que había llegado España: atentados terroristas diarios, desórdenes generalizados, presión secesionista insostenible, la agonía de la UCD,... El descontento de los militares y de una parte no desdeñable de civiles servían de caldo de cultivo para un posible golpe militar serio, bien planificado y de consecuencias muy difícilmente controlables. La Operación Galaxia y el llamado Golpe de los Coroneles son pruebas palpables de estos planes, al margen de otros que, de seguro, conocía el entonces CESID como la misteriosa Operación De Gaulle.


Precisamente, nunca se ha aclarado si el CESID conocía los planes de Tejero, algo muy difícil de creer cuando precisamente éste había sido condenado unos meses atrás por la Operación Galaxia, desarticulada cuando se encontraba en fase puramente embrionaria.

También me gustaría que estos investigadores explicaran lo complicado que era en aquella época la declaración del Estado de Sitio siguiendo procedimientos legales, pues la Constitución lo hace casi impracticable, de la misma forma que se confirmó meses más tarde mediante la Ley Órganica de 1 de junio del 81. Además, cualquiera con dos dedos de frente y unos mínimos conocimientos históricos sería capaz de prever las consecuencias de intentar llevar al Parlamento una propuesta de declaración de Estado de Sitio en la situación de entonces. Simplemente, desastrosas: aumento incontrolado de los disturbios, levantamientos civiles, guerra civil.

¿Por qué no explican cómo militares monárquicos son capaces de llevar a cabo una acción similar sin conocimiento del Rey o incluso en su contra? Cualquiera que haya conocido a militares monárquicos sabe que idolatran al Rey de una manera irracional. A diferencia de Pedro Crespo, alcalde de Zalamea, al rey no sólo ofrecerían vidas y haciendas sino también su honor y su libertad.

Ninguno de estos genios de la historia política parece conocer lo apropiadas que son, y lo frecuentes que han sido, las acciones de autogolpe de estado: en ocasiones, cuando la estricta aplicación de la legalidad pone en peligro la propia esencia del sistema político, el mismo poder se ve obligado a saltarse la legalidad para poder sobrevivir o evitar males mayores. No voy a entrar en la legitimidad o moralidad de este método, sólo constato su existencia y un dato más: Tejero siempre aseguró, en el Congreso, estar a las órdenes del Rey.

¿Cómo puede considerarse un golpe de estado en el que los carros de Valencia se detienen en los semáforos y viajan sin municionar obedeciendo un bando propio de una declaración de Estado de Sitio que concluye con vivas al Rey? Simplemente: golpe de estado de opereta.

Todavía queda por aclarar la verdadera intervención de los generales Armada, preceptor del Rey y antiguo jefe de la Casa Real, y Sabino Fernández Campo. Fieles a su rey hasta lo indecible a pesar de las reiteradas traiciones del Borbón hacia ellos y su Patria. Armada siempre se ha negado a hablar, al igual que Fernández Campo que se ha llevado jugosos secretos a la tumba. ¿No es curioso que, el 22 de enero del 81, Suárez nombrara a Armada segundo Jefe del Estado Mayor por presiones del Rey?


Y ahora viene lo importante. Tejero reaccionó enérgicamente ante la propuesta de Armada de formación de un gobierno de concentración nacional, presidido por él mismo, y que contaría con socialistas, separatistas moderados o personas claramente relacionadas con la masonería como Ferrer Salat. Tejero se sintió engañado y, en ese momento, Armada apareció fracasado pero libre de implicación en el golpe. Hora y media después, el Rey ordena deponer las armas. ¡¡¡90 minutos más tarde a pesar de que se podría haber emitido el discurso muchísimo antes!!! No sé otros, pero yo deduzco que, todas luces, el golpe fue anulado no por el Rey sino por el propio Tejero que se vio engañado y después sirvió de cabeza de turco.


Ni siquiera los resultados del juicio están claros. Las penas fueron inversamente proporcionales al sentido del honor de los encausados. Los que quizás no sabían lo que se estaba cociendo pasaron muchos años en prisión: Tejero, Ricardo Pardo-Zancada, el general Torres Rojas y unos cuantos oficiales. Magnífica, y de hombres de honor y gallardía como ya no quedan,la actitud de Tejero y de Pardo Zancada (interesantísimo este enlace), este último acudiendo al Congreso cuando el golpe ya se sabía fracasado para negociar junto al primero el llamado pacto del capó: en lugar de huir por las alcantarillas, como hicieron otros ahora héroes, aceptaron la rendición y la entrega a cambio de la libertad de sus hombres.

Resultado: los verdaderos responsables apoltronados y los hombres verdaderamente valientes y honorables engañados y encarcelados. Hoy, su memoria se pisotea por los ¿valientes? que en su día salieron de debajo del escaño para acudir rápidamente al retrete.


jueves, 13 de enero de 2011

LA MILI

Justo el año anterior a que Aznarín la liquidara definitivamente, en un momento en que me venía fatal en todos los sentidos y guiado nada más que por mi fe ciega en los valores de la milicia, en un ejército popular y en la instrucción militar de todos los varones, me fui a hacer la mili.

Pude haberme librado sin problema objetando, pero jamás se me pasó por la cabeza. Muchos conocidos de mi quinta que se acogieron a este derecho de conveniencia más que de conciencia se escaquearon al final tanto del servicio como de la prestación social sustitutoria.

Hasta entonces casi no había tenido contacto con militares, y, pese a mi actitud de crítica casi ideológica al mercenarismo del actual Ejército Español y a su proceso de profesionalización, en el fondo de mi corazón albergaba una imagen idealista de soldados patriotas, aguerridos y disciplinados que tal vez algún día tendrían cojones para entrar de nuevo en el Congreso, pegar unos tiros y patear el culo a la recua de maleantes que se reúnen en la Cámara.

¡Qué inocencia!

Al poco de llegar, con el uniforme recién estrenado, nos llamó el Capitán a los universitarios de la Unidad para hacernos una entrevista a cada uno sobre el destino que preferíamos y nuestras expectativas en la mili. A mí todo esto ya me pareció repugnantemente democrático, pues no esperaba que nadie me preguntara sobre mis gustos, pero lo que más me sorprendió fue sin duda cuando, tras interrogarme sobre mi carrera y mi ocupación actual, el joven oficial me soltó:

- Pero hombre de Dios… ¿Por qué no ha objetado usted?

Mis esquemas se rompieron en un segundo y me pregunté qué clase de maricón comunista habían nombrado capitán en ese cuartel. Casi grité, bien cuadrado:

- ¡No tengo nada que objetar, mi capitán!

El tío se descojonaba.

En los nueve meses siguientes comprobé de sobra que sí había muchas, muchísimas cosas que objetar a la mili. En esos nueve meses, ni un solo militar, en ninguna teórica, me habló ni una sola vez de la Patria, ni de España y su Unidad, ni de la bandera. Me di cuenta del preocupante porcentaje de gañanes, bestias pardas y viciosos de toda índole que pueblan las filas del Glorioso Ejército. Viví situaciones de caos completamente surrealistas, por no decir de locos. Escuché a varios suboficiales de oficina decir: “yo no soy militar; yo soy funcionario del Ministerio de Defensa”. Y me pasé las mañanas tocándome los huevos, sin nada que hacer, escuchando procacidades y viendo fumar porros a la peña, por no hablar de las legendarias maniobras en Zaragoza en las que se simulaba una misión de paz y me tocó hacer de civil tuberculoso durante quince días, con una mascarilla y una camiseta blanca de la Cruz Roja.

¡Me acabé cagando en el Ejército entero! Menos mal que pude aprovechar para estudiar en una oficina y tuve el privilegio de conducir vehículos acorazados (esta es otra historia…)

De aquellos meses guardo, sin embargo, algunos buenos recuerdos. Me admiró de los militares profesionales jóvenes su espíritu de superación a través del estudio (siempre se están formando para mejorar) y su afición al deporte y al ejercicio físico. En cuanto a la mili en sí, me resultó en su conjunto una experiencia enriquecedora, y no por la formación castrense recibida, sino porque me puso en contacto con personas de muy diferente condición y mentalidad a la que yo había conocido hasta entonces, lo que me permitió salir un poco de mi burbuja estudiantil y urbana. Casi todos los reclutas venían de pueblos remotos y algunos hasta desconocían la existencia de la objeción. Ellos me hicieron conocer otras perspectivas y otros problemas, y entender un poco más España.


Por lo demás, mejor que no nos invadan los marroquíes...

(Sigo siendo partidario del Servicio
Militar Obligatorio, por supuesto con otro enfoque y sin posibilidad de objeción de conciencia)

viernes, 20 de agosto de 2010

DOS INSUMISOS RADICALES

La objeción o la insumisión al servicio militar, que tan en boga estuvo en nuestro país en los años 80 y 90, justo antes de la desaparición de la mili, no es, como podría suponerse, un invento de hace dos días. Las historias de huidos, desertores y jóvenes que usaban todo tipo de argucias (incluida la automutilación) para escaquearse de sus obligaciones castrenses se remontan a la época del Imperio Romano.

Sin embargo hay dos famosos personajes de la historia reciente, de vidas en parte paralelas, cuya contumaz insumisión no deja de sorprender conociendo sus trayectorias, sus ideologías y, sobre todo, las responsabilidades militares que llegaron a desempeñar.

Uno de ellos no había cumplido los veinte cuando decidió huir a Suiza para librarse del servicio. Allí se pasó dos años vagabundeando, trabajando en lo que le salía y participando en algaradas izquierdistas. Fue detenido varias veces por agitador socialista y por inmigrante ilegal, y llegó a pasar una semana en la cárcel por falsificar su permiso de residencia. Cuando el Gobierno de su país concedió la amnistía a todos los desertores y huidos del Ejército, pudo regresar a casa sin consecuencias, aunque por supuesto le tocó chuparse la mili, obteniendo curiosamente una nota honorífica por buena conducta.

Nuestro otro insumiso vivió una situación similar. Apodado por los políticos de su época “el cabo bohemio” (alcanzó este rango en la guerra), se había pirado la mili a los veinticuatro añitos. Parece ser que le repateaba jurar bandera junto a compañeros de etnias y culturas tan distintas a la suya que poblaban el vasto imperio donde había nacido. Así que también cruzó la frontera y emigró ilegalmente al país vecino. Al poco tiempo le detuvieron por indocumentando y le devolvieron a su patria, donde, por suerte para él, fue declarado no apto en el reconocimiento médico militar.

Hay que joderse con estos dos, a los que ya habréis identificado.

martes, 23 de febrero de 2010

ABANDONADOS EN LA BATALLA

He retrasado veinticuatro horas la entrada que tenía previsto publicar para compartir un correo electrónico que me acaba de llegar. El asunto en cuestión me parece vergonzoso e indignante y da idea de la catadura moral de nuestros políticos y de muchos altos mandos del Ejército. Aunque gracias a Dios no todos son así como el que hace poco pidió a la Chacón, por carta a los periódicos, que no volviera a llamar compañero a militar alguno hasta que realizara el juramento a la bandera.

En recuerdo de ese gran hombre que, quizás errado o engañado, hace veintinueve años demostró lo que es el sentido del honor y de la milicia, y en memoria de todos aquellos militares que todavía mantienen vivo en su corazón el denostado amor a España y que están dispuestos a morir por una nación y unos españoles que los desprecian, copio y pego lo siguiente. A los demás, políticos, militares indignos y traidores y españoles vergonzantes y vergonzosos «que Dios se lo demande y la Patria les desprecie como indignos hijos de ella».


Hace unas semanas, en el transcurso de unas maniobras, miembros del Ejército Español se situaron en lo alto del monte Gorbea (Álava). Allí existe una cruz alzada sobre una estructura de hierro. Los militares, situaron allí la bandera de España y rodearon la estructura con cinta con la bandera española.

Como es habitual los nacionalistas protestaron por lo que consideraron una ofensa. Ofensa que consiste en que una unidad militar, coloque la bandera de España, EN ESPAÑA.
Lo que nadie esperaba es que el Ministerio de Defensa, -la señora Carmen Chacón-, tomara cartas en el tema. Según se está filtrando, porque naturalmente sobre este tema debe regir el secreto disciplinario, los responsables de Defensa han considerado que izar la bandera de España en la cima del monte Gorbea es un acto "incorrecto". Además, como advertencia, al jefe de la sección que cometió “la incorrección” de izar la bandera española en territorio español y al jefe del Grupo de Artillería V se les ha sancionado económicamente retirándoles el complemento (C.D.E), lo que en estos tiempos de crisis no es mal recurso disuasorio.

Así pues, unos militares han sido sancionados por hacer, simplemente, lo que hacen todas las unidades, colocar la bandera española. La Ministra de Defensa prefiere apoyar al nacionalismo que defender a nuestros soldados, -a los que de hecho va a sancionar- porque la señora Carmen Chacón está en esa sintonía.

Unos militares han sido sancionados sin que sus jefes, que sepamos, hayan expresado su lógica protesta, no vaya a ser también que salgan perjudicados...


Pero luego si unos piratas secuestran a una barco de pesca vasco, como ya sucedió, por favor, que vengan los militares a salvarnos...!!

A esos mismos militares se les pide que, llegado el caso, den su vida por su país, el de esa bandera que colocaron en su propio país.

miércoles, 10 de febrero de 2010

HISTORIAS DE ESPAÑA VIEJA (V): KRASNY BOR.

SI EN EL FRENTE OS ENCONTRÁIS UN SOLDADO MAL AFEITADO, SUCIO, CON LAS BOTAS ROTAS Y EL UNIFORME DESABROCHADO, CUADRAOS ANTE ÉL: ES UN HÉROE; ES UN ESPAÑOL.
General Jürgens.
Comandante General del XXXVIII
Cuerpo de Ejército de la Wehrmacht - Heer


Madrugada del 10 de febrero de 1.943 en Krasny Bor, aldea situada en los arrabales de Leningrado. Menos de 6.000 voluntarios españoles, encuadrados en la 250 División de la Wehrmacht, conocida como la División Azul, esperan pacientes a temperaturas de varias decenas de grados bajo cero, un inminente ataque dos divisiones soviéticas y varios regimientos acorazados. Casi 45.000 comunistas se disponen a borrar del mapa a los voluntarios falangistas que, desde 1.941, despiertan la admiración de todo el ejército alemán e, incluso, del mismo Ejército Rojo que pretende romper el cerco de la ahora San Petersburgo.


A las 6:40 horas, la artillería soviética comienza a barrer las líneas españolas con un potentísimo fuego de artillería que dura más de dos horas. Tan intenso fue el bombardeo que las capas de nieve congelada terminan convirtiendo el terreno en un auténtico lodazal a pesar de los 25 grados bajo cero. La aviación alemana, apenas a unos 50 kilómetros de allí, no puede intervenir por falta de combustible.

Pensando que nadie habría podido sobreviv
ir, los soviéticos se lanzan en oleadas sucesivas contra los españoles que, contra toda lógica, siguen vivos y repelen los ataques con las armas que no han sido destruidas: los blindados están atascados en el barro y toman un papel protagonista las ametralladoras MG-34 y MG-42.



Los falangistas se repliegan y agrupan en los cráteres que ha formado la artillería enemiga. Ángel Salamanca, sargento provisional de infantería en la compañía del capitán Teodoro Palacios, logra reconquistar junto a dos soldados, a golpe de heroísmo y de bombas de mano, una de las posiciones perdidas, ganando la medalla militar individual. Años después, poco antes de su muerte, este fiel representante de los últimos caballeros españoles me hizo el honor de considerarme su amigo.

A media mañana, los rusos han perforado el frente español por tres sitios diferentes. Los voluntarios españoles luchan hasta el final y logran mantener retrasada la línea de frente de tres kilómetros sin que rompa.

Los bolcheviques han causado 2.252 bajas es
pañolas (1.125 muertos, 91 desaparecidos y 1.036 heridos) y otros 1000 se sumarán en días posteriores. Más 11.000 rusos mueren en la batalla, afianzando la leyenda española en el Frente del Este: batalla de Volhov, el lago Ilmen y los esquiadores del capitán Ordás, la bolsa de Uman, Possad...


El sargento Salamanca, el capitán Palacios y otros 300 españoles son hechos prisioneros. A ellos les quedan más de once años de guerra de gulag en gulag, donde seguirán demostrando, a miles de kilómetros de su patria, de qué pasta estaban hechos aquellos españoles.
Serán Esclavos de Stalin, auténticos Embajadores en el Infierno. Muchos quedarán, en su Odisea, junto a sus camaradas, bajo la tierra helada de Rusia.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

HISTORIAS DE ESPAÑA VIEJA (I): EL SITIO DE BALER

PELEAREMOS HASTA MORIR Y MORIREMOS MATANDO.


En 1897, tras la firma de la paz de Biak-na-Bato entre la sociedad masónica Katipunan y el gobierno español, se creyó finalizada la insurrección de Filipinas. Así, los 400 hombres que se encontraban en la iglesia tímidamente fortificada de Baler, a unos 150 kilómetros al noreste de Manila, fueron relevados por otros 57 pertenecientes al 2º Batallón de cazadores. Comandados por el capitán don Enrique de las Moreras y los tenientes don Juan Alonso Zayas y don Saturnino Martín Cerezo, de seguro no adivinaron, al comprobar que los tagalos habían abandonado el pueblo, que España los había legido para protagonizar una de las mayores gestas desde Numancia o Sagunto. A los pocos de días de acantonarse en la iglesia, los de nuevo insurrectos comenzaron un cerco que se alargaría por once meses. A la incomunicación y falta de noticias, se sumaban el hambre, la sed y sus enfermedades asociadas, sobre todo el beriberi que acabó con la vida de varios hombres incluyendo al capitán y al teniente Zayas, pasando Martín Cerezo a ostentar el mando. A consecuencia de tanta penalidad se produjeron varias deserciones que obligaron a este último a fusilar a dos de sus soldados en el patio del templo.

Como los rebeldes se veían impotentes ante la determinación de Martín Cerezo y sus hombres, que llegaron a arrasar las casas cercanas y acaparar alimentos a los enemigos en varias descubiertas, intentaron negociar inútilmente la rendición de los españoles que resistieron, incluso, terminada la contienda cuando, para advertirles, se presentaron varios oficiales españoles para informar a un teniente Martín que se negaba a creerles: no era posible que España se hubiera rendido. Así, les despachó como a desertores y traidores mientras éstos le anunciaban que sería llevado ante un consejo de guerra y expulsado del ejército.

Sólo leer los periódicos españoles que les entregaron los sitiadores pudo convencerles de que, en efecto, la guerra hacía tiempo que se había perdido. Martín Cerezo, de esta forma, negoció la rendición de la plaza en estos términos:

«Capitulamos porque no tenemos víveres, pero deseamos hacerlo honrosamente. Deseamos no quedar prisioneros de guerra y que ustedes admitan otras condiciones que expondremos, de las que levantaremos acta. Si se han de portar con nosotros de mala manera han de decirlo porque en este caso no nos rendiremos. Pelearemos hasta morir y moriremos matando.»

Mientras abandoban Baler, los insurrectos formaron un pasillo de honor para los 32 héroes que sobrevivieron. Hoy, en la fachada del templo, una placa y un pequeño monumento conmemoran la gesta y el ejército filipino, anualmente, recuerda a los que fueron sus enemigos con un pequeño homenaje.

Martín Cerezo recibió la Laureada de San Fernando y murió en 1.945 con el empleo de general.

miércoles, 27 de mayo de 2009

ROMPER UN JURAMENTO

«¡Soldados! ¿Juráis por Dios o prometéis por vuestra conciencia y honor, cumplir fielmente vuestras obligaciones militares, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, obedecer y respetar al Rey y a vuestros jefes, no abandonarlos nunca y, si preciso fuera, entregar vuestra vida en defensa de España?»


¿Son los juramentos vinculantes de por vida o se encuentran supeditados a las circunstancias del momento?

¿Se debe cumplir ciegamente con lo prometido o existen otras categorías de valor superior, como el honor o la lealtad, que legitiman incumplir con la palabra dada o la disciplina?

¿Y qué sucede cuando un juramento es tan complicado y largo que pueden llegar a contradecirse sus mismos términos? ¿No habría, en todo caso, que decidir cuál de esos términos es de categoría superior y, aunque se traicione el resto, ejecutar el más importante compromiso adquirido?

¿Cuándo, ante un juramento, comienza a ser lícita la restricción mental?

¿No sería lícito, si el último objetivo del juramento de fidelidad hubiera perdido su Norte y la esencia que justificara dicha lealtad, pasarse incluso a las filas enemigas cuando éstas garantizasen un seguro mal menor?

¿No sería mucho más sencillo de entender, respetar y cumplir un juramento más simple, conciso y claro que no diera lugar a tanta preguntas?


viernes, 10 de abril de 2009

CARMEN CHACÓN Y EL CRISTO DE LA LEGIÓN


Es cierto. Las procesiones de Semana Santa han perdido prácticamente todo su significado religioso para convertirse, de forma casi exclusiva, en un hecho folclórico y cultural que se mantiene y fomenta desde la Administración a causa del turismo y del lucro que lleva asociado. Valga como ejemplo la vergonzosa respuesta de las cofradías ante la polémica de los lazos blancos en las túnicas de los cofrades y las estrambóticas respuestas de gobernantes e histéricos tontos útiles. Algunos imbéciles, incluso, han pedido que los antidisturbios disolvieran las procesiones, al más puro estilo soviético en Praga, si los cofrades portaran el mencionado lacito.

También es cierto que muchos cofrades no pisan una iglesia en todo el año en el mejor de los casos, cuando no llevan una vida totalmente enfrentada a las enseñanzas del cristianismo. Aunque esto último también lo podríamos decir de muchos de los que acuden semanalmente a comulgar muy ¿devotamente?.

No obstante, y a pesar de todo, quiero romper una lanza a favor de esta centenaria tradición que para muchos supone, aunque sea una vez al año, acercarse a los misterios de la fe y también, para una gran multitud, sin duda, una forma de comprender de primera mano la pasión y muerte de Nuestro Señor.

Por no obviar lo mucho que me congratula y disfruto imaginando cuánto debe fastidiar a tanto quemaconventos comprobar que, a pesar de sus esfuerzos, en España sigue arraigado un fuerte sentimiento cristiano que será muy difícil de borrar. Cuánto deben sufrir los enemigos de la Iglesia al conocer los índices de audencia de las pocas emisiones religiosas y películas relacionadas que todas las cadenas retransmiten salvo las más puramente masónicas. Valga como ejempo de todo esto el traslado del Cristo de la Buena Muerte a hombros de rudos legionarios de las más diversas razas en un acto que todos los años supone una alegoría del verdadero sentido de la Hispanidad. Iglesia, Patria y Ejército unidos un año más a cargo de los presupuestos del ministerio de la Chacón. ¿Se puede pedir más?