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domingo, 10 de abril de 2016

CASTRONUÑO



Ayer fui de excursión a las Riberas de Castronuño, uno de los espacios naturales más singulares de Valladolid y el segundo enclave más importante de toda la región en lo que a variedad de aves se refiere; por ello ha sido declarado por la Unión Europea como Zona Especial de Protección para las Aves. Este humedal, formado por la presa de San José en el curso medio del Duero, tiene 192 hectáreas y en su entorno pueden realizarse varias rutas de senderismo, entre las que destaca la Senda de los Almendros, de unos cinco kilómetros, que discurre por la ribera del río, por bosques de chopos y fresnos y por un pinar en el que hay un magnífico mirador que domina todo el embalse, serpenteando, en su último tramo, entre almendros centenarios. El paseo es una ocasión única para avistar algunas especies de pájaros que no pueden verse todos los días.

Milano negro
Mi objetivo, naturalmente, era encontrarme con alguna garza imperial (Ardea Purpurea), especie emblemática del pantano que ahora mismo acaba de llegar de África. Solo en las lagunas de Villafáfila, en Castronuño y en un par de sitios más podemos los castellanos contemplar a esta zancuda dorada e inconfundible. Hizo un día muy agradable, sin calor ni frío, aunque con cuatro gotas al final de la jornada. Durante los primeros kilómetros no pude ver gran cosa, pues ya se sabe que Dios no ayuda a quien no madruga. Registré minuciosamente los carrizales desde la Senda de los Pescadores y solo logré atisbar los nidos de cigüeña de siempre, muchas docenas, construidos sobre troncos de árboles. Hasta que llegué a la altura de la presa, no hubo nada interesante.

Garza imperial

Cruzando el puente, casi hacia la mitad, con un fuerte viento azotándome el rostro, una pareja de milanos negros, recién llegados también, me ofreció unas vistosas acrobacias nupciales y un par de picados sobre una presa que logró escapar. Las cabezas de plata de estas rapaces enamoradas refulgían contra el sol tímido de la primavera. En el embalse nadaban los cormoranes, ya con el pico anaranjado, y los presumidos somormujos lavancos, con sus crestas de punki y sus papadas rojo chillón. Bajé a almorzar al río y, mientras terminaba mi bocata, pude espiar a placer a un pequeño grupo de chorlitejos chicos, que exploraban el fango pedregoso de la ribera, y a una garceta común, blanca como la nieve y engalanada con su coleta nupcial.

Somormujos lavancos
Garceta común
Me adentraba ya en el bosque, junto al arroyuelo Mucientes, desistiendo una vez más de ver a las imperiales, cuando a mi espalda levantó el vuelo desde una isleta una de estas preciosidades púrpuras, grises y negras. Pude disfrutarla durante casi un minuto. La seguí con mis prismáticos hasta que se posó sobre unos carrizos y sentí esa emoción que siempre experimento cuando avisto un ave que no volveré a tener ocasión de ver en todo un año o más. Más adelante, al pie de uno de los viejos almendros, distinguí el vuelo, mucho más lejano, de una garza real. No me encandiló tanto porque a estas las veo en el Pisuerga cada vez que quiero, aunque es un ave bellísima que siempre impresiona.
Chorlitejo chico


Hay que aprovechar abril para hacer escapaditas ornitológicas. En este mes encuentras diez veces más especies que en cualquier otra época del año, incluido el verano. El despertar del celo hace a los pájaros bastante menos madrugadores y mucho menos precavidos, pues están a lo que están, y uno puede observarlos a placer, incluso a cortas distancias, sin que se espanten. 

domingo, 13 de diciembre de 2015

EL POLLITO PÍO




Mirad el vídeo hasta el final y responded a estas preguntas: ¿Es correcto llamar a esto canción infantil? ¿Puede un niño pequeño conservar su inocencia y su mente equilibrada tras escuchar esta melodía?  ¿No tienen nada que decir al respecto UNICEF y Green Peace?

viernes, 25 de septiembre de 2015

PICADURAS VERANIEGAS (7): SERPIENTES

La hocicuda, la única víbora en Castilla y en el sur de España

Uno de los animales más peligrosos de España es la víbora, que muerde a más de mil personas y causa entre tres y cinco muertes al año. No obstante, las especies presentes en la Península Ibérica son las menos venenosas de toda la subfamilia viperinae, lo cual es todo un alivio.

Los vipéridos españoles pueden ser de tres especies muy bien diferenciadas cuyas distribuciones geográficas apenas se solapan entre sí, por lo que es fácil adivinar qué clase de víbora nos ha clavado los colmillos solo por la zona del país en la que nos encontremos. 

La especie más ampliamente distribuida es la víbora hocicuda (Vipera Latastei), que se extiende por todo el territorio peninsular a excepción de Galicia y del Cantábrico. Mide entre 50 y 60 centímetros, y destaca por su color pardo, su pronunciado cuerno en la punta del hocico y su grueso dibujo dorsal en zigzag.

La más peligrosa es la famosa víbora áspid (Vipera Aspis), que habita en la zona pirenaica, en Álava, La Rioja y parte de Soria y de Burgos. Es la más grande con diferencia (80 centímetros), tiene un color grisáceo, una llamativa banda negra tras los ojos y una franja dorsal mucho más delgada que la de la hocicuda. También presenta un cuernecillo en la nariz, pero más discreto que el de la Vipera Latastei. Su veneno es bastante más potente que el de sus primas.

La víbora áspid es típicamente pirenaica

Por último, está la víbora de Seoane (Vipera seoanei), la más menuda de todas. Se encuentra solamente en Galicia y en toda el área cantábrica. Su coloración varía mucho y su piel puede presentar hasta cinco patrones distintos, incluyendo el marrón liso. Es la única especie en la que pueden apreciarse (en algunos patrones) tonos muy claros o blancos, y carece por completo de protuberancia nasal.

La mordedura de víbora deja las dos marcas de los colmillos y produce una intensa inflamación de varios días de la zona afectada, que puede llegar a impedir casi completamente la circulación sanguínea y provocar pérdida del pulso y del conocimiento. Es imprescindible el ingreso hospitalario y la administración de un antisuero. Cada tratamiento cuesta alrededor de 2.000 euros a los servicios de salud.

Víbora de Seoane o Cantábrica

Suele creerse que las víboras son las únicas serpientes venenosas de España, pero nada más lejos de la realidad. Existen otros dos ofidios que también inyectan veneno: la  culebra bastarda (Malpolon Monspessulanus) y la culebra cogulla (Macroprotodon Cucullatus).  La bastarda puede encontrarse en toda la Península menos en el norte, es de color verdoso y alcanza los dos metros y pico. En cambio, la cogulla, que es endémica de España, solo se distribuye por la mitad sur, es marrón, ostenta un collar negro inconfundible y mide apenas 40 centímetros. La ponzoña de ambas es sensiblemente más suave que la de las víboras, y además, debido al pequeño tamaño de sus mandíbulas, les resulta difícil morder a un humano.

La principal diferencia entre una víbora y una culebra es que aquellas tienen la cabeza de forma triangular, mientras que en estas parece una prolongación del cuerpo.

domingo, 13 de septiembre de 2015

PICADURAS VERANIEGAS (6): MOSQUITOS




De todas las picaduras veraniegas, la más popular y la que todos hemos sufrido alguna vez es la del mosquito, denominación con la que se conoce coloquialmente en España a los insectos dípteros hematófagos llamados culíferos.

Los mosquitos se encuentran principalmente en zonas húmedas o cercanas a masas de agua, ya que es en los medios acuáticos donde depositan los huevos y donde se desarrollan sus larvas y pupas antes de convertirse en adultos y echar a volar. 

Para el desarrollo y puesta de los huevos, las hembras de culífero necesitan alimentarse de sangre (los machos solo comen néctar de las flores). Para ello están dotadas de un fino estilete llamado probóscide que clavan en la piel de diversos vertebrados para extraer el nutriente al tiempo que inyectan una sustancia coagulante para facilitar la operación. Una curiosidad es que una hembra recién alimentada muestra su abdomen hinchado y de color rojo. 

Los humanos no somos, ni mucho menos, la principal víctima de los mosquitos, que suelen preferir la sangre de aves, anfibios (sobre todo ranas) y reptiles (básicamente lagartijas). 

A diferencia de lo que sucede en áreas tropicales, en España, en principio, la picadura de mosquito no es peligrosa. Normalmente atacan dos o tres veces seguidas, dejando varias ronchas en la piel, en una misma zona, que causan más picor que dolor. De hecho hay personas a las que les produce una sensación agradable rascarse la hinchazón provocada por este insecto. Sea como sea, cuanto más se rasca la herida, más se agranda y más escuece.

En España se han observado 61 especies de culífero, y es tradición denominar cínifes o cénzalos a las variedades de mayor tamaño, con largas patas y probóscide bien visible. Ambas denominaciones son acientíficas y el Diccionario de la RAE las recoge como simples sinónimos de mosquito.

Hace diez años cruzó nuestras fronteras, camuflado en un camión de neumáticos, la especie asiática Aedes albopictus, más conocida como mosquito tigre, que ha logrado expandirse por Andalucía y por la mayor parte de las comunidades mediterráneas. Este bicho negro con rayas blancas sí que es inquietante, pues, además de ocasionar un picotazo muy doloroso, puede transmitir enfermedades como el dengue e incluso el Chikunguña, un virus tropical de origen africano que, pese a su nombre, que suena a coña, es el causante de una grave enfermedad que afecta a las articulaciones.

Este mismo verano se ha vivido una cierta paranoia en Cataluña a cuenta del mosquito tigre. Las autoridades medioambientales de esta hermosa región han puesto en marcha la campaña Atrapa el tigre y una app (Tigatrapp) para que los ciudadanos manden fotos de los lugares donde hayan avistado huevos, larvas o ejemplares adultos, para facilitar las tareas de exterminio de este insecto tan puñetero.


Otras picaduras veraniegas en La pluma viperina:

- Escolopendras
- Medusas
- Tábanos
- Escorpiones
- Avispas y abejas

domingo, 23 de agosto de 2015

PICADURAS VERANIEGAS (5): MEDUSAS




Las medusas son unos curiosos animalillos marinos con el cuerpo gelatinoso, semitransparente y en forma de campana con el que nadan como a espasmos y del que cuelgan unos largos tentáculos llenos de cnidocitos, unas células muy urticantes. Como todos sabemos, las medusas habitan en la zona pelágica del océano, pero a veces, de forma impredecible (normalmente coincidiendo con olas de calor, pero no siempre) y durante dos o tres días seguidos, bancos enteros de estos celentéreos (hasta de miles de ejemplares) son empujados a nuestras playas por los vientos o las corrientes, fastidiando a los bañistas, que no se atreven a meterse en el agua por miedo a sus dolorosas picaduras. 

La toxicidad de las medusas es muy variable según la especie. En España, y en concreto en el mar Mediterráeo, las más fáciles de encontrar en la costa son las llamadas escifomedusas, algunas de las cuales apenas pican y otras causan, como mucho, un roce muy doloroso y una erosión con pústulas en forma de látigo, sin mayores consecuencias.

En nuestro litoral hay muy pocas especies con el veneno lo bastante potente como para preocuparnos. Las dos más peligrosas son la medusa de compases (Chrysaora Hysoscella) y la tristemente célebre carabela portuguesa (Physalia Physalis). Sobre todo la última puede  llegar a producir un shock neurógeno a causa del intenso dolor, con el consiguiente peligro de ahogamiento, aparte de severas lesiones derivadas de la quemazón de sus tentáculos, que se adhieren fuertemente a la herida y cuesta mucho arrancarlos. Ambas especies son muy infrecuentes en las playas españolas, ya que viven mucho más mar adentro que el resto de sus congéneres y solo accidentalmente aparecen individuos sueltos en la arena. Además la carabela portuguesa es más típica de aguas templadas del Océano Atlántico.

Otras picaduras veraniegas:

- Escolopendras
- Tábanos
- Escorpiones
- Avispas y abejas

jueves, 6 de agosto de 2015

PICADURAS VERANIEGAS (4): ESCOLOPENDRAS

Escolopendra devorando a una lagartija tras matarla

De todos los animalejos venenosos que habitan en la Península Ibérica, la escolopendra, más conocida como ciempiés, es muy probablemente el que tiene la picadura más dolorosa.

En España podemos encontrar tres especies de ciempiés (no confundir con el inofensivo milpiés): Scolopendra morsitans, Scolopendra cingulata y Scutigera coleoptrata. La última es el ciempiés doméstico, con el cuerpo rígido y quince pares de patas, que puede picarnos con una suerte de aguijón y causarnos un leve escozor, pero las dos primeras sí son peligrosas, especialmente la escolopendra común o cingulada, mucho más abundante, que tiene 21 segmentos con sus respectivos pares de patas y unas poderosas mandíbulas con las que inocula un veneno de potencia similar al de los alacranes.

La picadura de la escolopendra común, sin ser letal ni mucho menos, es legendaria por los horrendos dolores que provoca, capaces de hacer perder el conocimiento e incluso de generar una neuritis. La duración del cuadro clínico causado por su ataque puede exceder las cuarenta y ocho horas e incluir una aparatosa herida local, espasmos musculares e inflamación de ganglios.

Este repugnante miriápodo resulta muy fácil de identificar por su gran tamaño y su color amarillento. Frecuenta zonas pedregosas con algo de humedad, y se esconde bajo las rocas y entre la vegetación y la hojarasca. El caso más típico de mordedura es la causada a excursionistas que se sientan en el suelo sin mirar, o duermen al raso o con la tienda de campaña mal cerrada. También puede picar si se manipula la piedra bajo la que se esconde.


miércoles, 29 de julio de 2015

LA TRAGEDIA DE RAMREE



Hoy voy a relatar uno de los episodios más escalofriantes de la Segunda Guerra Mundial, el de la batalla de la isla birmana de Ramree.

Esta isla del Índico, de casi 1.500 km² y situada en la Bahía de Bengala, frente a la costa de Bruma, fue ocupada por las fuerzas imperiales japonesas en 1942. A principios de 1945 cuatro brigadas de la Marina Real Inglesa, apoyadas por la fuerza aérea, iniciaron un asalto anfibio a la isla para hacerse con su estratégico puerto de Kyaukpyu y el aeródromo cercano. Ocupadas las playas por los británicos, mil soldados nipones se vieron obligados a retroceder hacia el interior, atravesando lentamente una zona pantanosa de 16 kilómetros, con la esperanza de encontrar tierras más elevadas.

Pese a los llamamientos aliados a la rendición, los japoneses no aceptaron e incluso fueron fusilados en el acto todos los oficiales vacilantes.

Los nipones avanzaban pisando huevos por los manglares, con el agua embarrada hasta el pecho y los fusiles en alto, sufriendo los efectos de la artillería inglesa situada en el borde del pantano y de las balas de los francotiradores. Al poco de comenzar la durísima marcha, empezaron a caer soldados como moscas por efecto de la deshidratación y de las picaduras de serpientes, tarántulas, escorpiones e insectos tropicales.

Pero lo peor llegó al anochecer.

Cuentan los ingleses que apenas se puso el sol se empezaron a oír por todo el manglar disparos desordenados, explosiones de granadas y estremecedores alaridos humanos. Toda la zona estaba infestada de cocodrilos de agua salada (Cocodylus porosus), también llamados devoradores de hombres, la especie más  grande de cocodrilo, que fácilmente puede alcanzar 7 metros de largo y tonelada y media de peso. Cientos de estos saurios habían acudido al pantano atraídos por el olor de la sangre y el ruido de la batalla, y comenzaron a devorar a la gente de forma sistemática, atacando por sorpresa gracias a la oscuridad.

Los japoneses avanzaban en pequeños grupos en la penumbra y pronto atisbaron gigantescas sombras que emergían de los matorrales y se lanzaban al agua. A los pocos segundos, el último soldado de la fila lanzaba un grito sobrecogedor mientras se hundía en el fango y se escuchaba con toda claridad el crujir de sus huesos bajo las fauces de una de estas bestias. Los que estaban cerca lloraban de terror y se apresuraban a vaciar sus cargadores y a lanzar a la desesperada sus bombas de mano contra los remolinos de agua, barro y sangre que se formaban tras cada ataque.

La pesadilla se prolongó varias noches de los últimos días de enero y primeros de febrero de 1945.

Cocodrilo de agua salada


Trascribo un párrafo del libro Wildlife Sketches Near and Far, de Bruce Stanley Wright, para que nos hagamos una idea del alcance de la masacre:

“Los cocodrilos se concentraron en los heridos y en aquellos que estaban demasiado extenuados o aterrorizados como para huir. El cocodrilo de agua salada tiene una particularidad tenebrosa: continúa atacando a pesar de que ha obtenido carne suficiente. Generalmente llevan a sus víctimas al agua, a madrigueras inundadas donde acumulan los trozos de carne. Los soldados que lograron correr fueron perseguidos en la oscuridad, teniendo que desplazarse a través de un lodo que impedía su retirada. Incluso aquellos que lograron trepar a los árboles no estaban a salvo. Los cocodrilos aguardaron pacientemente hasta que el hambre los obligaba a descender y muchos prefirieron acabar con el horror pegándose un tiro en la cabeza. El ruido de los disparos y de los gritos se hizo cada vez más raro a medida que los hombres morían, pero a veces era posible escuchar el sonido de las mandíbulas rasgando la carne y los aullidos de dolor. El sonido de miles de cocodrilos masacrando a mil hombres es algo que raramente se escucha en la Tierra, y no debe ser nada agradable. Cuando amaneció, los zopilotes y buitres sobrevolaban el pantano, ansiosos por limpiar aquello que los cocodrilos habían dejado.

De los casi 1000 soldados japoneses que se adentraron en el pantano de Ramree, sólo 20 fueron encontrados con vida.”

El Libro de los Records Guinness considera esta tragedia como “el mayor número de víctimas humanas en un mismo ataque de animales”.

domingo, 26 de julio de 2015

PICADURAS VERANIEGAS (3): TÁBANOS



Hembra de tábano de ojos rayados

El asqueroso tábano también puede arruinarnos una excursión campestre estos días de vacaciones. Los tábanos son unos insectos dípteros del suborden de los braquíceros, es decir que pertenecen a la misma familia que las moscas comunes. De hecho son muy parecidos a las moscas pero bastante más grandes. En España hay muchas especies de tabánidos.

El macho y la hembra son muy distintos y es esta última la peligrosa. Los machos son totalmente inofensivos y se alimentan del polen de las flores, mientras que las hembras son hematófagas y pican al ganado doméstico para nutrirse de las proteínas de su sangre. Son mucho más voluminosas que los ejemplares masculinos y, a diferencia de ellos, tienen los ojos completamente separados, como en la foto del post.

Estos bicharracos, similares a un moscardón aunque de apariencia más siniestra, frecuentan áreas rurales con ganado bovino, caprino y equino, y vuelan a velocidades de más de 30 kilómetros hora. Las hembras poseen un aparato bucal picador-cortador especializado en la extracción de sangre con el que pueden atravesar sin problema la dura piel de un toro o de un burro. Yo no llamaría picadura a la herida que causan, pues no se limitan a pinchar la piel para atravesarla, como los mosquitos, sino que más bien cortan la carne y después chupan el líquido sanguíneo.

Atacan sin dudarlo al hombre, como saben muy bien los ganaderos. Tienen predilección por las personas inmóviles y vestidas con ropa oscura, y acostumbran a posarse por encima de la ropa para evitar ser espantados. Con las cuchillas que llevan acopladas en la boca pueden morder vorazmente casi a través de cualquier tejido.

El picotazo de este insecto no tiene grandes riesgos para la salud, pero es una faena sufrirlo. El dolor que provoca es bastante agudo y la lesión considerable. Si están acostumbrados a picar a vacas, es fácil imaginar qué pedazo de agujero nos pueden hacer a nosotros en el cogote. Aparte de la lesión y del intenso escozor, pueden llegar a sufrirse mareos y debilidad, inflamación de los ganglios y algo de fiebre. El mayor problema es que los tábanos van picando por ahí a toda clase de animales mamíferos, incluidos perros, y podrían causarnos una seria infección si tenemos la mala suerte de que nos elijan a nosotros para alimentarse.


Posts anteriores sobre picaduras veraniegas:

- Avispas y abejas
- Escorpiones

domingo, 12 de julio de 2015

PICADURAS VERANIEGAS (2): ESCORPIONES



“Una vez le picó un alacrán y todavía recordaba los terribles dolores sufridos, a pesar de que fray Puerta le había chupado con su propia boca el veneno del escorpión en la pantorrilla derecha. Desde entonces les juró venganza en su interior y, habiendo preguntado un día a un labriego que se llegó al convento a pedir un azadón que precisaba, supo que en aquella comarca había muchos alacranes y que, como eran tan dañinos, se les solía condenar a morir al sol, al cual no pueden ver, pues siempre viven entre las plantas y debajo de las piedras, en sitios frescos y oscuros.

A veces, Marcelino, a escondidas de los frailes, salía a cazar alacranes: levantaba las piedras y hurgaba con su palo entre las plantas de la tapia y cuando el asqueroso animal, como un cangrejo extrañamente rubio, salía, le quitaba de un golpe la bolsa del veneno y luego, con otro palo afilado, lo pinchaba por la mitad del cuerpo y lo dejaba así, atravesado, morir al sol. Una buena reprimenda, acompañada de un nada suave tirón de orejas, le costó alguna de estas hazañas." 


He querido abrir mi entrada sobre el arácnido más legendario y temido de España con un fragmento y una ilustración del hermoso cuento Marcelino, pan y vino (José María Sánchez-Silva, 1953).

Los escorpiones son unos artrópodos rodeados de mitos pero de los que en realidad sabemos muy poco. Dicen que son los animales con menos instinto maternal del mundo, pues la hembra, si no encuentra otro alimento, devora al macho y a todas las crías.  También son muy conocidos por su estrategia de hacerse los muertos ante un peligro insalvable, lo que ha dado lugar a la fábula de que se suicidan clavándose en la cabeza el aguijón del extremo de su cola.

Afortunadamente los escorpiones que habitan en nuestro país están considerados los menos venenosos del planeta, y además no es fácil que nos piquen salvo que nos dediquemos a levantar piedras con la mano o con el pie descalzo o con chanclas. Prácticamente todos los ataques los sufren agricultores o niños que están jugando en el campo.

Existen cinco especies en España, dos de ellas endémicas de Canarias y Baleares. Los más extendidos por la península son el escorpión amarillo (Buthus occitanus), también conocido como alacrán, y el escorpión negro o de cola amarilla (Euscorpius flavicaudis), muchísimo menos frecuente. El primero es bastante más venenoso, mide hasta 10 centímetros y vive en zonas áridas y pedregosas. El escorpión negro, en cambio, es más pequeño (4 centímetros), prefiere las zonas boscosas y húmedas, y no es raro que se cuele en las viviendas, mostrando querencia por los sótanos, tejas y pilas de leña y de escombros.
 
Escorpión amarillo (Buthus occitanus)


La picadura del Flavicaudis no es más problemática que la de una avispa, pero la del alacrán sí tiene graves y duraderos efectos. Si tenemos la desgracia de probar su aguijón, padeceremos durante 48 horas, además de agudos dolores, una fuerte inflamación de la zona afectada, calambres musculares, temblores, hormigueo, sudoración intensa, fiebre, náuseas y vómitos. Es muy recomendable practicar un torniquete y acudir cuanto antes a un centro de salud donde puede que nos suministren un suero para prevenir la atrofia celular.

Aunque no es una especie autóctona, no podemos olvidarnos del escorpión de uñas grandes (Scorpio maurus), que proviene del norte de África pero que ya ha sido introducido en España a través de los barcos. Se encuentra presente en Andalucía y su picadura, amén de las secuelas descritas, puede provocar espasmos en la laringe, fibrilaciones musculares, hipertensión, insuficiencia renal, arritmias cardíacas y un edema pulmonar que podría desencadenar una insuficiencia respiratoria capaz de acabar con la vida del paciente, sobre todo si es un niño.

domingo, 5 de julio de 2015

PICADURAS VERANIEGAS (1): AVISPAS Y ABEJAS





Con la llegada del verano aparecen también unos cuantos bichos muy molestos que no se limitan a posarse en la ensalada en plena comida campestre o en los choricillos de la barbacoa, sino que a veces nos meten unos picotazos que vemos las estrellas.  Dos de estos antipáticos insectos, muy frecuentes en España, son la Vespula vulgaris (avispa común) y la Vespa crabro (avispón), que mucha gente confunde con las abejas (Apis mellifera) por sus franjas de color negro y amarillo, y porque pican, aunque son especies totalmente distintas.

Las avispas que he citado también viven en colonias como las abejas, pero su comportamiento es mucho más agresivo, por lo que en principio el riesgo de ser atacados es más alto cerca de un avispero que de una colmena.  

Una importante diferencia es que las avispas pueden atacar tanto picando con su aguijón como mordiendo con sus fuertes mandíbulas, mientras que las entrañables fabricantes de miel solo aguijonean. La mordedura de la avispa arranca la piel humana y la del avispón puede dejarnos sin un trocito de carne. Con la picadura, en cambio, inyectan veneno con su aguijón, que, igual que sucede con las abejas, solo está presente en las hembras. En realidad se trata del órgano de ovulación (ovopositor) modificado, pues solo la reina lo utiliza para poner huevos.

Vamos, que no sé si prefiero un mordisco o un aguijonazo...

El aguijón de las avispas es retráctil y lo retiran después de picar; así pueden dar varios picotazos seguidos y largarse volando tan campantes. En cambio las abejas, cuando pican a un humano, pierden todo el interior de su abdomen al tirar y mueren sin remedio. La picadura de avispa es muchísimo más dolorosa que la de abeja, con el agravante indicado de que pueden clavar el aguijón varias veces. Además, el aguijón de una abeja va unido a una “valvulita” que queda a ras de piel y que si se retira rápida y hábilmente apenas entra veneno, mientras que de la ponzoña avispil no hay quien se libre. 

El veneno de avispa es más potente que el de abeja y causa mayores reacciones alérgicas, si bien no es peligroso salvo para algunas personas especialmente sensibles o si atacan a la vez muchos insectos. En nuestro país se producen entre 15 y 20 muertes anuales por picaduras de ambas especies.


 Otras picaduras veraniegas en La pluma viperina:

- Escolopendras
- Medusas
- Tábanos
- Escorpiones


domingo, 28 de junio de 2015

LA SENDA DEL DUERO




Foto tomada por mí

Desde 1993 el Ministerio de Medio Ambiente, a través del Programa de Caminos Naturales, viene acondicionando rutas por canales, cañadas, antiguas vías de ferrocarril, caminos de sirga, vías pecuarias y veredas de todo tipo para fomentar el senderismo, el contacto con la naturaleza y el desarrollo rural. Uno de los proyectos más ambiciosos, en colaboración con Portugal, ha sido el sendero GR-14, más conocido como Senda del Duero, que recorre la ribera de esta emblemática arteria fluvial desde su nacimiento en Duruelo de la Sierra (Soria) hasta su desagüe en Oporto. El itinerario se inauguró en 2012 y está perfectamente señalizado. Yo ayer me animé a recorrer a pie un tramo de su etapa número 12, que une las localidades vallisoletanas de Peñafiel y Quintanilla de Onésimo. En concreto anduve un total de 17 kilómetros sumando la ida y la vuelta desde Peñafiel a Pesquera del Duero, un paseo que recomiendo a todos los amantes del trekking. 

Esta zona es famosa en España por su cultura vitivinícola. A decir de los entendidos, aquí tienen los viñedos las bodegas más prestigiosas de la denominación Ribera de Duero, que elabora los caldos más preciados del país después del tinto de La Rioja. Este valle fluvial alberga además numerosos municipios de gran relevancia histórica, destacando Peñafiel con su soberbio castillo del siglo X, que fue conquistado por el mismísimo Almanzor y recobrado 30 años más tarde por el conde castellano Sancho García. 

El recorrido que hice discurre por antiguas sendas de pescadores atravesando pinares y frondosos bosques de chopos, sauces y fresnos. Desde el mismo Peñafiel seguí el Duratón hasta su desembocadura, casi tres kilómetros más allá. A partir de este punto un Duero ya caudaloso serpentea suavemente con su color de arcilla, con una corriente casi imperceptible en esta época del año, flanqueando farallones y pegado al camino, unas veces a ras de suelo y otras hasta treinta metros por debajo. Aunque fácil y accesible, la ruta alterna repechos y bajadas para no aburrir y sorprende con vistas maravillosas de un río en estado salvaje, con troncos muertos que lo atraviesan a modo de puente y una increíble variedad de aves tanto acuáticas como de bosque de ribera que pude disfrutar a pesar del calor: aguiluchos laguneros, fochas, azulones, rabilargos, abubillas, colirrojos y un ruiseñor cada cincuenta metros enseñoreándose de su territorio.

Un buen plan, a ser posible en una época algo menos tórrida, para gozar de un día campestre completo, con opción de lechazo regado con un crianza de postín en alguno de los mejores asadores de la provincia (yo, naturalmente, llevé un bocata de tortilla en coherencia con mi austeridad de revolucionario).

viernes, 5 de junio de 2015

PROGRAMAS MUNICIPALES DE EMPLEO

En la mayoría de ayuntamientos de España donde gobernará el rojerío merced a los acuerdos entre las candidaturas de “unidad popular” (qué escalofríos me da el nombre) y el hasta ahora partido de la casta PSOE, ya se han dado a conocer los paquetes de medidas sociales cuya implementación se prevé en la próxima legislatura. Una de las medidas estrella son los llamados programas municipales de empleo.

En teoría estos instrumentos permiten que, dada la situación de empobrecimiento de muchas familias debido a la crisis y al paro, los consistorios contraten directamente, atendiendo a criterios de necesidad, a desempleados de larga duración y a colectivos con especiales dificultades de inserción, para la realización de trabajos de interés social y utilidad pública destinados a “cubrir necesidades del día a día”, casi siempre en plazas de peón, jardinero u ordenanza. A veces también se inyecta dinero a empresas privadas para que “empleen” a estas personas en puestos tipo becario.

Pero esto no es nada nuevo. La cosa es que desde 2009 ya han sido puestas en marcha varias iniciativas de este tipo por diferentes corporaciones locales, y los resultados distan mucho de ser idílicos. Hablando en plata y sin circunloquios, lo que hacen estos ayuntamientos es generar, de forma artificial, puestos de trabajo que no se necesitan; se los inventan y punto. Por otra parte, la selección de los “trabajadores” la llevan a cabo asistentes y asistentas sociales con unos curiosos baremos basados simplemente en la antigüedad del paro y en los ingresos familiares, sin entrar a considerar para nada la cualificación profesional. 

Los efectos prácticos de estos inventos son los que cabe imaginar con semejantes premisas: Durante varios meses o años, los elementos más marginales y vagos de la ciudad, que jamás de los jamases han dado un palo al agua ni en crisis ni en bonanza, cobrarán una propina de 800 euros al mes a cambio de lucir un mono con las siglas del programa de empleo y rascarse las pelotas en los jardines públicos, haciendo como que podan el seto, o de leer el Hola sentados en una mesita en mitad del pasillo de las oficinas municipales. Tampoco hace falta ser un lince para acertar que los agraciados por esta humillante limosna (que pagamos todos) pertenecerán invariablemente a los grupos y sectores sociales más conocidos por su picaresca, comenzando por la gitanada, siguiendo por los inmigrantes más flojos del municipio y acabando, cómo no, por los familiares, amigos y conocidos de los miembros destacados de las asociaciones vecinales de izquierda.

Parados simulando trabajar en un proyecto municipal de empleo
Naturalmente estos planes son simples poses políticas de cara a la galería sin ningún efecto beneficioso para la sociedad, no tanto por la idea de fondo (que no es mala), sino por la forma escaparatista e ineficaz de desarrollarla. En principio, la cantinela -recurrente en los últimos siete años- de que sobran empleados públicos en todas las Administraciones casa muy mal con la decisión demagógica de sacarse de la manga nuevos puestos, de plantilla o no, para “dar de comer” a quienes probablemente comen mejor, gracias a sus actividades de economía sumergida, que muchos ciudadanos que nunca podrán acceder a un programa de empleo. También sucede que por muy partidarios que seamos de corregir el mercado de trabajo, no parece razonable que estas correcciones se traduzcan en falseamientos puros y duros de la necesidades municipales y de la realidad económica. Si de verdad se trata de integrar laboralmente a las personas con dificultades y de que realicen una actividad útil para que la prestación no se convierta en una simple ayuda social disfrazada, habría que tomarse muy en serio esta clase de actuaciones, buscando ocupaciones adecuadas, seleccionando correctamente a los candidatos (tras un examen exhaustivo de sus antecedentes y circunstancias), excluyendo a priori a los residentes extranjeros, evaluando el rendimiento en las tareas, despidiendo ipso facto a los que no sirvan o no rindan, y realizando seguimientos personales y acciones formativas paralelas para facilitar la absorción de estos desempleados por el mercado de trabajo convencional. 

Entre las tareas que se me ocurren para asignar a los parados en situación de emergencia y que me da en la nariz que serían rechazadas por muchos de ellos, están el desbroce de los montes para prevenir incendios, el apoyo a las labores de extinción de los mismos, la repoblación forestal o la limpieza permanente de nuestras playas. 

Pero mucho me temo que a la izquierda española, en perfecta coherencia con su trayectoria histórica, le interesa bastante más la propaganda que solucionar de una manera eficiente y justa la situación desesperada de millones de familias. Los programillas de empleo que ahora tratarán de vendernos como la panacea de la conciencia social no serán más que guiños electoralistas que no cambiarán nada ni ayudarán, ni siquiera a medio plazo, a nadie que de verdad lo necesite.

jueves, 26 de marzo de 2015

LA CIENCIA PUTA

Me suele hacer sonreír esa fe ciega que tienen algunos en la ciencia y en los científicos, especialmente cuando se ponen a comparar de forma capciosa el rigor del método empírico-analítico con las “supercherías” preconizadas por la Iglesia Católica, a la que siempre acusan de estar vendida al dinero y al poder. Me divierte comprobar cómo estos celosísimos garantes de la experiencia como única fuente de conocimiento, y de la objetividad y la profesionalidad de los investigadores a la hora de exponer sus conclusiones, no se enteran de que, con honrosas excepciones, si algo caracteriza a la clase científica es su contumacia en ofrecerse al mejor postor como la más vulgar de las putas.

Podríamos citar miles de ejemplos cotidianos ilustrativos de la pasmosa facilidad que tienen médicos, químicos, astrónomos, estadísticos, dietistas o antropólogos para abrirse de piernas, a cambio de un plato de lentejas, ante los más turbios intereses políticos o comerciales, proclamando hoy unas "verdades" contrastadas e irrefutables, y mañana otras contrarias en función de la pasta que reciban de sus amos.

Supongo que a todos nos parece bochornoso el papel de los psiquiatras como peritos en los procesos judiciales, cuando diagnostican la locura o la cordura de un reo según les abone el estipendio la defensa o la acusación, o nos rechinan reclamos publicitarios del estilo a “nueve de cada diez dentistas recomiendan Sensodyne (o Trident). Nutricionistas pretendidamente asépticos un día nos explican que un alimento es sanísimo y al siguiente lo equiparan al cianuro solo porque ha cambiado el viento de las exigencias del mercado. Reputados zoólogos publican unas u otras cifras sobre el estado de conservación de una especie en peligro (lince, oso, lobo) dependiendo de la cuantía de las subvenciones para su protección. Hasta que se impusieron los medicamentos genéricos, muchos facultativos recetaban las marcas de la farmacéutica que más les untaba (directa o indirectamente). Los pedriatras no dejan de cambiar de opinión sobre los productos y artículos para bebés, que, de un día para otro, de acuerdo con lo que dispongan los fabricantes, pueden pasar de ser los más beneficiosos a dañar gravemente el crecimiento infantil. Y no sé muy bien si son científicos o putillas baratas, pero prefiero no hablar de ciertos arqueólogos al servicio de los políticos (nacionalistas o no) ni de los cantamañanas de los pedagogos, que no hacen más que usar a los críos como conejillos de indias en experimentos educativos auspiciados por grupos empresariales solo para sacar tajada.

La información del tiempo se adapta descaradamente a los intereses del sector turístico y hostelero

Pero uno de los casos que más me indigna es el de los meteorólogos. Estoy seguro de que la información meteorológica suministrada por los medios de comunicación se manipula sistemáticamente para adaptarla a los intereses de los sectores turístico y hostelero, por supuesto previo pago. Una de las épocas del año en que más se aprecia esta práctica miserable es en Semana Santa, aunque también es perceptible en vísperas de los puentes de ámbito nacional en períodos no estivales. Según se acercan las fechas clave, es típico que los medios en general pero sobre todo las cadenas televisivas comiencen a mostrarse cautelosos o muy poco rotundos cuando toca anunciar mal tiempo, utilizando expresiones ambiguas o tirando balones fuera al referirse al frío o a la lluvia que "podrían producirse" esos días festivos. En Castilla y León, donde los pasos y procesiones de Semana Santa tienen un fuerte poder de atracción y salvan la temporada hotelera, estos días las ambigüedades de los servicios meteorológicos claman al cielo. La idea, por supuesto, es no lanzar ningún dato que desincentive las visitas a estos vistosos eventos, que, como todo el mundo sabe, se suspenden ipso facto en cuanto caen cuatro gotas. El lucro de los empresarios turísticos prevalece, con todo el descaro, sobre la verdad científica, que se pliega sin ningún inconveniente.

Se podría decir que los responsables de estos amaños son los periodistas y no los meteorólogos, pero no me parece exacto, ya que las televisiones y las emisoras de radio suelen encomendar la dirección de los boletines del tiempo a rimbombantes científicos del sector que teóricamente deberían decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, con independencia de sus repercusiones económicas.

Quizá no es que la ciencia sea una zorra, sino que quien financia las actividades científicas lo hace con objetivos muy distintos al de ayudar a la Humanidad y dar a conocer al público datos ciertos y rigurosos.

martes, 30 de diciembre de 2014

EL ESTORNINO


En mitad de esta ola de frío que ha roto en la Meseta, su rápido silbido en dos tiempos, que recuerda el disparo de una pistola láser en una peli de space opera, ameniza nuestras mañanas desde las antenas y los aleros de los tejados. Aunque abunda en nuestra ciudad, es más bien pájaro de pueblo; los estorninos se congregan en grandes bandos, arracimados en los tendidos eléctricos, sobre las tierras de labor, en las pequeñas localidades de toda Castilla.

Mal llamado tordo por los castellanos, se confunde habitualmente con el mirlo por su plumaje negro y su tamaño, algo menor que una paloma. Pero no tienen nada que ver: el estornino no vive en los jardines,  tiene la cola mucho más corta, camina en vez de saltar, encorvado y no erguido, y sus largas plumas alrededor del cuello le dan un aspecto despelujado que en nada recuerda al precioso plumaje compacto de los mirlos. Además el sturnus tiene el pico amarillo en la época estival y oscuro en los meses fríos.

Es insectívoro en primavera y verano, y vegetariano en invierno. Otra de sus características más destacables es su capacidad para imitar la voz de casi cualquier pájaro. A mí me ha llegado a engañar emulando el relincho del pito.

En España pueden verse dos especies distintas: el estornino negro y el pinto. El primero es de un color negro reluciente y habita exclusivamente en los países mediterráneos, donde es sedentario durante todo el año. En cambio, el estornino pinto, que es el que vemos estos días posado en las chimeneas, tiene el pecho salpicado de motas claras, aunque a lo lejos no se distinguen bien. Está distribuido por toda Europa y Asia, e incluso ha sido introducido en América. Es un ave muy abundante que solo viene a España a pasar el invierno. Grandes contingentes de pintos llegan a nuestras ciudades a partir de septiembre, convirtiéndose en una molesta plaga que inunda las aceras de excrementos y nos ensordece con sus chirridos. Los ayuntamientos han intentado de todo para ahuyentarlos, incluyendo grabaciones de reclamos de halcón, pero nada, ahí siguen año tras año.

Echemos hoy mismo una ojeada a la cubierta de algún alto edificio para descubrir a nuestro oscuro amigo oteando la ciudad en busca de bayas en arbustos y setos.

martes, 21 de octubre de 2014

ADAPTACIÓN


En la naturaleza, las especies que se adaptan son las que sobreviven. Aquellos animales más versátiles, capaces de hacerse a cualquier hábitat, clima o dieta son los que mejor se reproducen y los que subsisten ante cualquier cambio, mientras que los más especializados y rígidos en sus costumbres se acaban extinguiendo antes o después. 

En el mundo de las aves hay muchísimos ejemplos. 

Entre las rapaces encontramos el águila imperial ibérica, que solo puede anidar en bosques mediterráneos sin transformar, sin infraestructuras humanas en un amplio perímetro, y cuya única fuente de alimentación son los conejos. Por eso está en grave peligro de extinción. En cambio los ratoneros y los milanos viven en tierras de labor, a cualquier altitud, y se alimentan de lo que pillan, incluida la carroña de los mamíferos atropellados, y por eso desde el coche ves tropecientos volando o posados en los postes de la carretera.


Si hablamos de pajarillos la cosa es parecida. Todos los paseriformes adaptados a los jardines se multiplican como la mala hierba, mientras que las especies menos antropófilas acusan demasiado los cambios en su entorno y desaparecen para siempre tras cualquier intervención humana (por ejemplo, la rehabilitación de una ribera). Y con la alimentación, lo mismo. Los pájaros más abundantes son los omnívoros, es decir los que no tienen una dieta insectívora ni granívora estricta. Un caso típico es el gorrión común, pero ojo: esta especie cada vez escasea más y el motivo no es otro que su incapacidad absoluta de adaptación. Es verdad que come de todo pero jamás lograría sobrevivir en áreas no humanizadas. Su existencia está tan ligada al hombre que en los pueblos de montaña que solo están habitados en verano, mueren al llegar la estación fría.

En cuanto a las aves ligadas a medios fluviales, la clave de su conservación está la mayoría de las veces en su capacidad de acomodarse a aguas contaminadas o de mala calidad. Pueden verse azulones nadando hasta en graveras llenas de mierda y por eso son las anátidas más abundantes, mientras que el mirlo acuático, por ejemplo, se encuentra en clara regresión porque no puede vivir fuera de cauces puros y cristalinos, que cada vez se cuentan más con los dedos de la mano. Hasta hace poco se pensaba que el martín pescador y las garzas eran aves de aguas limpias y algunos se congratulaban de su presencia en el Pisuerga a su paso por Valladolid, pues la consideraban indicio de una excelente política de saneamiento hidráulico. Ahora sabemos que simplemente estas especies son mucho más adaptables de lo que se suponía, hasta el punto de pescar en nuestro asqueroso río.

Pero todo este peñazo solo venía a cuento para contaros que si yo fuera un ave, figuraría sin duda en el catálogo de especies extinguidas hace muchísimos años.



NOTA: Gracias a Teutates por la foto de su gorrión Pipi.