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viernes, 18 de marzo de 2016

LA DIGNIDAD DE LAS RUMANAS (GITANAS)



Los medios de comunicación llevan tres días dándonos una intensa brasa con los sucesos que tuvieron lugar el martes en la Plaza Mayor de Madrid durante la visita de los hinchas holandeses del PSV Eindhoven, que jugaba contra el Atleti en los octavos de final de la Liga de Campeones. Es imposible a estas alturas no conocer los hechos, pues nos va a estallar la cabeza con tanta noticia, reportaje y mensaje de repulsa con los que nos han bombardeado incesantemente como si se tratara de un atentado terrorista o de una catástrofe natural de gran envergadura. Resulta que antes del partido varios jóvenes seguidores del PSV, imagino que ebrios, bromearon con unas gitanas de origen rumano que se encontraban pidiendo limosna en la Plaza. Les lanzaron monedas desde la terraza de un bar en vez de dárselas en mano, les pidieron que interpretaran bailes típicos de su tierra y que hicieran flexiones, prendieron fuego a un billete de cinco euros para ver quién lo apagaba antes, y, en fin, unas cuantas gamberradas más que pueden verse en el vídeo del final del post.

Todas las ONG´s de ayuda al inmigrante, las asociaciones feministas, los colectivos sociales, los partidos políticos y el Secretariado Gitano, encabezados, como no podía ser menos, por la alcaldesa comunista Manuela Carmena, han repudiado estas “vejaciones racistas” y las han denunciado ante la Fiscalía de Delitos de Odio, que ya ha abierto las oportunas diligencias. También se ha exigido una explicación al embajador holandés, que se ha apresurado a pedir disculpas (como para no), y al propio club de fútbol implicado, que, por lo visto, piensa meter un buen paquete a los bromistas.

A mí también me desagrada mucho lo sucedido, que, por cierto, no me sorprende en absoluto teniendo en cuenta que los neerlandeses son unos auténticos salvajes con un sentido de la moralidad más que difuso, como lo demuestran su experiencia colonial en Sudáfrica y su actual legislación en materia de eutanasia, drogas y prostitución. Basta un mínimo de humanidad para saber que solo a un malnacido se le ocurre pitorrearse de una persona que está mendigando en la vía pública.

Pero al margen de los reproches que sin duda merecen los futboleros de Eindhoven, a mí lo que me ha sorprendido de todo este fenómeno mediático es la repentina preocupación de políticos y medios informativos por la dignidad humana en general y la de los indigentes en particular. La verdad es que se me ocurren infinitos ejemplos de dignidad pisoteada bastante más sangrantes que las gansadas de los holandeses en la Plaza Mayor y no recuerdo que nuestros mandatarios ni sus periodistas en nómina hayan protestado nunca con tamaña energía.

Las mafias controlan la mendicidad en Madrid
No voy a caer en la tentación demagógica, o quizás no tan demagógica, de pormenorizar las situaciones de esclavismo que sufren millones de trabajadores españoles por culpa de la última reforma laboral de PP, y que aún no he visto censuradas en ningún reportaje o programa especial de las grandes cabeceras y cadenas de radio y televisión. Puede que la tragedia de que nuestra juventud carezca de oportunidades, tenga el futuro fundido a negro o, en el mejor de los casos, se deslome a trabajar por cuatro perras no se perciba por la prensa como una humillación suficientemente escandalosa, pero es que, ya que estamos hablando de inmigrantes, tampoco me he encontrado nunca, ni en primera ni en última plana, ni en prime time ni a las doce de la noche, ningún artículo ni documental arremetiendo con tanto brío contra las mafias de la mendicidad que funcionan impunemente en Madrid y en todas nuestras grandes ciudades ante la vergonzosa pasividad de las autoridades políticas y policiales. Baste decir que el 90% de los 50.000 gitanos rumanos que pordiosean en España son manejados y sangrados por organizaciones criminales que nadie se molesta en desmantelar. Pero, claro, no sé si los alcaldes y los concejales de turno consideran esta realidad lo bastante degradante como para azuzar al embajador rumano o montar un pollo en los periódicos con lágrimas de cocodrilo incluidas. Y es más: cuando algún ayuntamiento, como el de mi ciudad, ha intentado atajar este problema implantando severas medidas de control de la mendicación, los progres han montado en cólera acusándole de fascista.

Clama al cielo que quienes no han dicho nunca ni pío sobre los extorsionadores profesionales que en pleno centro de Madrid explotan, amenazan y denigran todos los días a miles de inmigrantes de todas las nacionalidades, se pongan ahora hechos unos basiliscos porque cuatro niñatos holandeses lancen al suelo unas monedas para que las recojan unas "pintorescas" calés.

Hay muchas más indignidades que no se critican en la tele ni sofocan demasiado al personal. La prostitución es una de ellas y lo seguirá siendo por muchos años mientras la clase política continúe mirando hacia otro lado en vez de coger el toro por los cuernos y plantar cara a uno de los peores dramas de la Humanidad, causa del más escalofriante tráfico de seres humanos. Pero está visto que cuando un viejo verde asqueroso mete un billete en público en el escote de una stripper mulata, a nadie le parece vejatorio, pero si un hooligan promete una limosna a una gitana a cambio de un baile inocente, casi acaba interviniendo el Tribunal de Estrasburgo.

Y aunque habrá quien me ponga a escurrir, a mí también me revienta no ver a nadie desvelado por la imagen absolutamente indigna de la ciudad de Madrid y de toda España que estamos dando a los visitantes y turistas permitiendo a cuadrillas enteras de rumanas ilegales, llenas de mugre y vestidas como en siglo XVI, acosar sin descanso a los viandantes. Cuando esta chusma nos roba la cartera en el metro o se hacina en un piso de nuestra propiedad llenándolo de excrementos y de basura hasta el techo nadie organiza una campaña de prensa defendiendo nuestra dignidad humana.


viernes, 28 de agosto de 2015

QUIEN TUVO RETUVO


En lo tocante a belleza física, el viejo dicho popular de que quien tuvo retuvo se cumple en la inmensa mayoría de los casos. Unas facciones armoniosas, unos ojos bonitos y un físico equilibrado también están sometidos a los quebrantos de la edad, pero qué duda cabe que, al cabo de los años, los vestigios de esta hermosura casi siempre serán preferibles a los efectos del envejecimiento en quien ya era feo de joven. Sin embargo, esta regla no es absoluta y existen excepciones sobre las que vale la pena meditar.

En primer lugar hay algunas personas a las que, aunque parezca mentira, la juventud les cae fatal. Todos tenemos algún conocido que a los veinte años tenía granos en la cara, semblante de pasmado, una excesiva gordura o delgadez, o un aire así como desmañado que no le favorecían nada, y cuyo aspecto general ha mejorado ostensiblemente después de cumplir los treinta. Tampoco nos engañemos: no parece previsible que, sin pasar por quirófano, una chiquita con nariz de cacatúa y pecho formato I-Pad se transforme en Claudia Schiffer frisando la cuarentena, pero es verdad que a algunos les pasa como al buen vino, que mejoran con los años porque los cambios de la adolescencia o de la primera juventud les beneficiaron poco. Y aunque no tiene que ver con el físico en sí, no puede negarse que ciertos estilos de vestimenta propios de la juventud, unidos a la falta de sentido del ridículo típica en esta etapa, pueden arruinar la imagen de cualquiera, y que cuando después cambian los gustos lo normal es ganar bastante.

Otro fenómeno es el contrario, el de gente muy atractiva de joven que al final ha acabado siendo físicamente más desagradable que muchos de los que jamás destacaron por su guapura. Esto es incluso algo característico en ciertos grupos étnicos, cuyos miembros alcanzan una gran plenitud física a edades muy tempranas pero que también prematuramente empiezan a ajarse. Se me ocurren varios comentarios un tanto toscos sobre las féminas pertenecientes a cierta minoría racial presente en nuestro país desde hace seis siglos, pero mi buena voluntad y mi deseo de que La pluma viperina sea un foro de respeto y pluralismo me impiden escribirlos.

Las razones por las que un gallardo joven o una chica preciosa pueden llegar a convertirse en adefesios veinte años después son varias. Algunas guardan relación directa con el sobrepeso y con la forma en que ciertas personas se cuidan o, mejor dicho, se descuidan, pero además influyen decisivamente factores genéticos (como los insinuados en el párrafo anterior) que condicionan el aspecto de la piel, la integridad del cabello o la firmeza de las carnes. El estilo de vida y el tipo de ocupación laboral marcan también las diferencias, y es casi seguro que un funcionario del Registro Civil más bien feúcho cuando estudiante tenga bastante mejor pinta a los ochenta que un galán de su mismo año que se haya pasado la vida cargando electrodomésticos o destripando terrones de sol a sol. Tampoco pueden olvidarse los beneficiosos efectos del deporte y del ejercicio moderado en la forma de envejecer.

Cierto que no es posible luchar contra los condicionantes genéticos ni contra algunas de las circunstancias de nuestra vida, pero yo creo que la apariencia física puede mejorar muchísimo poniendo un mínimo de atención a nuestras costumbres y aprendiendo a cuidar nuestra carcasa, que es la única que tenemos.

viernes, 5 de junio de 2015

PROGRAMAS MUNICIPALES DE EMPLEO

En la mayoría de ayuntamientos de España donde gobernará el rojerío merced a los acuerdos entre las candidaturas de “unidad popular” (qué escalofríos me da el nombre) y el hasta ahora partido de la casta PSOE, ya se han dado a conocer los paquetes de medidas sociales cuya implementación se prevé en la próxima legislatura. Una de las medidas estrella son los llamados programas municipales de empleo.

En teoría estos instrumentos permiten que, dada la situación de empobrecimiento de muchas familias debido a la crisis y al paro, los consistorios contraten directamente, atendiendo a criterios de necesidad, a desempleados de larga duración y a colectivos con especiales dificultades de inserción, para la realización de trabajos de interés social y utilidad pública destinados a “cubrir necesidades del día a día”, casi siempre en plazas de peón, jardinero u ordenanza. A veces también se inyecta dinero a empresas privadas para que “empleen” a estas personas en puestos tipo becario.

Pero esto no es nada nuevo. La cosa es que desde 2009 ya han sido puestas en marcha varias iniciativas de este tipo por diferentes corporaciones locales, y los resultados distan mucho de ser idílicos. Hablando en plata y sin circunloquios, lo que hacen estos ayuntamientos es generar, de forma artificial, puestos de trabajo que no se necesitan; se los inventan y punto. Por otra parte, la selección de los “trabajadores” la llevan a cabo asistentes y asistentas sociales con unos curiosos baremos basados simplemente en la antigüedad del paro y en los ingresos familiares, sin entrar a considerar para nada la cualificación profesional. 

Los efectos prácticos de estos inventos son los que cabe imaginar con semejantes premisas: Durante varios meses o años, los elementos más marginales y vagos de la ciudad, que jamás de los jamases han dado un palo al agua ni en crisis ni en bonanza, cobrarán una propina de 800 euros al mes a cambio de lucir un mono con las siglas del programa de empleo y rascarse las pelotas en los jardines públicos, haciendo como que podan el seto, o de leer el Hola sentados en una mesita en mitad del pasillo de las oficinas municipales. Tampoco hace falta ser un lince para acertar que los agraciados por esta humillante limosna (que pagamos todos) pertenecerán invariablemente a los grupos y sectores sociales más conocidos por su picaresca, comenzando por la gitanada, siguiendo por los inmigrantes más flojos del municipio y acabando, cómo no, por los familiares, amigos y conocidos de los miembros destacados de las asociaciones vecinales de izquierda.

Parados simulando trabajar en un proyecto municipal de empleo
Naturalmente estos planes son simples poses políticas de cara a la galería sin ningún efecto beneficioso para la sociedad, no tanto por la idea de fondo (que no es mala), sino por la forma escaparatista e ineficaz de desarrollarla. En principio, la cantinela -recurrente en los últimos siete años- de que sobran empleados públicos en todas las Administraciones casa muy mal con la decisión demagógica de sacarse de la manga nuevos puestos, de plantilla o no, para “dar de comer” a quienes probablemente comen mejor, gracias a sus actividades de economía sumergida, que muchos ciudadanos que nunca podrán acceder a un programa de empleo. También sucede que por muy partidarios que seamos de corregir el mercado de trabajo, no parece razonable que estas correcciones se traduzcan en falseamientos puros y duros de la necesidades municipales y de la realidad económica. Si de verdad se trata de integrar laboralmente a las personas con dificultades y de que realicen una actividad útil para que la prestación no se convierta en una simple ayuda social disfrazada, habría que tomarse muy en serio esta clase de actuaciones, buscando ocupaciones adecuadas, seleccionando correctamente a los candidatos (tras un examen exhaustivo de sus antecedentes y circunstancias), excluyendo a priori a los residentes extranjeros, evaluando el rendimiento en las tareas, despidiendo ipso facto a los que no sirvan o no rindan, y realizando seguimientos personales y acciones formativas paralelas para facilitar la absorción de estos desempleados por el mercado de trabajo convencional. 

Entre las tareas que se me ocurren para asignar a los parados en situación de emergencia y que me da en la nariz que serían rechazadas por muchos de ellos, están el desbroce de los montes para prevenir incendios, el apoyo a las labores de extinción de los mismos, la repoblación forestal o la limpieza permanente de nuestras playas. 

Pero mucho me temo que a la izquierda española, en perfecta coherencia con su trayectoria histórica, le interesa bastante más la propaganda que solucionar de una manera eficiente y justa la situación desesperada de millones de familias. Los programillas de empleo que ahora tratarán de vendernos como la panacea de la conciencia social no serán más que guiños electoralistas que no cambiarán nada ni ayudarán, ni siquiera a medio plazo, a nadie que de verdad lo necesite.

domingo, 25 de enero de 2015

MERCADILLO



Al pie del estadio se extienden dos largas calles de puestos flanqueadas por furgonetas blancas en medio de un bullicio de colores. Casi todos los tenderetes son de ropa y calzado, pero también los hay de juguetes, herramientas, antigüedades, marroquinería que parece plástico, cachivaches eléctricos y bisutería irregalable. Incluso un viejo merchero de mejillas chupadas con una visera puesta del revés vende periquitos, canarios y mixtos que animan la mañana invernal con sus trinos mezclados con el griterío de los reclamos comerciales.

– ¡Bolsos de marca a cinco euros, chicas! ¡Aprovechar!

Cuatro gitanos jóvenes, gordos como boliches, se desayunan con un trago de orujo frente a la churrería ambulante, frotándose las manos e intercambiando miradas salaces.

– ¿Tú tas echao ya con la Noemí? – le preguntan al más repeinado entre codazos cómplices y con la boca llena de churros.

Un jicho bajito con sombrero y patillas blancas le ofrece fulares a una señora muy peripuesta que ni se para. La sigue unos pasos llamándola a voz en grito:

– ¡Si no te gustan estos también los tengo de Busberri!

Las gitanas agasajan a las clientas mientras se prueban las prendas en la trasera de los tenduchos. Una chica guapa y con un desparpajo de vértigo intenta colocar una sudadera falsa de Adidas a una adolescente acompañada por su madre.

– Pues la tengo también en azul. ¡Esa te queda divina, cariño! –y mira a la madre– ¡Ay, de verdad que es que sois clavaditas! ¡Que al veros yo me pensé que erais hermanas y no madre e hija!

Tras el puesto de zapatos se desgañitan dos treintañeros en chándal:

–¡Botas buenas de piel en liquidación! ¡Venid pa acá, hermosonas! ¡Pagáis la bota derecha y os regalo la izquierda!

Hay un vejete con sonotone y cazadora de cuero gris que expone gorros de lana con pompón sobre una colcha extendida en la acera. Le sabe dar color a su mercancía: 


¡Todo térmico! ¡Todo térmico!

Al final de la calle venden collares, pendientes y otras baratijas. Atiende un chavalín renegrido, en camiseta a pesar del relente. Dos mujeres se paran y manosean las pulseras de cuentas hablando en bajo entre ellas.


– La que más os guste, ¿eh? ¡Es perla perla!

Antes de irme le compro al quinqui una piedra de calcio para mi periquita, y un espejo con cascabel, que se le ha roto el que tenía y se lo pasaba bomba picoteando su propia imagen y metiendo la cabeza bajo la campanilla.

miércoles, 21 de enero de 2015

JE SUIS LOS CHUNGUITOS

Telecinco no tuvo en cuenta la cultura y la idiosincrasia del famoso dúo madrileño

El jueves pasado, la cadena Telecinco ha expulsado del programa Gran Hermano VIP al emblemático dúo de rumba vallecana Los Chunguitos, por unos supuestos comentarios racistas y homófobos. Con esta arbitraria medida, los hermanos Juan y José Salazar han sufrido en sus carnes la censura represiva del lobby gay, que, como es sabido, ejerce un control absoluto sobre Mediaset España.

La hipocresía de los medios de comunicación no conoce límites. Resulta que si el semanario Charlie Hebdo se cisca, con unas viñetas soeces, en las creencias religiosas de medio mundo, estamos ante un sano ejercicio de la libertad de expresión, pero si dos simpáticos rumberos de etnia gitana hacen unos chascarrillos sobre el aspecto de un subsahariano o sobre el colectivo homosexual, merecen la mayor repulsa e incluso ser apartados fulminantemente de un espacio televisivo.

Yo todavía no entiendo dónde está la gravedad de las divertidas reflexiones que los Chunguitos tuvieron a bien compartir con la audiencia. 

Por una parte parece ser que el día en que el robusto guineano Coman Mitogo hizo su entrada en pelotas en la casa de GH VIP, los veteranos cantantes se preguntaron en voz alta si era un mono, un gorila o King Kong, provocando el escándalo de varios de sus compañeros de programa. Pero sin ánimo de ser ofensivos, tendremos que admitir que el parecido entre el cuerpo desnudo de un nativo africano y el de un simio antropomorfo es, como mínimo, bastante razonable.

Los Chunguitos solo manifestaron sus dudas sobre la apariencia del joven guineano

El segundo “crimen” de los artistas calés fue manifestar al colaborador de Telecinco y sodomita (valga la redundancia) Víctor Sandoval que “a nadie en este planeta le gustaría tener un hijo maricón", que dichas tendencias sexuales constituyen un delito según la ley gitana y que preferirían “un hijo deforme o con una enfermedad” a uno homosexual. Tales afirmaciones me parecen perfectamente respetables, además de respetuosas. Las dos primeras frases se limitan a enunciar hechos objetivos y la tercera, una preferencia personal muy legítima.

Además digo yo que los mariquitas y los morenos podrían tener algo más de cintura y de sentido del humor, y relajarse un poco ante este tipo de comentarios hechos sin mala intención. 

El linchamiento mediático ha sido de tal envergadura que al final los pobres Chunguitos se han visto obligados a pedir perdón por sus "pecados" y a declarar: "Adoramos a los gays. ¿Qué daño nos han hecho?  Yo tengo mi compadre gay, es padrino de mi hija".

Solo cabe concluir que hay ocasiones como esta en que la dictadura de lo políticamente correcto en Occidente nada tiene que envidiar a la del Estado Islámico.

Menos mal que esta injusticia tan grave también ha tenido su lado cómico en el momento en que la sobrina y la hija de Juan y José Salazar, unas chiquitas muy bien equipadas, han decidido posar en cueros en Interviú, lógicamente “para apoyar” a sus parientes represaliados por la cadena de televisión. “No son ni racistas ni homófobos. Solo son mayores y tienen otra mentalidad. Además, tampoco han matado a nadie”, explican Aroa y Encarna con las tetas al aire en la conocida revista masculina. 

¡Solidaridad con Juan y José! ¡Je suis Los Chunguitos!

viernes, 16 de mayo de 2014

EL RESORTE



Estas mujeres son despreciables pero no están locas

Tras el asesinato de la presidenta de la Diputación de León a manos de la madre de una ingeniero "despedida" por la polémica pepera, casi todos hemos caído en el comentario facilón de que estas tipas tienen que estar muy desequilibradas para hacer una barbaridad así. Pero nada más lejos de la realidad. Las coautoras del crimen no tienen nada de locas; simplemente su nivel de odio ha rebasado los confines de la razón. Ha llegado un punto en que su rencor hacia Isabel Carrasco era tan intenso que neutralizaba cualquier otra consideración como el respeto a la vida, la prudencia, o su propia libertad y bienestar. 

El problema es que todos, sin excepción, tenemos ese límite de no retorno, esa línea tras la cual solo hay instinto ciego. Al fin y al cabo, somos animales. Por distintas razones culturales, educativas, morales, de socialización, de carácter e incluso biológicas, unos tienen este límite escondido en lo más profundo de sí y es muy difícil de traspasar, mientras que en otros está a flor de piel y basta una pequeña provocación para que salten como fieras salvajes. Pero repito: todos podemos llegar a comportarnos como bestias o criminales cuando se acciona el resorte adecuado en el interior de nuestro cerebro. Basta leer las noticias de actualidad sobre guerras, violencias de género, homicidios, atentados o torturas. Vemos atónitos imágenes en televisión en las que no reconocemos como humanos a sus protagonistas, pero os aseguro que la mayoría no están chiflados; solo viven circunstancias terribles que han activado su resorte animal.

Hasta el más pacífico de los hombres estrangularía a un semejante con sus propias manos si le pisan el callo que le tienen que pisar. Este callo puede tener que ver con la venganza, los celos, el hambre, el instinto de conservación, la inquina alimentada durante años, el orgullo desatado, el pánico o la protección de la familia. Cada uno tenemos el nuestro.

Lo que pasa es que el resorte de estas dos asesinas es demasiado sensible para este modelo de sociedad, en el que todos somos domesticados desde la infancia para resignarnos ante putadas como las que se supone que la poderosa Carrasco hizo a la ingeniero. Las reglas del juego nos permiten, como mucho, acudir a los tribunales o a las manifestaciones. Pero hay unos pocos que nunca llegan a interiorizar estas normas y acaban liándola parda.  Un caso claro en España es el del colectivo gitano y otro el de la propia Montserrat Triana Martínez y su madre, que no padecen ninguna patología psíquica; no son más que enfermas sociales como consecuencia de una vanidad desmedida y de un complejo de superioridad que les ha hecho perder de vista la realidad. A diferencia de lo que haríamos todos en la misma situación, ni Triana ni su progenitora fueron capaces de asumir que a una teleco tan brillante y con carné del PP le pegara una patada en el culo la Diputación leonesa. Su animadversión obsesiva, su audacia y su seguridad en sí mismas hizo el resto.

¿Qué nos tendrían que hacer a nosotros para que nos cargáramos a alguien? Venga, no mintáis, pensad un poquito más y encontraréis una respuesta.

domingo, 13 de abril de 2014

NECESIDADES BÁSICAS



Uno de estos días casi veraniegos voy paseando por el barrio del otro lado del río y observo a unos adolescentes gitanos jugando al futbito sin camiseta en la cancha municipal. Justo al lado hay una fuente donde un jicho gordo de veinte años se refresca metiendo toda la cabeza bajo el chorro. Tiene la espalda renegrida, las tetas caídas surcadas por un cadenón de oro y una coleta que le llega a los riñones. Paso justo a su lado y me vocea: 

¡Oye, chacho! ¿No tendrás champú o algo?

Le miro fríamente, sin pararme, y con mi voz más neutra le contesto que no, que lo siento, aunque en mi mente viperina ronda una respuesta mucho más adecuada que jamás me atrevería a soltarle: “Lástima, chaval, que hoy me pillas sin nada, porque normalmente salgo de casa con un neceser de baño y un kit completo de ducha, con esponja, gel, champú y acondicionador. ¡Otra vez será!”


martes, 10 de septiembre de 2013

...DE NACIONALIDAD RUMANA....

Jóvenes de nacionalidad rumana sustrayendo cobre

Recuerdo que en los años 90 hubo en los medios de comunicación una gran polémica sobre la forma de enfocar las noticias sobre delitos en las secciones de sucesos. Hasta entonces, cuando se indicaban los nombres o las iniciales de los autores de hurtos o reyertas, era costumbre añadir la coletilla  “de etnia gitana” cuando los sujetos eran calés, pero el Secretariado Gitano se mosqueó y pidió a la prensa que evitara estas especificaciones, que, a su modo de ver, resultaban discriminatorias (ya que los “payos” también robaban y no se ponía su raza) y solo contribuían a estigmatizar a ese pueblo noble y amante de la libertad que son los zíngaros. Finalmente hubo consenso y se decidió omitir este dato en todas las noticias relativas a homicidios, robos, extorsiones y peleas, por lo que solo podíamos deducir que los autores eran calorros de las fotos (si las había) o de los consabidos apellidos Gabarre, Gabarri, Heredia, Montoya, Barrul y demás.

Con mucha menos intensidad, y acogida con mayor diversidad de criterio que entonces, ha resucitado esta controversia en nuestros días, pero esta vez no en relación con los alegres gitanos sino con los inmigrantes de varios orígenes. A nadie se le escapa leyendo los periódicos que un amplísimo porcentaje de las fechorías cometidas en nuestros pueblos y ciudades tiene como protagonistas a individuos de Europa del Este (sobre todo rumanos), a moros del Magreb y, en mucha menor proporción, a hispanoamericanos, todos ellos afincados ilegalmente en nuestro país. Las posibilidades de que una violación, un navajazo, un atraco a una sucursal bancaria o un hurto de piñas, de cable de cobre o de tuberías hayan sido obra de uno de estos extranjeros irregulares son en la actualidad de diez contra uno. Ello no ha obstado para que numerosas oenegés de apoyo a los inmigrantes hayan puesto el grito en el cielo por la práctica periodística casi unánime de concretar la nacionalidad de los criminales, aunque esta vez me temo que casi nadie les ha hecho caso.

Es muy cierto que del dato de que el 70% de los robos en una ciudad sean siempre cometidos por rumanos no cabe deducir (automáticamente) que el 70% de los inmigrantes rumanos son ladrones. Es muy cierto que los españoles también cometemos delitos y tenemos comportamientos incívicos.  Y es muy cierto que a los gitanos o inmigrantes honestos, que los habrá, les tiene que saber a cuerno quemado ver cómo su raza o su nacionalidad aparecen diariamente implicados en las noticias más sórdidas y violentas. Pero la cuestión es que nos guste o no y se mire por donde se mire, que los individuos de una minoría protagonicen la mayoría de las transgresiones del Código Penal es noticia, y todos los ciudadanos tenemos derecho a que esta noticia no se recorte ni se manipule al son de los intereses de cuatro progres sensibleros.

Los dueños de naves o almacenes están en su derecho, cuando compran la prensa, a que en las reseñas de hurtos en polígonos industriales se signifique que los mangantes son rumanos, y a saber que esta clase de delito se comete en un 90% de ocasiones por inmigrantes de este país, pues ello les facilitará la vigilancia de sus negocios y la adopción de precauciones. A las jovencitas les viene muy bien enterarse del elevado porcentaje de agresiones sexuales cometidas en España por marroquíes, para por lo menos cambiarse de acera cuando atisben a un grupo de moros y no dar ni la menor confianza a un sarraceno en un bar de copas, y si resulta que paga el pato un rifeño bueno, ay, qué pena nos da. Si se sabe, por ejemplo, que los robos en domicilios por empleadas domésticas son, en su mayoría, cometidos por ecuatorianas, las familias deberían ser informadas de este dato por los periódicos para pensárselo mucho al contratar a una quiteña por muy barata que salga. Y si la mayoría de los enfrentamientos a tiros en la ciudad se producen entre gitanos, que los periodistas lo pongan bien clarito para que lo tengamos todos en cuenta a la hora de elegir nuestras zonas de residencia y de paseo.

Porque lo que no puede pretenderse es que los españoles honrados y trabajadores queden desprotegidos por estar en la inopia de estas estadísticas solo para que los rumanos, magrebíes o ecuatorianos decentes no se sientan ofendidos por las “generalizaciones” o para que los charlatanes de las asociaciones de ayuda a los marginados se apunten un tanto y cobren más subvenciones.

jueves, 21 de marzo de 2013

EL ENIGMA DEL CARRITO

Algo habrá hecho

Hoy voy plantear aquí un gran misterio de la sociología, una incógnita que me corroe por dentro, y es por qué las gitanas en el súper llevan siempre el carrito lleno hasta arriba, pero nunca de alimentos de primera necesidad, sino de chuminadas. Muy rara vez me he encontrado haciendo la compra a una gitana (un gitano ni en sueños) que lleve hasta la caja productos como carne, pescado, embutidos, huevos, fruta, aceite, pan o leche. Solo compran golosinas y fruslerías de todo tipo.

Ahora mismamente vengo del Mercadona y he tenido delante de mí en la cola a una madre treintañera con dos churumbeles, cíngara por los cuatro costados, renegrida, con moño, falda estrecha, chaquetilla de punto, chanclas blancas y un culo como una plaza de toros, que transportaba en su carro los siguientes artículos (ni uno más): dos tarros de Nutella, una tarrina grande de helado de chocolate, ocho flanes de huevo, doce postres de gelatina de fresa, cuatro bolsas de patatas fritas Matutano, dos bolsas pequeñas de Cheetos, dos packs enormes de latas de Pepsi, tres bricks de zumo de naranja Juver, un paquete de magdalenas de chocolate, un ambientador para el coche (se comprende), una bolsa de gominolas (del expositor junto a la caja), una bolsa de pipas, un bote de  kepchup Heinz, una botella de clarete barato, tres litronas de Mahou, un surtido de galletas, una torre de vasos de plástico, dos pastelitos de la Pantera Rosa que se les acababan de antojar a los críos y una lata de mejillones (para que no se diga).

Una explicación quiero.

martes, 31 de agosto de 2010

SARKOZY Y LOS GITANOS RUMANOS


Por razones humanitarias, no me considero una persona particularmente estricta con el tema de la inmigración. Creo que hay mil amenazas más graves para nuestra identidad cultural que los extranjeros necesitados. Opino que España precisa de inmigrantes para sacar adelante su economía. Y creo que una política de cerrazón a cal y canto con este tema contradice los valores de solidaridad del cristianismo.

No obstante yo siempre hablo de cuatro límites en materia de inmigración:

1. Equilibrio poblacional. Si en un sitio no cabe más gente o no hay trabajo para más gente, no tiene sentido la llegada de inmigrantes.

2. Respeto a la dignidad humana. La llegada masiva a España de inmigrantes irregulares y sin contrato de trabajo previamente formalizado favorece el esclavismo de los extranjeros y empeora a la larga las condiciones laborales de los españoles, por no hablar del enriquecimiento injusto de unos cuantos empresarios hijos de puta.

3. Es necesario favorecer medidas otorgando prioridad a extranjeros de determinados países cuya capacidad de adaptación es mucho mayor, y a aquellos con los que compartimos nuestra historia, nuestra sangre y un amplio acervo cultural.

4. No puede consentirse de ningún modo que los inmigrantes vengan a delinquir o a aprovecharse del trabajo de los demás.

La semana pasada nos hemos enterado de que casi cien rumanos gitanos que residían en Francia, en campamentos clandestinos como inmigrantes ilegales, se han "acogido" al programa de retorno "voluntario" promovido por el gobierno galo. Este programa consiste en ofrecer a los inmigrantes irregulares el regreso a sus países a cambio de un billete de avión y de 300 euros por adulto y 100 euros por niño. En menos de un mes abandonarán Francia más de mil rumanos mediante este procedimiento.


A la vista de la noticia, uno se pregunta si sería conveniente adoptar una medida similar en nuestro país.

En lo tocante al cuarto límite del que hablaba creo que cualquiera que lea la sección de sucesos de cualquier periódico de nuestra región se habrá percatado que desde hace varios años una mayoría importante (yo diría que al menos el 60%) de los detenidos por la comisión de robos, asaltos, violaciones y otros crímenes diversos es de raza gitana y nacionalidad rumana (las dos cosas al mismo tiempo).

Deducir de este hecho innegable que todos los gitanos rumanos afincados en Castilla y León son unos delincuentes me parecería gravemente injusto, pero no creo serlo si afirmo que uno de los principales peligros para nuestra seguridad, nuestra integridad física y nuestro patrimonio lo constituyen sin lugar a dudas algunos miembros de este colectivo.

En mi opinión, cualquier inmigrante legal o ilegal que cometa un delito (dependiendo de su entidad, del número de detenciones, etc) o que represente un riesgo grave, concreto y debidamente ponderado contra la seguridad interna o contra las leyes y costumbres españolas (por negarse a cumplirlas y por atacarlas respectivamente) debe ser inmediatamente expulsado de España, una vez que haya cumplido en nuestro suelo nacional la pena correspondiente al delito que en su caso hubiera cometido.


Es bien simple. Me da exactamente igual que el inmigrante delincuente sea gitano, rumano, nicaragüense, marroquí o croata. Atentar contra la convivencia en España debe ser inmediatamente sancionado con la expulsión incondicional.


Sin embargo, el problema de la medida de Sarkozy es triple:


De un lado vemos que en Francia hay un programa de incentivación al retorno dudosamente moral. Si alguno de los rumanos de los que hablamos ha cometido alguna ilegalidad, como por ejemplo montar campamentos insalubres o que sean focos de delincuencia, debe recibir una patada en el culo lo antes posible sin derecho a indemnización alguna. Pero si hay algún gitano rumano que esté trabajando honradamente y no cause problemas, aunque en este momento no tenga papeles, no me parece de recibo "invitarle" a largarse si pueden contemplarse otras soluciones.


Además habría que estudiar (yo lo desconozco) si este tipo de medidas se dirigen exclusivamente a un colectivo concreto o bien se aplican a cualquier inmigrante de cualquier origen nacional o étnico que se encuentre en una situación similar a la de los gitanos rumanos. Ya digo que las medidas de expulsión deberían aplicarse de forma individual y en ningún caso estar dirigidas a grupos o razas concretas. Todos sabemos que hay culturas y nacionalidades con mucho mayor riesgo de causar problemas, pero deben evitarse medidas colectivas para no incurrir en injusticias intolerables.


Finalmente me permito dudar de la fe del centrista y liberal Sarkozy en este tipo de acciones. En mi opinión, este sujeto, que cuenta con mis máximas antipatías políticas y personales, se está viendo obligado a hacer un poco el facha para contener la huida de sus votos hacia la extrema derecha (Frente Nacional) en futuras elecciones. Toda vez que la formación política de Nicolás forma parte del Partido Popular europeo y que todos estos pájaros son iguales, podemos hacer una lectura muy semejante de las promesas de Rajoy sobre la derogación de la última Ley del aborto. Mucho cuidado con esta gentuza, capaz de vender a su madre o de hacer las piruetas ideológicas más insospechadas con tal de seguir mamando de la teta.

martes, 20 de julio de 2010

SACAR EL PAÑUELO



El otro día me presentaron a un tipo de lo más curioso. Un fulano de 60 tacos que por su pinta jurarías que es un patriarca caló de los importantes, así chuleta, patilloso y hasta con acentillo "jai chacho". Le traicionaban la coleta, el polo de marca y que no llevaba cachava ni reloj de oro.

El tío es lo que se llama un agitanado, es decir un payo que, por distintos motivos, tiene mucha relación y amistad con gitanos. Éste en concreto sale con ellos, come en sus casas, conoce a sus familias y asiste a muchas celebraciones de los miembros de esta etnia en la ciudad de Valladolid.A mí se me ocurrió preguntarle por las bodas -que ha ido a cientos- y por la costumbre de "sacar el pañuelo". Y se explayó.

Generalmente las bodas a las que ha asistido este señor se suelen celebrar en un gran local alquilado, dada la asistencia masiva de jichos de toda España. En el caso de mi ciudad uno de los sitios preferidos es un conocido y cutre restaurante muy cercano a cierto polideportivo municipal.

En una salita debidamente acondicionada se lleva a cabo el ritual del pañuelo. Mientras los hombres esperan en corros en el salón principal o en la calle, se juntan en este reservado la novia y una nutrida representación de las mujeres de su familia y de la del prometido (generalmente madre, hermanas y tías).

Vestida de blanco riguroso, la novia se echa en un camastro o sofá. Y aquí es donde entra en juego un personaje mítico y muy respetado en la comunidad: una anciana matrona especializada en este tipo de trances, de cuya actuación no pierde ripio ninguna de las presentes. Esta vieja tiene la uña del dedo índice derecho más larga y afilada que la espada de D´artagnan. La familia de la chica le paga cien euros.


 Por lo visto, las costumbres gitanas se han relajado mucho. Últimamente no son pocos los hombres que se niegan a que su futura esposa pase por este trámite, voceando que a su novia "solo la ve el coño él". La familia de la niña se enfurruña y tal, sobre todo si no la han dejado salir de casa en sus 20 años, porque si la muchacha ha gozado de alguna libertad de movimientos, casi respiran aliviados. De todos modos sacar el pañuelo es un derecho del marido y si renuncia, él sabrá.

Seguimos con el ritual. Toda la gitanada rodea el camastro haciendo comentarios irreproducibles y la maestra de ceremonias se dispone a entrar a matar con la solemnidad de un torero. Cubre su dedo huesudo y bayonetado con un fino pañuelo de seda, lo ata en la base y zas, tranquila, niña, tranquila, que pasa rápido, pimba, pimba, unos chilliditos de rigor, y la bruja saca por fin el dedo.

Aquí todas las mujeres se arremolinan como cornejas para echar un vistazo. Son unas auténticas expertas en las diversas tonalidades y texturas que puede tener la tela tras la operación. Así, si el pañuelico sale teñido de rojo fuerte, se oyen palmas y algarabías en la habitación:

 - ¡Ay mi niña, la honraaaaaa, que la tiene intacta! –vocifera la madre y le arrebata el trapo a la matrona para metérselo en los ojos a las hermanas de él -. Mira, mira lo que se lleva vuestro Richal: un angelito del Cielo…

La situación se complica cuando el pañuelo sale con tono rosado. La mamá de la novia también suelta unos grititos y presume, pero las mujeres que representan al novio murmuran entre sí, no lo suficientemente bajo como para que no se entere hasta la chica:

- Ay, mira, está rozadita, tú.

Lo grave, lo realmente grave, es cuando la tela sale tan blanca como entró. En estos casos, la familia de la “virginal” chiquilla se echa literalmente encima de la vieja, rodeándola para tapar la escena.

- ¡Repítelo, Estrella, repítelo, que no se ha hecho bien! – y le meten en el bolso del delantal uno o dos billetes de cincuenta.

Las hermanas y tías de la parte contraria estiran el cuello como avestruces, pero no logran ver ni papa. La desfloradora oficial se hace la longuis y rezonga:

- Se ha hecho tó bien, se ha hecho tó bien – hasta que le meten un par de billetes más. 

Entonces la señora reconoce que igual no se ha esmerado lo suficiente y repite la jugada. En esta segunda ocasión, para satisfacción de todos, sale más sangre que en una corrida de toros porque la matrona clava la uña hasta el intestino delgado pese a los alaridos de la mocita.

 En ocasiones, cuando la family no las tiene todas consigo con la pureza de la niña, retocan previamente el pastel con ungüentos o tintes varios, para que la cosa tenga el color que debe. Estas triquiñuelas no siempre engañan a la gente del novio, que hay gitanas con mucho rodaje en la materia, y no falta la descarada de turno que termina soltando:

- Ayyyyy, la niña está maquillá.

viernes, 29 de mayo de 2009

QUINQUIS

Prometí hace mucho a Anaroski que escribiría sobre los mercheros y ya toca. Además el otro día vi de pasada en El Diario de Patricia a un matrimonio mayor quinqui de aspecto inconfundible y me quedé con ganas de tratar el tema.

En España hay mucho desconocimiento sobre ellos; la gente no se termina de aclarar de si son una raza, una etnia, una cultura o un grupo social. Y no me extraña, porque no lo tienen claro ni los investigadores. La teoría más extendida sobre el origen de los mercheros, quincalleros o quinquis dice que son fruto del mestizaje racial y cultural de varios grupos nómadas que pulularon por la Península desde el siglo XVII, principalmente moriscos retornados clandestinamente tras su expulsión, inmigrantes del Centro de Europa, gitanos y hasta campesinos que abandonaron sus pueblos en épocas de carestía adoptando la venta ambulante de quincalla como forma de subsistencia. Parece innegable al menos una ascendencia centroeuropea, dados los rasgos faciales y el pelo rubio que frecuentemente presentan los miembros de este grupo, y cierta influencia cultural del pueblo caló, debido al contacto forzoso que implicaba el nomadismo. Los mercheros, que sólo existen en España, tienen hasta una especie de lengua propia, muy parecida al castellano antiguo.

Los quinquis se han caracterizado siempre por su carácter indómito, su amor a la libertad, su afición al robo y a la violencia y por ser especialmente sanguinarios en sus delitos, apareciendo en la prensa desde el siglo XIX constantemente mezclados en toda clase de pillajes y actos violentos. Exactamente igual que sucede con el pueblo gitano, la causa clave de la repulsa social que han sufrido está en su negativa de siglos a realizar tareas agrícolas en una España donde la agricultura era el primer fundamento económico y social. 

Como consecuencia de sus costumbres nómadas y su inestabilidad socioeconómica, fueron uno de los colectivos más afectados por la republicana Ley de Vagos y Maleantes. También se les controló severamente durante la etapa franquista. En esta época, la política social del Gobierno se empeñó en forzar a quinquis y a gitanos a fijar un domicilio fijo, para favorecer su calidad de vida y su integración. A pesar de su buena intención, estas medidas no fueron fáciles, ni favorecieron siempre la convivencia. De hecho, en las décadas de los 50 y 60 los mercheros llegaron a ser uno de los grupos sociales más conflictivos por las dificultades iniciales de adaptación al sedentarismo.

No obstante, una vez asentados en barrios urbanos y superados estos desajustes, no tardaron en integrarse bien, en parte debido a su voluntad de huir de la marginación y en parte por su apariencia (sus mujeres, rubias, son muy guapas), que facilitó el mestizaje con los “payos”. Con los gitanos sucedió lo contrario: las medidas de control franquistas reforzaron su sentimiento de raza y su aislamiento social.

Esta integración acelerada ha supuesto (por asimilación cultural y mestizaje biológico) la práctica extinción de la etnia, de la que en la actualidad quedan poco más de 100.000 individuos distribuidos principalmente por Madrid, norte de España, Levante y Andalucía occidental.

De los quincalleros se ha escrito muy poco. Gran parte de lo que sabemos de ellos es a través de dos libros imprescindibles de Eleuterio Sánchez (”El Lute”), convertido al comunismo durante su estancia en la cárcel, debido a su contacto con elementos de la oposición al Régimen franquista, que igual que hicieron con otras minorías marginadas, lo manipularon intentando presentarlo como un icono de la rebeldía frente a la Dictadura.