Lo más probable es que esta
entrada no la entiendas más que tú, pero me da igual.
A ver si te enteras ya, amiguito. Tienes todo el derecho del mundo a defender unos ideales de lo más revolucionarios, a proclamarlos a viva voz en el trabajo, a comprometerte públicamente con un sindicato tan cañero, y a denunciar con contundencia las injusticias laborales que se cometen a tu alrededor. Ni la ley ni nadie te ha negado jamás ese derecho. Y menos yo. De hecho, hasta ahora siempre me habías parecido un tipo valiente, generoso y digno de admiración.
Pero, cuidado, no te engañes. A lo que no puedes aspirar siendo como eres y haciendo lo que haces es a que tu empresa, u otra empresa cualquiera, te dé un puesto con responsabilidades directivas y te pague un sueldazo. Lo que no puedes hacer, salvo que seas idiota, es salir en el periódico encabezando manifas, lanzar declaraciones incendiarias, presentarte a las elecciones municipales con el partido que tú sabes, pasarte la vida tocándoles los huevos a tus jefes (seguramente con toda la razón) y luego lloriquear como una nena porque ascienden a cualquiera menos a ti.
Un tipo tan consecuente y tan duro como tú no debería cogerse una depresión de caballo por chuparse tres años de paro (“búsqueda activa de empleo”, pones en LinkedIn) y diez meses sin una sola entrevista. ¿Qué te pensabas? ¿Que ser contestatario salía gratis? ¿Acaso suponías que las empresas en las que echas currículum no iban a buscarte en Internet, en Facebook, y no te iban a ver enarbolando banderas y pancartas, y denunciando a boca de megáfono “las agresiones capitalistas” de “la oligarquía empresarial”? Yo te creía más listo.
No me decepciones, chico. No seas blandito. Si tienes arrestos para disparar contra tus enemigos a pecho descubierto, debes tenerlos también para recibir sus balazos sin gimotear. ¿O es que imaginabas que solo tú podías repartir leña y ejercer la libertad de expresión?
A ver si te enteras ya, amiguito. Tienes todo el derecho del mundo a defender unos ideales de lo más revolucionarios, a proclamarlos a viva voz en el trabajo, a comprometerte públicamente con un sindicato tan cañero, y a denunciar con contundencia las injusticias laborales que se cometen a tu alrededor. Ni la ley ni nadie te ha negado jamás ese derecho. Y menos yo. De hecho, hasta ahora siempre me habías parecido un tipo valiente, generoso y digno de admiración.
Pero, cuidado, no te engañes. A lo que no puedes aspirar siendo como eres y haciendo lo que haces es a que tu empresa, u otra empresa cualquiera, te dé un puesto con responsabilidades directivas y te pague un sueldazo. Lo que no puedes hacer, salvo que seas idiota, es salir en el periódico encabezando manifas, lanzar declaraciones incendiarias, presentarte a las elecciones municipales con el partido que tú sabes, pasarte la vida tocándoles los huevos a tus jefes (seguramente con toda la razón) y luego lloriquear como una nena porque ascienden a cualquiera menos a ti.
Un tipo tan consecuente y tan duro como tú no debería cogerse una depresión de caballo por chuparse tres años de paro (“búsqueda activa de empleo”, pones en LinkedIn) y diez meses sin una sola entrevista. ¿Qué te pensabas? ¿Que ser contestatario salía gratis? ¿Acaso suponías que las empresas en las que echas currículum no iban a buscarte en Internet, en Facebook, y no te iban a ver enarbolando banderas y pancartas, y denunciando a boca de megáfono “las agresiones capitalistas” de “la oligarquía empresarial”? Yo te creía más listo.
No me decepciones, chico. No seas blandito. Si tienes arrestos para disparar contra tus enemigos a pecho descubierto, debes tenerlos también para recibir sus balazos sin gimotear. ¿O es que imaginabas que solo tú podías repartir leña y ejercer la libertad de expresión?
Y no te confundas conmigo, cuidado. No me
estoy cachondeando de ti ni menospreciando tu labor política y sindical. Lo
único que te sugiero es que, como mínimo, tengas la dignidad de no presumir de
independiente, de insobornable, y luego disgustarte de esa manera porque la
patronal desconfíe de ti. Habiendo miles de trabajadores dóciles igual o más
capaces que tú, ¿por qué iban a contratarte a ti o a promocionarte a un puesto
sensible con la guerra que das?
Y no tengas tanta jeta de decirme que es injusto. Si tú montaras una pyme preferirías que te mataran antes que fichar a un pepero.
Tal como están las cosas, si de verdad tuvieras lo que hay que tener opositarías a una plaza en la Administración, que ahí nadie se va a preocupar de cómo piensas, o emprenderías un negocio con tu dinerito, en vez de humillarte penosamente aguardando a que te den de comer aquellos a los que no dejas de pisar el callo. Y cuando lo consigas, cuando tu subsistencia ya no dependa de la “oligarquía empresarial”, como si sacas una metralleta y los acribillas a todos.
Y no tengas tanta jeta de decirme que es injusto. Si tú montaras una pyme preferirías que te mataran antes que fichar a un pepero.
Tal como están las cosas, si de verdad tuvieras lo que hay que tener opositarías a una plaza en la Administración, que ahí nadie se va a preocupar de cómo piensas, o emprenderías un negocio con tu dinerito, en vez de humillarte penosamente aguardando a que te den de comer aquellos a los que no dejas de pisar el callo. Y cuando lo consigas, cuando tu subsistencia ya no dependa de la “oligarquía empresarial”, como si sacas una metralleta y los acribillas a todos.












