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martes, 28 de junio de 2016

¿QUÉ HACEMOS CON EL MATRIMONIO GAY?



La derogación del matrimonio homosexual debería respetar los derechos adquiridos (cómo no)

Mientras oíamos en la radio una noticia del Orgullo gay, un amigo me ha preguntado, medio en serio, medio en broma, qué haría yo, si estuviera en el poder, con el matrimonio homosexual. Que si derogaría la ley que lo ampara. 

Soy consciente de que ni uno solo de los actuales partidos políticos, por muy conservador que se considere, se atrevería a dejar sin efecto el “marimonio”. Hasta los besacirios de Vox dicen que solo es un problema “semántico” y que están a favor de regularizar estas uniones pero llamándolas de otra manera. Qué asco.

Pero yo a mi amigo le he respondido que sí, que conmigo se acabaría toda posibilidad de que esta gente se casara. 

   ¿Y con los que ya están casados que harías? 

Pues hombre, una derogación con efectos retroactivos sería una medida demasiado abrupta. Después de todo, no soy fascista.

Pero al cabo de un rato de reflexión, he pensado que me estoy ablandando más de la cuenta, y que lo mejor sería una solución intermedia, es decir no llegar al extremo de aplicar la nueva ley retroactivamente pero sí arbitrar un procedimiento sencillo, ágil y gratuito (sin necesidad de abogado ni nada) para anular el vínculo de aquellas parejas homosexuales que lo desearan. Y a la vez, por supuesto, incentivar de algún modo efectivo estas anulaciones simplificadas. Se me ocurre, por ejemplo, que estaría bien otorgar algún beneficio fiscal a los que se animaran, facilitarles el acceso a ciertas ayudas o a la vivienda, o, qué sé yo, exigir como requisito para ejercer la enseñanza, acceder a un puesto en la Administración o a un cargo público no estar casado en virtud de la deleznable ley de Zapatero...

Pero siempre respetando la libertad, ¿eh? Y sin aberraciones jurídicas ni retroactividades. Los maricas que quieran seguir casados, adelante.

domingo, 24 de abril de 2016

"ME TIRÉ A LA TAQUILLERA"




El público la conocía por sus libros infantiles y por sus constantes apariciones en la televisión socialista, vestida de hombre, con sus trazas de bollera impenitente y recitando con voz aguerrida y aguardentosa unos ripios para niños que parecían compuestos por una persona con discapacidad intelectual. Pero Gloria, la gran Gloria Fuertes, era mucho más que eso. 

Esta poeta (odiaba lo de poetisa) siempre me cayó simpática. Hizo sus pinitos leyendo poemas en la radio durante la Segunda República, y la guerra, que vivió en pleno barrio de Lavapiés, le dejó un trauma tan imborrable que llegó a declarar que, sin esta tragedia, quizá jamás habría empezado a escribir. A mí me impresionaba su inteligencia. Gloria casi no fue a la escuela, pero con el tiempo se convertiría en una mujer muy culta gracias a su tesón. A los intentos de encuadrarla en una u otra corriente literaria, siempre respondía que se consideraba “autodidacta y poéticamente desescolarizada”. A finales de los años 50 se decidió a estudiar biblioteconomía e inglés, y acabó dando clases de literatura en varias universidades de los Estados Unidos. 

Gloria ya tenía éxito en el franquismo
Descubrí a Gloria Fuertes († 1998) en el 93, gracias a Ignatus. La tenía encasillada, como casi todo el mundo, en la literatura para críos, y me sorprendieron sus Obras incompletas (1975). Sus versos cortos y rebosantes de humanidad, engarzados por un humor espontáneo y aderezados de rebeldía y sencillez, me fascinaron, convenciéndome de que era una mujer especial. Nunca hubiera sospechado que la autora de Un globo, dos globos, tres globos, la marimacho de aire tímido que barbullaba rimas absurdas en La cometa blanca fuera capaz de dejarme el corazón en carne viva con su cristianismo hondo y crítico, su compromiso social y sus divertidos juegos de palabras. 

El Partido Comunista intentó convertir en bandera su obra y la de otros poetas sociales del movimiento postista, pero ella no se dejó. Su fina inteligencia y su espíritu un poco ácrata la mantuvieron siempre al margen de los politiqueos. A lo largo de su vida colaboró con medios de muy distintos colores, incluidos el diario Arriba y Flechas y Pelayos. 

Su vida sentimental siempre fue oscura y tormentosa. En la guerra, con veinte años, perdió a su gran amor, un miliciano que cayó en el frente. Al poco se enamoró de un médico derechista al que encarcelaron los rojos y ella visitaba en el penal. Luego parece que cambiaron de rumbo sus inclinaciones. En Me siento abierta a todo, se expresa así: 

“Me siento sola y una, como una sola luna
-por ser igual a todas las mujeres y no parecerme a ninguna-,
me siento sola y una en mi vacía cuna.” 

Muchas veces se especuló con su orientación sexual, de la que tuvo el acierto de no hablar jamás en público. Sus conflictos interiores solo se asoman en varios poemas autobiográficos y en otros defendiendo la homosexualidad. Impacta especialmente A Jenny: 

"Nadie le ayudó, 
pero él se hizo mujer.
Cantaba cantaba,
era la preferida de los hombres
del night-club.
Me dijo:
-En toda mi vida
sólo he leído un libro,
el tuyo.
Entonces...
le acaricié de verdad
sus pechos de mentira". 

Para mí, la mejor anécdota, la que mejor ilustra su sentido del humor y su inteligencia es la que da título a este post. La historia la desveló Vicente Molina Foix al poco de fallecer Gloria, pues antes no contaba con su permiso. En una entrevista para el suplemento dominical de El País, en 1994, ella le confesó que a lo largo de su vida había sufrido terribles altibajos y depresiones, y que incluso había pensado en suicidarse. 

“Y así me contó, mientras yo tomaba notas a diestra y siniestra, que en cierta ocasión, al sufrir un desengaño, pensó seriamente en el suicidio. ´Fui al metro decidida a matarme. Pero al ir a sacar el billete ligué, y en vez de tirarme al tren me tiré a la taquillera`. Cuando me harté de reír, le pregunté: ´¿Puedo contar esto, Gloria?`. ´No. Ahora no. Yo vivo de mis libros infantiles, y estas cosas podrían asustar a los padres, que son los que los compran`. Naturalmente, respeté su deseo.”



 

martes, 4 de agosto de 2015

LAS TRES BODAS DE MANOLITA

Las tres bodas de Manolita (2014) es la tercera novela de la serie Episodios de una guerra interminable, iniciada en 2010 por la escritora Almudena Grandes para recrear, al estilo de Pérez Galdós y desde el punto de vista de los perdedores, las duras historias de varias chicas jóvenes  en la posguerra española.

Me recomendaron el libro por su enorme valor documental y en este sentido no me ha defraudado. La autora nos brinda una información exhaustiva sobre los últimos coletazos del Partido Comunista de España en el Madrid de principios de los cuarenta y nos describe con fidelidad el ambiente de hacinamiento, dolor y compañerismo de las cárceles franquistas en aquellos años de represión, en los que nadie duda que se cometieron muchísimas arbitrariedades.

La novela, que ha sido bestseller, narra la historia de Manolita, la hermana veinteañera de un destacado militante del PCE escondido en Madrid nada más terminar la contienda. La joven se ve obligada a hacer auténticos juegos malabares para mantener a sus hermanas pequeñas a la vez que colabora con el aparato clandestino del partido recién desmantelado. Los comunistas le encargan que contacte en la cárcel, a través de un vis a vis, con un mecánico llamado Silverio del que necesitan instrucciones precisas para poner en funcionamiento unas complejas imprentas con las que editar propaganda marxista. El capellán del centro penitenciario es un cura corrupto que autoriza encuentros sexuales entre los internos y sus novias camuflándolos como falsas bodas a cambio de un cuantioso estipendio. Lo que Manolita no espera es acabar prendada del tímido Silvero, sobre cuya cabeza pende una larga condena que pondrá a prueba a los enamorados.

El relato es de gran interés porque muestra diferentes aspectos de la posguerra muy poco tratados hasta ahora en una obra narrativa. Grandes describe la vida cotidiana en el penal de Porlier y en el campo de trabajo de Cuelgamuros, en el que los convictos republicanos construyeron el Valle de los Caídos. También explica, con tanta profusión de datos como poca objetividad, la política penitenciaria del primer franquismo y las medidas sociales que se adoptaron con las familias de los condenados. Finalmente es muy de destacar y de agradecer la atención dedicada por la escritora a un episodio tantas veces olvidado de la guerra civil como es el golpe de estado del Coronel Segismundo Casado (con el apoyo del PSOE y de los anarquistas) contra el Gobierno de Negrín (secundado por el PCE), que se negaba a capitular ante los nacionales.

Almudena Grandes no es una gran novelista. Se enreda demasiado con las tramas, tiende a enrollarse y construye pésimamente el hilo argumental. Sin embargo, sus personajes son muy buenos y llegan a emocionar en algunos momentos, y lo más importante de todo es que la novela está tan primorosamente documentada que se aprende mucho con ella. Eso sí, no es una lectura recomendable para personas que no estén muy interesadas en este período tan convulso de nuestra historia.

Como he explicado varias veces, me apasiona la guerra española y leo todo lo que cae en mis manos sobre el tema, tanto de un bando como de otro. Libros como Las tres bodas de Manolita me parecen muy enriquecedores por cuanto aportan el punto de vista y las vivencias del bando llamado republicano, y, en este caso concreto, de quienes se negaron a deponer las armas y siguieron luchando por sus ideas a su manera y con sus medios. Esto no quita para ser plenamente consciente de que Almudena Grandes es una escritora no solo de extrema izquierda, sino también especializada en el escabroso género de la novela pornográfica (Las edades de Lulú, 1989). Quiero decir que no se puede abrir un libro como este sin atesorar unos mínimos conocimientos previos sobre el contexto histórico y político de la narración, y, sobre todo, sin tener muy en cuenta las salvajes represalias ejercidas en la zona roja entre 1936 y 1939, que no digo que justifiquen pero desde luego sí explican en muchos casos los acontecimientos vividos en Madrid en los años inmediatamente posteriores a la victoria del General Franco.


La muy poco sugerente Almudena Grandes
Conviene advertir también que es imprescindible estar en guardia en cada página, pues doña Almudena nos mete unas morcillas ideológicas de padre y muy señor mío, aparte de emplear toda clase de tácticas sectarias para arrimar el ascua de los lectores a su sardina podrida. Entre otras artimañas, abusa de las generalizaciones, oculta información con todo el descaro, realiza continuas valoraciones e interpretaciones de los hechos, apela al sentimentalismo más ñoño para defender o criticar situaciones políticas o penales, y, en momentos puntuales, se le va la olla, como cuando se pone a comparar en el epílogo las condiciones del campo penitenciario de Cuelgamuros con las del Gulag soviético, concluyendo que este era más humanitario. También resulta irritante su denuncia del esclavismo que, según cuenta, sufrieron miles de niñas en el colegio de monjas de Zababilde, en Bilbao. En estas escuelas, como en tantas otras, se recogía caritativamente en régimen de internado a las hijas de los presos para aliviar las economías familiares, educar a las menores (muchas veces huérfanas) y enseñarles un oficio. Almudena Grandes prefiere interpretar que se esclavizaba a muchachas de 13 años obligándolas a lavar ropa hasta desgastarse las manos en vez de enseñarles a leer o escribir, olvidando las circunstancias de una época en la que todas las chicas pobres de esa edad se encontraban trabajando en situaciones mil veces peores que las alumnas de Zababilde. 

Por último, merece mencionarse la libérrima recreación que hace la autora de la vida y milagros del célebre Roberto Conesa, al parecer afilado a las Juventudes Socialistas Unificadas antes de la guerra para convertirse, justo después, en uno de los más enérgicos funcionarios policiales encargados del desmantelamiento de las organizaciones izquierdistas.

Pero no voy a enrollarme más, porque creo que sobra advertir a los lectores de La pluma viperina que en las páginas de Las tres bodas de Manolita también se encontrarán con todo el elenco de gorrinadas y sordideces que la lasciva imaginación de la señora Grandes es capaz de engendrar: un marqués convertido en anarquista que organiza orgías plurisexuales, un bondadoso bailarín maricón (prácticamente un santo) que responde al apelativo de Palmera, polvos descritos con minuciosidad casi ginecológica y, como no podía ser de otro modo, una monja lesbiana acosando a sus  alumnas. Es el tributo que hay que pagar para disfrutar de un relato solvente sobre la intrahistoria de los comunistas españoles que prefirieron la resistencia obstinada e inútil a la amargura del exilio.

jueves, 25 de junio de 2015

FÚTBOL FEMENINO

Saludo en un antiguo partido de la Copa América
Tras su estruendoso varapalo en el Mundial, las “chicas” de la Selección Española “Femenina” de Fútbol han comparecido en diversos medios de comunicación para exigir el relevo del actual seleccionador nacional, Ignacio Quereda, al que acusan de machismo y de trato degradante. “Es como si tienes un jefe que te desprecia”, “va muchas veces por una línea autoritaria”, “nos trata como a niñas pequeñas, no como a profesionales”, "sus charlas y discursos siempre llevan la coletilla de ´chavalitas`”, “con unas está pendiente de lo que hacen y les corrige errores y de las otras pasa absolutamente”, han denunciado, entre hoy y ayer, las fracasadas futbolistas, explicando que si han callado hasta ahora ha sido para evitar represalias como las que supuestamente sufrió hace años la lesbiana Laura del Río por cuestionar los métodos de Quereda. Naturalmente a la hombruna Laura le ha faltado tiempo para unirse a la reivindicación de sus veintitrés ex compañeras.

Las jóvenes deportistas están muy molestas, las pobres, porque su seleccionador es un déspota que les hace bromas humillantes como “a ver quién hace de mujer y me pone el café” o las llama “gorditas”. Una vez, en pleno entrenamiento, le gritó a una delantera que le sobraban siete kilos. Fíjate qué drama.

Yo solo quiero preguntar si alguien se imagina a los jugadores de la Selección masculina lloriqueando en la tele porque Del Bosque se muestra imperativo, les llama “chavalitos”, les aconseja mantener la forma física o hace más caso a unos titulares que a otros. 

¡Y luego  pretenderán que nos tomemos en serio el fútbol de las féminas!  Se deben de pensar estas mozas que los entrenamientos deportivos son una asamblea, una reunión de sociedad o un encuentro de amiguitas con derecho a roce. Supongo que les encantaría que la dirección técnica fuera asumida por una tía despampanante o por una fornida camionera, según los gustos, que les prodigara, como mínimo, tantos mimos y ternezas como los que ellas intercambian (presumiblemente) en las duchas del vestuario.

A lo mejor si no concibieran el equipo como una cama redonda en la que todo varón es un extraño sus resultados en los Mundiales habrían sido muy diferentes. Para mí que no acaban de enterarse de que, en fútbol, una tijera es una jugada acrobática y no esa cochinada que tanto les gusta.

Yo no es por ser mal pensado, pero me da en la nariz que este bollo... perdón, pollo contra Ignacio Quereda lo han montado con el único propósito de brindar al balompié femenino un protagonismo que jamás encontrará en los estadios por diferentes razones, entre ellas la casi total ausencia de espectacularidad y dinamismo de este marginal deporte que a nadie le importa un pito.

martes, 26 de mayo de 2015

EL IRREGULAR ARANDA



Acaba de fallecer Vicente Aranda.

Dicen que es imposible hablar de cine español sin referirnos a este director catalán. No lo dudo, aunque todos supondréis que no es ni mucho menos mi cineasta favorito. 

Hay tres razones por las que Aranda nunca me ha gustado: su filmografía es muy irregular, padecía una obsesión sexual patológia que deformaba incluso sus mejores películas, y, por si fuera poco, era un izquierdista resentido que contribuyó a consolidar en la sociedad española una imagen sesgada e injusta de la Guerra Civil.

En efecto ha rodado subproductos que no deberían ser citados ni en un pobre blog como este. Uno de ellos es la histriónica, oportunista y repugnante Cambio de sexo (1976), con una jovencísima Victoria Abril haciendo el papel de un maricón (encima con padre facha) que decide pasar por quirófano para quitarse el ciruelo. La intenté ver el año pasado y no pude terminarla tales fueron mi asco y mi indignación. Otras mierdas de Don Vicente son las cintas semipornográficas que rodó también en los setenta, La muchacha de las bragas de oro (1979), Si te dicen que caí (1989), Celos (1999) y una lamentable adaptación en 1994 de la novela La pasión turca del también pervertidísimo Antonio Gala.

Sus incursiones en el género “histórico-político” me parecen también nefastas. Su más insultante panfleto fue la conocida serie televisiva Los jinetes del alba (1990), ambientada en un balneario de lujo durante la llamada Revolución de Asturias y los meses previos al Alzamiento, con un Jorge Sanz, una Maribel Verdú y una Victoria Abril (su trío favorito) despelotándose cada cuarto de hora y mostrando a España entera qué heroicos fueron los milicianos anarquistas y qué malvados los guardias civiles y los “fascistas”. La otra gran muestra de su fervor republicano fue Libertarias (1996), de la que solo se salva la banda sonora. Recuerdo que fui al estreno con mi novia y la chica se pensaba que me iba a dar algo.

Vicente Aranda, durante el rodaje de Carmen (2006)

Pero no sería justo si no hablase de dos obras suyas que considero auténticas alhajas sin las cuales nuestro cine no sería lo mismo. Me refiero a Amantes (1991) y a El lute: camina o revienta (1987).

La primera merece una matrícula de honor por su extraordinaria ambientación en el Madrid de los años 50 y por su lograda captación de entornos sociales y psicologías tan opuestos como los de Trini (Verdú) y Luisa (Abril), novia y querida respectivamente del muchacho protagonista, interpretado por un solvente Jorge Sanz. Es una lástima que una escena concreta que no hace falta describir porque todos conocemos dañe todo el conjunto, de forma que esta cinta sórdida (pero excelente) sea normalmente recordada como chabacana y obscena.

En cuanto a la primera parte de El lute (El Lute II: mañana seré libre es también meritoria pero menos) solo puedo decir que para mí se trata, sin ningún género de duda, de uno de los mejores filmes del cine español de todos los tiempos. Adaptación parcial de las memorias del famoso merchero Eleuterio Sánchez (que desde luego no escribió él), retrata fielmente y con dureza la marginalidad social en pleno desarrollismo tardofranquista, con un Imanol Arias insuperable, unas interpretaciones y unos diálogos soberbios, un ritmo narrativo de quitarse el sombrero y una crítica sólida a muchos aspectos de la última etapa del régimen anterior. 

Dejo unas escenas de El lute: camina o revienta como recuerdo a este polémico director. Descanse en paz.

viernes, 20 de marzo de 2015

NI MEDIO NORMAL


Hay cosas que a mí no me parecen ni medio normales, pero en estos tiempos confusos y cambiantes no termino de ver claro si llevo razón o es que soy un carca y un inadaptado.

Voy a entrenar varias veces a la semana a un gimnasio muy grande con piscina al que acuden niños de todas las edades. Las instalaciones están perfectamente adaptadas a los menores: hay vestuarios especiales para ellos, cambiadores para bebés e incluso en el vestuario de adultos han habilitado unas cabinas individualizadas para mudar a los críos. Sin embargo, por razones de comodidad y agilidad, son muchos los que acceden con sus hijos pequeños (entre tres y seis años) al vestuario de mayores y no utilizan estos compartimentos especiales, sino que sientan al niño o a la niña en un banco cualquiera, los desnudan, se desnudan ellos mismos y entran y salen juntos de las duchas a la vista de todo el mundo.

No me considero en absoluto ni mojigato ni demasiado pudoroso, pero creo que hay unos límites mínimos de decoro y de respeto que el personal se salta alegremente. Es posible que cualquier argumento que intente esgrimir en contra de la horrible costumbre que he descrito sea tomado a chirigota por muchos, que me consideren un reprimido o que piensen que tengo “la mirada sucia”, pero de verdad que me espeluzna no ya que un señor exhiba desnuda a su hijita de casi seis años delante de cincuenta maromos, sino sobre todo que la exponga a la visión de los cuerpos en pelotas de tantos hombres de todas las edades.

Para qué engañarnos: yo no me acabo de sentir cómodo cuando me cambio con estos críos cerca y siempre procuro taparme un poco, pero cuando me quedo horrorizado es al sorprender a algún mocoso, y sobre todo a alguna mocosa, mirando fijamente, con la boca abierta, el colgajo de un setentón barrigudo o las nalgas de un fornido culturista. No me quiero imaginar el careto de los hombrecitos de cinco años cuando su mamá les meta en las duchas femeninas.

En serio que no sé explicarlo, pero me parece un cuadro nada edificante para unos chavalines de tan corta edad. Observo que les llama muchísimo la atención ver a la gente en cueros, y aunque imagino que terminarán acostumbrándose (a la fuerza ahorcan), no sé yo hasta qué punto una inmersión tan temprana en los misterios de la vida es conveniente para un adecuado desarrollo emocional e incluso sexual. Claro, luego a los veinte años, como ya lo han visto todo, les da por desear cosas raras. 

No soy pedagogo ni psicólogo infantil, pero me parece una cochinada, vamos, algo impresentable, por no hablar de la imprudencia que puede suponer exponer a un niño como Dios le trajo al mundo a la mirada de tanto depravado como hay suelto hoy en día.

El colmo es la escena dantesca que tuve que presenciar el lunes pasado mientras me secaba el pelo (de la cabeza). De repente, un bujarrón rapado y con piercings y tatuajes por todo el cuerpo salió de la ducha en bolas, agarró un secador, se puso en cuclillas y el muy maricón comenzó a deshumedecerse el ojarasco con el aire calentito. Miré a mi alrededor lógicamente turbado y descubrí a mi derecha a una niña pequeña, muy rubita, que contemplaba el espectáculo alucinada mientras su papá, a su vera, se frotaba los cojones con una toalla. El rostro del angelito era un poema; no podía abrir más sus ojos azules y ni siquiera acertaba a pestañear. Tras unos instantes se giró, tiró a papi del brazo y le preguntó: “papá, papá, mira, mira… ¿por qué se lo pone en el culo?”.

Agradecería cualquier opinión, pues quisiera constatar si soy un retrógrado o tengo razón al pensar que estas conductas son del todo anómalas. A veces me he planteado depositar una queja en el buzón de sugerencias de estas instalaciones deportivas, pero me temo que sea inútil y además me niego a suministrar a los trabajadores del centro material humorístico gratuito. Tristemente, batallas como estas están perdidas de antemano.

jueves, 26 de febrero de 2015

CANDY CRUSH


Los españoles no tenemos remedio. Nunca acertamos a cribar el trigo, a distinguir las cuestiones fundamentales de las bobadas. Nuestra tendencia, especialmente en asuntos de actualidad política, a apalancarnos en el chascarrillo, a quedarnos siempre en la anécdota y a obviar el fondo y los hechos trascendentales nos convierte en un pueblo demasiado fácil de manipular. La polémica protagonizada anteayer por la diputada Celia Villalobos es un ejemplo muy ilustrativo.

No se trata solo de que llevemos décadas viendo fotos de los parlamentarios sesteando en sus escaños como gorrinos y nunca nadie haya puesto el grito en el cielo. A mí lo que más me irrita es que siendo la trayectoria y el historial políticos de Celia Villalobos tan deplorables, la gente solo se cabree por su gesto de jugar con la tablet en mitad del Debate sobre el Estado de la Nación.

La actual Vicepresidenta del Congreso de los Diputados, ex Ministra de Sanidad y ex alcaldesa de Málaga es la típica trepa inmoral de la cochiquera política española. Exaltada comunista en los años 70, no tuvo ningún inconveniente en pasarse a las filas de Fraga Iribarne en 1985 para desembarcar en el ayuntamiento de la capital malagueña. A pesar de ello siempre ha mantenido con firmeza sus depravadas posiciones desde la llamada ala izquierdista del PP. Así, es famosa por su apoyo incondicional a la carnicería abortista y al reconocimiento pleno de derechos a las uniones homosexuales. Durante el mandato de Aznar se ausentó de un pleno para no votar en contra de la ampliación del aborto y el año pasado rechazó, por considerarla retrógrada, la reforma de Gallardón. Hace pocos días declaraba públicamente que "lo que no caben en mi partido es personas que dicen no al aborto".

Por otra parte, Celia Villalobos es la responsable directa de uno de los hitos más penosos de la vereda desbordada de boñigas que es la democracia española; ella lideró la transferencia de las competencias sanitarias a las comunidades autónomas entre 2000 y 2001, convirtiendo nuestro sistema de salud pública en un batiburrillo de despilfarros y desigualdades.

La feminista benalmadense es además una embustera, una frívola y una inmoral en su vida pública, como lo demostró el día en que, recién elegida eurodiputada, se quitó años y se inventó una licenciatura en su ficha biográfica. Su falta de sensibilidad se ha plasmado en numerosas declaraciones y controversias, destacando aquella ocasión en que durante una mesa del Congreso se refirió a los trabajadores con discapacidad intelectual como “los tontitos”.

Por si su currículum no fuera suficientemente abochornante, hace ocho años la Villalobos participó como monologuista estrella en el programa de la Sexta El club de Flo, anticipándonos ya su condición de payasa consagrada.

Visto lo visto, el que trastee con el Candy Crush, jugando al tres en raya con caramelitos de colores, durante una sesión fundamental de la cámara baja me parece el más leve de sus deslices. Quizá no es más que la constatación de que los políticos se aburren hasta de sí mismos y de que el debate anual de política general es una opereta tan trufada de tópicos, perifollos dialécticos y embustes que no merece ni la atención de la vicepresidenta del chiringuito.

Al menos podría haber recordado el célebre refrán sobre la virtud de la mujer del César y haberse dado cuenta de que hace feo que una señora elegida en las urnas para defender y representar al pueblo se dedique a rascarse el chumino mientras se discuten en las Cortes Generales los más graves problemas de la nación. También se podía haber percatado la muy imbécil de que el hemiciclo está lleno de fotógrafos con unos teleobjetivos de aúpa. 

miércoles, 21 de enero de 2015

JE SUIS LOS CHUNGUITOS

Telecinco no tuvo en cuenta la cultura y la idiosincrasia del famoso dúo madrileño

El jueves pasado, la cadena Telecinco ha expulsado del programa Gran Hermano VIP al emblemático dúo de rumba vallecana Los Chunguitos, por unos supuestos comentarios racistas y homófobos. Con esta arbitraria medida, los hermanos Juan y José Salazar han sufrido en sus carnes la censura represiva del lobby gay, que, como es sabido, ejerce un control absoluto sobre Mediaset España.

La hipocresía de los medios de comunicación no conoce límites. Resulta que si el semanario Charlie Hebdo se cisca, con unas viñetas soeces, en las creencias religiosas de medio mundo, estamos ante un sano ejercicio de la libertad de expresión, pero si dos simpáticos rumberos de etnia gitana hacen unos chascarrillos sobre el aspecto de un subsahariano o sobre el colectivo homosexual, merecen la mayor repulsa e incluso ser apartados fulminantemente de un espacio televisivo.

Yo todavía no entiendo dónde está la gravedad de las divertidas reflexiones que los Chunguitos tuvieron a bien compartir con la audiencia. 

Por una parte parece ser que el día en que el robusto guineano Coman Mitogo hizo su entrada en pelotas en la casa de GH VIP, los veteranos cantantes se preguntaron en voz alta si era un mono, un gorila o King Kong, provocando el escándalo de varios de sus compañeros de programa. Pero sin ánimo de ser ofensivos, tendremos que admitir que el parecido entre el cuerpo desnudo de un nativo africano y el de un simio antropomorfo es, como mínimo, bastante razonable.

Los Chunguitos solo manifestaron sus dudas sobre la apariencia del joven guineano

El segundo “crimen” de los artistas calés fue manifestar al colaborador de Telecinco y sodomita (valga la redundancia) Víctor Sandoval que “a nadie en este planeta le gustaría tener un hijo maricón", que dichas tendencias sexuales constituyen un delito según la ley gitana y que preferirían “un hijo deforme o con una enfermedad” a uno homosexual. Tales afirmaciones me parecen perfectamente respetables, además de respetuosas. Las dos primeras frases se limitan a enunciar hechos objetivos y la tercera, una preferencia personal muy legítima.

Además digo yo que los mariquitas y los morenos podrían tener algo más de cintura y de sentido del humor, y relajarse un poco ante este tipo de comentarios hechos sin mala intención. 

El linchamiento mediático ha sido de tal envergadura que al final los pobres Chunguitos se han visto obligados a pedir perdón por sus "pecados" y a declarar: "Adoramos a los gays. ¿Qué daño nos han hecho?  Yo tengo mi compadre gay, es padrino de mi hija".

Solo cabe concluir que hay ocasiones como esta en que la dictadura de lo políticamente correcto en Occidente nada tiene que envidiar a la del Estado Islámico.

Menos mal que esta injusticia tan grave también ha tenido su lado cómico en el momento en que la sobrina y la hija de Juan y José Salazar, unas chiquitas muy bien equipadas, han decidido posar en cueros en Interviú, lógicamente “para apoyar” a sus parientes represaliados por la cadena de televisión. “No son ni racistas ni homófobos. Solo son mayores y tienen otra mentalidad. Además, tampoco han matado a nadie”, explican Aroa y Encarna con las tetas al aire en la conocida revista masculina. 

¡Solidaridad con Juan y José! ¡Je suis Los Chunguitos!

miércoles, 7 de enero de 2015

EL MUSICAL DE JOSÉ ANTONIO

José Antonio preso en Alicante

Aunque en noviembre del año pasado corrieron rumores de que el proyecto había naufragado, todo parece apuntar a que finalmente se estrenará en 2015, en algún teatro de la Gran Vía madrileña, el musical La princesa roja, sobre la vida y la obra de José Antonio Primo de Rivera, producido y dirigido por Álvaro Saénz de Heredia (La hoz y el Martínez, Aquí llega Condemor) y protagonizado por el actor televisivo Jesús Cisneros. En una especie de “maqueta” que ya está difundiéndose puede comprobarse que la obra se centrará en los supuestos amoríos del fundador de la Falange, en su también supuesta amistad con Azaña y con el poeta homosexual Federico García Lorca, y en sus desencuentros con el franquismo en los inicios de la Guerra Civil.

La más elemental prudencia me aconseja no pronunciarme a fondo sobre este boceto hasta que no se haya estrenado el espectáculo y haya tenido la ocasión de asistir. No obstante sí adelanto que con los datos que tengo hasta ahora no me apetece nada, pero nada de nada, acudir a esta representación en la que, por lo visto, saldrán cantando y bailando juntos, en amor y compañía, José Antonio Primo de Rivera, sus pretendidas novietas y el irrepetible Lorca.

Mi primer motivo de prevención hacia esta iniciativa es que no considero que el musical sea el género artístico más adecuado para glosar la vida de un personaje político y mucho menos la de José Antonio, cuya personalidad y trayectoria revisten tal complejidad que ni siquiera 79 años después de su muerte han llegado a ser comprendidas ni por sus detractores ni –lo que es más grave– por buena parte de sus devotos. El musical parece un formato idóneo para remakear obras de teatro o películas de culto, atraer a miles de fans de Disney con el señuelo de aparatosas puestas en escena o promocionar a grupos o cantantes de rock en horas bajas, pero mucho me temo que el resultado puede devenir en grotesco si se utiliza para ensalzar la vida de un político (por muy famoso y controvertido que sea, y por mucha admiración que le profesemos), dramatizando y enfatizando aspectos de su intimidad que al gran público, convenzámonos, le importan un pito. Basta imaginar (conteniendo la risa) un music hall sobre Pablo Iglesias senior fundando el PSOE, sobre los flirteos de Isabel II, sobre las amistades de Franco o sobre los avatares ideológicos de Adolfo Suárez para darse cuenta de que no es una buena idea.

José Antonio confiaba estúpidamente en Azaña
Pero lo que más me desagrada es el previsible contenido del experimento de Saénz de Heredia, sin lugar a dudas asesorado por exponentes del hedillismo más exótico. A veces me pregunto quién ha deformado más la figura de José Antonio, si la propaganda insidiosa de la extrema izquierda, que lo presenta como un pistolero a sueldo de la burguesía, o ciertos sectores del propio falangismo dispuestos a las cabriolas ideológicas que sean necesarias para vendernos una Falange "adaptada" a nuestros tiempos, con un Fundador pluralista, gurú de la concordia, enemigo acérrimo de los fascismos, enfrentado a muerte con el bando nacional y poco menos que de izquierdas. La estrategia de estos "modernizadores" es recurrir sin complejos al tijeretazo doctrinal e histórico, suprimiendo o matizando cansinamente aspectos fundamentales de la obra del líder político español más honesto, valiente, original y carismático del siglo XX, que, le duela a quien le duela, reivindicó un estado totalitario y autoritario (¡ambas cosas!) hasta el mismo día de su muerte y contribuyó de forma activa y generosa al Alzamiento Nacional del 18 de julio de 1936.

Pero pese al enorme bagaje teórico del legado de Primo de Rivera, su ética y estilo inconfundibles, su rica actividad parlamentaria y su decisiva influencia en varias generaciones de españoles merced a su análisis clarividente de los problemas de España y a unas propuestas de redención basadas en una justicia social profunda, parece que Álvaro Saénz de Heredia va a enfocar el musical en los aspectos más insignificantes y anecdóticos de su vida, los que menos interesan, algunos de cuales además no están históricamente demostrados.

A Elizabeth Bibesco no se la ve muy roja
El eje del espectáculo parece que será el romance que según el reciente libro de José María Zavala, La pasión de José Antonio, mantuvo el artífice de la Falange con la excéntrica e izquierdista inglesa Elizabeth Bibesco, esposa de un diplomático y príncipe rumano. Si bien parece evidente que ambos compartieron vida social y que esta señora profesaba un sincero afecto hacia José Antonio, los detalles de la supuesta aventura han sido más urdidos por la imaginación de Zavala que por la consistencia de las fuentes históricas, que se limitan a una cariñosa dedicatoria de la princesa en su novela The romantic, a sus intentos de intermediación para concertar una entrevista entre Primo y Azaña, y a los ruegos que aquel le hizo para que intentara salvarlo de su ejecución en Alicante a través de la diplomacia británica. Poco o nada más se sabe de esta relación, igual que de ninguna otra que pudiera haber mantenido José Antonio con otras mujeres, entre ellas la duquesa de Luna y Villahermosa, asunto del que solo se conocen un par de anécdotas inconsistentes en alguna hagiografía exaltada del dirigente falangista. Todas estas dudas más que razonables no han impedido a Sáenz de Heredia centrar su obra en una hipotética relación adúltera del protagonista, que si por algo se caracterizó fue por la defensa acérrima de los valores familiares y de la lealtad en cualquier ámbito de la vida.

También resultan superfluas las disquisiciones que casi seguro planteará esta obra de teatro cantada sobre las buenas relaciones de José Antonio con Azaña y con Lorca. Es de todos conocida la inclinación personal de Primo de Rivera hacia algunos aspectos de las políticas azañistas, lo que no implica su admiración global por el personaje (solo faltaba) ni mucho menos una simpatía mutua. Sobre su afinidad con Federico, sabemos también muy poco. Parece que a José Antonio le encantaban sus poemas y sus dramas, y que acudió a alguna representación suya, pero que el genio granadino mostró siempre una total indiferencia hacia a él, a pesar de la broma que le gastó a Grabriel Celaya contándole que era un “buen chico” con el que cenaba todos los viernes: “solemos salir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo ni a mí me conviene que me vean con él”. En el “tráiler” del musical puede verse cómo Lorca le da las gracias a José Antonio por la subvención que le consiguió para su compañía teatral La Barraca, en referencia a la supuesta gestión que realizó como diputado para que el Gobierno cofinanciara esta actividad cultural y de la que solo tenemos noticias a través del testimonio (dudoso) del hermano del poeta en su libro Federico y su mundo.

No se sabe si Lorca y José Antonio fueron amigos
De todos modos, insisto: sean ciertas o falsas estas vicisitudes joseantonianas (yo no me las creo), me parece que no constituyen un material lo bastante serio, relevante y valioso como para fundamentar lo que aspira a ser una obra épica de divulgación y de pedagogía histórica. Sin negar la buena intención de los promotores de La princesa roja, yo intuyo que se trata de una nueva intentona de “humanizar”, “moderar” y hacer “digerible” para el público de hoy la figura del tan admirado por mí José Antonio Primo de Rivera. De lo que no se percatan es que en España no hay mercado para estas paridas y de que incluso los pocos azules entusiastas que podrían ir a verla igual salían del teatro echando chispas. 


Otras entradas sobre José Antonio en La pluma viperina

viernes, 31 de octubre de 2014

HOLA



Me pasó el lunes. Estoy en mi despacho trabajando con el ordenador y de repente me entra un email de un tal José Luis, funcionario del Ministerio de Hacienda, al que no conozco absolutamente de nada. Me plantea sin preámbulos una duda sobre un expediente tramitado en mi departamento. No sé cómo ha conseguido mi dirección ni por qué se pone directamente en contacto conmigo, y menos por ese medio. Pero eso es lo de menos; lo que más me jode es que el correo comienza así:

Hola.

El Ayuntamiento de (…) está interesado en la enajenación de un solar ubicado en la parcela (...) de la calle (…), etc…”


¿Hola? ¿Cómo que hola?

Me faltó un pelo para responderle lo mismo que el sargento Foley al recluta paleto que le saludó con un “hola” en Oficial y caballero (minuto 1:45 del vídeo):

“¿He oído bien? ¡Quiero oír el trato que me has dado! ¡Has dicho “hola”! No soy tu amigo, ni tampoco soy un tipo afeminado. ¿Es eso lo que piensas de mí? Ey, ¿quieres tocarme los huevos? ¿Por eso me has dicho “hola, sargento”? ¿Eres marica?”

Coñas aparte, parece claro que hay adultos a los que habría que enseñar modales, explicarles la forma correcta de encabezar una comunicación profesional dirigida a un desconocido. No se trata de emplear fórmulas arcaicas como “muy señor mío” o los formalistas –y falsos– “estimado” o “apreciado”. Pero para mí un simple “buenos días” y una somera presentación, indicando dónde se trabaja, son lo mínimo en casos como este. 

Porque no sé, José Luis, pero venirme con un “hola”, así a saco, a mí me inquieta un poco. Esas confianzas hay que reservarlas para saludar cuando se entra en casa, se coincide en el ascensor con los críos del vecino, se aborda a una chavala en una discoteca o, en tu caso, a un chapero en un callejón. Pero yo no soy tu amigo, José Luis, ni me hace gracia que intentes ligar conmigo, que es lo que creo que buscas en el fondo, maricón, tantearme para ver si me pones una varita.

viernes, 18 de julio de 2014

¿VAGONES SIN NIÑOS?

La oferta hotelera tiende cada día a diversificarse más y ya podemos encontrar muchos establecimientos especializados que, por ejemplo, admiten mascotas, son exclusivos para homosexuales o prohíben el alojamiento de niños pequeños. En el caso de perros, gatos y maricones la idea es comprensible, pues son muchas las personas a las que repugna hospedarse y compartir espacios de ocio con animales que todo lo olisquean o con invertidos que se hacen arrumacos en público. Además es bien sabido que a pesar de su palabrería sobre la integración, el sueño de los colectivos de gays y lesbianas es conservar guetos marginales donde dar rienda suelta a sus depravaciones a salvo del reproche social.

Lo que no me entra en la cabeza son las restricciones a los chiquillos. Los niños representan la vida, la alegría, la inocencia y el futuro. Tratar y convivir con ellos es una bendición de Dios, y simplemente observarlos, una valiosa lección que viene bien a cualquier adulto. Cierto que a veces las criaturas pueden llegar a ponernos la cabeza como un bombo con sus travesuras, llantos, parloteo y voz aguda, en especial en zonas de descanso y restaurantes, pero aun así se me antojan unos auténticos tiquismiquis quienes contratan un hotel específico para no tener chavalines a la vista, como si les dieran asco o alergia. Además una cosa es cuidar de ellos, que tiene tela, y otra simplemente cruzárselos en la recepción, en el pasillo, en la piscina o en el bufet del desayuno. Definitivamente quienes huyen así de los tiernos infantes me parecen unos enfermos.

Otro tema bien distinto es el de la reciente medida implantada por Renfe en sus trenes de alta velocidad. Durante este mes de julio, la compañía estatal ferroviaria ha estrenado los llamados “vagones silenciosos” en los trayectos de Madrid a Sevilla, a Barcelona, a Alicante y a Málaga. En estos compartimentos reservados no funciona la megafonía, está prohibido hablar por el móvil o en voz alta (como en una biblioteca) y el acceso de menores de 14 años.  Tal disposición ha sido criticada por discriminatoria por varias onenegés de protección a la infancia; de hecho una de ellas ha debido de presentar una demanda argumentando que se trata de un servicio público en el que no cabe excluir  a ningún sector de la población.



La justificación de los vagones sin niños es bien distinta a la de los alojamientos hoteleros. Se trata simplemente de responder a una vieja demanda del enorme porcentaje de usuarios del AVE que aprovechan los viajes para trabajar. La inmensa mayoría de los viajeros de este tipo de ferrocarril son profesionales que necesitan utilizar el vagón como oficina y disfrutar de un entorno mínimamente apacible para concentrarse en sus tareas. No es que tengan fobia a los niños, como los raritos de los hoteles, sino que deben aprovechar el trayecto para sacar trabajo urgente y jamás podrían hacerlo con tres mocosos al lado berreando que quieren un Danonino.

Con esta modalidad de billete no se discrimina a nadie, pues imagino que solo será un vagón por tren y que las familias con menores no tengan ninguna dificultad para encontrar sitio en cualquiera de los demás coches. Además, los problemas de espacio se plantearían, como mucho, en época de vacaciones, porque no creo que los peques monten mucho en AVE durante el curso en los días de diario. 

martes, 24 de junio de 2014

FALSA TOLERANCIA




Una de las más peligrosas consecuencias de la cultura democrática que impregna nuestras sociedades es ese falso clima de tolerancia que a muchos ingenuos les hace suponer que van a ser tratados con respeto y no van a sufrir discriminación alguna se comporten como se comporten, vivan como vivan y tengan el aspecto que tengan. Oficialmente es así, ya que los códigos culturales imperantes exaltan la libertad individual y la igualdad de oportunidades sean cuales sean las circunstancias personales, pero hace falta ser muy corto para no percatarse del profundo abismo que separa el discurso progre y políticamente correcto del “sé tú mismo” de la cruda realidad del día a día, en que se empuja a la cuneta sin contemplaciones a los que van de originales o se saltan ciertas pautas por supuesto que no escritas pero igual de vinculantes que la ley. 

La sociedad de hace cuarenta o cincuenta años me parecía, en este sentido, mucho más sana, pues no participaba de esta suerte de hipocresía que lleva a muchos a la marginación y al ostracismo casi sin darse cuenta. En aquella época, cuando alguien se salía de los márgenes preestablecidos en materia moral, estética, de costumbres o de relaciones sociales, rápidamente se encendían unas alarmas bien visibles y audibles, y el afectado se enteraba en el acto de que si seguía por ese camino iban a darle una patada en el culo, no iba a encontrar trabajo o se iba a quedar más solo que la una.

Al varón que se dejaba el pelo largo le llamaban marrano y le insistían hasta la saciedad en que pasara por la barbería. Si alguien vestía como un payaso, se reían de él en la cara y hasta le ponían mote. A la que se acostaba con medio pueblo la miraban raro y la advertían de mil maneras de que así solo lograría casarse con un forastero despistado. Al que no hacía más que decir chorradas la gente le perdía la consideración ostentosamente y ni se dignaba a escucharle. Al afeminado de la clase los niños le llamaban maricón y no querían quedarse a solas con él para no coger mala fama…

Pero ahora no. Ahora aparentemente no hay parámetros de conducta y cada cual, en teoría, puede desenvolverse como quiera sin consecuencias de ningún tipo. Nos hemos vuelto todos muy democráticos y, como buenos ciudadanos que somos, jamás osaríamos a poner en entredicho en voz alta el modus vivendi y los gustos de nuestros vecinos, amigos o compañeros de trabajo. Manifestar cualquier crítica a una persona por su manera de ser, de pensar o, peor aún, de vestir, atenta contra la libertad. Cada cual con su vida puede hacer lo que quiera sin que nadie se entrometa. 

Pero todo esto, que suena precioso, es una pamema, y en realidad la gente, aunque se calle amordazada por la presión cultural, sigue pensando más o menos lo mismo de los mamarrachos, los pintajas, los bujarrones y los que van dando el cantazo por el motivo que sea. Es verdad que ya nadie dice ni pío de las extravagancias y opciones de vida peculiares de los demás, pero después, a la hora de la verdad, se actúa en consecuencia y se excluye sin contemplaciones a los impresentables, a los raritos y a los problemáticos. 

Lo malo es que nunca faltan incautos que se tragan la parte teórica y se animan a saltar sin red confiando ciegamente en los valores de tolerancia y de respeto democrático. Y así nos encontramos al chaval que pretende superar la entrevista para un trabajo serio con un piercing en la nariz, al borracho o drogadicto que aspira a ser respetado, al sindicalero comprometido que imagina que encontrará un empleo algún día, al julandrón que sale del armario ganando 800 euros al mes, a la muchachita que espera que alguien compre la vaca cuando regala la leche a quien se la pide, al expresidiario que se cree que ya ha pagado su deuda con la sociedad, a la ama de de casa sin estudios que se comporta como la protagonista de Sexo en Nueva York, al inmigrante embaucado con lo de la alianza de civilizaciones, y, en general, a personas convencidas de que como no solo no se les critica, sino que los medios de comunicación no paran de predicar sus derechos , van a pillar cacho. 

Antes era mucho más fácil enterarse de qué iba la feria. Ahora todo son sonrisas, promesas y palmaditas en la espalda para todo el mundo, pero luego, tracatrá. Igual que siempre.

domingo, 27 de octubre de 2013

EL PAPA PARLANCHÍN





Conversando hace poco con un amigo muy inteligente sobre el Papa Francisco, le manifesté mi impresión de que el nuevo pontífice es demasiado parlanchín, que habla mucho pero va a hacer poco, a lo que me respondió con una buena dosis de retranca: “Hombre, Neri, es que a los Papas tienes que juzgarlos por lo que dicen y no por lo que hacen porque, total, ninguno hace nada, y también podían haber dicho los anteriores lo que está diciendo este y no lo han hecho”. Cachondeos aparte, llevo ya un tiempo con un post sobre Francisco rondándome la cabeza y creo que ha llegado el momento de trazar unas pinceladas breves sobre las sensaciones que me viene provocando el polémico jesuita argentino desde que ha tomado el báculo papal.

Como aspecto muy positivo para mí, debo destacar su religiosidad popular, su cercanía al pueblo y su deseo de comunicarse con él, así como sus gestos de austeridad y su apuesta (todavía solo formal) por los pobres. Francisco me parece un comunicador nato y un Papa sencillo, y eso le ha hecho ganarse en muy pocos meses la simpatía de millones de fieles y no tan fieles. No puedo negar mi entusiasmo ante frases suyas como “el pastor debe oler a oveja” o “los cristianos deben ser revolucionarios”. 

Sin embargo todo esto ha dado lugar a algunos excesos y a varios malentendidos. Excesos porque Francisco, que, como él mismo ha reconocido, es un “indisciplinado nato, nato, nato”, ha tomado diversas decisiones relativas a su residencia, costumbres y seguridad personal que colisionan frontalmente con la prudencia más elemental. Las medidas de protección que se ha saltado a la torera no son ningún capricho, y colaborar con sus escoltas y protectores no es una potestad suya, sino una obligación de quien no en vano es cabeza de la Iglesia además de un jefe de Estado. Y también el populismo desaforado del nuevo Papa ha dado lugar, como digo, a varios “errores” de interpretación fomentados por la prensa y por los sectores más izquierdistas de la Iglesia Católica. Naturalmente me refiero a la pretensión de Leonardo Boff y de otros siniestros comunistas de que las opiniones de Francisco se enmarcan en la tristemente célebre Teología de la Liberación, cuando el jesuita porteño ha sido siempre y es en la actualidad un feroz enemigo de esta herejía, si bien simpatiza a todas luces con la Teología del Pueblo, cimentada en la cultura y la religiosidad de la gente común (en primer lugar de los pobres), en la espiritualidad tradicional y en la justicia social, pero alejada del análisis marxista propuesto por Gustavo Gutiérrez, padre del liberacionismo. Hay quien va proclamando por ahí que la Teología del Pueblo es la rama argentina de la Teología de la Liberación, adaptada al contexto económico de este país, en el que ya predominan las clases medias, y alejada del marxismo. Pero lo que yo digo: si estas tesis teológicas defienden a los humildes sin proclamar la lucha de clases, me parecen estupendas, se consideren o no una “corriente” de la Teología de la Liberación.

Con todo, debo decir humildemente que hasta la fecha no estoy demasiado contento con este papado. Ya que a Bergoglio, como buen argentino, le gusta tanto hablar y hablar sin descanso, quizá debería tener presente el viejo refrán castellano: quien mucho habla, mucho yerra. No me atrevo a decir que hasta ahora haya errado, porque, puestos a analizar, aparte de levantarme ya un poco de jaqueca (que no se calla el hombre ni debajo del agua), no ha hecho casi ninguna declaración con la que yo no esté de acuerdo, pero creo que cuando predica sus catequesis, concede entrevistas o responde a las preguntas de los periodistas, se muestra tan preocupado por agradar a todo el mundo que acaba filtrando descaradamente los mensajes, omitiendo muchos contenidos "incómodos" de la doctrina católica en los temas por los que le preguntan, y, en definitiva, suavizando de forma calculada (para evitar críticas) las posturas de la Iglesia. Lo que no me gusta de este sucesor de Pedro no es tanto lo que dice sino lo que se calla. Para mí supone una misma adulteración del Magisterio de la Iglesia que un sacerdote, un obispo o un Papa expresen en público ideas opuestas al mismo como que seleccionen intencionadamente aquellos puntos más “vendibles” y no se salgan de ahí, evitando condenar sin tapujos ciertas conductas humanas o ciertos males de nuestra sociedad.

Lo que no es de recibo es que cuando al Papa Francisco le interpelan sobre un tema candente de moralidad o muy sensible, como por ejemplo la homosexualidad, nos salga con que lo importante es el amor y la comprensión, y que él no es quién para juzgar. Ya sabemos que el amor es el eje del cristianismo, pero un pontífice no puede apalancarse en esa muletilla para escaquearse de desgranar ante los medios lo que opina la Iglesia sobre el “matrimonio” gay y sobre la sexualidad contra natura de los homófilos.

Además, ¿qué choteo es ese de que él no es más que un pecador y no es quién para juzgar, o de que hay que hacer espacio a las dudas y no a las certezas? Ya, ya, si pecadores somos todos, pero si el Papa de Roma no es quién para juzgar, ¿entonces quién? Porque esta frasecita (muy cuca, eso sí, para los titulares) choca de plano con toda la historia y con la naturaleza profunda de la función papal. La Iglesia y el Papa están precisamente para transmitir seguridad y no incertidumbres, y, sobre todo, para emitir juicios morales y orientar la conducta de los fieles, más aún en esta época tan difícil marcada por la crisis de Fe y de valores. El día que dejen de hacer eso, apaga y vámonos; mejor recogemos el chiringuito y nos largamos cada uno a nuestra casa a hacer lo que nos dé la gana, porque, en fin, todos somos pecadores y no pasa nada, ¿no?.

Pero es que a este Papa le gustan más los titulares guays que comer con los dedos. Como buen jesuita despliega más trucos que una película de chinos y no hace más que dar una de cal y otra de arena, en una cauta y bien diseñada estrategia para ganarse el apoyo de la prensa internacional, cuando una Iglesia genuina y valiente debería preocuparse por difundir el verdadero mensaje de Cristo y los principios morales que ha venido defendiendo durante dos mil años, en vez de hacer malabarismos para caer bien y jugar a la mercadotecnia en los periódicos; en vez de hacer el ridículo vendiéndose como una oenegé más y pidiendo perdón todo el día por sus supuestos pecados del pasado.

No hay por qué dar una imagen antipática de la Iglesia ante los medios, pero tampoco tijeretear lo que interesa para molar al personal. A eso se le llama falsedad y cobardía.

Francisco nos cuenta, con sonrisa beatífica, que hay que amar a nuestros hermanos maricas, pero él sabe que jamás va a bendecir (ni a tolerar) sus uniones ni va a enmendar lo que dice el Catecismo al respecto. Nos dice, muy milonguero, que “la presencia femenina en la Iglesia apenas se ha hecho notar, porque la tentación del machismo no ha dejado espacio para hacer visible el papel que corresponde a la mujer en la comunidad”, pero no va a dejarlas en la vida acceder al sacerdocio… Bla, bla, bla, bla, bla… 

Lo que le dije a mi amigo: un parlanchín. De momento, mucho ruido y pocas nueces. Muchos gestos de cara a la galería y ningún cambio real (ni ahora ni creo que en todo el papado). Mucha palabrería y poca sustancia. Mucha publicidad y poca realidad. Si me equivoco y el Papa argentino revoluciona las estructuras y las posturas de la Iglesia Católica, seré el primero en reconocer que me he equivocado con esta entrada. Y que conste que corro el riesgo de meter la pata porque no hay droga más dura que el favor de la prensa. Una vez que lo obtienen, muchos son capaces de todo para conservarlo, y espero que Francisco no sea de esos.

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Che, un Papa argentino, ¿viste? 

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