Hay críticos que consideran El mozárabe, escrita en 2001 por Jesús Sánchez Adalid, la mejor novela histórica española; yo, sin atreverme a tanto, sí pienso que es de las mejores. Aunque es un pedazo de tocho, me enganchó desde sus primeras páginas y la terminé en un tiempo récord. Combina maravillosamente datos históricos, personajes reales e imaginarios, acción, aventura y romance, pero, a diferencia de otras obras del género, no incorpora ganchos propios del bestseller como pasajes con carga erótica, pormenores amorosos tipo novelilla rosa, recreación en la violencia, formato de guión de cine y heroínas artificiales para captar lectoras. El mozárabe es un libro con mucho contenido histórico que analiza en profundidad los conflictos religiosos en la España medieval y que decepcionará sin duda a quienes solo busquen pasar el rato.
El libro (que leí gracias a la recomendación de Aprendiz) desarrolla la vida de dos personajes muy distintos de la España del último cuarto del siglo X: la de Asbag ben Abdala ben Nabil, obispo de la comunidad cristiana de Córdoba durante el reinado del tolerante Califa Alhaquén II, y la de Abúamir, un ambicioso y brillante joven musulmán de esta ciudad que llegará a convertirse en el caudillo Almanzor.
Ambos existieron en la historia. De Asbag nada se sabe salvo su nombre, que aparece en una lista de obispos mozárabes. La historia de Almanzor, en cambio, es sobradamente conocida y merece mucho la pena recordarla en este magnífico relato. De apasionado estudiante de pueblo, juerguista y bastante frío en lo religioso, pasó a ser sucesivamente, en una vertiginosa carrera, escribano del cadí cordobés; gestor de la Ceca (casa de la moneda); administrador de los bienes de la favorita del califa (de la que se enamoró); cadí de Sevilla; intendente militar; gobernador en el Magreb y, por último, un carismático líder castrense que acabó derrocando al primer ministro Al Mushafi, manipulando al nuevo califa Hissam y sembrando con sus ejércitos el terror en los reinos cristianos. En sus numerosas razzias llegó incluso a destruir el templo del Apóstol Santiago en Compostela.
Sánchez Adalid aprovecha la historia del prelado Asbag para ilustrarnos sobre las tensiones derivadas de la diferente forma de vivir la Fe cristiana por los mozárabes (cristianos del Califato) y por los habitantes de los reinos del norte, que se hallaban inmersos en la tarea de la Reconquista y solían considerar a aquellos unos repugnantes colaboracionistas. Se plantean también, al hilo de la aventura del obispo, otras cuestiones de gran interés, como las incursiones vikingas en la Península; las difíciles relaciones entre el Sacro Imperio Romano Germánico y el Imperio bizantino, que pugnaban por ser los auténticos herederos e intérpretes del espíritu de la Roma Imperial, y el siempre candente tema catalán, ya que se esbozan en un capítulo algunos apuntes sobre la época en que el Condado de Barcelona era independiente de facto de los francos sin haberse formado aún la Corona de Aragón.
En cuanto a las vicisitudes del futuro Almanzor, el autor se limita a recrear, sin excesivas licencias pero de un modo ameno e instructivo, la vida de este personaje histórico, a través de la cual tenemos ocasión de conocer las intrigas de la corte califal, el funcionamiento de los harenes, la importancia de los eunucos reales o el papel desempeñado por los militares en Al Andalus. Pese al rencor histórico que todos los españoles de bien tendemos a albergar contra el legendario adalid moro, bien mirado su intervención y su herencia política fueron la causa a la larga de la disolución del califato, del surgimiento de las taifas y del debilitamiento del Islam en nuestra nación, lo que facilitó al fin la victoria de Las Navas de Tolosa y la claudicación de Granada, que puso el broche final a una gloriosa cruzada de siglos.
Por último, es de destacar el final de la novela, muy logrado, que engarza con maestría los elementos históricos y los puramente literarios, dejándonos la sensación al cerrar las tapas (o al pulsar off en el ebook) de haber disfrutado de una obra extraordinaria.
Obligatoria su lectura para los curiosos de la historia de España en un período tan convulso como el paso de la Alta a la Baja Edad Media. Yo pronto me meteré con Alcazaba, del mismo autor, que también promete.











