Debido a unos comentarios realizados hace tiempo sobre el uso que hago de un modelo de agenda llamado MOLESKINE me piden desde La pluma viperina que haga un comentario sobre ella. Encantado acepto tan sugerente invitación, agradeciendo su confianza.
En concreto no sé por qué tengo una MOLESKINE. Supongo que por un cúmulo de circunstancias y características. En una reunión en Madrid, con colectivos del Heavy Metal multisectorial, hace más de un año, me fijé en que una señora tenía una agenda muy curiosa que me llamó la atención. Hasta entonces yo había sido el típico fan de la informática-para-todo. Pero la simplicidad y elegancia de la herramienta me llamó la atención: tenía forma de libro encuadernado, con los vértices redondeados, una tira de tela para señalar el día, forrada con un elegante color negro sin marcas ni distintivos, y hojas color hueso, que además se cerraba mediante una goma. Claramente destacaba entre Blackberrys y PDAs. Respondía perfectamente al lema KISS: “keep it simple, supid –o keep it simple for stupids”, y se complementaba perfectamente con cualquier tipo de bolígrafo.
Una persona a la que le gusta rodearse de libros no podía pasarle desapercibido ese artefacto tan elegantemente analógico.
Hace dos años, cualquier persona que se quisiera distinguir en el business “había” de tener una marvellous PDA con e-mail. Y si además era un iPhone, entonces pertenecía a la élite del redil de los distinguidos. Pero el mundo de la informática y las comunicaciones se caracteriza por la democratización y el desfase inmediato. Los que hace dos años dejaban sus cacharros encima de las mesas de los Starbucks, ufanos de la admiración que estaban despertando, hoy los esconden en los bolsillos de sus americanas, no vaya a ser el crío de 12 años de la mesa de al lado tenga uno mejor. ¿Cómo puede distinguirse alguien, entonces, de sus congéneres, sin perder la conectividad?
Aquí aparece el fenómeno MOLESKINE. Como he dicho antes, no tiene nada de especial, y eso es precisamente su gran virtud. Responde a una necesidad en un momento adecuado, que era el de poder lucir bolígrafo, agenda, o estar harto de tener que pasar por quinta vez los datos de una PDA a otra porque la anterior se quedó desfasada y ya no “pega” tanto.
Una MOLESKINE tiene sólo lo que una agenda ha de tener. Nada más. Y está programada para que dure el tiempo que pone que tiene que durar (el de la agenda). Esa es su vida útil.
Yo no me la compré por la distinción, sino porque, aunque rodeado de un mundo digital, soy profundamente analógico: lo anoto todo. Hasta tengo cuaderno institucional de 500 páginas en A4 donde anoto todas mis interactuaciones laborales con personas humanas día a día (que, por cierto, no es MOLESKINE… pero al tiempo…)
El modelo de agenda MOLESKINE que tengo es la Weekly-Notebook Hard Cover Pocket, que en la página impar presenta toda la semana, para realizar entradas en la agenda, y en la par tiene espacio para hacer todas las anotaciones que uno quiera, relativas a esa semana. El tamaño es perfecto para cualquier bolsillo. La complemento con un Plan Cahier Journal, para anotaciones más largas, del mismo tamaño que la agenda.
¿Y por qué MOLESKINE? La historia de la marca me da francamente igual. Me importa un pimiento si la usó Picasso o Hemingway, porque seguro que también, si existiera, hubieran usado un Bic en algún momento, y no por eso Bic es el mejor boli del mundo. Tampoco es por su calidad: el papel es demasiado fino como para usar pluma o Pilot (transparenta, pero a mí no me importa, porque siempre uso los mismos bolis), con el tiempo se deshilacha la tira de tela, y el exterior negro con el tiempo se acaba rascando. Simplemente es porque fue la primera marca que cayó en la cuenta de que había gente que quería un cuaderno o una agenda sencilla, pero elegante. Y ellos fueron los primeros que apostaron de nuevo por este concepto. Y para mí, acertaron. Por eso lo uso, y lo seguiré usando hasta que cambie de opinión.
Por cierto, mi móvil es un HTC Hero, y la agenda la tengo también duplicada en GCalendar por motivos laborales. Pero mi centro de operaciones sigue siendo analógico, por ahora.