en sol que apagarse pueda.
viernes, 23 de septiembre de 2011
HISTORIAS DE ESPAÑA VIEJA (XX): LA MÁS BELLA REINA DE TODOS LOS TIEMPOS
en sol que apagarse pueda.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
TODOS NOS EQUIVOCAMOS
Hay una frase que repiten muy a menudo, como una coletilla, las personas que acostumbran a cometer muchos errores: “equivocarse es humano”, “todo el mundo se equivoca” o “¿tú no te equivocas nunca?”.
Es una estadística similar a la de los accidentes de trabajo: la mayoría de los accidentes laborales los sufren siempre los mismos, una pequeña minoría.
Lo jodido además es que si a ese 5% de señores les encomendáramos una tarea totalmente distinta, incluso si les diéramos a elegir cuál prefieren desempeñar, seguirían armándolas como Amancio y lastrando la organización con su exceso de equivocaciones.
¿Qué hacemos con los inútiles o con los torpes crónicos?, ¿qué hacemos con ese 5% de tipos que urden el 90% de las cagadas?, ¿les decimos que mejor se queden en su silla quietos y sin tocar nada o les echamos a la puta calle, o nos resignamos a que todo el mundo tiene que comer y no queda otra que trabajar con ellos?
lunes, 19 de septiembre de 2011
CAINISMO
Aunque se podría contemplar desde ángulos más que diversos, entiendo que la envidia no es tanto el deseo de bienes, circunstancias o éxitos ajenos, sino el sufrimiento que pueda surgir al contemplar aquéllos. E incluso, aunque pueda ser discutible, concibo que es humano entristecerse cuando un enemigo triunfa o, más aun, cuando alguien alcanza un premio por el que hemos competido a pesar del afecto que sintiéramos por nuestro competidor.
Vamos, que me parece normal que te fastidie que el vecino ése con que te llevas a matar se haya comprado un cochazo o que un amigo se termine ligando a la chavala que tú también llevabas meses persiguiendo. Hay que saber perder y resignarse, pero eso no significa que fracasar no te duela aunque sea tu propio hermano quien te haya ganado.
Pero lo que nunca podré entender es como la puta envidia puede hacer que algunas personas, incluso siendo inteligentes y muchas veces bondadosas y generosas, se angustien y vean frustradas por los limpios triunfos y la prosperidad de otros que nada tienen que ver con ellos, o, lo que es peor, de amigos, hermanos y familiares.
En el corazón humano, o al menos en muchos, parece residir alguna sustancia oscura latente, deseosa de expandirse y propagarse como un moho, cegando la inteligencia y la bondad del más capaz. Y creo que los fertilizantes que alimentan ese moho, el cainismo, son la frustración y el autoengaño.
Estoy hablando del tipo que, cuando su amigo de toda la vida se liga a la superbuenorra de la clase, a sus espaldas predica que él es tonto y que ella es la más puta del pueblo, cuando en realidad está frustrado por llevar años sin mojar o, más triste aún, trajinándose un costrollo que no se comería ni el ácido.
O de la gordita simpática que cada vez que la amiga rubia, alta y delgada se compra un nuevo modelito en el que ella no entraría ni con una palanca, se repite a sí misma que su amiga es una Barbie presumida, sin pararse a pensar que, para entrar dentro del vestidito, acude al gimnasio cuatro veces por semana y lleva cinco meses sin probar un pastel.
O de la cuarentona que, tras vivir toda la vida de alquiler y cenando tres noches a la semana de restaurante, le espeta al ilusionado hermano que ha logrado, tras años ahorrando, reunir la entrada para la compra de su piso: «Pues es demasiado pequeño y está en muy mala zona.» Hay que ser estúpida, además de una zorra, para decir cosas parecidas y destrozar las ilusiones de alguien. En fin, supongo que todos los lectores conocerán casos similares y los habrán sufrido en sus carnes.
Una de las características que tiene la envidia, y más cuando la frustración previa es elevada, es que anida en el cerebro y destroza el corazón de manera que, únicamente, deja actuar a las tripas, despejando el campo para buen provecho de malvados y astutos.
Pongamos, por ejemplo, el tema de los controladores aéreos hace unos años:
Pepiño Blanco que, a pesar de ser una nulidad académica, es mucho menos estúpido de lo parece, no se cansó de insistir en lo elevado del sueldo de estas personas, muy por encima, supuestamente, de la media europea.
En seguida, y con anterioridad a la huelga de diciembre, todos los juanlanas y las marujas de España empezaron a ladrar contra los controladores y a pedir que les bajaran el sueldo o, mejor aún, que les despidiesen. A ninguno se le ocurrió, por ejemplo, pensar que disfrutaban de derechos adquiridos legalmente o lo gravoso de un ministro de Fomento sin titulación académica adecuada para su cargo. Ningún gañán de Soberano, Farias y tute en el bar pensó que quizás su hijo podría haber estudiado para presentarse a las pruebas, abiertas y libres, de controlador o, mejor aún, que lo realmente vergonzoso es que la relación entre salarios y precios medios de España, en comparación con la europea, es indignante. Y además, así, los sociatas lograron tapar el verdadero problema de fondo, la ruina e intento de privatización de AENA por la mala gestión y el despilfarro de unos políticos que no se harán cargo de sus cagadas.
Pongamos otro ejemplo:
Azuzando la envidia, se logró aceptar como correcta la bajada de sueldo a los funcionarios. ¿Acaso no es la envidia la que habla cuando toca escuchar cosas como que todos los funcionarios son unos vagos o que todas las oposiciones están apañadas? ¿Cuántos de esos genios han puesto alguna vez una reclamación contra un funcionario que no haya cumplido cómo es debido o ha denunciado un proceso de oposición fraudulento? Los que así se explican, además de desear cobijo en la manada, realmente no quieren convencer a su interlocutor sino a sí mismos. No desean, como sería lógico y justo, que sus condiciones laborales mejorasen o que, al menos, se cumpliera fielmente la legislación laboral. Tampoco se les ha ocurrido que el funcionario vago, que abunda, no va a trabajar mejor porque le bajen el sueldo y que el eficiente es muy complicado que se vea motivado para hincarla más con ese tipo de medidas. No. Se engañan a sí mismos tratando de no oír lo que verdaderamente dicen sus tripas: «Si yo estoy jodido, que los demás se jodan más.»
Son tiempos de recortes y de vacas flacas. Y recurrir a sembrar envidias parece que se pone de moda entre los políticos que quieran justificar cualquier recorte. El mes pasado, Esperanza Aguirre, Cospedal y Ana Botella se lanzaron contra los profesores de secundaria, con todo lo que ellas tienen que callar.
Mañana, quien sabe, dirán que los jubilados tienen mucha cara porque con lo que se ahorran en medicamentos se marchan a bailar a Benidorm. O lanzarán a las masas contra los notarios, pidiendo la expropiación del 50% de sus bienes. O contra los canarios porque, ya que no gastan en calefacción, deberían pagar más impuestos.
Me atrevería a corregir a Unamuno, porque el pecado capital de España y el mundo, no es la envidia, sobre todo, es la estupidez.
¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo; pero el de la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabias.
sábado, 17 de septiembre de 2011
viernes, 16 de septiembre de 2011
ENCUESTA SOBRE EL FUTURO DE GADAFI
Pregunta: ¿Deseas que capturen a Gadafi?
Duración: 17 días.
Votos: 46
Respuestas:
a) Sí, este tirano tiene que pagar sus fechorías con la pena de muerte. 3 votos (6%)
b) Sí, para que tenga un juicio justo y vaya a la cárcel por sus crímenes. 12 votos (26%)
c) No, Gadafi es una víctima del imperialismo yanqui criminal. 12 votos (26%)
d) No, y ojalá contraataque y gane la guerra contra gringos, al-kaedos, buitres petroleros, libios europeístas traidores y demás chusma. 11 votos (23%)
e) No, es mejor que fusilen al negrito Obama o a los integristas islámicos. 5 votos (10%)
f) Me es indiferente. 0 votos (0%)
NOTA: El 60,9% de los votantes es contrario a la captura de Gadafi.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
FIRMAS "DEMOCRÁTICAS"

lunes, 12 de septiembre de 2011
EXPRESIONES TAURINAS
Desde niño me gusta ver los toros por la tele y siempre me ha atraído la Fiesta y el ambiente taurino, aunque como nadie de mi familia (salvo mi abuelo, que murió pronto) ni mis amigos eran aficionados, nunca había tenido ocasión de asistir en vivo a una corrida. Y aunque ya llevábamos dos o tres años diciendo Leonardo y yo que teníamos que ir a la plaza un día en fiestas, no nos hemos decidido hasta esta Feria, en la que hemos sacado entradas para ver a Fran Rivera (Paquirri), a El Cid y al espectacular Fandi.
Estuvimos anteayer y lo hemos pasado tan bien que nos hemos comprometido a ir al menos una vez al año y, si es posible, conseguir una localidad en Las Ventas en el próximo San Isidro.
Aunque las faenas de El Fandi y de El Cid estuvieron francamente bien, sobre todo las vistosas banderillas de aquel, a mí lo que más me gusta es el ambiente castizo de la plaza, lo elegante que se pone la peña. No hay duda de que esto de los toros es de gente de orden como Dios manda. En la puerta, al entrar, había una cuadrilla de antitaurinos furiosos voceando “que no, que no, que no nos representan”, que todavía estoy pensando qué coño tendrá que ver con el maltrato animal, pero ya se sabe que los idealistas Indignados están en todos los ajos.
Pero lo mejor son los comentarios que hace la gente en los tendidos, sobre todo los taurinos más veteranos. Me encantan esas expresiones tan originales y ocurrentes relacionadas con el mundo de la tauromaquia que se oyen continuamente a tu alrededor, muchas veces a gritos. Voy a recordar aquí las que me hicieron más gracia la otra tarde:
1.- Una señora mayor, justo delante de nosotros, que nos dejó baldados con los tres purazos que se fumó, le chilló a Paquirri cuando pifió el estoque: “¡Llevas 15 años y no has aprendido nada! ¡Ni aprenderás!”. Jo, qué duras son las mujeres. A mí me dice eso mismo mi señora cuando limpio la cocina.
2.- En mitad de un capotazo, tras la suerte de varas, el morlaco muge. Un vejete grita a mi espalda: “¡Le ha llamao de todo!”
3.- El primer toro de la tarde fue malísimo. Se alejaba del capote en cuanto podía. Un patilloso chuleta a nuestro lado le vocea al maestro: “¡Al final tendrás que ir corriendo detrás de él!”
4.- Uno muy simpático, que igual tiene más años que Matusalén, pero yo nunca lo había oído: Fran Rivera pincha en hueso al ir a matar y se oye rugir entre el público: “¡Se te ha caído una oreja!”
5.- “¡Están domesticaos!”, suelta un garrulo al ver lo flojito que era un astado.
6.- Y el mejor, el que me provocó unas carajadas irreprimibles: No recuerdo si fue El Cid o Paquirri el que clavó fatal un par de banderillas, muy bajas, en el costado, y un gracioso a mi espalda pega un berrido: “¡Un poco más y se las pones en los cojones!” ¡Insuperable!
Creo que merecería la pena recopilar estas genialidades tan españolas y dedicar un post monográfico. Iremos tomando nota. Si alguien se sabe más, que las ponga, por favor.
sábado, 10 de septiembre de 2011
RELEYENDO "EL PADRINO" (20): TODO ESTO ES NUEVO PARA MÍ
Al día siguiente, Vito Corleone fue abordado en la calle por el elegante Fanucci. El extorsionador tenía un rostro desagradable, sobre todo desde que mostraba la cicatriz de la herida que le habían infligido aquellos tres jóvenes y que él ni siquiera trataba de ocultar. Sus cejas eran negras y espesas, y sus facciones duras. No obstante, cuando sonreía no era repulsivo del todo. Habló con un fuerte acento siciliano:
—Me han dicho que tú y tus dos amigos sois ricos, muchacho; pero ¿no crees que habéis sido un poco desconsiderados conmigo? Después de todo, éste es mi distrito, y creo que merezco otro trato... Deberíais dejarme meter el pico.
Empleó la frase de la Mafia italiana: «Fari vagnari a pizzu». «Pizzu» significaba el pico de un pájaro pequeño, por ejemplo el canario.
Siguiendo su costumbre, Vito Corleone no respondió. Comprendió perfectamente lo que Fanucci quería decir, pero hubiese preferido que hablara con mayor claridad.
Fanucci sonrió ampliamente, mostrando sus dientes de oro. Se pasó el pañuelo por la cara y se desabrochó la chaqueta, como si tuviera mucho calor, aunque lo que en realidad pretendía era que Vito Corleone viera la pistola que llevaba en la cintura.
—Dame quinientos dólares y olvidaré el insulto —dijo Fanucci—. Al fin y al cabo, los jóvenes desconocéis las consideraciones debidas a un hombre como yo.
Vito Corleone sonrió tímidamente a Fanucci, quien, al ver la expresión entre ingenua y asustada del joven, prosiguió:
—Si no lo haces, la policía irá a tu casa, y tanto tú como tu esposa y tus hijos, además de soportar la vergüenza, os veréis en la indigencia. Naturalmente, si la información que poseo acerca de tus ganancias es incorrecta, estoy dispuesto a rebajar la cantidad, pero en ningún caso aceptaré menos de trescientos dólares. Y no trates de engañarme.
Por vez primera, Vito Corleone abrió la boca. El tono de su voz era razonable, tranquilo y cortés, como correspondía a un joven que se dirigía a una persona mayor y de reconocida importancia.
—Mis dos amigos todavía no me han entregado mi parte —dijo—; tendré que hablar con ellos.
—Pues diles lo mismo que te he dicho a ti. De ese modo me ahorraré el trabajo de ir a hablarles. No tengas miedo. Clemenza y yo nos conocemos muy bien; es un hombre que comprende estas cosas. Déjate guiar por él. Tiene más experiencia en estos asuntos.
Vito Corleone simuló sentirse asustado.
—Usted comprenderá que todo esto es nuevo para mí —alegó—. Gracias por haberme hablado como lo ha hecho.
—Eres un buen muchacho —dijo Fanucci, emocionado. Tomó la mano de Vito entre las suyas y añadió—: Eres respetuoso, y esto es muy importante en un hombre joven. La próxima vez habla primero conmigo ¿eh? Tal vez pueda ayudarte.
Muchos años más tarde, Vito Corleone comprendió que lo que entonces le llevó a dirigirse con tanto respeto a Fanucci fue el haber presenciado la muerte de su propio padre, un hombre apasionado que había sido asesinado por la Mafia, allá en Sicilia. Pero en ese momento lo único que sintió fue un frío odio hacia Fanucci, que pretendía robarle parte del dinero que había conseguido a costa de arriesgar su libertad y aun su vida. No tuvo miedo alguno. Lo que Vito Corleone en realidad pensó fue que Fanucci era un pobre loco, pues estaba convencido de que Clemenza se dejaría matar antes que desprenderse de un solo centavo (¿acaso no se había mostrado dispuesto a matar a un policía sólo por robar una alfombra?). Y en cuanto al melancólico Tessio, era frío como una víbora, e igual de mortal."
miércoles, 7 de septiembre de 2011
HISTORIAS DE ESPAÑA VIEJA (XIX): ¡VIKINGOS!
Aunque los dibujos de Vicky el Vikingo, la peli de Kirk Douglas y los cómics y otros géneros de ficción los representan como simpáticos aventureros con cuernos en los cascos que navegaban en barquitos de velas cuadradas con un dragón en la proa, lo cierto es que los vikingos eran más bien unos paganos hijos de puta que se pasaron toda la Alta Edad Media sembrando el terror en Europa con sus brutales ataques a zonas costeras, en los que saqueaban, asesinaban, violaban y secuestraban a mansalva.
Normalmente durante esta época se los llamaba “normandos” (hombres del norte). Se trataba de bárbaros sin romanizar ni cristianizar, normalmente politeístas, originarios de Escandinavia, que basaban su economía en la piratería y en el pillaje. Aunque sus incursiones en España no han sido demasiado estudiadas, se han documentado al menos cuatro grandes ataques protagonizados por salvajes daneses y noruegos (sin duda antepasados de Anders Breivik). En la Colegiata de San Isidoro en León se conserva el único resto arqueológico vikingo de nuestro país: una pequeña caja fabricada con asta de ciervo.
El asalto más antiguo que se conoce data del año 844, cuando, por culpa de una tormenta, una flota normanda que acababa de arrasar Tolousse, acabó en la costa cantábrica e intentó hacer de las suyas en la pequeña aldea (hoy La Coruña) que existía al pie del Faro de Hércules. Pero el rey astur Ramiro I los derrotó, ejecutó a cientos de guerreros y les quemó 70 barcos.
Los restos
de la vikingada partieron hacia el sur, huyendo como conejos, y tras recibir otro buen correctivo en Lisboa, remontaron el Guadalquivir, tomaron la ciudad de Sevilla, quemándola hasta los cimientos, y organizaron razias a caballo por los alrededores, hasta Córdoba, para incautarse de botín, esclavos y prisioneras sexuales. Pero esta vez fue el moro Abderramán III quien dio su merecido a los nórdicos cornudos; con sus tropas consiguió expulsarlos de la Sevilla musulmana sin dejar de hostigarlos duramente desde las orillas del río, hasta que, tras mucho parlamentar, accedieron a entregar a todos los rehenes que llevaban a bordo. A pesar de este trato, el emir hizo trampa y cuando los alcanzó de pleno en Tablada, fueron degollados casi todos y colgados sus cadáveres de las palmeras.
El segundo ataque, solo catorce años después, fue el más espectacular. Nuevamente hubo escaramuzas en el Reino de Asturias, también en Galicia. Esta vez los caudillos Hasting y Bjorn, que comandaban una armada de cien naves, fueron derrotados por Ordoño I en Ira Flavia y luego dieron la vuelta entera a la Península, cometiendo tropelías en las islas Baleares, hasta llegar a la altura de los Pirineos. Pero en su camino subieron por el Ebro hasta Pamplona y lograron secuestrar al rey García Íñiguez de Navarra, al que solo soltaron previo pago de 70.000 dinares.
Cien años más tarde, a mediados del siglo X, una partida de mercenarios daneses regresó a tierras gallegas y causó estragos e incendios en diversas regiones, e incluso derrotó a un ejército de labriegos, hasta que por fin una coalición entre el Obispo de Compostela y los condes locales logró expulsar a Vicky el Vikingo casi de milagro.
Pero la más gorda se organizó en el 968, cuando el facineroso rey Gunrod, al mando de más de cien bajeles con cabezas de dragón, venció a las tropas del Obispo de Santiago (que murió en la batalla) y desparramó a sus hombres por toda Galicia, hasta la frontera con León, devastándolo todo a su paso. Pero cuando regresaba al puerto de Ferrol para escapar con lo robado, el Conde Gonzalo Sánchez le salió al encuentro con una leva de campesinos damnificados y exterminó a todos sus hombres, incluido él, como a cucarachas, no dejando ni un cuerno ni un barco en pie. Como recuerdo de esta última invasión quedaron totalmente calcinadas las ciudades de Tuy, Braga y Orense.
Este fue el final de las aventuras vikingas en nuestro territorio, aunque los cronistas cuentan que el mismísimo Olaf Haraldsson, fututo rey noruego, vino a dar por saco en el año 1015 y se coló por el Miño para hacer caja en unas cuantas aldeas. También se habla de otro episodio de menor importancia en 1028 protagonizado por un tal Ulf (¡uf…!).
Por muchos siglos que hayan transcurrido y por mucho que nos vendan su supuesta cultura avanzada, su súper sistema educativo y sus modélicos servicios sociales, yo sigo pensando que los escandinavos en el fondo no son más que unos bárbaros del norte y que una invasión romana a tiempo y diez siglos más de cristianismo les hubieran venido como el comer.
lunes, 5 de septiembre de 2011
LA CÁRCEL ES PARA POBRES
Recuerdo, de cuando estudié derecho penal, criminología y política criminal, que los autores marxistas siempre sostenían que la pena de prisión es un instrumento del capitalismo para dominar a los que tratan de quebrantar el orden económico vigente, es decir un invento de los ricos para tener controlados a los pobres. Como prueba de ello esgrimían que más del 95% de la población reclusa es de extracción muy humilde o marginal.
Yo estuve un tiempo pensando que exageraban demasiado y que la cárcel no es más que una forma de proteger físicamente a la sociedad de los elementos más peligrosos. Porque las gaitas esas de la rehabilitación en los centros penitenciarios no se las cree ni un niño.
Pero según he ido reflexionando estos años, con el Código Penal delante, he llegado a la conclusión de que los comunistas no van tan desencaminados, ya que en el derecho de las democracias liberales existe un conjunto de figuras jurídicas que no es que estén diseñadas para que solo vayan a chirona los pobres, sino más bien para que los ricos ni la huelan, lo que en el fondo es igual porque a la larga, gracias a estos mecanismos, los únicos que chupan barrotes son los marginados, los parados, los que no tienen trabajo, ni patrimonio ni fuente alguna de riqueza.
En el caso de nuestro derecho penal reciente y vigente, estas figuras son básicamente cuatro: la pena de arresto de fin de semana (derogada hace seis años), la pena de localización permanente, la pena de trabajos en beneficio de la comunidad y la suspensión de la ejecución de las penas privativas de libertad. Vamos a explicar brevemente en qué consisten.
El arresto de fin semana consistía en castigar al delincuente con un número reducido de fines de semana (períodos de 36 horas de viernes a domingo) recluido en una celda aislada y separada del resto de reclusos en un centro penitenciario.
La localización permanente es un arresto domiciliario, es decir quedarse en casa localizable telefónicamente un tiempo determinado, que la sentencia puede establecer que sea discontinuo, o sea también los fines de semana.
Con los trabajos comunitarios el juez te condena normalmente a realizar un breve voluntariado social, bajo la tutela de un monitor, o a veces a asistir a unos cursillos de concienciación para jóvenes violentos o agresores “machistas”.
Y por último, la suspensión de condena consiste en que el juez, si así lo estima oportuno, puede impedir que ingresen en prisión aquellas personas sin antecedentes cuando la duración de su condena de cárcel no supere los dos años.
La característica común de estos cuatro instrumentos es el amplio margen de maniobra que tiene el órgano jusrisdiccional. Así en los tres primeros, el Código suele permitirle elegir discrecionalmente entre aplicar estas penas u otras (la cárcel pura y dura), ya que puede sustituir el ingreso en prisión por estas penas lights según le parezca, y en el caso de la suspensión el señor juez siempre es libre de concederla o no en función de parámetros más bien subjetivos como por ejemplo la peligrosidad del sujeto.
Y ahora viene la pregunta del millón: ¿Por qué se prevén estas medidas tan curiosas en el ordenamiento jurídico criminal? Y la sencilla respuesta: Para evitar que la gente bien, las personas decentes, con sueldo fijo, con hipoteca, con familias estructuradas, con pelas para consumir, pisen el trullo ni un día. Así de claro.
El Sistema se ha inventado estas
triquiñuelas para “castigar” aquellas conductas que entiende pueden ser llevadas a cabo, en un momento dado, por error, por una persona socialmente integrada. Por eso mismo, las penas que he explicado se vienen aplicando desde su invención sobre todo a niños de papá que hacen el gamberro el finde (skins, grafiteros), a gente "de orden" que conduce mamada como una cuba, a maridos normales que han abanicado a la parienta, y, en fin, a ciudadanos "corrientes" que un día meten la pata, porque todos tenemos derecho a equivocarnos, hombre. En cambio, a los marginatas barriobajeros, gitanos, drogatas, parados de eterna duración que mangan en el metro, inmigrantes sin un duro y demás pobretones siempre les caen encima unos cuantos años de sombra directamente, sin preguntar.
¿No es en el fondo una injusta forma de control de los colectivos más desfavorecidos?
Porque yo soy partidario de democratizar la cárcel al 100% y de que se meta en ella a todos aquellos, pobres o ricos, que tengan comportamientos dañinos y antisociales, sin medias tintas discriminatorias. Si un chavalín de buen barrio agrede a un mendigo, se carga una farola o conduce ebrio debería ir a la cárcel el tiempo que sea, incluso solo una semana si la falta es menor, pero jamás escaquearse de cruzar rastrillos por su condición social o por su perfil familiar con esos subterfugios clasistas de la localización permanente o de los dichosos cursos para ser buen ciudadano. Que le suelten cuatro días en el patio de Carabanchel y verás como no vuelve a hacer el gamba en su vida.
Está muy subestimado en estos tiempos el poder preventivo y persuasivo de la privación de libertad, que debería utilizarse con mucha más alegría e igualitarismo para meter en vereda a mucho niñato cabrón que se descojona del mundo cuando le suspenden la condena por abuso sexual al no tener antecedentes o le mandan a cuidar viejecitos por haber apaleado a un negro.
sábado, 3 de septiembre de 2011
EL SANADOR DE CABALLOS
De cuando en cuando cae en nuestras manos una novelita sencilla, sin pretensiones, pero muy entretenida, que nos deja, al terminarla, una sonrisa en los labios y muy buen sabor de boca. Es el caso de El sanador de caballos (2008), de Gonzalo Giner, que recomiendo vivamente.
Giner es un veterinario amante de la Edad Media que nos cuenta una fábula preciosa ambientada en plena Reconquista, a finales del siglo XII y principios del XIII, protagonizada por el joven castellano Diego de Malagón y por su fiel yegua Sabba.
Tras perder a su padre y ser secuestradas sus hermanas por los almohades durante la Desgracia de Alarcos (1195), Diego viaja a Toledo, donde aprende el oficio árabe de albéitar (sanador de caballos), que después perfeccionará en un monasterio cisterciense y ejercerá en Aragón y en Cuéllar, sin olvidar jamás la idea de rescatar a sus hermanas de los sarracenos. Al final, su coraje y su inteligencia le llevarán a convertirse en espía del rey Alfonso y a infiltrarse en Sevilla en los meses previos a la gloriosa batalla de las Navas de Tolosa (1212).
Las virtudes más destacables del libro son su amenidad, su profundización en la importante profesión de veterinario medieval y su riqueza de datos históricos sin llegar a hacer denso el relato. Personajes como Alfonso VIII de Castilla, Alfonso IX de León, Sancho VII de Navarra, Pedro II de Aragón, Abu Yusuf, su hijo Miramamolín o el Obispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada desfilan con soltura por las 700 páginas enseñándonos muchas cosas y sin aburrir jamás. Lo mejor, la exhaustiva descripción de los preparativos y del desarrollo de la batalla de las Navas, con especial hincapié en el papel desempeñado por los ultramontanos, de los que ya hablé en su día.
Como aspectos negativos voy a señalar tres: el autor chupa demasiada rueda de la estela de Ken Follett y su género de novela medieval de oficios; la historia de amor de Diego con la bella noble Mencía ha llegado a subir el nivel de azúcar de mi organismo hasta límites peligrosos (a ellas les encantará), y, por último, me ha parecido vomitivo el intento políticamente correcto de Giner de vendernos la expedición de los reyes cristianos de 1212 como una batalla contra la tiranía de Al-Nasir, en defensa de las libertades políticas del pueblo, mostrando a los andalusíes no almohades como seres dialogantes y enemigos del fanatismo.
Los guiños a la multiculturalidad de folleto son bastante incómodos pero no desmerecen la calidad de la obra ni mucho menos me incitan a desaconsejarla. ¡Yo sí que soy un demócrata!
jueves, 1 de septiembre de 2011
LA BODA DE LA DUQUESA
Ni crisis, ni paro, ni elecciones anticipadas, ni Bildu, ni decretazo laboral ni reforma de la Constitución. Está claro que la noticia estrella del otoño, y yo diría que del año, es el inminente enlace de la duquesa de Alba, Doña Cayetana Fitz-James Stuart, con el intrépido administrativo de la Seguridad Social Alfonso Díez, veinticuatro años menor. La relevancia del acontecimiento justifica de sobra tamaña repercusión mediática, dada la simpatía casi unánime de la que goza Doña Cayetana entre sus compatriotas. Todos le deseamos mucha felicidad con la certeza de estar ante un romance idílico en el que no media interés económico alguno por parte del humilde pero aguerrido Alfonso.
Sin embargo, las chacharillas, comentarios y elucubraciones sobre la diferencia de edad entre los novios han presidido desde 2008 las sobremesas de muchos españoles, aunque creo que pocos debates habrán sido tan jugosos como el que yo sostuve hace unos meses con unos compañeros de trabajo a cuenta de si los tórtolos tenían o no vida sexual. A partir de aquí recomiendo no continuar leyendo a nuestros seguidores más sensibles.
El debate comenzó viendo en la tele de un bar la noticia sobre un viajecito a la playa de la digna descendiente de un bastardo de Jacobo II con su animoso noviete. Una de mis compañeras comentó que a esos años (sobre todo a los de ella) seguro que la relación no incluía el sexo en ninguna de sus formas y modalidades, ni siquiera las más compatibles con edad tan provecta. Que como mucho, la duquesita y el apuesto empleado público (al que todos hacíamos gestor del patrimonio arqueológico y no del INSS) se prodigarían carantoñas inocentes, besitos en la mejilla, piquitos a lo más y caricias inocuas. Que Doña Cayetana simplemente necesitaba atención y mimitos, que ya no estaba ninguno de los dos para determinados trotes.
Inmediatamente se armó un revuelo y un entusiasta cruce de opiniones entre los defensores de esta hipótesis (mujeres en su mayoría) y los que opinábamos todo lo contrario, o sea los que no podíamos creer que la duquesa, con su historial lúbrico, se contentara con ir de la mano de Alfonso o con que este le pellizcara la mejilla susurrándole “cielito mío”.
El funcionario palentino, sin duda equiparable a los héroes de la batalla de Clavijo, sabe muy bien cuál es el precio del amor de Cayetana y (aunque sea secundario) de incorporarse a tan ilustre familia en plenitud de derechos. Y la contrapartida no es otra que jugar a papás y mamás con la buena señora cada vez que se la antoje, que mis compañeros y yo intuíamos, entre arcadas, que podía ser bastante a menudo. ¡Pues no ha sido lista ni nada la Grande de España eligiendo a uno con esa cara de pajillero!
Nos imaginábamos entre escalofríos los meritorios sacrificios del gran Alfonso para contentar a su prometida, algo que dudo hayan conseguido ni siquiera sus dos primeros maridos, habida cuenta de la conocida fogosidad de la noble. Comentábamos también que la Fitz-James no solo no tiene pinta de ser esposa de las de sábado sabadete, sino que más bien será aficionada a toda clase de variantes caprichosas del débito conyugal, como si la clásica postura del misionero no fuera ya lo bastante repulsiva con tal compañera de cama.
“¡Todo por la Patria!”, pensará el hombre mientras lidia como un valiente con los ajados cántaros de su amada o se aventura a explorar los barbillones del pavo.
Un héroe, no se hable más. Un hombre audaz que sabe cuál es el precio de las cosas importantes y que no se arredrará ante nada en la conquista de su princesa de cuento.













