lunes, 24 de octubre de 2011

ENCUESTA SOBRE NUEVO ESTADO PALESTINO

Pregunta: Estás a favor de la creación de un estado palestino? (pueden votarse varias opciones).

Nº votantes: 38

Duración: 15 días

Respuestas:

a) Sí, para que Israel y Palestina tengan cada uno su estado y vivan en paz. 12 votos (31%)

b) No, porque ello daría lugar a una guerra abierta. 1 voto (2%)

c) Sí, pero su territorio debería abarcar todo el del actual estado de Israel y desaparecer este. 4 votos (10%)

d) No, un nuevo estado islamista nunca puede ser una buena noticia. 9 votos (23%)

e) No, los derechos históricos sobre toda esa zona son de Israel. 3 votos (7%)

f) Esa zona no debería pertenecer ni a moros ni a judíos, sino a la Comunidad Internacional. 2 votos (5%)

g) Esa zona debería pertenecer al Estado del Vaticano. 5 votos (13%)

h) Esa zona debería haber quedado en manos de potencias occidentales si las Cruzadas hubieran salido como Dios manda. 17 votos (44%)

i) Me da igual. 4 votos (10%)

j) Otras opiniones. 2 votos (5%)


NOTA: En las encuestas en las que pueden votarse varias opciones, el % no representa el porcentaje de votos que ha obtenido cada respuesta sobre el total de los emitidos, sino el porcentaje de votantes que ha escogido esa opción.

sábado, 22 de octubre de 2011

MUY POCO QUE DECIR SOBRE EL COMUNICADO DE ETA

Sobre el comunicado de anteayer de los comunistas, separatistas y criminales de ETA, muy poco tengo que decir:

1.- Me importa un pito que ETA haya decidido “cesar su actividad armada”. Se trata de delincuentes comunes, de asesinos, así que sus decisiones y estrategias no merecen publicidad ni consideración alguna por parte de la ciudadanía. Parece como que nos estuvieran haciendo un favor. Ellos verán si dejan de matar o si hay que seguir persiguiéndolos, deteniéndolos y condenándolos, pero que no nos den explicaciones.

2.- El comunicado es un insulto: “Estamos ante una oportunidad histórica para dar una solución justa y democrática al secular conflicto político. (…) La lucha de largos años ha creado esta oportunidad”. O sea que todos los "avances” para solucionar el problema vasco hay que agradecérselos a los atentados etarras.

3.- “No ha sido un camino fácil. La crudeza de la lucha se ha llevado a muchas compañeras y compañeros para siempre. Otros están sufriendo la cárcel o el exilio. Para ellos y ellas nuestro reconocimiento y más sentido homenaje”. Vamos, que dejan la "lucha armada" para abrazar el diálogo pero a la vez homenajean a los asesinos sin decir ni pío de sus 900 víctimas.

4.- El “cese de la actividad armada” no responde a un deseo de “dar una solución justa y democrática al conflicto” sin “violencia y represión”. Es simplemente una estratagema electoral para evitar que en noviembre gane el PP y para alcanzar el máximo número de escaños de Bildu (ETA) en las cámaras. Es un paso más de una larga estrategia en la que se alternan calculadamente tiros y apretones de manos, y que culminará, si nadie lo impide, en una declaración unilateral de independencia vasca (como sucedió con Kosovo) con en el silencio cómplice del gobierno español de turno.

5.- El estatus de los presos y fugitivos de ETA no debería mejorar ni un ápice tras el comunicado, pues de lo contrario los políticos se estarían bajando los pantalones y dejando claro que la ley en este país no sirve para nada y que hay que hacerse terrorista para conseguir cualquier cosa.

6.- Es sospechoso (aunque a mí me da igual) que cesen "la actividad armada" pero no se disuelvan ni entreguen las metralletas. ¿Para qué seguirá existiendo ETA si ya está Bildu?, ¿para repartir caramelos?

7.- De nada sirve solucionar el problema de ETA si no se extirpa con firmeza y eficacia el cáncer del separatismo, legal o ilegal, pacífico o violento. Es mil veces preferible para el futuro de España que ETA no abandone las armas a que sus esbirros de Bildu obtengan un solo diputado o senador.

8.- Lo repito una vez más: contra ETA, pena de muerte.

Sobre este tema en La Pluma:

- Encuesta de soluciones contra ETA

- Pena de muerte: el eterno debate

jueves, 20 de octubre de 2011

LA ACUMULACIÓN PRIMITIVA

“Tenía el saco medio lleno de chatarra y me disponía a marchar cuando llegaron dos hombres que me increparon vulgarmente llamándome ladrón, y sin previo aviso empezaron a golpearme salvajemente… Se repetía la historia. A mi padre le vapulearon por un saco de trigo, a mí por un saco de chatarra… Por fin dejaron de golpearme, y como negaba de que el saco era mío volvieron a pegarme. Todos los que poseen hacienda tienen la mano presta para pegar. Qué bien debe vivirse con mucho dinero y con la seguridad que les da sentirse liberados de toda estrechez económica, con el libre juego de las actuales fuerzas productivas. Ellos quizá no roben en el sentido crudo de la palabra, pero seguro que la acumulación primitiva no se hizo rezando rosarios, sino con pillaje, guerras, robos y violencias. Sus padres emplearon la violencia para acaparar el dinero, la misma que ellos emplean para conservarlo y también sus privilegios inherentes.”

Camina o revienta (1979). Eleuterio Sánchez (El Lute)

martes, 18 de octubre de 2011

LA QUE SE AVECINA

Son casi unánimes las alabanzas a la serie de animación Los Simpson por lo bien que refleja y lo agudamente que parodia la sociedad americana. Estos dibujos no están mal y consiguen arrancarme alguna carcajada que otra, aunque creo que los de Antena 3 son un pelín pesados poniéndolos y reponiéndolos hasta la saciedad. Pero hay una serie de Telecinco relativamente reciente que considero que es todavía más brillante retratando la sociedad, la forma de ser, las costumbres y los defectos en este caso de los españoles.

Me enganché a La que se avecina hace unos seis meses. Al principio la tenían puesta en la tele de casa y yo veía cachos de vez en cuando, al pasar, y despotricaba con que menuda estupidez, menudos malos actores, qué vulgaridades, qué tonterías..., aunque no podía dejar de descojonarme de las mamarrachadas del guión y de lo patéticos que resultaban los personajes y personajas que iban saliendo. Pero en unas semanas me di cuenta de que la serie era una genial burla (so capa de un barniz frívolo y humorístico) de las miserias y limitaciones de nuestro país, encarnadas en los diez o doce vecinos de una comunidad surrealista.

El vago de Amador, el tarado del conserje, el trepa y putero Antonio Recio (mi favorito), el calzonazos de Javier Maroto, el adefesio de Paca,
el cínico de Máximo (el del bar), el segundón pretencioso y pedante de Enrique y su hijo resabiado, la vieja bastorra Izaskun, la beata (y obsesa sexual) Berta y casi todas las esposas que salen, sensuales, inútiles y mangonionas... Todos ellos reflejan de forma inigualable la pérdida de valores que asola al pueblo español.

El consumismo, la despreocupación por los hijos, el arribismo, la hipersexualidad, la falta de madurez, la caradura, los vicios caros, la insolidaridad, el chaqueteo, la envidia rastrera y la pretensión generalizada de vivir lo mejor posible pese a ser el más tonto del lugar son las señas de identidad del microcosmos de una escalera, que, caricaturas aparte, bien podría ser la nuestra.

Todo ello aderezado con un humor aparentemente absurdo, pero a veces muy inteligente y con bastante miga, y con unos puntos geniales al tratar temas tan candentes como la inmigración, el divorcio, el clasismo, la hipocresía religiosa, el trabajo o la paternidad. Cierto que a veces da la impresión de que los vecinos compiten entre sí para demostrar quién es el más retrasado mental de todos, pero yo siempre acabo retorciéndome de risa. No puedo evitarlo.

Si veis la serie, contadme cuál es vuestro personaje favorito y por qué. Ya veréis como vamos sacando prototipos españolísimos del siglo XXI.

sábado, 15 de octubre de 2011

TODO EL MUNDO TIENE QUE COMER



Es triste darse cuenta de cómo en cualquier actividad humana hay un porcentaje mínimo de individuos que crean cosas nuevas, aportan ideas y resuelven problemas, y una gran mayoría de borregos que se limitan a copiar y a repetir, a seguir la senda marcada por otros. Cuando hablamos de actividades económicas o productivas, esta realidad se acentúa, hasta el punto de que alrededor de una persona trabajadora y con iniciativa siempre acaba surgiendo, como por generación espontánea, un grupo de buitres inútiles dispuestos a parasitar el esfuerzo ajeno para subsistir, vendiéndose encima como elementos indispensables para la sociedad.

Toda esta reflexión viene a cuento de una serie de actividades, profesiones y servicios absolutamente superfluos que en las últimas décadas (o años) han ido floreciendo con el único objetivo de que unos cuantos puedan comer a costa de los que sí contribuyen a satisfacer necesidades, a la mejora de la sociedad y al crecimiento económico.

Todas estas actividades
tienen en común haberse inventado anteayer, no haber sido echadas en falta por nadie hasta hace dos días, no aportar nada ni servir para nada, recibir un sospechoso patrocinio por parte de las Administraciones (ya que generan empleo, aunque sea inútil), costar un cojón de pato y, aunque no siempre, estar desempeñadas por una purrela de carotas, cantamañanas, indocumentados y marginados de los cauces ordinarios del mercado laboral.

Por prudencia, no pensaba enumerar estas áreas "profesionales", pero como hoy me he levantado más viperino que otros días, me voy a atrever. Estoy pensado en algunos (bastantes) campos de la psicología, en especial la industrial o la de empresa; en toda la cantinela de la calidad, con sus ISO y su modelo EFQM; en los planes de formación de las empresas, siempre encomendados a la clásica consultora vende-humo con mucha corbata y poca sustancia; en la mierdecilla esa de la protección de datos de carácter personal y, por supuesto, en el tinglado de la prevención de riesgos y la seguridad e higiene laboral.

No digo que los fines de estas empresas sean absurdos en sí mismos. Incentivar a los trabajadores, perseguir la excelencia en la producción, formar a la plantilla, salvaguardar los datos íntimos o evitar accidentes de trabajo me parece muy deseable. Lo que pasa es que todos estos objetivos tan loables podrían alcanzarse por los propios empresarios sin el concurso de todos estos chiringuitos y asesorcillos de chichinabo, simplemente con un poco de sentido común y de responsabilidad, y cumpliendo a rajatabla las leyes so pena de sanción.


Porque seamos sinceros, por favor. ¿Cuántas empresas conocemos que hayan mejorado su balance de resultados por haber contratado a unos julais que les implanten un programa de excelencia? Es todo pura imagen y puro negocio. ¿De verdad alguien ha aprendido algo útil en los cursillos que organiza su empresa por las tardes y no ha tenido la sensación de que el dueño de la consultora que los imparte es primo del gerente? ¿Conocemos a algún compañero de curro que se haya motivado después de la charleta del psicólogo de empresa? ¿De verdad se han reducido los siniestros y mejorado las condiciones laborales gracias a la pasta que se han gastado las Comunidades Autónomas en cursos, titulaciones y demás mandangas obligatorias sobre el particular? Y lo más grave: ¿alguien osaría afirmar que nuestros datos personales están más protegidos por obra y gracia de la LOPD, de la Agencia de Protección de Datos y de todo el circo privado organizado alrededor cuando hoy en día, más que nunca, nuestros nombres, teléfonos, direcciones, hábitos y hasta el color de nuestra ropa interior circulan alegremente y nos llaman al día cuatro compañías distintas para avasallarnos sin nuestro permiso?

¡A la mierda todos!

Y mucha o toda la culpa la tienen los políticos, que han legislado no para defender a los trabajadores, ni para proteger nuestra intimidad ni para mejorar la economía, sino solamente para incorporar exigencias complicadísimas en las áreas que he citado y hacer así imprescindible pagar a un intermediario “experto” para llevarlo todo al día. Encima las propias Administraciones son las primeras en pagar mil servicios externos para hacerse sus planes de modernización, sus formaciones de especialistas en nada, sus auditorías sin consecuencias y sus estudios y análisis, que bien podrían hacerlos solitas sin despilfarrar un euro, que para eso están los funcionarios.

Pero, claro, es que en este país todo el mundo tiene que comer, aunque sea recurriendo a inventos del tebeo o creando falsas necesidades para luego pagar a quien las cubra.

jueves, 13 de octubre de 2011

¿CONTRA LOS DESAHUCIOS?

Desde que la llamada Plataforma de Afectados por la Hipoteca (vinculada a los Indignados) empezó a impedir ejecuciones de desahucios por impago en diversos puntos de España mediante concentraciones “pacíficas”, yo he tenido sentimientos bastante contradictorios respecto a este asunto.

Parto de que el derecho a la vivienda es esencial y debería contar con una protección mucho mayor de la que le brinda nuestro actual ordenamiento jurídico. El derecho de toda persona a habitar en una casa digna está por encima de muchos otros derechos, entre ellos el de la propiedad de terceros o los derivados de negocios jurídicos celebrados legalmente con bancos o particulares. Puedo decirlo más alto, pero no más claro. Aun así, que cada uno me interprete como quiera.

Sin embargo, no debemos confundir el derecho a la vivienda con otras facultades que algunos quieren atribuirse alegremente. Una cosa es pretender que el Estado garantice un hogar adecuado a los ciudadanos con rentas más bajas (algo que, por otra parte, hacía mejor el franquismo que la puta democracia de ahora) y otra muy distinta es dar por sentado que todos los españoles tienen que tener por narices un piso en propiedad o tienen que vivir en una casa grande, ubicada en una zona de su gusto o incluso en el término municipal que les apetezca. Y de eso nada. El derecho a la vivienda jamás debería llegar tan lejos.

Ya digo que los poderes p
úblicos deberían asegurar una vivienda para todos y no lo hacen. La primera premisa para hacer efectivo este derecho que el gobierno estatal y los autonómicos incumplen estrepitosamente es desarrollar una política seria de viviendas de protección oficial, en vez de la farsa vergonzante en que se han convertido los programas públicos de vivienda, a los que pueden acceder, aunque parezca cosa de locos, familias con ingresos de 6,5 veces el IPREM. Sinceramente, más que programas de vivienda social parecen medidas de apoyo a los constructores y a la banca.


Pero hay muchas otras cosas que el Estado podría hacer y no hace. No voy a hablar ya de meter en vereda a banqueros y a promotores, de fomentar una banca pública con créditos sociales o de regular de otra forma las condiciones hipotecarias introduciendo elementos de protección y garantía para las familias, porque soy consciente de la utopía que todo ello supone, de su incompatibilidad con las actuales reglas libremercantilistas del juego financiero. Pero las Administraciones bien podrían hacer un estudio de cada caso de desahucio y apoyar a los propietarios que justifiquen haber suscrito una hipoteca prudente y haber sido víctimas de una disminución de ingresos por causas de fuerza mayor. Este apoyo podría adoptar diversas modalidades: un aval, una subvención en casos excepcionales, un préstamo en condiciones especiales previo convenio con las entidades financieras, una bolsa de empleo social para casos de emergencia, la entrega provisional o definitiva de una vivienda social en condiciones asumibles por el desahuciado y los suyos, o una intermediación ante el banco para renegociar los términos de la hipoteca.

Estas soluciones y otras que se nos puedan ocurrir no tendrían que suponer necesariamente una carga para el erario público, pues el desahuciado protegido podría quedar obligado a restituir los préstamos, subsidios o ayudas cuando el estado de su fortuna mejorase, siempre bajo supervisión y seguimiento de esta circunstancia por la Administración, a fin de evitar fraudes y jetadas.

Se trata de que nadie se quede sin hogar por culpa del desempleo y a la vez de no privilegiar a los sinvergüenzas o a los inconscientes que se metieron en hipotecas temerarias y han vivido como marajás hasta el estallido de la burbuja. Las medidas contra el desahucio, como ya he insinuado, no tendrían ni muchísimo menos que garantizar que los afectados conservaran la propiedad de su piso y ni siquiera que continuaran viviendo en él. Habría que valorar cada supuesto concreto y actuar con equidad y con rigor, para evitar entre otras cosas que la gente se preguntara para qué sirve ahorrar, sacrificarse o comprar una casa barata cuando después, si te va mal y no puedes pagar la mensualidad, viene el Estado a regalarte el dinero o a buscarte piso.

sábado, 8 de octubre de 2011

TRÁENOS TU SEGURO Y NOSOTROS LO MEJORAMOS

A pesar de mi talante intervencionista cada vez más acusado (y más todavía en tiempo de crisis), evidentemente no soy comunista y defiendo unos ciertos niveles de saludable competencia entre las empresas, en la seguridad de que ello redunda en beneficio de los consumidores y de la economía, aunque insisto en que esta no se autorregula satisfactoriamente, por lo que hay que meterle mano. Mucha mano.

Pero una cosa es la competencia sana, que incentiva el trabajo y la creatividad, y premia el ingenio y el sacrificio, y otra muy distinta la mierda esa del libre mercado o la libre competencia, que lo único que hace es favorecer la falta de escrúpulos, las puñaladas traperas, el juego sucio y las prácticas comerciales engañosas cuando no hijoputescas. Y es de estas últimas de las que quiero hablar.

Hay tres prácticas publicitarias o comerciales bastante comunes que cada vez que las veo se me ponen los pelos como escarpias y pienso: ay, si me dejaran a mí legislar sobre el mercado, estos tipejos iba a acabar picando piedra encadenados por el tobillo.

Una de ellas se utilizó sobre todo hace algunos años por varias marcas de bebidas refrescantes sin gas, en cuyos spots televisivos se recurría a una publicidad comparativa salvaje que señalaba expresamente qué porcentaje de fruta contenía el producto anunciado frente a otros competidores, cuyos nombres se citaban (Sunny Delight-Simon Life), o que estaban elaboradas a base de zumo exprimido y no de concentrado como otros (Don Simón-Minute Maid).

La segunda, mucho más frecuente, es la de la publicidad leonina de algunas compañías de seguros automovilísticos o de hogar, que utilizan en la tele el lema “tráenos tu seguro y nosotros lo mejoramos”.

Y la última, que está al orden del día, es el pillaje generalizado de las entidades de crédito, tanto bancos como cajas, que te ofrecen intereses bastante más altos por abrir un depósito con dinero “de fuera” que con el que tienes ahorrado en la cartilla de esa misma entidad.

No sé si es que soy demasiado inocente, si no me entero del mundo en que vivo o si soy un romántico demencial, pero estas formas de actuar me parecen directamente un robo que debería estar castigado con dureza.

No comprendo por qué para promocionar tu producto o tu servicio tienes que referirte al del vecino haciendo comparaciones supuestamente objetivas pero siempre insidiosas y engañosas, porque por ejemplo un refresco con menos porcentaje de zumo puede gustar más a la gente que uno con más fruta, sobre todo porque para beber fruta pura te exprimes tú las naranjas. Preocúpate por ser competitivo en el precio, en la calidad o en la imagen de tu producto y deja en paz el de los demás o al menos no incurras en esos descaros que implican, además de tomar al consumidor por imbécil y confundirlo, un ataque frontal al prestigio de la marca ajena.

En relación a la triquiñuela de los seguros y depósitos bancarios, me parece simple y llanamente quitar los clientes a los demás sin el mínimo asomo de ética ni decencia. Muchos me dirán que con estas estrategias se beneficia al cliente y se fomenta a largo plazo que los servicios sean más competitivos y de mayor calidad, pero yo pienso justo lo contrario: esto al final deriva en lo que en derecho administrativo se conoce como “bajas temerarias”, es decir que los empresarios, para abaratar los precios y competir, terminan produciendo o prestando bienes o servicios defectuosos, y acabamos pagando todos el pato. En el caso de los depósitos, además, se llega a situaciones de absoluto surrealismo, con los ahorradores yendo de la ceca a la meca con sus cinco mil euros bajo el brazo a la caza del mejor porcentaje, lo que genera suspicacias, impide una buena atención y acaba desembocando en regateos absurdos por un cuarto de punto TAE, como en un mercadillo moraco. Vamos, que al final es el cliente el perjudicado.

Para el logro de una economía y un mercado justos, hay que empezar favoreciendo (o imponiendo) que también en las relaciones comerciales rijan la transparencia, la honestidad y el respeto que deben presidir la convivencia humana en general.

jueves, 6 de octubre de 2011

CONSUELOS ARTIFICIALES

Mi madre suele decir mucho que ojalá Dios no nos someta a todo lo que somos capaces de aguantar, refiriéndose a esa supuesta capacidad del ser humano de soportar sufrimientos y después reponerse y sobreponerse, de adaptarse a las contrariedades y al dolor hasta límites insospechados.

Yo, en cambio, no tengo nada claro que sepamos salir con dignidad de los baches profundos. Dejando a un lado que hay ciertas desgracias de las que es imposible recuperarse, es decir que si las sufres, nunca vuelves a ser el mismo ni a recuperar la ilusión de vivir, creo que cuando la vida nos da un golpe contundente, demasiado a menudo recurrimos a consuelos artificiales, y casi siempre autodestructivos, para poder seguir en pie.

Los tiempos cambian. Antes a una viuda o a una mujer que sufría un revés terrible podía darle por pasarse el resto de sus días rezando, haciendo novenas obsesivamente o sin salir en todo el día de la iglesia, una actitud dañina por lo compulsiva e irracional, por lo que tiene de refugio insano que bloquea la vida. Ahora tenemos otros pañuelos cura-fracasos, como diría Sabina. He conocido a unos cuantos abstemios que comienzan a beber bastante cuando les deja la mujer o van al paro. He visto a chicas desengañadas de sus historias de amor que se entregan a la promiscuidad, al sexo desenfrenado para olvidar, para vengarse del mundo o para recuperar el tiempo perdido. Otros toman somníferos o se meten las drogas que les dice el psiquiatra o las que compran en la discoteca. También hay peña que en situaciones de ansiedad les da por comer sin control o se evaden de otras maneras, por ejemplo cayendo en la hiperactividad: se apuntan a mil historias para no parar en casa, para no tener tiempo de pensar. Por no hablar de los que se encierran en su casa y se aislan del mundo.

No, no creo que la gente salga tan espontáneamente, por sí misma o con el apoyo de los suyos, de los remolinos más chungos del río. A lo mejor somos más piltrafillas de lo que creemos y por desgracia necesitamos una botella, una puta o una pastilla para poder seguir levantándonos por las mañanas cuando viene Paco con una rebaja de las gordas. O quizá saber aceptar serenamente lo que Dios nos manda, por jodido que sea, es un don reservado a los más piadosos, a los más inteligentes, a los más fríos o a los que son capaces de asumir el proverbio ese que dice: “si tiene solución, por qué te preocupas, y, si no la tiene, pues lo mismo”.

domingo, 2 de octubre de 2011

SURF

Aunque ya estamos en otoño, vamos a amenizar el domingo y a recordar viejos tiempos con un poco de música surf.

viernes, 30 de septiembre de 2011

¿EMIGRAMOS?

La crisis empezó en 2008 como una ventolera incómoda y a fecha de hoy se ha convertido en un huracán que amenaza con echar abajo nuestras seguridades más sólidas. Hace tres años la crisis llegó derribando solo a los que andaban sobre la cuerda floja y hoy ya es capaz de voltear a los que nos creemos más amarrados que nadie. Y lo que te rondaré, morena.

El caso es que muchos no nos hemos dado cuenta de la verdadera gravedad del percal hasta que el viento huracanado se nos ha metido en casa o se ha colado en la de familiares o amigos muy cercanos, todos profesionales preparadísimos y cualificadísimos con trabajos estables y muchos años de experiencia.

Lo que hoy quería comentar es que tres de estas personas, por las que yo estúpidamente hubiera puesto la mano en el fuego de que jamás irían al paro, me han contado estas últimas semanas que si las cosas siguen así de chungas, si ellos no encuentran algo decente o sus cónyuges se quedan también con una mano detrás y otra delante, emigrarán sin dudarlo. Uno a Alemania, otro a Reino Unido y otro a Estados Unidos.

Y de verdad no ponían cara de broma al decirlo. Dos de ellos tienen niños e hipoteca, y el otro no, pero los tres, cuyo nivel de inglés, por cierto, es más que aceptable, me aseguraban serios pero sin dramatismos que como la cosa no mejore agarrarán el portante y, hala, al extranjero a buscarse la vida, que seguro que allí valoran mucho más su preparación y su esfuerzo que en este país de pandereta, de sinvergüenzas y de enchufados.
Yo no sé bien qué pensar. A veces sospecho que lo suyo es un farol y que llegada la hora de la verdad, salvo que lleguen a una situación muy, muy extrema, no tendrán cojones de abandonar España y todo lo que España significa para ellos: familia, amigos, raíces, recuerdos y sentimientos. Pero otras veces los noto tan encabronados y obcecados que no me extrañaría nada que cumplieran su promesa.

Yo les digo que, con independencia de mi situación laboral y económica, y salvo situaciones límite, a mí no me sacan de España ni con agua caliente. Ellos me hablan de mejorar, del derecho que todos tenemos a que se premie nuestra valía, a que se nos pague conforme a nuestras capacidades, y yo les digo que, si es por eso, se podían haber largado hace diez años porque ya entonces en Inglaterra les habrían pagado el triple de sueldo por lo mismo que hacían aquí.

Si peligran gravemente su profesión, su dignidad, su bolsa y sus hijos, puedo ser comprensivo, pero la cuestión está en los límites: ¿cuánto deben aguantar antes de pirarse a Londres, a Munich o a Jersey? Porque para mí la emigración, en principio, es un acto vergonzante que hay que evitar como sea, primero por uno mismo y segundo por un mínimo sentido de solidaridad y de patriotismo. Habría que valorar si al que emigra en realidad no le queda otra salida para subsistir o es que prefiere huir a tiempo, como las ratas del barco, en vez de quedarse a bordo remando y achicando agua, arrancándose provisionalmente los galones de capitán para bregar como un marinero.
Doy por sentado que el que emigra en estas tesituras no lo hace por gusto, pero la pregunta es: ¿hasta dónde estaríamos dispuestos a perder dinero, categoría profesional, o a reducir nuestro nivel de vida, antes de hacer las maletas y coger el avión solo de ida?; ¿lo haríamos solo por los hijos en caso de necesidad o también por nosotros mismos simplemente porque viéramos una buena oportunidad de mejorar nuestro estatus?

Para mí responder a esto quizá es más fácil por diversos motivos, entre ellos mi escaso conocimiento de idiomas, mi comodidad y mi provincialismo impenitente, que me hacen huir como de la peste de todo experimento extranjerizante y de todo cambio en mis costumbres sagradas (salvo peligro de muerte). Pero a mayores están las razones patrióticas ya apuntadas: ¿no es más noble intentar quedarse aquí, arrimar el hombro y sacrificarnos para sacar a España del agujero en vez de abandonar la Patria en sus momentos más difíciles?

miércoles, 28 de septiembre de 2011

ENCONTRARÁS DRAGONES


Entre tanta frivolidad cinematográfica, siempre es de agradecer que a alguien se le ocurra rodar una película sobre la vida de un santo. Si además el santo es español y su aportación a la Iglesia especialmente fructífera, el agradecimiento es doble. Y si encima la cinta está ambientada en la guerra civil, seguro que yo la veo con el mayor interés.

Este es el caso de Encontrarás dragones (2011), una producción que en principio me pareció que tenía buena pinta por todo lo dicho y por estar dirigida por Roland Joffé, autor de La Misión (1986).

Sin embargo, al poco tiempo de su estreno y sin haberla visto, empecé a albergar algunas prevenciones contra ella. En primer lugar, un presupuesto de 36 millones de dólares me pareció un poquito rácano para una producción internacional decente. Unos buenos actores y una ambientación correcta y verosímil en los años 20 y 30 del siglo pasado, con escenas bélicas y demás, no suelen salir tan económicos. De hecho, al enterarme de la cifra puse rápidamente en cuarentena el rumor de que la peli había sido financiada por el Opus (perdón, por miembros del Opus a título particular, quiero decir). “No puede ser –me dije - que los chicos de la Obra sean tan tacaños apoyando un filme sobre su Fundador”.

También me llamó la atención de dicho rumor que de La Misión siempre se dijo que había sido financiada por teólogos de la liberación, y, claro, uno piensa: joder con el Joffé, a este le da igual Juana que su hermana…

Otra cosa que me echó para atrás fue el coñazo insufrible que los miembros del Opus de mi ciudad dieron por todas partes para que la gente fuera a verla, sobre todo en colegios y ambientes similares. Los opusinos son muy plastas de siempre, los pobres, pero que alguien dé tanto la vara para que se vea una película es el indicio más evidente de que el producto no vende por sí mismo.

Y efectivamente, cuando he tenido ocasión de ver (hace dos fines de semana) Encontrarás dragones, he comprobado que es una cinta no mala, sino malísima. Los actores, de echarse a llorar. La ambientación histórica, paupérrima y con innumerables errores. El rodaje en inglés, artificial e improcedente (salen documentos y salvoconductos españoles de época redactados en la lengua de Shakeaspeare). El guión, una gilipollez sin pies ni cabeza, con personajes y tramas enrevesadas que sobran a todas luces. Los efectos especiales, bastante cutres. La música, simplona; no dice nada.

Lo más insoportable de todo es ese planteamiento absurdo del periodista investigando la relación de su padre con el joven Escrivá. La historia arranca lentorra y floja, y no engancha en ningún momento por culpa de unos flashbacks mal traídos y un argumento endeble. Solo se salvan algunas escenas sobre la vida del santo y el intento de reflejar la represión contra los religiosos durante la Guerra y el valor de San Josemaría celebrando misas clandestinas y confesando en la Casa de Fieras en esos años turbulentos.


Por lo demás, y desgraciadamente, se trata de una castaña solo apta para forofos incondicionales del Marqués de Peralta, quien, a mi modo de ver, tenía un perfil más enérgico y una actitud más definida hacia el Alzamiento Nacional que lo que se nos muestra en la película, en la que sale todo el tiempo con cara de pasmado.

lunes, 26 de septiembre de 2011

LO QUE PROCEDA

A veces pasa que no tenemos ni idea de algo pero por diferentes motivos no queremos, ni podemos ni debemos admitir abiertamente nuestra ignorancia. En el trabajo yo creo que nos ha pasado a todos, a veces por ser nuevos en un puesto y otras por carecer de la formación adecuada para el mismo.

Sin embargo no todo el mundo disimula igual de bien. Algunos no hace falta que digan nada porque con el careto que ponen al hacerles la pregunta ya adivinamos que no saben ni papa del tema. Otros en cambio le echan una jeta asombrosa y hasta quedan fenomenal.

Recuerdo mi primer día de trabajo. Fue en un puesto con funciones de asesoramiento en el que me llamaban por teléfono y me hacían a bocajarro preguntas muy inquietantes, de cuya respuesta a veces dependía el futuro de un menor o los ingresos anuales de una familia. A pesar de mi preparación, a veces yo no tenía ni puta idea, sobre todo si se trataba de cuestiones muy específicas. La tentación del novato es dar siempre una respuesta rápida, para salvar el ego, arriesgando a veces al 50%, pero yo pronto me di cuenta de que esa actitud podía minar mucho más mi dignidad profesional que reconocer honradamente que en ese momento no podía contestar y que necesitaba un tiempo para estudiar el asunto. Con los años se van cogiendo tablas y luego ya no necesitas meditar para ofrecer soluciones, pero al principio hay que ser honestos.

Pero, vamos, que el tema en cualquier caso es cómo disimular y capear el temporal lo mejor posible. Yo he visto cientos de situaciones así en compañeros de curro, y, la verdad, a veces te partes.

La técnica más valiente es la de un amigo mío que cuando le soltaban un rollo y al final le cascaban la duda de turno, miraba fijamente y muy serio a su interlocutor y le soltaba, con dos cojones, quedándose tan pancho:

- Lo desconozco.

El de la duda decía “ah, vale”, se levantaba, se iba y asunto concluido. Fíjate qué fácil.

Pero hay trucos mucho más depurados. A otra compañera, una jefa con más conchas que un galápago, cuando venía uno de su equipo con un expediente a que le ayudara a salir de algún escollo y ella no sabía ni por dónde cogerlo, se ponía a vocearle:

- ¿Y me vienes con estas? ¿Tú, responsable de la sección de ayudas, vienes a preguntarme el abecé de las subvenciones? –el otro le miraba acojonadico- . Veo que no has estudiado el expediente, porque para preguntarme lo que me preguntas, es que ni te lo has leído. Ponte a ello, por favor, y cuando hayas valorado todas las opciones, hablamos, que no tengo tiempo para estos berenjenales…

Otra táctica vieja es la de la reunión:

- Perdona, Manolo, estamos atascados: ¿esperamos el informe de contabilidad o lo lanzamos todo hoy mismo para que pueda salir esta semana y nos arriesgamos?

- Ummmmm, errrrr….Convoca ahora mismo una reunión con contabilidad, con Fernando y con la empresa, que quiero contar con todos los puntos de vista…

También algunos utilizan la estrategia de la tinta de calamar:

- Oye, jefe, hoy ha salido el Real Decreto en el B.O.E. ¿Vamos a sacar un decreto nosotros o no? Tienes muy poco plazo para decidirlo.

- Esto…pues… buf, el tema es muy complejo y ahora mismo la pelota no está en nuestro tejado. Tienen que pronunciarse los técnicos y valorarlo Hacienda, a ver si es viable, y además a ver qué dicen las demás Comunidades y la Federación de Municipios y Provincias… Vamos a darnos un tiempo...

Pero sin duda, la mejor triquiñuela de todas era la que utilizaba una jefa que tuve hace años y de la que ya he hablado en La pluma. Esta mujer sí que no tenía ni flores de las materias que gestionaba y se pasaba la vida toreando los marrones, enjaretándoselos al que pillara, haciéndose la longuis, disimulando y, eso sí, saliendo en la foto y haciendo un continuo alarde de habilidades directivas y de cercanía a sus subordinados. Lo que pasa es que había un compañero muy cabrón que a la mínima oportunidad conseguía acorrarlarla en una reunión, siempre con bastante público, y le hacía alguna pregunta concreta sobre un expediente para ponerla en ridículo:

- Mari Mar, aprovechando que estamos reunidos, quería plantearte un tema, a ver si nos orientas, por favor.

Ella ponía una cara de mala leche que solo le faltaba resoplar:

- Dime a ver, Juanjo, que andamos muy mal de tiempo.

Y entonces el muy canalla le contaba la película entera:

- Pues verás, es que hemos mandado una notificación sin recibí, y resulta que ha venido la interesada y hemos aprovechado para levantar una diligencia, pero ha vuelto a venir ayer, esta vez con su abogado y, bla, bla, bla, bla -así diez minutos, y concluía- : Entonces, ¿qué hacemos?, ¿practicamos de nuevo la notificación, desestimamos la solicitud directamente, le requerimos de subsanación o le decimos que espere y recurra?

La cara de Mari Mar era la de un jugador de póker: profesional, inescrutable. De pronto se ponía en pie dispuesta a largarse a su despacho, y sentenciaba:

- Lo que proceda, Juanjo. Haced lo que proceda.