viernes, 31 de agosto de 2012

DE EXCURSIÓN AL CAÑÓN


Ayer hice una excursión que merece la pena repetir. Al atravesar los términos de los municipios segovianos de Sepúlveda y Cantalejo, el río Duratón, un afluente del Duero, serpentea vertiginosamente entre descomunales farallones de piedra caliza, trazando curvas tan cerradas que, vistas desde arriba, se asemejan en efecto a hoces de segar. Por su valor paisajístico y por su riqueza en flora y fauna, todo el área fue declarada Parque Natural en 1989 por la Junta de Castilla y León. 

Aguililla calzada

En el Parque pueden recorrerse varias rutas de senderismo y yo ayer me decanté por la larga, que es la que une el puente romano de Talcano con el de Villaseca, y que en total (ida y vuelta) mide 23 kilómetros. Se trata de un recorrido fácil, de un sendero casi sin desnivel que atraviesa todo el cañón flanqueado por dos inmensas murallas naturales. Entre cortado y cortado no habrá 100 metros en las partes más anchas y el camino discurre pegado al caudal exiguo del Duratón, que nos deleita con su arrullo de agua fresca y cristalina. Aun con mucho calor, la ruta se hace agradable pues nos cobijan en todo momento pequeñas arboledas de álamos, chopos y sauces. Aunque pudiera suponerse repetitivo por ser un recorrido de ida y vuelta, son completamente distintas las vistas que se disfrutan al ir y al volver.


Dicen que la mejor época para caminar por este paraje es el otoño, por el contraste de colores, así que a ver si vuelvo en octubre.

Foto tomada por mí
Para mí el mayor atractivo del Parque es la fauna, sobre todo las aves rapaces. En las Hoces anida una de las mayores colonias de buitre leonado en toda Europa, más de 500 parejas, por lo que es imposible no ver continuamente a los carroñeros posados en las grietas rocosas o sobrevolando la garganta, a veces casi a ras de los árboles proyectando sus inmensas sombras sobre los bosquecillos. También están representadas en este paraíso natural el resto de buitres (salvo el quebrantahuesos) y aves de presa ibéricas, incluida el águila imperial. Es obligado llevarse unos prismáticos de 8 ó 10 aumentos para disfrutar de todas estas hermosas aves. Por la hora de mi paseo, yo solo tuve ocasión de avistar a los leonados y a una aguililla calzada, pero me topé con otras especies de aves como el avión roquero, el vencejo real, la chova piquirroja, el colirrojo tizón, un montón de mirlos y un confiadísimo petirrojo que compartió nuestro almuerzo. Fui muy pendiente de las orillas por si tenía la suerte de pillar a la nutria, que también abunda, pero nada. Me hube de conformar con una enorme ardilla que saltó a un árbol casi a mis pies.

Para los interesados en esta rutilla, comentar que se accede al punto de partida (Puente de Talcano) tomando un desvío en una rotonda muy poco antes de llegar a Sepúlveda desde Valladolid (en la CL-112). Allí hay un aparcamiento y un poco más adelante varios paneles con las oportunas señalizaciones y mapas de los diferentes recorridos a pie y en bicicleta.

martes, 28 de agosto de 2012

JOAQUÍN SABINA


Aunque tengo en mente varias entradas incisivas de sociología parda, es mejor rematar agosto y las vacaciones con alguna cosilla ligera al estilo de las últimas semanas, así que, igual que he hecho con los Beatles, hoy le toca a Joaquín Sabina el recorrido nostálgico-musical.

Con el cantautor jienense ya dije que me pasa un poco como con los Beatles, que soy capaz de combinar (no todo el mundo puede) una ojeriza hiperdesarrollada hacia el personaje con una admiración reverencial por el artista, al que considero sin lugar a dudas el mejor compositor de canciones en español en todo el mundo y de todos los tiempos. A pesar de mi benevolencia sonriente con los mujeriegos, tampoco me identifico en absoluto con la filosofía sabinesca, pero me rindo ante el talento del autor de las más brillantes metáforas, de un lenguaje propio que ha encandilado a casi todos y de unos temas ya clásicos que  al menos yo guardo en el cajón donde guardo el corazón, el mes de abril y las obras maestras.

El bohemio madrileño adoptivo que creara el himno extraoficial de la capital de España es un genial poeta y versificador (no es lo mismo). Yo con alguna canción me quedo impresionado de cómo puede ser tan disciplinado con la rima consonante y a la vez tan fluido y espontáneo. Tampoco podemos negar, en justicia, que Joaquín es mucho mejor letrista que compositor musical y que sus más altas cotas de popularidad, su baño de masas a partir de mediados de los años ochenta del pasado siglo, se los debe en muy buena medida a Pancho Varona, con el que colabora desde los tiempos de Viceversa y que es el padre de las melodías de los temas sabineros más conocidos y celebrados por el gran público.

De Sabina no me gustan todas sus composiciones, o, mejor dicho, no me gustan todas sus épocas. A partir del disco Yo, mí, me, conmigo (1996), que ya me empieza a dejar de entusiasmar, he preferido pasar de escucharlo. En mi opinión, ha cambiado demasiado y para mal. Soy solo un apasionado de su etapa ochentera y de principios de los noventa, en especial de su obra comprendida entre 1984 (Ruleta rusa) y 1994 (Esta boca es mía).

Recreándome en alguna de sus letras soy capaz de olvidarme por un momento de que este señor es un rojo recalcitrante, y de que en su juventud participó en actos terroristas e incluso colaboró con ETA en su etapa londinense de principios de los 70. También se me olvida, aunque me cuesta un huevo, su amistad con Serrat y que cada vez que sale hablando en la tele parece gilipollas.

Pero en fin, olvidémonos, como digo, de la persona y centrémonos en el artista, y seleccionemos nuestras canciones favoritas del viejo truhán. Yo pongo dos listas: la de las quince que me parecen absolutas obras maestras (marcando en negrita las que considero sublimes) y otra de diez que me emocionan a mí por diversos motivos aunque reconozca que no son las mejores. Entre paréntesis, y como homenaje a Pancho Varona, indico con las iniciales P.V. en cuáles ha compuesto la música él solito o junto a Antonio García de Diego.




3.- Eclipse de mar (música de Luis Eduardo Aute)

4.- Eva tomando el sol (P.V.)

5.- Y nos dieron las diez (compuesta a partir de un borrador conjunto con Enrique Urquijo, que este concluiría como Ojos de gata para Los Secretos)

6.- Contigo (P.V.)




10.- Todos menos tú (P.V.)

11.- La del pirata cojo (P.V.)

12. Aves de paso (P.V.)

13.- Ahora que (P.V.)

14.- Peor para el sol (P.V.)


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1.- Bruja

2.- Ciudadano cero (P.V.)

3.- Besos en la frente (P.V.)




7.- Una de romanos (P.V.)



jueves, 23 de agosto de 2012

UN PASEO POR OTROS BLOGS (9): EL CURA JORGE

Últimamente me prodigo poco por la blogosfera, pero alguna vez, brujuleando por aquí y por allá, encuentro algún sitio que despierta mi interés. El último ha sido Jorge, de profesión cura, la bitácora del párroco del madrileño barrio de Tres Olivos.

Este descubrimiento me ha proporcionado una alegría doble. Por una parte, frente a la confusión a la que nos inducen tantos presbíteros, más empeñados en transmitirnos sus puntos de vista personales, y más o menos excéntricos, en vez de la Doctrina oficial de la Iglesia, el padre Jorge es un cura serio, fiel al Magisterio, fiable y tradicional, que además cuenta con el don de la palabra para hacernos llegar, de manera tan sencilla como directa, el mensaje de Cristo. Sin añadidos, sin recortes, sin populismo y sin ñoñerías políticamente correctas. El blog aborda en primera persona las vivencias cotidianas de un párroco, y reflexiona sobre el papel de la Iglesia y de los católicos en la sociedad actual, a través de anécdotas, de análisis de la actualidad y de críticas firmes (pero jamás estridentes) contra los eternos enemigos del Cristianismo.

En segundo lugar a mí me produce mucha satisfacción ver como algunos sacerdotes, aunque no sean ya unos jovencitos, manejan las nuevas tecnologías para llegar a la gente, creando esta suerte de púlpitos digitales que tanto bien nos hacen a muchos y tantas cosas nos enseñan. La Iglesia Católica no está anticuada ni desfasada como a algunos les gustaría, sino que esta ahí, en primera línea, a pie de calle y de teclado, para ayudarnos a ser mejores y más útiles a los demás.

lunes, 20 de agosto de 2012

RELEYENDO "EL PADRINO" (23): ME ES INDIFERENTE LO QUE UN HOMBRE HAGA PARA VIVIR

La entrevista entre la familia Corleone y el narcotraficante Virgil Sollozzo es el punto de la novela y de la película en el que comienza la trama después de una larga presentación inicial de los personajes y su contexto. De hecho, la negativa del Don en este encuentro a respaldar el negocio de importación de heroína del Turco y de la familia Tattaglia es la chispa que desencadena toda la espiral de crímenes en que se basa la historia.

Aunque el momento clave de esta entrevista es la metedura de pata de Sonny al dejar entrever su postura favorable al negocio, para mí la mejor frase (y una de las de más miga de toda la narración) es la que pronuncia Don Vito cuando Sollozzo se molesta de que considere los estupefacientes un asunto sucio. “Me es indiferente lo que un hombre haga para vivir” (traducción para el doblaje español de la película), con la que el Padrino pone de manifiesto su filosofía inmoral, según la cual la sociedad es en el fondo una jungla regida por la ley del más fuerte, en la que lo importante es sobrevivir sin importar si se tiene un oficio decente o se dedica uno a la extorsión, al asesinato o a corromper la sociedad con drogas.

Es una de las pocas opiniones expresadas por Don Corleone por la que yo siento un claro desprecio, ya que el libro en general muestra el complejo código de honor de una familia de emigrantes sicilianos (lealtad, insumisión a una sociedad injusta, amor a la familia) con el que es fácil caer en la tentación de identificarse sin deslindar matices. Pero eso de que cualquier forma de ganarse la vida es igualmente válida nunca lo he compartido ni lo compartiré.

Ni siquiera dentro del abanico de los trabajos legales o socialmente admitidos, creo que todos sean igual de dignos y de honrados. Aunque no siempre (y ahora menos) puede escogerse, hay unos límites que marcan la diferencia entre el esfuerzo y el abuso, entre el negocio y la estafa, entre la publicidad y el engaño. Y en cruzar o no esos límites está la diferencia entre un profesional honesto y un Sollozzo o un Vito Corleone cualquiera.


"—Así, pues —dijo don Corleone—, voy a recibir el cincuenta por ciento sólo por prestar ayuda financiera y protección legal. No tendré que preocuparme por las operaciones ni por nada. ¿Es eso lo quiere usted decirme?



Sollozzo asintió con un gesto.


—Si usted considera que dos millones de dólares en efectivo no es sino ayuda financiera, le felicito sinceramente, Don Corleone.


—He consentido en recibirle —replicó con calma el Don—sólo por el respeto que me inspira la familia Tattaglia y porque he oído que es usted un hombre serio y digno de respeto. Aunque me veo obligado a decirle no, me siento obligado a explicar las razones de mi negativa. Los beneficios, en el asunto que usted me propone, son enormes, pero también lo son los riesgos. Su operación, si tomáramos parte en ella, podría perjudicar el resto de mis intereses. Es verdad que tengo muchos, muchos amigos en el campo de la política, pero no serían tan tolerantes si en lugar de dedicarme al juego, negociara con los narcóticos. A su entender el juego es algo así como el licor, un vicio sin importancia. En cambio, opinan que las drogas son algo muy perjudicial para la gente. No, no proteste. Le estoy diciendo lo que piensan ellos, no mi opinión. El modo en que un hombre se gane la vida es algo que no me incumbe. Lo único que le estoy diciendo es que este negocio suyo es muy arriesgado. Todos los miembros de mi Familia han vivido muy bien durante los últimos diez años; sin peligro y sin daño alguno. No puedo permitirme el lujo de ponerlos a todos en la cuerda floja."


viernes, 17 de agosto de 2012

LOS BEATLES


Ahora que parece que se ha puesto tan de moda Reino Unido por las recién concluidas olimpiadas, me ha dado por pensar algún rato en los ingleses y en su contribución, a mi modo de ver nefasta, a la historia de Occidente y, por extensión, del mundo entero. Pero esos tipos estirados, piratas por naturaleza, siempre medalla de oro en el deporte de la opresión, inventores del liberalismo político y económico, eternos enemigos de la Hispanidad y genocidas vocacionales, tienen una cosa buena, buenísima: los Beatles.

Creo que siempre he tenido la suficiente honradez para reconocer la valía incluso de aquellas personas hacia las que albergo una antipatía visceral. Joaquín Sabina y los Beatles son, desde luego, el mejor ejemplo. En el caso del cuarteto de Liverpool, mi fobia exacerbada hacia su estilo, su imagen, su progresismo destemplado y su afición a las drogas, no ha impedido que sus canciones hayan marcado a fuego mi juventud igual que la de millones de personas. No hay para mí músicos más geniales que Lennon y compañía. Ellos revolucionaron el panorama musical de los 60 y son los padres indiscutibles del pop actual. Al ritmo de los acordes de sus obras maestras (me hice con todos sus discos a los 17 años) he vivido muchos de los momentos más importantes de mi vida; tengo íntimamente asociadas algunas canciones concretas a situaciones, personas y cambios claves en mi trayectoria. No soy un melómano precisamente y confieso que oigo muy poca música, pero de vez en cuando (como estos últimos días) escucho algún disco suyo y se reactivan los resortes de mi nostalgia.

No puedo resistir la tentación de poner mis quince temas favoritos (no digo que los mejores) de los inigualables Escarabajos, e invito a que hagáis lo mismo los que, a pesar del veranito y las vacaciones, todavía os asomáis por aquí de vez en cuando:





4.- Help









13.- Let it be

14.- Michelle

martes, 14 de agosto de 2012

DINERO NEGRO


El otro día, tomando un chisme en una terraza con unos amigos, tuvimos una discusión sobre el dinero negro. Uno de mis colegas nos empezó a soltar un discursito moralista de que si la picaresca española, que qué vergüenza, que si en el taller del coche siempre le preguntan si quiere factura, que si la gente se forra haciendo chapuzas de tapadillo, que si la economía sumergida, que qué asco de país y que si vamos a acabar como en Grecia. En esto que pego un sorbo largo de cerveza y le interrumpo:

- Toño, perdona, pero es que ahora no me acuerdo… ¿Tú haces contrato y declaras todos los años el alquiler de tu apartamento de Luarca?

Toño resopla y hace un gesto despectivo con la mano.

- Pero joder, lo de Luarca son 15 días al año, no voy a estar con esos líos para una calderilla. Además conozco a los que se lo alquilo de toda la vida… No seas demagogo, Neri, porque estás hablando de cosas que no tienen nada que ver.

No quería ser demagogo y, en efecto, estábamos hablando de cosas que no tienen nada que ver: unas son las que hacen los demás y otras las que hace mi amigo Toño, que pueden ser las mismas, pero claro, no vamos a juzgarlas igual, que para eso es un amigo, ¿no?

No sé si el problema de este país es el dinero negro o nuestra costumbre de ver siempre la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Con esto del dinero B, como con otros tantos asuntos, los niveles de hipocresía y de envidia que hay en España superan límites escandalosos. La gente critica con desparpajo los ingresos extraoficiales del vecino hasta que él mismo tiene la oportunidad de obtenerlos por la misma vía o por otra similar. Entonces cambia radicalmente su perspectiva del asunto y ya estamos hablando de “cosas que no tienen nada que ver”. Nos ha jodido.

En cualquier caso, yo considero que el Estado no tiene por qué gravar absolutamente todas las fuentes de ingresos sean del tipo que sean. Es perfectamente natural que haya un margen para que podamos sacarnos unas perrillas sin dar cuenta a Hacienda cuando se trata de actividades que se desenvuelven en un ámbito doméstico, generan unas ganancias reducidas y, sobre todo, no desprotegen ni ponen en peligro a nadie.

Si yo tengo una determinada habilidad con la que puedo ganarme un pequeño extra en mi tiempo libre, los que me pagan están encantados de no hacer papeles y no perjudicamos a nadie, ¿por qué tengo que declararlo cuando si lo hago seguramente dejaría de serme rentable?

Si resulta (por poner un ejemplo cualquiera) que un señor sabe un poco de derecho administrativo y van a su casa los martes seis conocidos a que les ayude a preparar sus oposiciones y luego cada uno le da un sobre a fin de mes, ¿por qué tiene que ponerlo en el IRPF si es una actividad que se desarrolla en su hogar familiar sin ninguna formalidad ni infraestructura? Si lo declarara, en vez de 150 euros a lo mejor les tendría que clavar 200 a estos chicos que espontáneamente acuden a él en busca de sus conocimientos…

Entiendo que si este mismo señor monta una academia en un piso, hace publicidad, tiene una secretaria y 80 alumnos, y no lo declara ni pide las autorizaciones pertinentes, estamos ante un caso delicado, puesto que pueden entrar en juego cuestiones de seguridad, accidentes, estafas, esclavismos laborales y, sobre todo, hay ahí un montón de pasta que no repercute para nada en la economía nacional.


¿Dónde está el límite?

Si una chavala de 19 años da clases de guitarra en sus domicilios a cinco niños de Primaria a la semana, ¿tiene que pagar impuestos? ¿Y si en vez de cinco niños le salen treinta?

Si una señora va a darte un pasón a la casa dos horas los viernes, ¿tienes que darle de alta por narices, aunque ni a ella le interese?

Si el dueño de una ferretería se ofrece a hacer chapuzas por las tardes a sus clientes, a montarles un mueble, arreglarles un radiador o clavarles un tendedero, ¿tiene que tributar por los treinta pavos que cobra a cada uno?

¿Dónde demonios está el límite? ¿Hasta qué cantidad es razonable cobrar en B y a partir de cuál se entraría en el terreno del fraude inmoral y perseguible?

Yo no lo tengo tan claro, pero sí, al menos, que cuando criticamos ciertas conductas deberíamos estar muy seguros de no estar haciendo nosotros lo mismo o de no acabar haciéndolo si nos surge la ocasión. No hagamos como la fea que predica exaltada la abstinencia sexual solo porque no se le acerca ningún hombre. Lo mínimo es que la frontera de la inmoralidad la fijemos de forma objetiva y no en función de lo que nosotros mismos hacemos, que es la actitud española cien por cien.

domingo, 12 de agosto de 2012

¿MONTAMOS UN NEGOCIO? (3): TÁCTICAS INCOMPRENSIBLES


Funcionarios disfrutando de su merecidísimo desayuno

Hay cosas de los pequeños comerciantes y de los autónomos que no he entendido ni entenderé jamás, por cien años que viva.

Por ejemplo, yo trabajo en una zona de la ciudad donde abundan las oficinas públicas y los centros oficiales. Los funcionarios, como es sabido, son el único colectivo de España con el privilegio de parar a almorzar a media mañana, por lo que a las 11 más o menos cientos de empleados públicos salen a los bares cercanos a tomar algo. En toda la manzana hay cinco cafeterías. Tres de ellas ya tienen recién preparado a esa hora varios tipos de tortilla de patata, minibocadillos calientes, el pan de las tostadas y toda la parafernalia para el sagrado tentempié funcionarial. Cada una de ellas tiene como mínimo dos camareros jóvenes y activos para atender con agilidad a los tropecientos clientes que atiborran durante cerca de una hora (no cada funcionario) la barra, las mesas y hasta el último rincón del establecimiento. Las tres están relucientes como la patena y disponen de terraza en el exterior cuando hace buen tiempo. Por el contrario, los otros dos bares de esas calles son tugurios espaciosos pero oscuros (no dan casi las luces para ahorrar). Las mesas tienen más mierda que la cola de un caballo. No tienen casi nada para picar y la única tortilla está hecha a primera hora de la mañana. Encima solo atiende un señor mayor, presumiblemente el dueño, con tal parsimonia andaluza que como te juntes con cuatro clientes a la vez, te pueden dar las uvas hasta que te sirve. Tampoco tienen terraza, están sin reformar y, como es lógico, siempre se les ve vacíos a la misma hora en que los otros están hasta la bandera y no dan abasto. ¡Y encima seguramente se quejarán! ¿Cómo es posible que teniendo cerca tantos ejemplos de cómo se hacen bien las cosas, los dueños de estos locales no tengan la mínima picardía de modernizar un poco sus negocios, poner un poco de trabajo y de cariño, y representar, por lo menos, una simbólica competencia para las cafeterías vecinas? ¿Están empeñadas en cerrar adrede? ¿Son demasiado tontos, demasiado vagos, demasiado conservadores, demasiado cerriles? No lo pillo.
Sí, jubilación... Llevas 5 años "liquidando", tío jeta

El segundo ejemplo que quería poner casi  roza lo cómico. En el centro de mi ciudad, en muy buenas calles, hay dos pequeños negocios, uno de ropa y otro de artículos de regalo. Los locales además son buenos y venden cosas bonitas, al menos para mi gusto. Sus dueños son gente mayor (más de 60), se les ve un poquito hartos y, todo hay que decirlo, se nota a la legua que venden muy poco. Hasta aquí nada que objetar. El problema es que en ambas tiendas llevan ya la friolera de cinco años poniendo en el escaparate carteles de papel fosforito en grandes caracteres con los textos “Liquidación por cierre. Todo al 50%” y “Liquidamos por jubilación. Precios de fábrica” respectivamente. En un caso estos carteles llevan sin quitarse las aproximadamente cinco temporadas; en el otro “disimulan” un poco más y creo que solo los cuelgan en los meses más flojos, o sea en verano. Sospecho que ambos empresarios incumplen alguna normativa en materia de comercio y de rebajas, pero, cuestiones de legalidad aparte, cada vez que paso por sus escaparates siento una vergüenza ajena que no veas, y me pregunto cómo algunos comerciantes pueden llegar a ser tan cutres y, sobre todo, tan cortos, porque digo yo que no supondrán que la gente se traga que en serio venden más barato por cierre, ni que así van a atraer a algún cliente salvo que sea gilipollas. Es más: este tipo de triquiñuelas de mercadillo de gitanos solo sirven para dar una imagen patética, inspirar lástima (en el mejor de los casos) y repeler al personal.

No sé si estas cosas que comento de verdad son de perogrullo y las ve cualquiera, o es que resulta que yo sería un pequeño empresario cojonudo y me forraría gracias a mi visión comercial. Si eso me lo pensaré porque, al paso que va la burra, me acabarán dejando con el salario mínimo.

Montamos un negocio (1)

Montamos un negocio (2)

jueves, 9 de agosto de 2012

CURRO JIMÉNEZ


Entre las andanzas robinjudianas del alcalde de Marinaleda y la muerte, hoy, del inolvidable Sancho Gracia es imposible que no nos venga a la memoria la serie televisiva de la Transición Curro Jiménez.

Sirva este post como homenaje a un actor que es prácticamente un símbolo para dos generaciones, a pesar de su dudosa valía para el cine (nunca supo soltar sus lastres teatrales) y de ser tan poco polifacético que en los recordatorios que hoy le han hecho casi solo se hablaba de la serie de bandoleros de finales de los 70 del pasado siglo. Y ya ha llovido y ya ha hecho cosas el tío como para que solo le asocien a Curro. La mejor película suya es El crimen del padre Amaro (2002), aunque yo también le recuerdo con cariño por Cachito (1995), por su papel en el episodio de Jarabo (indispensable), dirigido por Juan Antonio Bardem, en la serie La huella del crimen (1985), y por la reciente y entrañable Entrelobos (2010). Pero ha participado en muchas mierdas.

De quien quería hablar de todas formas es de Curro Jiménez. La emblemática serie tuvo tres temporadas entre 1976 y 1978 y es de lo mejorcito que se ha hecho en este país. Contó con la dirección de algunos grandes cineastas, como Pilar Miró y Mario Camus, y conquistó de forma incondicional a los entonces treinta y pocos millones de españoles. Cabe la reflexión de por qué en una época en que solo había televisión pública se crearon las mejores series y programas, destacando también El hombre y la Tierra. Puede que someter la televisión al juego de la oferta y la demanda solo dé como resultado la producción de bazofia.

El caso es que podría llenar páginas sobre la serie Curro Jiménez, pero tampoco es plan. El personaje está directamente inspirado en el bandolero Andrés López (1819-1849), natural de la localidad sevillana de Cantillana, donde ejercía el oficio de barquero en el Guadalquivir (de ahí su apodo, El barquero de Cantillana) hasta que por el chanchullo de un cacique fue despojado de la concesión de transporte fluvial. Furioso, asesina al terrateniente y huye a la sierra donde sobrevive unos diez años a base de pequeños robos, adquiriendo pronto gran fama por su generosidad con los pobres de la comarca. Sus escondites más habituales eran una cueva y la finca Fuente Luenga, del duque Villa Pineda, quien le protegía y daba cobijo. Fue muerto por la Guardia Civil tras ser delatado por un guarda de este cortijo. Su historia nos ha llegado por tradición oral a través de romances y coplillas cantados por los pueblos, e inspiró a Antonio Larreta para desarrollar el guión de la inmortal serie de televisión.

Aunque Curro Jiménez es muy buena en general, hay notable diferencia entre la primera temporada (intro en la cabecera del post) y las dos siguientes (intro, aquí), bastante peores. Los capítulos emitidos en 1976 fueron en efecto los más entretenidos y los más recordados. Tenían muchos más toques humorísticos, contaban con la presencia de El Fraile (Francisco Algora) y su interés histórico era mucho mayor, pues los primeros seis o siete episodios estaban ambientados en la invasión francesa de la parte norte de Sierra Morena (el auténtico Andrés López no había nacido) y contenían ricas dosis de un patriotismo hoy inimaginable en la morralla que se da a digerir a los telespectadores.

Además a lo largo de la serie fueron apareciendo, junto a actores veteranos (Alfredo Mayo o Florinda Chico), artistas noveles que después serían muy conocidos, como Marta Miller y Bárbara Rey (que no se despelotaron porque el Caudillo aún estaba fresco), o la entonces honrada Isabel Pantoja. También contribuyó decisivamente a su éxito la característica banda sonora compuesta por Antón García Abril, autor de las melodías de las más célebres series de aquella época.

La historia de Curro gustó tantísimo que pronto hubo varios intentos de repetir el éxito con productos similares y con el mismo protagonista. Me refiero, en primer lugar, a La Máscara Negra (Antonio Giménez Rico, 1982), una excelente serie de once capítulos enmarcada igualmente en la invasión napoleónica, en la que un noble humillado por los invasores se hace pasar por afrancesado durante el día para ajusticiar gabachos por la noche con un disfraz idéntico al de El Zorro pero con sombrero de cura. La idea no cosechó todo el éxito esperado a pesar de su calidad, pero no sucedió lo mismo con la muy recordada Los desastres de la guerra (Mario Camus, 1983), en la que el gran Paco Rabal interpreta a Goya y Sancho al histórico guerrillero liberal El Empecinado. Según la crítica, se trata de la mejor recreación nunca rodada de la Guerra de la Independencia y merece la pena verla si alguien no lo ha hecho.

Estas series encumbraron a lo más alto al joven galán madrileño, pero a la vez cavaron su propia tumba artística, puesto que el perfil de los tres personajes era casi idéntico y el publico lo encasilló para siempre.

Recordándote siempre por los buenos ratos que nos has hecho disfrutar, Sancho Gracia, descansa en paz.

martes, 7 de agosto de 2012

MALAS PERSONAS

¿Qué queremos decir exactamente cuando afirmamos que alguien es mala persona?

Por mi experiencia, me atrevería a asegurar que casi no hay gente mala, sino más bien gente con problemas. Y sobre el “casi” volveré después.

Al repasar el típico perfil de persona chunga, llego a la conclusión de que siempre responde a tres personalidades bien definidas:

- Alguien con unos niveles desmesurados de amor propio, vanidad, y por consiguiente, ambición. Estos tipos tan pagados de sí mismos no tienen por qué albergar malos sentimientos; sencillamente, por diversos motivos que sería largo desgranar, y que pueden ser fundados o no, se consideran superiores a los demás y están dispuestos a casi todo por situarse en escalafones superiores al resto de los mortales, ya sea en el trabajo, en la vida familiar o en una simple conversación tomando una caña. Son su altivez y su falta de empatía los rasgos que determinan su fama de malotes cuando en el fondo pueden llegar a ser tíos estupendos siempre que se les sepa llevar (habilidad no exigible en absoluto, solo faltaba)

- El segundo grupo de “maldades” corresponde a temperamentos muy débiles y a estrategias de autodefensa.

En este grupo, en primer lugar, encontramos al tímido o al inseguro patológico que se aferra a poses de chulito para reforzar su imagen, adoptando posturas de insensible, de avasallador, de cruel y, en definitiva, de malvado oficial. Su error está en suponer que así parecerá menos inseguro. Aquí estarían los clásicos cabroncetes que están todo el día buscando los puntos flacos de la gente para pincharla y tantearla, solo por provocar.

También son de esta familia las personas cuya debilidad de carácter les lleva a desarrollar un instinto de conservación y un egoísmo tan acusados que necesitan satisfacer sus necesidades o caprichos por encima de todo y de todos, siendo incapaces de compartir con nadie de corazón ni bienes materiales, ni tiempo, ni ocio, pues instintivamente creen que van a abusar o se van a reír de ellos. Estos “malos” a menudo han sufrido marginación o burlas en su infancia, y ello les ha hecho construirse una especie de caparazón, ser cada vez más cerrados e individualistas, y es por ello que parecen bordes, distantes o interesados.

El último espécimen de “malo” débil, y quizá sea el más característico, es el envidioso. No hay nada que dé mayor impresión de maldad que la envidia, ya que los envidiosos, en su afán por minimizar cualquier virtud o éxito ajeno, se pasan la vida criticando y despreciando a todo el mundo. En casos extremos, son capaces de boicotear activamente a los demás, por lo que su reputación está servida. Un envidioso puede ser asqueroso, pero no es malo; al revés, sufre mucho, por culpa de su baja autoestima, cada vez que alguien triunfa, o tiene o es, a sus ojos, más que él.

- Por último están los únicos malos reales, a los que me refería al principio con el “casi”. Desengañémonos: hay un pequeño porcentaje de seres humanos que son unos hijoputas de nacimiento, sin motivo alguno o, mejor dicho, sí hay una razón: la genética. Son los que en términos criminológicos llamaríamos psicópatas o más bien sociópatas, cometan o no delitos. Son personas sobre todo con elevados niveles de agresividad, que se canaliza mejor o peor según el entorno en el que han sido educados. De continuo tratan de hacer daño porque disfrutan así; tienden a ser violentos; no respetan nada ni a nadie (ni a su propia familia); son intensamente hedonistas; están dispuestos a provocar sufrimientos importantes en los demás para obtener pequeños placeres propios; es imposible dialogar con ellos; se ceban con los más frágiles y tienden a regirse por la ley del más fuerte, cediendo solo ante quien saben más peligroso que ellos.

Bien mirado, tal vez los de esta última categoría tampoco sean malos, sino simples enfermos, y quizá no haya nadie malo, la bondad anide en todos los corazones humanos y solo se trate de encontrarla.

domingo, 5 de agosto de 2012

PATINAZO LITERARIO

Anécdota bochornosa. El otro día me pasan por error una llamada que no era para mí. Se trataba de un paisano que quería quejarse de cierto asunto que, aunque aparentemente guardaba relación con la materia de mi departamento, en realidad no lo gestionamos nosotros. El hombre estaba bastante cabreado y me soltó a bocajarro y en ayunas un chorreo muy principal. Apenas logré interrumpirle en un parón que hizo para coger aire.

- Verá, lamento lo sucedido, pero debo aclararle que le han pasado mal la llamada y que aquí no llevamos esos temas, así que siento no poder ayudarle, pero…

- ¡Qué vergüenza! ¡Ya me han pasado con tres personas! ¡Ahí nadie lleva nada! ¿Voy a tener que pedir audiencia y desplazarme en persona?

- No, señor, no será necesario porque sé quién lleva su asunto. El problema es que en estos momentos este compañero esta reunido y…

- Ya, reunido…

- Sí, está ocupado, pero si me facilita un número de teléfono yo le diré que le llame en cuanto acabe o, si usted lo prefiere, le puedo dar su teléfono directo…

- ¡Otro teléfono más! ¡Y ya van cuatro!

- De todos modos, caballero, yo le aconsejo que su queja la plantee usted también por escrito, porque por teléfono no queda constancia de su problema. Por escrito se le contestará…

- ¡Hala, otro papelito más! ¡Es que estoy hasta los cojones!

- Oiga…

- Sí, hasta los cojones. A mí me gusta solucionar las cosas de tú a tú, entre personas. ¡Sin papeles, ni registros ni mandangas! ¡Menuda Administración! ¡Seguimos como hace dos siglos! Es la Administración del vuelva usted mañana de… de…, ¿cómo se llamaba?... de Bécquer, ¿no?, ¿no era Bécquer el de vuelva usted mañana?

- No, caballero –respondí con tono suficiente (y algo suspirante) de profesor de Literatura- , era Espronceda.

- Ese, ese, Espronceda… ¡Pues lo dicho!

La bronca se prolongó un par de minutos más y, tras colgarle, le dije a mi compañera:

- ¡Menudo pájaro! Cómo se ha puesto, oye… Y encima –me empiezo a carcajear- , diciendo que éramos el vuelva usted mañana de Gustavo Adolfo Bécquer ¿De dónde ha salido este tío? Ya le he dicho que de Bécquer nada, que era de Espronceda.

Mi compañera se empieza a reír todavía más y me explica que ni del autor de las oscuras golondrinas, ni del de con cien cañones por banda; que el famoso artículo contra la clamorosa lentitud de la Administración española en el siglo XIX era de Don Mariano José de Larra.

Tentado estuve de llamar al amigo para sacarle de su carajal con los autores románticos del que yo acababa de salir, pero no me atreví. Lo mismo me come.

viernes, 3 de agosto de 2012

UN CAMBIO RADICAL

A lo largo de mi vida he conocido, y a veces vivido muy de cerca, bastantes cambios sorprendentes de ideas políticas. Unas veces han sido tipos inestables, pirados; otras veces una prueba de que los extremos se tocan (sobre esto habría mucho que decir); algunos pocos, los menos, han evolucionado de corazón, porque han vivido nuevas experiencias o han conocido a alguien que les ha trastocado las perspectivas, y, por fin, la inmensa mayoría ha cambiado de chaqueta simple y llanamente porque les interesaba medrar, sobre todo en la llamada Transición. Yo respeto hasta cierto punto todos estos cambios de tercio excepto los últimos. Cuando alguien se pasa de un partido a otro, para saber si es honrado solo hay que preguntarse qué gana con ello.

Pero la muda más disparatada e inexplicable (y por supuesto nada respetable) de la que jamás he tenido noticia es la del terrorista de ETA Iñaki de Juana Chaos.

Este guipuzcoano de 57 años, autor de 25 asesinatos y 60 mutilaciones en nombre de una Euskadi independiente y comunista, y hoy en libertad, es hijo de un médico mirandés muy conservador, oficial asimilado durante la guerra, afiliado al Movimiento y gloriosamente condecorado por el Caudillo. La cabriola política a la que me refiero es que a finales de los 70, y no mucho antes de ingresar en la marxista-leninista ETA, Iñaki estuvo afiliado a Fuerza Nueva.

Por lo visto se afilió en Madrid, durante su etapa de estudiante de Enfermería en la que residió en un colegio mayor de élite cercano a Moncloa recibiendo una más que generosa asignación mensual de papá, aunque sus simpatías por la formación profranquista le venían desde que hizo el PREU en Bilbao. Por aquellos tiempos, el aguerrido Iñaki vestía al más puro estilo “fuerzanuevero”, rematando el atuendo característico de los fachas de entonces con un brioso bigotillo fascista. Luego, al volver a Guipuzcoa, siguió con sus ideas y fue uno de los no muchos miembros del partido en Vascongadas.

Quien más nos ha contado sobre las simpatías de De Juana por Blas Piñar ha sido su familia política en una famosa entrevista en la revista Interviú en 2007. La hermana del duro etarra se casó con uno de los hijos del comandante José María Herrera, asesinado por la banda en 1979. Su cuñado y la madre de este tuvieron que rogarle encarecidamente que no montara ningún numerito en el funeral con sus amigos ultraderechistas, a lo que hizo caso omiso, pues él y sus compañeros de partido vocearon consignas patrióticas y mueras a ETA durante la ceremonia.

Sus compañeros de clase de entonces recuerdan que “a veces venían sus amigos de Madrid a verle. Eran gente muy facha. Venían vestidos de cuero, muy chulos. Algunos ya iban con la cabeza rapada en aquellos tiempos”.

Luego ingresó en 1982 en una de las primeras promociones de la policía autónoma y fue entonces cuando se supo que se había pasado a ETA debido un robo de armas en un cuartel de la Ertzaintza en el que partició. Por lo visto el tristemente célebre matarife del Comando Madrid fue abducido por un sargento de la policía vasca, Josu Guergue, también etarra e implicado en varios atentados.

Como declaró su madre cuando le preguntaron por qué ese giro tan radical de su retoño: “Han sido las malas compañías; tal vez una mujer”. Si es que las tías siempre tienen la culpa de todo.

miércoles, 1 de agosto de 2012

EL IVA DEL OCIO Y LA CULTURA

El reciente subidón del IVA, del 8 al 21 %, en ciertas actividades de ocio y culturales (cine, teatro, espectáculos culturales y deportivos y museos, entre otras) me ha dado bastante que pensar y aún no tengo una opinión formada al respecto.

Uno siempre ha tenido claro que son mucho más justos los impuestos directos que los indirectos, ya que en estos últimos todo el mundo tributa lo mismo sin tener en cuenta su capacidad económica. También me parecen muchísimo más equitativos los impuestos que gravan el patrimonio que los que gravan los rendimientos de trabajo.

En principio, un estado verdaderamente social debería dejar los impuestos sobre el consumo en su mínima expresión, si bien es cierto que a veces el adecuado manejo de este tipo de tributos también puede favorecer la justicia distributiva. Me refiero a que la estadística nos enseña que determinados bienes y servicios son mayoritariamente demandados por ciudadanos de rentas altas o muy altas, por lo que gravar estos productos en el fondo tiene unos efectos similares a los de un impuesto directo: se ejerce más presión fiscal sobre los más ricos.

En este sentido, y como resulta obvio que la oferta cultural casi solo es “consumida” en la práctica por las familias de rentas medias y altas, subir el IVA al 21% en las entradas al teatro, a los musicales o a los museos, no me parece tan disparatado en esta situación de crisis aguda.

Sin embargo rápido nos vienen a la cabeza los ejemplos del cine y del fútbol, espectáculos con gran afluencia popular sin discriminación de ingresos. Si bien es verdad que elevar el tipo impositivo sobre estas actividades supone clavar la banderilla también a las clases humildes, debe tenerse en cuenta que la gran virtud de los impuestos indirectos es que su pago puede eludirse muy fácilmente por el simple procedimiento de no comprar los productos afectados. Y reconozcamos que, con la que está cayendo, es más que razonable privarnos de ir al estadio o a ver una película. De hecho estos deberían ser los primeros gastos a suprimir, pues evidentemente son los más superfluos por mucho que les perjudique a los sectores correspondientes.

El sector cultural y el de ocio deben sacrificarse sin remedio. Se pongan como se pongan, por mucho que insistan en que la crisis ha secuestrado la cultura y por muy importantes que sean sus servicios, deben entender que el común de los españoles se quite de ir al teatro o a un museo, antes que de comer o de vestir. Es una consecuencia natural de cualquier crisis.

Frente a todo esto, sí veo un inconveniente importante en la subida del precio de ciertas actividades, especialmente el acceso a museos, exposiciones, monumentos o determinadas bibliotecas, y es que si esta situación se mantiene en el tiempo se estaría restringiendo gravemente el acceso a la cultura de las clases más desfavorecidas. No me refiero a ir a los carruseles de las ferias o a ver La Bella y la Bestia, que, al fin y al cabo, me parece estupendo que vaya solo quien se lo pueda pagar, sino al derecho que deberíamos tener todos los españoles, ganáramos lo que ganáramos, a visitar libremente o a un precio simbólico nuestros más importantes museos, catedrales, edificios y obras del patrimonio histórico y demás puntos de interés cultural. Convertir estos lugares en santuarios elitistas por culpa del 21% dichoso significa un retroceso por cuanto hace de la cultura un bien de lujo, cuando esta precisamente debería estar al alcance de todos para mejorar la formación y favorecer la movilidad social.

En cualquier caso, y aunque no tenga mucho que ver, soy, como ya dije hace dos años, partidario ferviente de que sean suprimidas íntegramente todos los programas de fiestas locales. La situación económica es dramática y urge ahorrar en todas las partidas superfluas. Ni los toros, ni los conciertos, ni los fuegos artificiales son necesarios; es más, son un despilfarro insultante en estos tiempos. Hace dos años aún creía en la posibilidad de salvar la hostelería en fiestas, pero ahora mismo, viendo cómo está el patio, no deberían autorizarse ni las casetas de los bares. A este sector no le va aquedar otra que caer en picado y sin colchón para que podamos salir adelante.